“El Chayote”

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En uno de sus libros, Julio Scherer relata un pasaje singular acontecido durante una de las giras del presidente Gustavo Díaz Ordaz en 1966: -¿Ves aquél chayote? -Decía un periodista a otro y seguía corriendo la voz. -Ve allá. -Detrás de unas enredaderas, un funcionario público esperaba a los periodistas para entregarles su “chayote”, nombre con el que desde entonces se conoce la corrupción entre la prensa. “Dicha práctica floreció y se institucionalizó desde ese momento”, asegura el fundador de Proceso: “tan popular se volvió, que su entrega dejó de ser oculta”.

 

El chayote o embute, es una prebenda dada, en efectivo o en especie, a los periodistas y medios para evitar críticas o conseguir elogios, explica el investigador Omar Martínez. Esta costumbre ha tenido tanto arraigo entre los informantes y ha influido de forma tan importante en el desarrollo de nuestro periodismo que “la historia de la prensa en México no puede disociarse del embute, el cuál es, por sí mismo, un salvoconducto hacia la autocensura”, asegura el estudioso.

Scherer García confirma el auge que adquirió está práctica al sostener que “teóricamente, todos los periodistas que cubrieron la campaña de Miguel de la Madrid recibieron frutos del chayote”. Además, asegura que esto se repitió durante cada campaña del candidato del PRI desde Echeverría. “Tan natural era dar o recibir chayote que de la inocencia pasó al cinismo: un reportero escribió –y así se publicó-: Los periodistas que cubren la campaña electoral presentaron una ponencia para que se aumente el riego del chayote”.

La revista Proceso del 30 de Noviembre de 1981 divulgó un reportaje en el que se confirmaba que 60 periodistas que acompañaban en su recorrido de campaña a de la Madrid recibían dinero del gobierno. En cada estado los reporteros recibían una cierta cantidad. La suma comenzó siendo de 14 mil pesos, pero después de la queja de los informadores llegó hasta los 30 mil pesos. Si en promedio se entregaban 2 mil pesos por cada diarista, “el PRI habría gastado unos 120 mil pesos diarios, 840 mil a la semana y 3 millones 360 mil pesos al mes en embutes”.

La prebenda se reparte de la siguiente manera, desglosa Omar Martínez: “Algunos jefes de prensa incluye es sus nóminas a reporteros cual si fuesen empleados o asesores; en giras o actos oficiales, discrecionalmente se les entregan sobres llenos de dinero por concepto de ayudas o supuestos viáticos; en ocasiones a algunos reporteros o columnistas se les envía dinero a sus propias casas o directamente a sus cuentas bancarias; se solicita a los medios publicar propaganda política disfrazada de información y los directivos se les entregan apoyos financieros, créditos bancarios altamente favorables, subsidios encubiertos por dotación de insumos como papel o electricidad; incluso se les dan estímulos o facilidades fiscales o les llega a condonar deudas acumuladas al Seguro Social”. No está de más decir que todas estás prácticas continúan siendo cotidianas en nuestra país.

UN PROBLEMA ÉTICO

¿Qué es lo bueno?, se pregunta el filósofo Sánchez Vázquez. “No es suficiente con buscar lo bueno para uno mismo.” Explica. Más bien, “la esfera de lo bueno tiene que buscarse en una relación peculiar entre el interés particular y el interés general… lo bueno entrañaría una primera y limitada superación del círculo estrecho de mis intereses exclusivamente personales y conjugarlo con los intereses personales de otros a los que me siento más vinculado; lo bueno también puede darse defendiendo los intereses comunes, no creado por un vida común, sino en el significado social de la actividad el individuo, del trabajo o del estudio; en tercer lugar, lo bueno se da como contribución del individuo a una causa común: la transformación de las condiciones sociales en que se asienta la infelicidad de la mayoría”.

Bajo esta perspectiva, la condena moral hacia la corrupción periodística es tajante, y el acto estaría lejos de juzgarse como bueno, ya que atenta contra un derecho fundamental del hombre como es la libertad de expresarse e informarse, la cuál para algunos es por sí misma la expresión más evidente de la libertad individual y la madre de todos los derechos humanos. Es por esta razón, que los cuatro primeros “principios básicos de la ética del periodismo” dictados por la UNESCO, establecen que el reportero siempre debe tener en mente “el derecho del pueblo a una información verídica”; “una adhesión a la realidad objetiva; responsabilidad social e integridad profesional”. Con la corrupción periodística se violan estos cuatro principios.

Pero el problema no es tan sencillo, ya que el periodista se enfrenta ante varias paradojas. En primer lugar, percibe un bajo salario, lo insuficiente para vivir holgadamente; así es que ante el ofrecimiento de una vida cómoda a cambio de mantenerse fiel a un gobierno que de todos modos lo obligará a alinearse, resulta finalmente una buena negociación. Por otra parte, el periodista enfrentan la presión de sus mismos compañeros del gremio, los cuales ya han aceptado adherirse a la práctica.

Así, el periodista que mantiene firmes sus ideales y valores, se decepciona cuando se percata de que en realidad tiene poca libertad de acción. Ante la pérdida de autonomía de sus informantes, algunas empresas decidieron trabajar para erradicar este problema. Estas organizaciones aumentaron salarios y prestaciones y tomaron más atención al perfil de sus reporteros. Scherer García comenta orgulloso que el logró desterrar la corrupción de su revista. Sólo bastaba abrirla para saber que no están en Proceso los reporteros que querían enriquecerse. Señala.

Buscando otras soluciones, algunas empresas se han decidido en crear códigos deontológicos y manuales de estilo. Sin embargo, el esfuerzo aún ha sido insuficiente, dice Omar Martínez, ya que “de entre aproximadamente 1330 radiodifusoras, casi 600 canales de TV, cerca de 400 periódicos y unas 200 revistas; medios en los que laboran poco más de 35 mil periodistas, solo nueve medios informativos tienen un código de este tipo”, y fuera de esto, los demás medios tienen como punto único de referencia la propuesta deontológica trazada por la CIRT, la cuál es anticuada y está llena de retórica.

Y no existen más códigos porque sea difícil elaborarlos, más bien, estos terminan siendo rebasados por la realidad y pierden toda funcionalidad. Como dice Hugo Aznar, experto en el tema, “no es suficiente con proclame con proclamar las normas y los valores de una actividad; hay que hacer lo posible además para que puedan aplicarse en la práctica”. Es decir, antes de proponer un código ético son necesarias las condiciones laborales, profesionales y sociales adecuadas para el cumplimiento de la exigencia ética. No se trata –comenta el estudioso- de que la deontología y la ética sean patrimonio de héroes o de personas sacrificadas, sino algo común entre quienes realizar una determinada labor”

Pero no para todos los códigos deontológicos son la solución adecuada. Por ejemplo, Leonardo Rodríguez Dupla explica que si bien los códigos pueden cumplir una función orientativa y jurídica importante, se cae en el error de hacer de ellos el núcleo de la formación ética de los periodistas. “Los antiguos no enseñan que el conocimiento de las normas no garantiza su conocimiento; que ese conocimiento, por ser abstracto, no proporciona orientación suficiente en situaciones concretas”. De esta forma, asegura, se degradará el aspecto moral de la profesión periodística si se reduce a la observancia de un repertorio de normas que al periodista le vienen impuestas desde fuera, por lo tanto, se impone pues revisar nuestras ideas sobre la formación moral del periodista y la vertiente moral de la profesión periodística, parece constar de tres dimensiones fundamentales: virtud, valor y deber.

Así encontramos, que para superar la corrupción periodística primero es necesario ganarle mayor terreno a la censura, al control gubernamental de los medios, además de establecer las condiciones profesionales adecuadas. Sólo después podremos pensar en establecer códigos deontológicos funcionales. Sin embargo, para que estos actúen, no sólo deberán estar estrictamente apegados a la realidad, sino que al mismo tiempo debe proporcionarse una formación moral adecuada de los periodistas. Al fin y al cabo, aunque la realidad no deje muchas alternativas, el informador siempre cuenta con la decisión final y en sus manos está ser corrupto o negarse a serlo.

En una “Carta a un periodista amigo”, Olegario González expresa así sus sentimientos al respecto: “¡Son tantos, tan sutiles y sibilinos los poderes de este mundo, que se tornan invisibles y difícilmente los reconocemos! A veces pensamos que son sobre todo los políticos y económicos. Es verdad que éstos son los más peligrosos, porque son fácilmente reconocibles. Uno sabe quién le compra y a cuánto le paga, cuándo le asalta y con qué propuesta. Pero existen además, el poder de la opinión, el prestigio, la personal ambición, el temor al futuro, la hostilidad de quienes no encuentran en nuestra página enaltecidos sus intereses o ideales. Todos esos poderes que son externos e internos, nacidos en los aledaños y en el propio corazón hay que descubrirlos a tiempo y enfrentarse con ellos. Sólo quien mantiene su libertad, tiene dignidad. Por supuesto, la libertad absoluta es imposible. Pero ya el conocer sus límites y vivir con actitud humilde y enhiesta desde ellos no es poco. Un periodista tiene voz propia y tiene amo; pero no puede ser la voz de su amo. Ya no hay <negros> que escriban a dictado, porque la liberación de esclavitud ha llegado para los negros-negros y para los blancos ennegrecidos.”










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

3 Comentarios en “ “El Chayote””

  1. Salvador dice:

    Un saludo.

    Muy interesante su artículo. Lo felicito.

    ¿Podría enviarme la bibliografía que utiliza? Ya está registrado mi correo.

    Un saludo.

    Salvador García

  2. Karla Uribe dice:

    Muchas gracias, me sirvió para hacer un artículo. Escribes muy bien. Muchas felicidades y éxito en tu vida. TAM

  3. BIEN ESCRITO, ILUSTRANTE, DIRECTO, MUY BUENA FORMA DE DENUNCIAR , QUIEN SABE CON CUANTO EFECTO EN LA SOCIEDAD.

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