El crimen organizado en México: la hibys y la sin razón

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Por José Javier Ledesma.

1. Una característica tienen en común la matanza de 72 centroamericanos por parte de Los Zetas en San Fernando, Tamaulipas, en el año de 2010; la desaparición de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural Isidro Burgos de Ayotzinapa, Guerreo, en el mes de septiembre de 2014, por parte de los policías municipales de Iguala y Cocula, a las órdenes de Los Guerreros Unidos, y el reciente asesinato de tres jóvenes estudiantes de cine de la Universidad de Medios Audiovisuales de Guadalajara, Jalisco, a manos de integrantes del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNJ). A todos ellos los mataron en base a meras suposiciones.

En efecto, Los Zetas supusieron que los centroamericanos citados eran enviados por sus enemigos michoacanos, Los Caballeros Templarios, con objeto de disputarles la plaza, y por eso los ejecutaron. Guerreros Unidos supusieron que los estudiantes normalistas eran gente mandada por sus enemigos Los Rojos, para apoderarse de Iguala, y por ese motivo ordenaron a los policías bajo su servicio de los municipios mencionados líneas atrás, los detuvieran y posteriormente que se los entregaran a fin de ajusticiarlos ellos mismos; los jefes del CJNJ, mandaron a un grupo de sicarios a vigilar una casa situada en Tonalá, donde, según ellos, llegaría un miembro del Cártel Nueva Plaza, mismos que recientemente habían roto ellos, con objeto de secuestrarlo y matarlo.

Los datos con los que contaban los sicarios para ubicar a su objetivo, eran más bien vagos y muy generales, sólo sabían que se trataba de un tipo güero, de baja estatura y medio calvo. Ven salir a Javier Salomón Aceves Gastelum de la casa vigilada, al lado de otros dos compañeros de estudios, lugar al que habían acudido para filmar un documental. Pese a que Javier Salomón, no era ni bajo de estatura, ni medio calvo, pero si güero, supusieron que por ese solo hecho, él era el sujeto que estaban esperando. Aquellos jóvenes estudiantes suben a su coche, para cuadras más adelante ser interceptados por los mencionados sicarios, son obligados a subir a otros vehículos para conducirlos a un inmueble donde torturan con una tabla a Javier Salomón, para que aportara supuesta información de Nueva Plaza. Finalmente comprenden que han cometido una equivocación en virtud de que Aceves Gastelum no era la persona a quien buscaban. Lamentablemente se percataron tarde de su error ya que a consecuencia de la tortura a que fue sometido, Javier Salomón muere.

Para no dejar testigos, en la inteligencia de que los muertos no hablan, los sicarios aquellos proceden a matar a los otros dos estudiantes, se presume que fueron estrangulados mediante una técnica llamada torniquete, para posteriormente trasladarlos a otra casa, donde son disueltos en ácido. (Reforma, 26-IV-2018, pp. 1 y 4).

A esta forma de operar por parte de los cárteles del crimen organizado en México, se les puede aplicar la vieja conseja de Porfirio Díaz respecto de sus enemigos, que rezaba así: mátenlos en caliente, o mantenlos y después averiguan. Resulta altamente grave, preocupante y delicado que hoy los delincuentes organizados maten sin ton ni son. Es decir, no se toman la molestia de investigar si sus hipótesis son ciertas o no, simplemente para privar de la vida a un rival basta y sobra que a sus ojos lo parezca.

2. ¿Qué significa todo esto? ¿qué mensaje se manda a la sociedad? ¿cómo lo podemos interpretar?

En primer lugar, significa un absoluto desprecio por la vida humana de parte del crimen organizado.

Segundo: actúan así porque se siente todopoderosos, y saben que salvo que se den determinadas circunstancias (que el asunto se vuelva mediático por la presión social ejercida, que sea tal, que las autoridades se vean obligadas a actuar pues de lo contrario podrían pagar costos políticos).

Tercero: todos podemos ser víctimas de una posible ejecución, aun y cuando seamos totalmente ajenos a sus negocios, sólo se requiere tener la mala suerte de estar en una hora y lugar equivocados.

Cuarto: ese desprecio absoluto por la vida que hoy día tiene el crimen organizado, obedece a que no existe un ente jurídico y político que sea capaz de advertirles que esa clase de actos –en particular los homicidios dolosos- están prohibidos y que es caso de cometerlos, los autores materiales y/o intelectuales, recibirán un castigo ejemplar impuesto, ni es necesario, por medio de la legitima coerción.

O bien, si existe ese ente, pero está coludido con los delincuentes; o como parece ser nuestro caso, si existe, sólo que su funcionamiento es muy deficiente (la tasa de impunidad es terrible: ronda en el 98%), lo cual para estos efectos, es más o menos lo mismo.

Una premisa fundamental que maneja el Derecho penal nos indica que el castigo efectivo del delito es disuasivo; en tanto que el no castigo o la impunidad, estimula y multiplica su comisión.

Ese ente jurídico y político a que me refiero, se llama, aquí y en China, Estado, cuya primigenia función y motivo de ser, consiste en proteger la vida y patrimonio de los miembros de su población, edificar un orden social y jurídico que haga posible la convivencia colectiva en términos civilizados, procurar y administrar justicia de manera pronta, eficiente e imparcial, evitado con ello la venganza privada y la guerra de todos contra todos, donde los fuertes siempre someten a los débiles.

3. Otra de las múltiples causas que explican la violencia infernal que padecen muchas regiones de la República, se debe, según Guillermo Valdez (Nexos, enero de 2017), a que el crimen organizado está fuera de control, siendo imperativo volver a poner orden, y márcales límites, por parte del Estado mexicano. Cierto, se trata ahora de un nuevo orden y límites diferentes a los que existieron durante la mayor parte del siglo XX, cuando se vivía en un contexto político de un sistema político autoritario y corrupto.

Luego, el orden y los límites (que es lícito e ilícito hacer, o en otros palabras, que conductas o actos están permitidos y cual prohibidos, y hasta donde pueden llegar), deben corresponder a un Estado constitucional y democrático. En suma, una de las principales tareas que tendrá que realizar el nuevo Presiente de la unión, será establecer, auxiliándose de la fuerza del Estado y de forma unilateral, límites a la delincuencia organizada, promover un clima político para poner en orden al hoy desordenado panorama delincuencial y definir su agenda de prioridades delictivas a perseguir: combate decidido a los denominados delitos de alto impacto, a través de una Fiscalía General Autónoma, que cuente con un nuevo andamiaje constitucional, con instrumentos técnicos modernos para perseguir el delito, y que opere con una nueva lógica: combatir la criminalidad a partir de criterios puramente jurídicos y no a partir de criterios políticos. La Procuraría General de la República, ha sido usada por el titular del Poder ejecutivo federal para castigar y acosar a sus enemigos políticos, y brindar impunidad a los fieles y sumisos (Ver, Ana Laura Magaloni, Impunidad, en ¿Y ahora qué? México ante el 2018, Nexos, Debate, México, 2018).

Celebrar un pacto con los grandes capos del narco bajo los términos que hemos escrito líneas arriba, pudiera ser benéfico para la nación. Pienso en un pacto semejante a aquel que planteo el extinto jefe de jefes Amado Carrillo, El Señor de los Cielos (q.e.p.d.), al gobierno de Ernesto Zedillo, en 1997, y que por azares del destino no se logró.

Se deberán trazar entonces, de manera muy realista y responsable, por parte del próximo Gobierno federal, las medidas y estrategias que sean necesarias tomar a fin de pacificar el país, anteponiendo siempre el interés nacional sobre cualquier otro. ¿A qué me refiero en concreto? Inspirado en las ideas de Guillermo Valdez, digo, sugiero y propongo que el Estado mexicano, en particular el nuevo Gobierno federal, elabore una nueva estrategia para hacer frente a la inseguridad pública que padecemos partiendo del hecho incuestionable que dado que somos, y siempre seremos vecinos del país que ocupa el primer lugar mundial en el consumo de drogas ilícitas, (treinta millones de consumidores habituales, más otros veinte de consumidores ocasionales), acabar con el tráfico de drogas es simplemente imposible. Lo que sí se antoja posible hacer – y las nuevas autoridades federales están obligadas moral y políticamente a hacerlo-, estriba en establecer límites al crimen organizado, y propiciar las condiciones para que los líderes de los cárteles dialoguen y tomen acuerdos, con objeto de bajar considerable el alto índice de violencia que actualmente existe en el país. Para ello se puede establecer contacto o puentes con los grandes barones de la droga a fin de manifestarles diáfanamente que el combate al narcotráfico no será la prioridad del nuevo Gobierno, lo que en cambio sí será prioridad irrenunciable es el combate frontal de los llamados delitos de alto impacto, V.gr. el secuestro, el feminicidio, la pedofilia y la pornografía infantil, la trata de blancas, el homicidio doloso, la extorsión, el robo a trenes y camiones de carga, de gasolina y gas, el tráfico de órganos, el terrorismo, el tráfico de armas, etc., merced a que constituyen los tipos de delitos que más agreden y lastiman a nuestra sociedad.

Y hablarles y exponerles también, clara y honestamente a nuestros socios comerciales norteamericanos nuestros proyecto para solucionar los graves problemas de seguridad pública que padecemos, y sin necesidad de abrir hostilidades diplomáticas, ser firmes en nuestra exigencia de respeto a la soberanía y dignidad de nuestra Patria.

4. Estoy plenamente convencido, junto con Santiago Roel, Fundador y Director de Semáforo Delictivo, que la única medida eficaz para acabar de tajo con las mafias que controlan trasnacionalmente el narcotráfico, y la violencia y corrupción que trae aparejadas, es la legalización de las drogas. Aprendamos un poco de la historia.

Cuando en los años 30’ del siglo pasado, en los Estados Unidos, orientados por una óptica puritana, se emitió la Ley seca, apareció Al capone y baño de sangre la ciudad de Chicago; las cosas volvieron a la normalidad hasta que se legalizó la producción, venta y consumo de alcohol. Cierto. Los problemas ocasionados en la salud de las personas debido al consumo excesivo de ese líquido no se acabaron ni se acabarán jamás, en razón que no es la fuerza el medio adecuado para desalentar o prevenir su consumo. Amén de que el consumo o uso de las drogas lícitas e ilícitas entran en el campo de la autonomía personal y son parte de los derechos al libre desarrollo de la personalidad del individuo, y por lo tanto son sagrados.

Lo que sí se terminó, insisto, con la legalización del alcohol, fueron las organizaciones mafiosas que lo controlaban, las ejecuciones violentas, el temor y la zozobra social que ello produce. Creo que hacia las legalización de las drogas debe marchar el mundo en el largo plazo. Pero podemos ir empezando por legalización de la mariguana, como ya lo han hecho muchos estados de la Unión Americana.

 










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