El futbol llanero. (Parte II)

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Aquí no hay “carritos de las desgracias” como en los estadios. Sus compañeros lo levantan y sacan del campo. Dos integrantes de su equipo discuten sobre quién cobrara el penalti. El tirador indiscutible, en este momento no puede hacerlo. La pelota pasa 30 centímetros por arriba de la portería. El público cambia el grito de gol por el de “¡pendejo!”

Poco a poco empieza a recobrar el sentido. El seguidor número uno del equipo está a su lado y le ofrece un trago de su cerveza, una caguama 25% más. Bebe, pasa el trago amargo y sacude la cabeza. Se da cuenta que tiene un gran raspón en la rodilla derecha y, casi de manera automática, empieza a enjuagarse la herida con el líquido de cebada.

Se incorpora y quiere volver al juego. Su entrenador le dice que siga sentado, que descanse, le informa que ya ha sido sustituido. Se encuentra muy frustrado, él quiere seguir, ayudar a que su equipo triunfe. A su mente llegan las palabras que el ex seleccionado Nacional –y actualmente comentarista deportivo, con pretensiones de cómico- Luis García dijo en una entrevista a J.M. Servín: “A la mayoría de los jugadores mexicanos les da exactamente lo mismo si empatan, ganan o pierden. Eso es real, el futbolista mexicano no es competitivo, ahí se pierde la pasión. Si cualquier resultado te da lo mismo, la pasión es lo de menos” (Complot. Op. Cit.).

Él no es así –se dice mentalmente-, nunca será como uno de esos futbolistas supuestamente profesionales que han sido tragados por la fama, ese éxito efímero y lleno de soberbia. Ahora está en el llano, pero siente -apoyado por los comentarios de otros futbolistas y de un entrenador de la tercera división que le veía cualidades- que él podría ser un verdadero profesional, pero siempre muy bien centrado, con los pies en la tierra. Nunca creyó esas palabras que señalan que Diego Armando Maradona es “uno de los mayores mitos que surge desde las orillas, en el máximo contexto de pobreza y aparece con sus gambeteadas convirtiéndose en un héroe, en un icono nacional, un referente de los intereses de clases” (Andrea González. Generación. Op.Cit.).

Sacude la tierra de su playera, short y calcetas. Maldice su suerte y a los jugadores sudamericanos. Esto último se debe al artículo de Norma Sandoval “¿Está muriendo el futbol mexicano?” Donde leyó (y vio la fotografía de César “El Chelito” Delgado) que, “acusados con frecuencia de impedir el desarrollo del futbol mexicano, de echarlo a perder, de que en sus países son unos desconocidos que llegan a pasarse de listos a México, de ser unos bultos advenedizos y de quitarles oportunidades a los jugadores nacionales. Actualmente los futbolistas sudamericanos ocupan las posiciones clave en el campo de juego: centros delanteros y medios. Estos extranjeros están en México de paso, sólo vienen a llevarse el dinero, están pensando en otro lado, por lo tanto no funcionan como deben y se van” (Revista Día Siete. Núm. 214. S/N).

“¿Por qué aceptamos esto?” Se pregunta mientras sigue meditando y tratando de olvidarse del dolor. Recuerda más palabras de Luis García: “Es por formación, educación y cultura. Somos cómodos: la afición es tan noble que no pasa nada, aunque pierda su equipo tres a cero le piden autógrafos a los jugadores después del partido. Realmente, jugar en el futbol Mexicano no implica mucha exigencia, es una realidad que hay que aceptar” (Complot. Op.Cit).

Los lamentos y mentadas de madre lo regresan a la realidad. El equipo visitante a metido gol. Lo que faltaba, más dolor. Aunque esta vez no es físico. Mejor ser cocido a patadas pero no recibir un gol en la final, faltando 5 minutos para la conclusión del encuentro. El anotador va y se abraza con sus compañeros, vale la pena, ya lo dijo el mismísimo Hugo Sánchez: “meter un gol es mejor que tener un orgasmo”.

Se escucha el silbatazo final. Absoluta humillación: ser derrotado en casa por la localidad vecina, delante de tu gente, familiares y amigos. Una pregunta taladró su cerebro: “¿Qué es lo que significa el futbol?” Claudia Mejía, tenía nuevamente la respuesta: “Antropólogos, Sociólogos, Psicólogos de masas, escritores, han postulado entre otras teorías que simbolizan en un sentido profundo el ritual de la partida bélica de una tribu contra otra, o tal vez más aún: vendrían siendo en algunos casos el sustituto simbólico de la guerra, el espacio para la catarsis nacionalista, e incluso el ritual que sustituyó la partida de cacería, actividad exclusiva de los varones de la tribu. En conclusión es un juego donde uno puede enfrentarse, destruir simbólicamente al contrario, ganar la supuesta guerra exorcizando los profundos sentimientos de violencia naturales de los humanos pero, sin necesidad de llegar al auténtico derramamiento de sangre” (Sacbé. Op. Cit.).

Por increíble que parezca, algunos de los jugadores derrotados se encuentran derramando lágrimas; otros se bajan sus calcetas, aflojan las agujetas de los zapatos y se dirigen a tomar cerveza, a discutir lo que pasó en el encuentro. “Hay cierta función social que le cuelgan al futbol, como un deporte que podría alejar de ciertos vicios a la población, particularmente del alcoholismo. Esperando así que este juego provocara condiciones más saludables para una población popular en condiciones francamente deplorables” (Andrés Parra López. Sociología del futbol. Tesis de Licenciatura. Santiago de Chile. 2007).

El delantero lesionado pasa junto a ellos, le ofrecen un trago pero él no voltea siquiera a mirarlos. Sube a su camioneta. Espera a que su mujer e hijos hagan lo mismo. La pareja no dice ninguna palabra durante el transcurso. El silencio sólo es roto por el golpeteo de pies que los niños hacen en la parte trasera del vehículo. La furia hace que las manos las lleve trabadas en el volante. “El futbol siempre producirá, en la cancha y fuera de ella, pasiones encontradas e insalvables, frustraciones amargas y victorias pírricas y efímeras” (Rogelio Villareal. Op. Cit.).

Antes de entrar a la casa, los niños le piden a su padre que los llevé a la tienda. Un infante escoge un yogurt de fresa que tiene impresa la foto del portero de la selección nacional, un tipo con cabellera rizada que perfectamente pudiera ser confundido con algún guitarrista de una banda de rock comercial o algún galancete de telenovela de las 6 de la tarde; el otro opta por un refresco -de liquido color negro, ¿influencia sobre el nuevo color del uniforme- en cuya lata aparecen las imágenes de los, supuestamente, mejores jugadores de este país. La ilusión de unos niños reducida a una serie de productos masificados, plastificados, desechables y artificiales (¿alguna alegoría a los seleccionados?). “Héroes con un aparato de mercadotecnia capaz de convertirlos en leyenda. Su figura aparece en todos lados. Todos los medios masivos de comunicación siguen sus movimientos a diario” (Jorge Angulo. Complot. Op.Cit.).

Finalmente en casa. Ella sirve la comida y él enciende la televisión para ver un partido de la Selección mexicana. A los 30 minutos el joven padre de familia salta de la silla -el dolor no importa en ese momento-, el equipo mexicano anota el primer gol. Mientras ve las múltiples repeticiones del tanto, también se ve a sí mismo, anotando un gol en un mundial, vistiendo la camiseta verde y haciendo que millones de mexicanos pongan sus esperanzas en él. Una enorme sonrisa lo acompaña de nuevo, se abraza con su esposa e hijos, ¿Será verdad que el futbol nos une? Cuando se tranquiliza un poco vuelve a reflexionar sobre una frase del misántropo y escritor colombiano, Fernando Vallejo: “Cuando la humanidad se sienta en sus culos ante un televisor a ver veintidós adultos infantiles dándole patadas a un balón no hay esperanzas”. ¿Qué habrá querido decir?

No hay tiempo para responder, el delantero del “Tri” remata de cabeza y marca el segundo gol. Lo que unas horas atrás era una gran frustración para un goleador de futbol llanero, ahora se ha vuelto euforia gracias a un delantero profesional, que tiene por apodo –herencia de su padre- el nombre de un vegetal. Las palabras de este nuevo héroe nacional cobraban fuerza “vamos a dejar de ser la selección del ya merito”.

amezquita27@hotmail.com

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3 Comentarios en “ El futbol llanero. (Parte II)”

  1. oscar ramirezzz dice:

    uuuu… de poka madreee profe sublimeee no tengo palabras para elogiar esta columna

  2. Julio Figueroa dice:

    PROPUESTA

    Desde hoy propongo al amigo y colaborador de Diálogo Queretano y de otros medios, Óscar Amézquita Ugalde, para el premio estatal de periodismo queretano 2011. Sus lúcidos y lúdicos textos lo visten solo. He escrito. Atentamente. JF. Qro. Qro. 15-XII-2011.

  3. Julio Figueroa dice:

    Perdón, quise decir 2012, naturalemnte. Gracias.

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