EL JICOTE “CAMBIO DE HORARIO”

|




A mi amigo Jorge Preisser, un abrazo solidario en estos duros momentos.

Cada cambio de horario me sume en sesudas y bastante mamilas reflexiones sobre el tiempo. Se las comparto. La Oficina Internacional del Tiempo, con sede en París, bajo un acuerdo internacional y científico definió al segundo, como la unidad básica del tiempo, igual a 9,192,631,770 oscilaciones de un átomo de cesio. El cesio es un elemento metálico blanco azulado, tan sensible que se quema cuando se expone al aire y reacciona violentamente cuando se expone al agua. En el flirteo esta medida de tiempo no ha repercutido, los galanes siguen diciendo: “Señorita ¿Me permite un segundo?” A nadie he escuchado: “¿Señorita, me permite 9,192,631,770 oscilaciones de su átomo de cesio?”. Lo cual sería muy tardado e incluso podría prestarse a que una mujer ignorante lo acuse de acoso sexual.

Los parámetros de mi abuela, que antes me parecían de una gran urgencia, ahora están en completa bancarrota, no sólo por falta de precisión sino porque el elemento religioso ha sido desbordado en las medidas del tiempo. Ya no debemos ser más rápidos que un “amén”. El cocimiento de los alimentos ya no es por “credos” ni por “padre nuestros”. Y ante un horno de microondas nadie reza.

Las reflexiones filosóficas que nuestros antepasados ponían en los relojes son ingenuas ante los nuevos y velocísimos instrumentos de destrucción: balazos, rayos, descargas. No tiene ningún rigor temporal afirmar: “La muerte es segura; sólo la hora es incierta”; “Todas las horas hieren, la última mata”. Recuerdo que de adolescente circulaba un chiste que utilizaba el nombre de un detergente y nosotros adaptábamos el comercial: “Buenos días Señorita. Soy “Don Rápido”. Adiós Señora”,

Hay una paradoja, existe un gran reconocimiento al valor del tiempo y se avanza en la tecnología para hacerlo cada día más exacto, pero no hay nada más hermoso que la contemplación, la convivencia familiar, amistosa, la risa, el erotismo, el amor. Todas esas circunstancias donde nos damos cuenta de todo, menos del tiempo.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Envía tu comentario