EL JICOTE “AMLO Y SU GURÚ IDEOLÓGICO”

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Una extraordinaria noticia, encontré la fuente donde el Presidente abreva su pensamiento político. Estoy tan pasmado como un hombre de las cavernas que ve por primera vez la caída de un relámpago. No se me vaya a regatear el mérito. Era cuestión de encontrar el genoma filosófico del líder de Macuspana. Por su costumbre de hacer la distinción de conservadores y liberales, estudié los pensadores del siglo XIX, pero fue sin éxito. Por la utilización de frases de catecismo marxista, me eché un clavado en los intelectuales del Siglo XX, tampoco encontré la respuesta. Por su vocación por provocar la división y la polarización social estudié a los teóricos del populismo, si bien encontré algunos rasgos no encuadraba con exactitud su discurso. Fue como descubrir el Atlántida, el gurú del Presidente es Galeano, sí Galeano, y una de sus tesis está subyacente en todo lo que dice, la frase es: “No hay que tomar en serio nada que no nos haga reír”. Bajo esta brújula ideológica practica todo tipo de humorismos, como cuando amenazó a la delincuencia organizada de acusarlos con sus mamás y abuelitas; a veces es un poco infantil y reiteradamente aborda cuestiones escatológicas, su palabra favorita es “caca”; no desdeña los chistes crueles, como cuando dijo que el Corona Virus “nos cayó como anillo al dedo”; su aportación al pitorrearse de la lógica y las estadísticas es bárbara, inventó dos oxímoron en relación con la pandemia: la doma incontrolable y la curva picuda. Últimamente se ha lucido, como cuando pidió a los burócratas que llevaran su computadora, pues en la Revolución nadie las traía; eso de proponer un moche por cada crítica es de lo más original. También gusta del humor ficción, como cuando dijo que “Trump era el mejor amigo de México”. Últimamente ha revolucionado a las redes sociales al afirmar que el hijo del Padrino estudió fuera de Estados Unidos. Lo acusan de no haber leído el libro ni de haber entendido la película. Lo que pasa es que el Presidente es un incomprendido, él no es ni ignorante ni inepto, su estrategia es elevar el optimismo del pueblo haciéndolo reír. Críticos amargados.
López Obrador ganó por treinta millones de votos, está legitimado. No podemos dejarlo fracasar, no volveríamos a tener un Presidente con vocación social durante años. Estoy convencido que es necesario apoyarlo, aunque López Obrador sea un autista político, no oye, no ve más allá de sus narices, su horizonte es su ombligo. Con el mero interés de que su gobierno y el país salgan adelante, con una perseverancia que ya tiene olor a beatitud cívica, le hago una propuesta. Su causa emblemática, la lucha contra la corrupción, puede ser histórica si realiza un juicio ejemplar. Lamentablemente, el consentimiento que ha recibido Lozoya, no de delincuente sino de invitado Vip, abona la idea generalizada de un pacto de impunidad con Peña Nieto, que el proceso es para distraer del fracaso de su gobierno para combatir la pandemia o, en su caso, es para aplicar una justicia selectiva contra sus enemigos políticos. La única forma de borrar estas sospechas es que el mismo Presidente impulse para que las audiencias sean transparentes y públicas, pues él está también en el banquillo de los acusados. De no hacerlo, entre socarronerías, risa y risa y en lo oscurito, López Obrador compartirá el desprestigio con Lozoya.










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