EL JICOTE “COLOSIO” I

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Me pregunta Julio Figueroa; “¿Dónde estabas y qué hacías el 23 de marzo de 1994?” Respondo, primero los antecedentes. Era Coordinador de Evaluación y Seguimiento de la campaña de Luis Donaldo Colosio. El seis de marzo asistí al discurso de aniversario del PRI en el Monumento a la Revolución. Con asombro observé que en la tribuna, exactamente atrás del atril donde hablaba Luis Donaldo, se hacía con dos sombras una cruz, imagen que se formaba con la distribución de las mamparas. Era una cruz inmensa y perfectamente bien hecha. Al terminar el acto me dirigí al PRI a informar de esa fantasmagórica coincidencia. Al llegar salía Luis Donaldo de su oficina y de inmediato me preguntó; “¿Qué te pareció el acto?” Respondí: “Tu discurso muy bueno, arriesgado, pero sólo te faltó darnos la bendición”. Me miro extrañado y me invitó a pasar a su oficina. Me preguntó: “¿Cómo es eso de que sólo me faltó darles la bendición?” Le expliqué lo de la cruz, de inmediato tomó el teléfono y pidió a Orlando Arvizu, su Secretario de Propaganda, que le subieran las fotografías del acto, Mientras llegaban aproveché para decirle: “El discurso fue audaz, rompes con Salinas, pero era necesario, tú sabes tanto como yo, que la campaña no levanta. ¿Conocía Salinas el discurso?”. Le pregunté. No respondió y en ese momento llegaron las fotos y comprobó lo que le había comentado. Dijo: “Efectivamente, sólo faltó que les diera la bendición, ¡Qué curioso! Cuando soy yo quien ahora necesita de bendiciones”. Nos reímos y me despedí.

Mi mamá además de creyente era muy supersticiosa y en todo encontraba un mensaje secreto. Lo de la cruz me había dejado perturbado y trataba de encontrar un anuncio positivo, pero en realidad no me podía convencer ni yo mismo. El 23 de marzo en la mañana tuve audiencia con Alfonso Durazo, entonces secretario particular de Colosio, que estaba eufórico. Yo permanecía pensativo, me lo notó un colaborador, Efrén Ortiz y la China Mendoza con la que comí ese día. La China diagnosticó mi fatalismo como algo propio de hombre del Bajío. Como a las siete de la noche me habló por el celular Durazo:“¿Dónde carajo andas? Le acaban de dar un balazo a Luis Donaldo”. Lo interrumpí y le dije: “Si no es grave, no lo saquen del país, pues anularía por ley su candidatura. De todos modos que alguien vaya a cuidarlo, pues lo van a tratar de rematar”. Se interrumpió la comunicación. Al llegar a su oficina sin saludar me dijo: “Fue en la cabeza”. Le dije: “Todo está perdido, es cuestión de salvar a Luis Donaldo, la única que puede entrar a la sala de operación es Diana Laura”. Durazo me interrumpió: “Ya el Presidente tiene el control de todo”. “No la friegues”, fue mi reacción. Como respuesta Durazo me dijo: “Vámonos a Tijuana”. Luego le sigo










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Un Comentario en “ EL JICOTE “COLOSIO” I”

  1. Colosio, Edmundo, Scherer, Salinas…

    ENCUENTRO Y CONVERSACIÓN
    ENTRE JULIO SCHERER GARCÍA Y LUIS DONALDO COLOSIO

    Del libro de Scherer Estos años*, 1995:

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    El 9 de enero nos vimos en mi casa. Era domingo, pero no había sosiego en la república. El subcomandante Marcos había aparecido en el escenario sorprendente de su valor y su poesía.

    Colosio me habló de su esposa, “Diana Laura, tan dolida y tan entera”. Un tumor canceroso, cerca de la aorta, hacía impensable cualquier intervención quirúrgica. Vivían prendidos de ilusiones. El tumor no había crecido y los especialistas confiaban que el absceso podría irse absorbiendo poco a poco…

    –¿Qué opinas de Chiapas? (Colosio)

    –Tienes que ir. (Scherer)

    –El presidente opina de otra manera.

    –Tienes que ir, Luis Donaldo. A nada conducen tus giras por el interior del país ni las concentraciones en la Ciudad de México. Frente a Chiapas, a quién le importan.

    –El presidente…

    –Te hablo en mi lenguaje, el único que conozco. Proceso, sin Chiapas en la portada, iría a la basura.

    –Opina el presidente que no tendría sentido que fuera a Chiapas unos cuantos días. Considera, además, que el viaje entrañaría un riesgo desproporcionado.

    –En Chiapas podrías establecer tu cuartel de campaña. Luis Donaldo: Chiapas es el país, su miseria atroz…

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    Colosio flotaba. Precandidato sin fuerza, no se sentían sus pasos ni se escuchaban sus discursos. El propio presidente parecía disputarle los espacios. Iba de un lado a otro y su palabra parecía una serpentina sin fin…

    El 31 de enero, Proceso salió a la venta con una portada que mostraba a Colosio tal como lo veíamos, acompañado su rostro de una frase sintética: “Un mes en el limbo”…

    Ese mismo lunes 31 de enero, recibí una nota manuscrita de Colosio:

    “Querido Julio:
    “Espero que el número 900 de Proceso sirva para avanzar en lo que tú y yo hemos conversado y tanto anhelamos: el triunfo de la verdad sobre la mentira. Tú eres, de quienes participan en la revista, el que mejor me conoce. Porque me he mostrado ante ti tal y como soy. Sabes de mis anhelos y mis valores. Sabes de mis afanes y mis retos. Sabes de mis convicciones y determinaciones.
    “Yo a mi vez sé de tu rectitud y sobre todo de tu amistad. Sé que en todo lo que haces te mueve siempre la búsqueda del bien de México.
    “Gracias por ocuparte de mi campaña. Muchas gracias. Espero verte pronto, mientras recibe un fuerte abrazo con el afecto de siempre.
    “Tu amigo
    “Luis Donaldo.”

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    El 6 de marzo protestó como candidato a la Presidencia de la República. Dijo entonces:

    “Hoy, ante el priismo, ante los mexicanos, expreso mi compromiso de reformar el poder para democratizarlo y acabar con cualquier vestigio de autoritarismo.

    “Sabemos que el origen de muchos de nuestros males se encuentra en una excesiva concentración del poder que da lugar a decisiones equivocadas, al monopolio de las iniciativas, a los abusos y a los excesos.

    “Reformar el poder significa un presidencialismo sujeto –estrictamente– a los límites constitucionales de su origen republicano y democrático.”

    Esa misma noche, la noche del seis, conversamos en mi casa, otra vez en la biblioteca y sin prisa. Lo vi eufórico. Se lo dije.

    Exaltado, repitió trozos de su discurso y en un momento pensé que se pondría de pie. Le faltaba el auditorio, pero se tenía a él mismo:

    “Veo un México con hambre y sed de justicia… un México agraviado… veo hombres y mujeres afligidos por abusos de las autoridades… veo la arrogancia de las oficinas de gobierno… veo a ciudadanos angustiados por la falta de seguridad…”

    –Una pregunta, Luis Donaldo –lo interrumpí en plena carrera.

    Agitado, me vio en súbito silencio.

    –¿Conoció el presidente tu discurso antes de que lo pronunciaras?

    –Espero que me comprenda.

    –¿Conoció tu discurso?

    –No.

    *Últimos fragmentos del libro de Julio Scherer García, Estos años (Ed. Océano, México, 1995, pp. 94-98).

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