EL JICOTE “LA DESCONFIANZA EN CIFRAS”

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Se quedó corto Cosío Villegas cuando afirmó que el estilo personal de gobernar del Presidente se deslizaba por toda la pirámide del poder. Ahora además galvaniza a la mayoría de los simpatizantes de la Cuatro T que, como su líder, andan por la vida con el cartucho cortado, listos a sorrajar varios apodos y descalificaciones a quien se atreva a manifestar alguna inconformidad con las políticas gobierno. Cuando se hacen conjeturas de la vida pública, no siempre se tienen todos los pelos de la burra en la mano. No sé que molestó a algunos morenistas de un artículo en el que afirmé que la iniciativa privada no invertía porque le tenía desconfianza a López Obrador. Aclaré que le tenían desconfianza a pesar de todo lo que el Presidente había consentido a los empresarios, a pesar de ser más neoliberal que un Chicago Boy y a pesar de que se había revelado como el Presidente más subordinado y obediente a Estados Unidos. Se me vino una orgía de denuestos, quien creyera lo que me asestaban de seguro me imaginaba tan rico como Slim por tanto chayote recibido: nostálgico por el regreso del PRIANISMO y caminando por las calles con baba verde y las uñas clavadas en el pecho, por la envida que me despierta el Presidente. Espulgando la lluvia de majaderías que me cayó encuentro algunas críticas fundamentadas, ejemplo: “Todas son suposiciones, no otorga suficientes cifras”. Efectivamente, profundizo en las causas de la desconfianza de los empresarios al Presidente que se reflejan en el porcentaje bajísimo de crecimiento y la reciente propuesta, un acto desesperado, al crear un gabinete de inversiones. Van las cifras recientes, el Inegi informa que el indicador de confianza empresarial del sector manufacturero cayó 4.1 por ciento en enero de este año. Si se considera el nivel que este indicador tenía en julio de 2018, tras el triunfo de López Obrador, la caída es de 8.6 por ciento. La confianza de los consumidores también ha descendido. De acuerdo con las cifras del mismo Inegi, desde febrero de 2019 hay un retroceso de 10.7%. Los especialistas atribuyen esta desconfianza a la incertidumbre en el empleo. También afirmé que para estimular el crecimiento era fundamental la participación de la iniciativa privada. Aquí se me vino otro fusilamiento, que eso era una mentira, que el dinero de nuestros impuestos era suficiente para elevar el crecimiento, mi hipótesis era porque yo estaba pagado por la “minoría rapaz”. Resulta que la composición de la inversión se conforma con 75 por ciento de inversión privada nacional, 13 por ciento es inversión extranjera directa y 12 por ciento es inversión pública. Otros analistas otorgan la siguiente cifra: sólo un peso de cada siete proviene del sector público. En fin, reconozco que soy más odioso que Hugo Sánchez hablando con la zeta; más envidioso que las hermanas de la Cenicienta al no quedarme la zapatilla; soy más cruel que El Guasón, me rió de la falta de medicinas de los niños cancerosos; soy un presupuestívoro que añora estar en la nómina; soy tan malo que hasta Salinas cuando me ve se cruza la calle para que no lo contagie. Reconozco todo, pero les solicito a los simpatizantes de la 4T que dejemos los insultos y vayamos al análisis y al debate concreto de los temas, es la única forma de ayudar al país y al Presidente.










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