El cuidado de sí mismo

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Michel Foucault, en su libro La hermenéutica del sujeto , profundiza el concepto socrático del cuidado de sí mismo ( epimhleia eautou, epiméleia Heautú , el cuidado de sí mismo), pero aun con mayor énfasis en el libro El gobierno de sí y de los otros , trató de desplazar el eje de la historia del conocimiento hacia el análisis de los saberes, las prácticas discursivas que organizan y constituyen el elemento matricial de esos saberes, y estudiar dichas prácticas como formas reguladas de “veridicción”. Del conocimiento al saber, del saber a las prácticas discursivas y las reglas de “veridicción”, es decir, buscó analizar las matrices normativas del comportamiento y su traducción en la verdad de la dicción, de la palabra. Lo que hizo Foucault fue pasar del análisis del poder al análisis de cómo se ejerce ese poder en los procedimientos, nos habla de la gobernabilidad y de la gobernanza. Ésta se encuentra en el fuero interno.

En esta ocasión, me centraré en la idea del cuidado de sí mismo. El concepto de Epiméleia Heautou fue lo que realmente hizo que el espíritu griego se abriese paso hacia una nueva forma de vida. Sócrates y sus discípulos supieron comprender certeramente que era esta idea la renovación de la antigua idea del arquetipo donde residía la fuerza más importante de la paideia griega. “La experiencia socrática del alma como fuente de los supremos valores humanos dio a la existencia aquel giro hacia el interior que es característico de los tiempos más brillantes de la antigüedad y su vinculación con la espiritualidad posterior del medioevo europeo” y hasta nuestros días. (Foucault, La hermenéutica del sujeto , FCE, México, pag. 29).

Uno de los elementos vinculados al imperativo “Ocúpate de ti mismo” (Epiméleia Heautou), es un elemento familiar de los diálogos socráticos, la ignorancia. La ignorancia que es a la vez ignorancia de las cosas que habría que saber e ignorancia de sí mismo. Por ejemplo, en el diálogo Alcibíades , éste creía que le resultaría muy fácil responder a la pregunta de Sócrates y definir qué era el buen gobierno de la ciudad. Había creído incluso poder definirlo como lo que aseguraba la concordia de los ciudadanos. Pero ni siquiera sabe qué es la concordia, lo cual muestra que no sabe y que ignora incluso que no sabe. Sócrates le demuestra eso. Alcibíades se desespera y Sócrates lo consuela diciéndole que no es para tanto, que es un joven y tiene tiempo ¿Para qué? No sólo para aprender, sino para “ocuparse de sí mismo”. No se trata sólo del conocimiento, sino de otra cultura que es el cuidado de sí. Una Paideia distinta y más completa, más parecida a lo que ahora se llamarían inteligencias múltiples o inteligencia emocional.

La educación socrática nos introduce a un concepto nuevo: la falta como elemento esencial para la generación del deseo. La búsqueda de los “ eromenoi ” potenciales (los jóvenes imberbes amados, en pasivo) por el “ erastés ” (el amante activo, el adulto) se iniciaba con el reconocimiento de la falta y la transferencia hacia el erastés (el adulto al que los padres confiaban al joven para su educación) en un procedimiento amoroso.

Había un “ eros ”. En su origen eros se entiende como un ser intermedio, hijo de la pobreza y de la riqueza, que tiene dos acepciones: no es dios ni humano, es el equilibrio entre riqueza y pobreza. Es una especie de divinidad menor, “ daimon ”: un ser entre dios y humano, un ser “en falta”. Este es el significado original de “ eros ”, el de “un ser en falta”. Es la fantasía de lo que nos completa. Esta es la clave del procedimiento educativo.

La manera de hacer Filosofía de Sócrates: la mayéutica, la erística, la dialéctica, la misosofía, la ironía y el elenkós son instrumentos didácticos que se orientan hacia el fenómeno amoroso de la pederastia. No hay que confundir la pederastia socrática con la acepción peyorativa que esta palabra tiene en la actualidad. El abuso sexual de los niños era tan repudiado por los griegos como ahora.

Platón hizo del “eros” un amor espiritual (Ver Foucault). El eros es indispensable en el joven para lograr lo que se propone la Filosofía socrática: el cuidado de sí mismo, Epiméleia heautou, comenzando por el conocimiento de sus propias limitaciones, el Gnóthi seautón (Conócete a ti mismo) . El reconocimiento de la falta, el sólo sé que no sé nada.

¿Qué tiene qué ver esta lógica, este enfoque socrático, con nosotros hoy, aquí y ahora? Pues al parecer se ha perdido la brújula del devenir de la humanidad. Parece que el objetivo es hacer dinero, sin importar los medios y las formas. Pero, sobre todo, a costa de uno mismo y la familia, o a costa del bienestar nacional o mundial, como el incendio de la selva amazónica para obtener ingresos por una mayor exportación de carne y una mayor riqueza de unos cuantos.

No es un enfoque exclusivamente epicureista pensar que la vida se vive para gozarla, no sólo para ganar dinero. Que lo que existe en la vida no se trata sólo del progreso material, sino, ante todo, de un desarrollo integral de la persona. Veo a esos políticos y no políticos que, al parecer, se la juegan como en ruleta rusa, haciendo maquinaciones para desviar recursos públicos a sus cuentas privadas, o no haciendo políticas públicas a favor del bienestar de la sociedad como un todo, sino sólo para preservar el poder y sus privilegios, pero también a tantas personas cuyo único propósito en la vida parece ser sólo tener dinero a costa de ellos mismos. A este fin sacrifican todo, donde todo es la vida misma. No es un idealismo, o misticismo, pero parece serlo, excepto porque no trae consigo paz interior, sino estrés.

El estrés ha sido un tema de interés y preocupación para diversos científicos de la conducta humana, por cuanto sus efectos inciden tanto en la salud física y mental, como en el rendimiento laboral, familiar y académico de la persona. Provoca preocupación y angustia y puede conducir a trastornos personales, desórdenes familiares e incluso sociales.

Está claro que el concepto socrático del cuidado de sí mismo, tal como lo analiza Foucault, es un concepto muy extenso y complejo, pero quisiera centrarme en que la ausencia del cuidado de uno mismo en términos personales e íntimos, la lucha por el dinero muchas veces nos genera estrés, que está asociado a la pulsión de muerte de que nos habla Freud. Por el contrario, el reconocimiento de la falta genera deseo, ésta es una de las finalidades del Psicoanálisis, revisar las carencias, las faltas del pasado, los traumas, para hacer una nueva historia de deseo, de vida.

Se han expresado ahora novedosas teorías sobre la necesidad de educar con amor, que no son más que reediciones de la pederastia socrática. Pero hay que recordar que ésta comienza con el reconocimiento de la falta, sin éste, no se genera el deseo, el conocimiento empieza con el reconocimiento de los problemas, con el diagnóstico. Reconocer la falta no equivale a lo que algunos argumentos simplistas identificarían como disminución del amor propio, al contrario, un amor propio real, verdadero, no es posible si antes no revisamos los defectos, las carencias, las equivocaciones y los errores.

Los traumas y trastornos están ahí, hay que verlos para generar el cambio. Esto tiene que ver con la honestidad básica de la vida y se aplica a todos los ámbitos, incluyendo el político. Por ejemplo, en Querétaro, o lo que pasó en la CDMX, que no se reconoció la existencia del crimen organizado, ni las omisiones gubernamentales en materia de seguridad, se dejó de prestar atención y difusión a los crímenes, hasta que éstos se hicieron evidentes con cuerpos colgados en los puentes, narcomantas o asesinatos en lugares públicos, como síntoma ominoso por no reconocer las carencias de atención y de políticas públicas eficaces. Reconocer la falta es el inicio del deseo de cambiar en todos los ámbitos, el personal, el social, el económico y el político. La Filosofía de Sócrates es más actual que lo que pensamos.










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