El Guasón y el Cobrador, metamorfosis

|




Todas las cosas nos condicionan, nos marcan, que no es lo mismo que determinar.

Las circunstancias se acumulan y nos condicionan por todos lados, pero no necesariamente nos determinan.

¿Qué es lo que determina nuestros pasos (buenos y malos) en la vida?

He ahí la cuestión, el misterio, la duda, la interrogación.

Sobre todo los tres elementos del destino: el azar, la fatalidad y la libertad.

En el mundo violento e indolente en que vivimos, y además imprevisible, no sabemos bien a bien cuál será nuestra reacción en el momento decisivo de un acontecimiento personal.

Tal vez lloremos llenos de miedo e impotencia o explotemos y nos transformemos llenos de furia. El pánico y la parálisis o el combate. La depresión o la guerra.

–Así es la vida, dice la canción.

Y luego viene algo más extraño todavía.

Los sucesos inesperados que provocan nuestros actos.

El extraño poder que se levanta en cadena a partir de una acción bien meditada o una simple reacción y cuyas intenciones eran otras.

Un acto de defensa, un momento de furia, una acción ruda frente a los malvados, digamos, y luego sucede lo inesperado.

–Así es la vida, repite el estribillo de la canción.

Lo cierto es que de pronto o poco a poco, a lo largo de la película de la vida, el Guasón del cuento se transforma en el violento Cobrador de la historia. No es un hombre malo; reacciona a los golpes de la vida.

No sé si así funcionan las cosas pero suele suceder.

Las diferencias entre el Guasón y el Cobrador son claras pero las fronteras se mueven y se pierden en el transcurso de la vida.

El Guasón quiere ser reconocido, ser visible, tal vez aplaudido y admirado, como todos, quiere el aprecio de los otros, como él admira y reconoce a esos otros.

El Cobrador tiene la conciencia de que todo lo que le falta y tienen los otros, se lo deben; y se lo va a cobrar a la mala, sea como sea.

El Guasón es un resentido familiar, contra sus padres que no tiene; a la única que mata conscientemente y por odio es a su madre, quien le mintió.

El Cobrador es un rencoroso social cuyo odio y resentimiento se dirige a toda la sociedad; todos le deben algo.

El Guasón puede provocarnos un momento de risa, piedad y ternura, empatía. El Cobrador es un cabrón que nos da miedo; tiene razón y su razón es subversiva, escandalosa. El Guasón es un payaso que nos hace reír y llorar, porque él mismo llora y ríe; no sabe lo que sucede ni lo que hace. El Cobrador es un intelectual, escribe poesía y probablemente leyó al Che, a Neruda y a Marx; su violencia fría desata los peores instintos.

En fin. (El cine de Hollywood nos ha dado varios superhéroes y malvados, entre ellos Superman, Batman y el Guasón. Los cineastas latinoamericanos nos deben “El Cobrador” de Fonseca, entre otros; no vale la película que anda por ahí).

El Guasón es un enfermo que sabe que está enfermo, y se empieza a curar cuando comienza a ser él y saca y vive su violencia, su hambre de ser visto y reconocido.

El Cobrador es un enfermo social del sistema, que no sabe que está enfermo, sólo sabe con razón que el sistema le debe todo, y quiere cobrar.

El Guasón quiere que su muerte valga más que su vida, porque su vida no ha valido un cacahuate. El Cobrador quiere comerse la vida a puños antes de que llegue su puñetera muerte.

–¿Así funciona el mundo? No lo sé.

Hasta la mitad de la película, me dije, no escribas nada sobre lo que todos están escribiendo, bien o mal. Sólo mira la magia del cine. Hacia el final cambié de opinión; debo escribir sobre lo que nadie va a escribir.

Joaquín Phoenix encarna muy bien al antihéroe convertido en héroe por la sociedad de resentidos, que son millones. El Guasón no quiere cambiar el mundo ni incendiarlo, sólo desea ser visto y admirado, como todos. Pero no es “un hombre irracional” (¿recuerdan su película con Emma Stone y dirigida por Woody Allen?, es tiempo de volverla a ver), que trata de acomodar su masturbación teórica y verbal a la compleja y violenta y horrible vida real, como haría el Cobrador. Esa es su diferencia.

El Guasón devuelve los golpes; el Cobrador golpea desde el principio.

Trump y Obrador. Creo que el primero conoce más y explota en su provecho los instintos primarios de la sociedad resentida de su país y del mundo; mientras el segundo pretende ignorar la sociedad explosiva (llena de malandros y cobradores) sobre la que está gobernando.

La transformación del Guasón es colectiva y social; el Cobrador trae la inyección de la violencia en su cerebro: –¡Me deben todo! ¡No pago nada! ¡Estoy harto de pagar! ¡Ahora soy yo el que cobra!

Odio los comerciales y los cortos aturdidores del cine; regresé a casa en el camión escribiendo mis primeras impresiones en mi cabeza.

–Al sociólogo José Woldenberg, ¿conoce los cuentos de “El Cobrador” y “Feliz Año Nuevo” de Rubem Fonseca?

–Al titiritero Hernando Lozada, lo contrario del Guasón y del Cobrador. ¿Qué es lo contrario?

Qro. Qro., Presidentes, México,

octubre de 2019.

POSDATA entre AMIGOS / Entre HL y JF

–¿Qué es lo contrario del Guasón y del Cobrador?

–La acumulación de cuitas, amarguras, rabias, impotencias, frustraciones, fracasos, traiciones, robos, dolores, golpes, abandonos, basura, miedo, hambre, ignorancia, cobardía, heridas… Etc. Supongo. La bomba enferma que nunca explota.

–¡La bomba que nunca explota! Que sí explota con el Guasón y el Cobrador, cada uno a su manera, ¡y es terrible!

–A veces las palabras escritas son atole y no despiertan la dichosa libido. Como dices tú: lo siento. En cambio las imágenes…

–¡Escribir y leer con nervio y con brío!

–Es un pedo en este mundo de angustia y hambre para que a uno se le ponga duro y eyaculador el puto deseo. ¿Qué más quisiera yo? Que todo fuera… ¡Arder!

–¿Ya viste la película?

–Ya vi al hermoso y verdaderamente humano y encarnado cabrón vengador del Guasón.

–¿Por qué no explotan en la sociedad los No Guasones ni Cobradores?

–Sí explotan, contra ellos mismos, se enferman, se suicidan, enloquecen.

–¿Habrá otra forma de irrumpir en la sociedad violenta e indolente?

—-Bien, gracias. // juliofime@hotmail.com










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Envía tu comentario