El favoritismo

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 Corrupcion

POR Augusto Isla | Recientemente asistí a un encuentro en la UAQ sobre derechos humanos. Nada me resultó interesante. Salvo la ponencia de un académico peruano, el Dr. Orlando Vignolo Cueva, quien, por cierto no habló de eso. Pues su ponencia abordó un tema relacionado con la administración pública; más concretamente con el drama latinoamericano, México incluido por supuesto, de lo que él llamó el corporativismo, que no es otra cosa que el favoritismo, es decir, ese vicio de repartir los cargos públicos en razón de ‘amistad’, ‘compromiso’ y demás despropósitos que frenan el desarrollo del aparato público y de la sociedad en su conjunto. Un problema que nos toca de cerca, muy cerca, en tanto que así proceden los políticos de todos los partidos en la designación de sus cuadros administrativos.

El académico se quejaba, justamente, de la falta de una política que debería introducir la meritocracia, establecer un régimen de servicio civil de carrera, abrir concursos para ocupar cargos técnicos, condición ésta para garantizar el desempeño eficaz y eficiente de la función pública. Improvisar funcionarios, cada sexenio o trienio según el caso, es la ruina de la administración, algo así como recrear el mito de Sisifo, que es un recomenzar constante sin profesionales que tendrían, como deber primario demostrar sus habilidades y su lealtad, no al jefe, sino a las instituciones con estricto apego a un ‘código de conducta’.

Más razonable no se puede ser. Vignolo tiene razón. En un reclamo de la sociedad civilizada atenta a la calidad del servicio, exigente con quienes cuidan de su bienestar. Nuestro subdesarrollo debiese a la corrupción, pero mucho también a la ineptitud derivada, no tanto de la mala fe, como de la ignorancia.

Por cierto, antes de iniciar Vignolo su ponencia, Paulina Aguado, secretaria de Cultura del gobierno estatal, abandonó la sala. Creo que le hubiera venido bien escuchar la lúcida disertación discurso del peruano.

 










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