El círculo de las nuevas masculinidades. Una autocrítica necesaria.

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A la memoria de Octavio Acuña,
activista queretano asesinado.
(1977-2005)

En Diálogo Queretano poco o nada se ha hecho al respecto para definir el papel que tenemos como hombres en el siglo XXI feminista. Para asumir una nueva identidad y una nueva actitud con nosotros mismos y el mundo que nos rodea, hay que reconocer este doble hecho histórico vital: la lucha de las mujeres para derribar el patriarcado (desde la existencia de las nuevas sociedades democráticas) y la reconciliación de la humanidad con las culturas que se han creado en su seno y el equilibrio de aquéllas con la naturaleza.
El discurso monocorde y apologista que domina en nuestro blog no solo ha enmohecido nuestra seriedad editorial sino también nuestras conciencias. La lucha por una nueva conciencia resulta crucial, especialmente durante esta fase de la contingencia en que aumenta el número de casos de violencia doméstica. En otras palabras, el feminismo es el proyecto político-cultural que identifica, denuncia e incomoda esos espacios que reproducen discursos dogmáticos y se vanagloria de sus contenidos. Éste es nuestro primer cañonazo: todos nosotros, colaboradores y lectores, somos culpables de fomentar un diálogo entre supremacistas que excluye a las mujeres y a las niñas como verdaderos capitales del desarrollo humano.
Sacudiéndonos el polvo de la primera conmoción, resulta necesario abandonar muchos vicios de nuestro pasado machista antes de vislumbrar esa cultura de género entre hombres y mujeres; en la actitud de nuestros colaboradores y lectores, se vislumbra el ascenso o el ocaso de las nuevas masculinidades.
¿Cuántos de nosotros nos hemos referido a la vasectomía, la prevención de las enfermedades de transmisión sexual, en fin, el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos para contribuir en el acceso a los derechos sexuales como derechos humanos? ¿Será que las múltiples violencias sufridas a lo largo de nuestras vidas se han afianzado y normalizado a tal grado que todo eso nos resulta ahora repugnante y prohibido? ¿Castigamos a otros hombres cuando intentan manifestar sus vulnerabilidades, sus capacidades de expresar sus dolores más profundos, el gestionar nuestras emociones ahora enjauladas a nivel mundial?
¿En dónde están ahora los señores Julio Figueroa y Pablo Mere, únicos comentaristas de nuestras publicaciones? No somos aquellos guevaristas ni feministas que conocieron en unas cuantas líneas, pero conscientes de que ningún guevarista ni feminista verdadero podría resumirse en tan pocas palabras sino, sobre todo, en sus acciones. Ahora somos machistas en rehabilitación que esperamos con entusiasmo sus respuestas para reflexionar nuestras masculinidades fracturadas por miles de años de patriarcado.
¿Cuál es nuestro papel desde el feminismo? Asumirnos como machistas en rehabilitación y no como feministas. Aceptar que la revolución feminista será protagonizada por las mujeres, aun cuando existan dirigentes hombres en el proceso (el caso de Thomas Sankara en Burkina Faso en 1983). Sin embargo, aceptar el principio de que los hombres necesitan atravesar un largo, complejo y difícil proceso permanente de (auto) educación para crear, efectivamente, un nuevo orden social democrático, una modernidad feminista en el más ambicioso y revolucionario sentido de la expresión.
Esperando un sincero balance compartido, podemos afirmar desde ahora que siempre hemos capitalizado la crueldad, la dominación y la falta de empatía hacia nuestros semejantes y hacia nosotros mismos, sepámoslo o no. Interiorizar una cultura del cuidado, en la que seamos más afectivos y nos ayudemos mutuamente, es el acto social cotidiano para crear la solidaridad, uno de los principios esenciales de la nueva cultura de género.
Nuestras colaboraciones y nuestros silencios sobre estas cuestiones no nos hacen menos cómplices de esta terrible situación. ¿Alguna vez nuestros contenidos se han convertido en instrumentos de discriminación y criminalización de mujeres y otros hombres? Si la respuesta es afirmativa, ¿cómo operar nuevas formas de relaciones entre colaboradores y nosotros con los lectores? Así escalará el proceso colectivo del ascenso de las nuevas masculinidades y se contribuirá a la democratización feminista de Diálogo Queretano.
Si colaboradores y lectores aceptan el reto de la esfinge patriarcal que somos para resolver su interrogante, bienvenidos sean ustedes y sus invitados; a nosotros, hombres, también nos matan otros hombres, pero entre hombres también nos podemos cuidar.
Edgar Herrera










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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