EL JICOTE EL CIBER SEXO

|




Existen cambios en las sociedades que llegan en medio de previsiones, tambores, fanfarrias y cada paso que avanzan retumba en la convivencia social. Pero hay otros cambios que caminan en silencio, de puntitas, agazapados y de pronto se derrumban las costumbres y forma de ver la vida. Uno de estos cambios son las relaciones sexuales. Escribí un libro “De Erotixmo” que publicó la UAQ – apúrense a comprarlo- y abordo el tema, además de recientemente en algún “Jicote”.

Una prueba más de que algo anda mal en las relaciones amorosas es la nueva experiencia del cibersexo. Ahora resulta que ya no te debes de preocupar por el cuerpo o el carácter de tu pareja sino de contar con una computadora potente y un buen servicio de internet. Con estas herramientas tecnológicas puedes tener toda suerte de relaciones sexuales y todo tipo de parejas para escoger. El ciberespacio tiene tres “P” que lo invaden: Promiscuo, Pornográfico, Pederasta.

Los usuarios de la red ya no tienen que agotar sus neuronas para convencer a la pareja sobre la necesidad de “hacerlo” ni aguantar sus reproches por que alguno se apresura; ni callados y sumisos resistir los dramas de que al final al encuentro le faltó ternura. Nada de eso: un clic para empezar y un clic para concluir.

El placebo sexual virtual es frío, sin feromonas ni contagios; desplaza aceleradamente al real, concreto, en vivo y a todo color, olor y sudor. El sexo ha pasado de la conquista al consumo; del contacto al aislamiento. Del encuentro a la soledad. En la eterna guerra de los sexos se ha impuesto la comodona paz y asepsia que ofrecen las máquinas y la electrónica.

No es un erotismo que incremente el acercamiento con el otro, con todos los claroscuros y vaivenes; con sus uniones y desgarramientos. Es un erotismo sin horarios, sin sentimientos, sin embarazos ni compromisos, pero es un erotismo plano, sin formas, ni blanduras ni rugosidades; humanamente pobre y vacío, que a la larga o a la corta pasa la factura psicológica y anímica de sus consumidores.

Decía Proust; “Las mujeres bellas son para los hombres sin imaginación”, Creo que el cibersexo es para hombres con una imaginación desbordante. En fin, Como afirmaba mi abuelita, que cada quien haga de sus vergüenzas lo que quiera pero sin provocar el escándalo social. Por mi parte dos consejos: no hagan el cibersexo en los ciber café y ¡aguas! No se vayan a electrocutar.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Envía tu comentario