El anacronismo

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QroBUS_Queretaro_2017

POR Augusto Isla | Hace días recibí la visita de un amigo. Es arquitecto y urbanista, Hombre de mundo. Planetario, diríamos. Viaja muy a menudo. Es un observador agudo. Su mirada es de lince. Querétaro lo cautiva; sus atardeceres, sus calles, sus retablos. Cuando puede acude a contemplar largamente el retrato de esa monja bellísima que atesora Santa Rosa de Viterbo.

Mi huésped me pide un recorrido nocturno. Miramos a lo lejos el centro de convenciones cuya arquitectura semeja el Partenón, diseñado por Teodoro González de León. Caminamos por el centro histórico, devastado por esa falsa estética que, ignorante de la fisonomía original, ha colocado unos volardos abominables a lo largo de la calle de Madero. “¿Quién cuida el patrimonio cultural de esta magnífica ciudad?”. Guardo silencio. ¿Qué puedo decir, si hemos sido avasallados por la prepotencia de un munícipe solo preocupado en su bienestar personal?

De regreso a casa, recorremos la avenida Constituyentes. Pone sus ojos en el nuevo sistema de movilidad vial. Reflexiona en vox alta: “esto es algo parecido a lo que impera en León, Guanajuato, hace varias décadas. Es una solución que parece aferrarse al pasado”. ¿Por qué este gusto por el anacronismo? ¿Por qué no piensan en el futuro, en las nuevas tecnologías? Mi amigo, que recientemente viajó a Neom (Arabia Saudita) me habla de esa visión futurista. Pero matiza: “no se trata de imitar un modelo, pero sí de ver las cosas de otra manera, de verlas más allá de la nariz. Les deseo suerte. Pero un día los queretanos entenderán que tienen que vivir este tiempo que acelera sus compases. El futuro ya está aquí.” Hay que conservar el pasado con autenticidad, pero también procurar la innovación.

Al llegar a casa, después de un largo silencio –largo por el congestionamiento vial, me pregunta: ¿Quiénes gobiernan aquí? “los panistas”, respondo. Sus palabras finales antes de comentar otros temas: “ahora lo comprendo todo. Son hombres de negocios”.

 










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