El drama de la violencia de los niños.

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Lo sucedido en el Colegio Cervantes de Torreón nos debe llevar a una amplia reflexión sobre el alcance de la violencia en los niños. No se puede dejar de lado por el gobierno y la sociedad. ¿Qué pasa con la violencia?

1. Falta de establecimiento de límites o ausencia del padre en la educación del niño.
El problema de la agresión tiene su origen en la primera infancia, es decir, en el seno de la familia. Se relaciona básicamente con la inadecuada relación del padre y la madre con el hijo: ausencia del ejercicio de la autoridad de parte del padre o vicios en el ejercicio de esta autoridad, demasiado castigo, abandono, falta de acompañamiento amoroso en el desarrollo del niño, o mimos excesivos y carencia de normas y límites que repercuten en conductas inadecuadas de parte de los niños desde que nacen.
En sociedades ordenadas y estables, a los niños se les exige mucho, como Alemania o Japón. Se les exige y se les atiende desde que nacen.
En México, hay violencia porque no tienen los niños una frustración óptima, se les proporciona en cambio todo tipo de gratificaciones, todo se les compra, se les permiten cosas que no debieran permitírseles. Esto los hace poco tolerantes a la frustración y reaccionan con agresión. Decía Confucio: “A los niños hay que educarlos con un poco de frío y un poco de hambre”.
La tolerancia de berrinches, la agresión verbal y física, los golpes y el enfoque de premios y castigos, sin criterios claros y consistentes, llevan al niño a no saber cómo conducirse con equilibrio o a reacciones repetitivas de defensa y de adaptación a este tipo de relaciones punitivas, de descuido o de abandono.
El papel del padre es fundamental para el establecimiento de la norma ética, la cultura de la legalidad y el orden. No está valorado socialmente el papel esencial del padre en la formación de los niños, caracterizado básicamente por la ausencia. Los niños no internalizan el imperativo categórico de respetar la norma siempre.
2. Relaciones con la madre.
El lazo afectivo más fuerte de los niños es con la madre. El exceso de mimos y la imposibilidad de sostenerlos indefinidamente provocan reacciones negativas desproporcionadas. Ambivalencia en los afectos de las madres producen desconcierto, por un lado dicen amar a sus hijos y, por otro, los agreden con el abandono, o los educan en medio de inconsistencias éticas y afectivas: no digas mentiras, y ellas mismas las dicen, etc, ellas mismas utilizan lenguajes poco propicios para contener la agresividad: “no te dejes”, “no seas cobarde”, “eres un tonto”, etc., o los minusvaloran o someten con castigos y amenazas. No los obligan a devolver cosas que llevan de la escuela y aceptan explicaciones banales de los pequeños hurtos de sus hijos o sus mentiras, son demasiado permisivas y compensan con culpabilidad el descuido o desatención de los hijos.
La incorporación definitiva de la mujer al mercado laboral y profesional ha tenido como costo social el abandono de los hijos a las instituciones o a otros cuidadores que no siempre desempeñan el papel sustituto de la madre con amor, profesionalismo y cuidado. No alcanzan la norma winnicottiana de una “madre suficientemente buena”.
La tolerancia de conductas y demandas excesivas genera agresividad, cuando van creciendo los niños, no reconocen límites a las conductas negativas o agresivas. Por otro lado, el abandono emocional del bebé, por ocupaciones o descuido de la madre, es el origen de conductas de aislamiento o agresividad. La falta de madurez o de integración de su propia identidad, en la adolescencia, produce un vacío que potencia la agresividad, en un ambiente autoritario o simplemente de escasa atención.
3. La escuela.
La disciplina escolar, en primaria y secundaria es privilegiada sobre otras prácticas más tolerantes de formación hacia los alumnos. No hay diálogo, existen sistemas de castigos irracionales, los directivos muchas veces ceden las funciones de prevención, contacto o corrección a los conserjes, no se convive con los alumnos en los recreos, se abandonan grupos enteros, no se tiene una comunicación constante, individualizada, con los padres de familia. No se dan pláticas de interés, interactivas a los niños y jóvenes sobre estos temas de vida. Se masifica la atención de los alumnos.
4. La cultura.
El medio ambiente social, los mensajes de los medios y el fuerte trastorno de la legalidad simbólica, repercuten sobre los cimientos mismos de las relaciones del sujeto con la cultura de la posmodernidad.
Si la legalidad, bajo su carácter simbólico, conlleva la aceptación de enunciados que trascienden las subjetividades, al garantizar la vigencia de una ley no arbitraria, hoy en día, las formas impunes de corrupción generan nuevas modalidades de autoritarismo y uso abusivo del poder.

Asimismo, formas actuales de violencia cotidiana se ven habilitadas por concepciones que consideran preferencial en los sujetos cierta dosis de agresividad y competitividad, tanto como una buena capacidad de defensa y aún de ataque (proliferaciones de escuelas de artes marciales, esquemas de selección de personal con reactivos que favorecen la “agresividad para las ventas”, etc.). Mientras que la pasividad, como el ser generoso y tolerante, suelen ser fuente de escasa valoración.

Es así que la función paterna, ejercida a través de representantes, a su vez sujetados a la ley, adquiere carácter simbólico. Éste se ve destituido cuando, quienes se identifican con la regla misma, la colocan al servicio del propio ejercicio del poder, o de sus intereses individuales, o peor aún, cuando se mezcla la delincuencia con quienes ejercen la violencia legal para imponer la ley, la confusión que se provoca sobre quien es el delincuente y quien la autoridad es muy grave. De ahí la grave responsabilidad de los políticos de garantizar con el ejercicio de su conducta personal, el cumplimiento estricto de la ley. Ya decía Aristóteles que la política es una poderosa agencia educativa.

5. Los medios
Los medios ocupan un lugar destacadísimo en la generación de violencia. La mostración directa y constante de la violencia favorece el acostumbramiento y la reiteración de la misma, a través de la banalización de la escena violenta. Los medios de comunicación controlan al espectador con muerte, sangre y destrucción permanentes. La violencia está “normalizada” por los medios de comunicación. No hay noticiero que no hable de muertes y daños, “porque eso es lo que vende”.
Disminuyen, en su insistencia, la sensibilidad y posibilidad de reacción del sujeto frente a lo que en otras épocas fuera causa de rechazo y dolor. Esto no sólo en las películas llamadas de acción o intriga, sino en los mismos noticieros y programas de juegos infantiles.
Si bien los medios reflejan formas actuales o pasadas de violencia, a la vez contribuyen a la trivialización de un fenómeno que por impregnación, deviene ilusoriamente natural. No es natural, pero así lo perciben los niños y los jóvenes.
La repetición los convierte en percepciones acríticas y trivializadas. Esto hace que los niños, los jóvenes y aún los adultos, no reconozcan sus determinaciones socio-históricas, que permanecen encubiertas, y se muestren indiferentes ante su vida y la de los demás, se atenúen los sentimientos solidarios, al tiempo que permanezcan casi insensibles ante el dolor y la muerte de los demás. Simplemente ponen en secuencia una noticia violenta, con una comercial amable, sin comentarios, sin distinción.
No hay sino ver cómo casi han desaparecido las protestas por las muertes de inocentes a causa de la “guerra” contra el crimen organizado, donde la misma acción legal se ha paralizado. ¿Quién formula demandas, quién investiga los miles de asesinatos del crimen organizado año tras año? Todo se reduce a cifras estadísticas, a repetidas noticas cotidianas, a recuentos triviales en las noticias y comunicados oficiales. Bien decía Foucault:
“Cuantos más delincuentes existan, más crímenes existirán. Cuantos más crímenes haya, más miedo tendrá la población y cuanto más miedo tenga la población, más aceptable y deseable se vuelve el sistema de control policial.
La existencia de ese pequeño peligro permanente es una de las condiciones de aceptabilidad de ese sistema de control, lo que explica por qué en los periódicos, en la radio, en la televisión, en todos los países del mundo, sin ninguna excepción, se concede tanto espacio a la criminalidad, como si se tratase de una permanente novedad”.
Este supuesto de Foucault es el que permite el destino de gigantescos presupuestos a la seguridad pública, que bien podrían emplearse a otros rubros más urgentes y necesarios.
6. Neoliberalismo individualista vs prácticas comunitarias.
Finalmente, lo más profundo de una explicación de la agresión y la violencia, se encuentra en el individualismo, el narcisismo y sus vinculaciones patológicas, que la globalización neoliberal ha permeado en la humanidad entera. Estos trastornos, tales como sentimientos de vacío y depresión muy sutiles, periodos de embotamiento y pasividad manifiestos o encubiertos, tendencias perversas o incapacidad para formar y conservar relaciones significativas llevan a los niños, jóvenes y adultos a una incertidumbre, desconfianza e inquietudes ante la vida que muchas veces no saben manejar.
Estas percepciones de la vida están estrechamente vinculadas a modelos de vida (como el american way of life, donde el valor de lo adolescente es fundamental, sin darse cuenta que adolecer es carecer de algo, que llenan con sustitutos del afecto como la droga, el cigarro, el alcohol o la violencia y la autoagresión) ligados a la adicción y la enfermedad psicosomática.
La carencia y vaciedad y con éstas el deseo de tener, constituyen el objetivo de vida. Se da en la sociedad, en las familias y en las escuelas un valor determinante al tener y no al ser. En una encuesta del ITAM en los estados con presencia fuerte del crimen organizado, el 60 por ciento de los jóvenes afirmó como objetivo de vida el narcotráfico. No se preocupan por ser, sino por tener. Esto nos lleva a cosificar las relaciones y las personas. Nos constituimos en mercancías, en objetos, en “recursos humanos”, en objetos de consumo (“tanto vales cuanto tienes”, “compro, luego existo”). La enfermedad moderna es la neurosis compulsiva por comprar, los centros comerciales han sustituido a los lugares de recreación y al hogar.
¿Hay mayor violencia que esto para los que no tienen? ¿Qué sienten los pobres ante un centro comercial que es un show case, permanente e inalcanzable? En muchas escuelas particulares a los alumnos se les considera como clientes y obligan a los maestros a tolerarles todo. ¿Cómo reacciona un cliente? con exigencia y prepotencia, sin la capacidad crítica que te da la verdadera consideración como un alumnos o un hijo. Se han distorsionado las relaciones de autoridad y esto se aprende a través del lenguaje.

7. ¿Qué hacer?
a) Fortalecer la educación inicial. El modelo implica las relaciones de la madre Y EL PADRE con los hijos, el manejo de lenguajes y de valores que contribuyen a la implantación de pautas de conducta en la primera infancia, para toda la vida. Por ello la importancia que le otorga la OECD y la UNESCO a la Educación Inicial.
b) Capacitar a los docentes de todos los niveles educativos como mediadores, para favorecer la cultura de la paz. Organizar diplomados, congresos, cursos, pláticas sobre mediación porque los principios de respeto, neutralidad, reconocimiento del otro, autogestión, no agresión, de la mediación contribuyen a la solución no controversial de los conflictos.
c) Multiplicar la escuela para padres. Involucrar a los padres de familia en la solución del problema de la violencia. Éste nace en la familia y ahí se debe resolver. Traerlo a la agenda diaria de los Consejos Escolares de Participación Social y de las Asociaciones de Padres de Familia, así como en reuniones informativas promovidas por las autoridades civiles.
d) Introducir masivamente el servicio social de psicólogos clínicos y educativos y el trabajo social para la atención específica y personalizada de los casos de agresión, autoagresión, de niños y jóvenes en educación básica, media y superior. Generar seguimientos de capacitación y atención primaria de la agresión transversales para todos los niveles educativos, desde educación inicial hasta profesional. Esto facilita el registro, monitoreo y control de casos.
e) Construir redes sociales, para el monitoreo y vigilancia de la violencia y el narcomenudeo vinculado con la niñez y la juventud. Que el trabajo social de educación media y educación superior se aboque a construir modelos de organización social para la captación de información, respuesta rápida, capacitación, atención y evaluación de la violencia social.
f) Participación activa de la COMPES y COEPES y de los padres de familia en los niveles de educación media y superior, para que los padres no abandonen a sus hijos, que existan actividades de acompañamiento familiar.
g) Participación en medios: artículos de prensa, programas de radio y Tv para formar públicos críticos y poner en la agenda de comunicación social debates sobre el tema de la violencia, no sólo como exhibición de noticia pasiva y acrítica, sino como análisis y propuesta.
h) Reforzar el asunto de la prevención de la violencia, como tema prioritario de la agenda educativa: resiliencia, graffitis, drogadicción, alcoholismo, acciones culturales, deporte, empleo, salud, con un enfoque preventivo y abierto, considerando siempre al niño, a la niña y al joven como persona, sujeto de la atención prioritaria del estado, es decir, del gobierno y de la sociedad. Dar publicidad a los contenidos de la Convención Internacional de los Derechos de los Niños, que considera a los niños de cero a los 18 años, donde entra la protección de todos los derechos, la justicia restaurativa, la visión integral de la persona.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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