ECONOMÍA SIN CERA N231 “¿ES ÚTIL EL PLAN NACIONAL DE DESARROLLO?”.

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Es importante planear,

Más no como obligación,

El Plan se tiene que usar,

Como arma de orientación,

También para controlar,

Y evitar la desviación.

Hace unos días el Presidente López Obrador presentó, en cumplimiento a lo señalado en el artículo 26 de la Constitución (ley de planeación), su propuesta para discusión y aprobación del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024. Esta Ley , publicada en 1983, abrogó una Ley Sobre Planeación General de la República de 1930, que había sido una respuesta del Estado mexicano a la crisis económica mundial de 1929, lo que explica por qué hubo “planes de desarrollo” desde la época del presidente Pascual Ortiz Rubio, aunque de contenidos parciales. El primer plan sexenal fue el del Presidente Cárdenas (1934-1940) en el que se anticipaban varios actos transcendentes de su mandato, como la reforma agraria y la expropiación de la industria petrolera, pues en él establecía la necesidad de reducir la dependencia de México respecto al mercado mundial y proponía adoptar una política de nacionalismo económico como recurso de legítima defensa. A este Plan le siguió el de Ávila Camacho (1941-1946) que proponía fomentar la industria para reducir la dependencia del mercado internacional.

Con Díaz Ordaz (1966-1970) hubo un Programa de Desarrollo Económico y Social sin mucho sustento y en la administración de José López Portillo, con Miguel de la Madrid, como secretario de Programación y Presupuesto, se elaboró y presentó el llamado Plan Global de Desarrollo 1980-1982, con una estructura y contenido más formal y fue Miguel de la Madrid, ya como Presidente quien presentó la reforma al artículo 26 de la Constitución y la creación de la Ley de Planeación, con lo que se hizo obligatorio la elaboración de un plan nacional de desarrollo, en los primeros 6 meses de gobierno, al que queden sujetos los programas de la administración pública federal.

Fue muy curioso, que éste, que parecía ser el mayor esfuerzo de la historia por tratar de evitar la improvisación, fijando políticas, estrategias y acciones de mediano y largo plazo para darle un rumbo definido al país, se dio cuando iniciaba la presión de los organismos financieros internacionales para que adoptáramos el modelo neoliberal, lo cual hicimos, en el cual la planeación no es uno de sus instrumentos, ya que considera que el “Mercado” es tan perfecto, que dejándolo libre acomoda todos los demás factores. En el sexenio de Salinas de Gortari y a pesar de haber elaborado un Plan Nacional de Desarrollo, para cumplir con la ley, su Secretario de Industria y Comercio a pregunta de un reportero sobre su “Plan Industrial, respondió: “Lo mejor de nuestro plan industrial es que no hay plan industrial”, como queriendo decir que nuestra industria se iría desarrollando conforme dictaran los mercados, olvidando que los mercados no son perfectos.

Al terminar mi carrera de ingeniero civil, fui a la División de Estudios Superiores de mi facultad dispuesto a inscribirme en la Maestría de Estructuras; sin embargo, me enteré que había una nueva Maestría, era en Planeación, propuesta por la Secretaría de Obras Públicas (SOP), así que me dirigí con el ingeniero Rodolfo Félix Valdés, Director de Planeación de esa Secretaría, quien me explicó amablemente los objetivos de dicha maestría y me ofreció una beca para estudiarla, con el compromiso, de mi parte, de trabajar posteriormente dos años para ellos, no me costarían mis estudios y chamba asegurada.

En ese tiempo me volví fanático de la “Planeación”. A un amigo que pensaba hacer un viaje de vacaciones le dije que lo debía planear para que le resultara más divertido y más económico y se negó diciéndome: “para que lo planeo si finalmente el viaje lo voy a hacer cuando diga mi jefe y será a donde mi esposa diga, ja, ja”.

Hay mucho escepticismo en parte de la sociedad que considera que estos documentos no sirven para nada, que son una pérdida de tiempo y que nunca se cumplen y yo les diría que en parte tienen razón, en todos estos años de neoliberalismo, los distintos gobiernos han elaborado su Plan Nacional de Desarrollo, pero sólo para cumplir con la ley, no para usarlos como instrumento para el desarrollo. Yo esperaría un cambio con este nuevo gobierno, me gustaría que se implante un modelo de planeación efectivo, con amplia participación de la gente, en el que queden plasmadas las aspiraciones de transformación de nuestro país. El PND será sometido a debate público y espero que haya una participación activa de académicos, colegios de profesionistas, cámaras, obreros, campesinos, ciudadanos y de la sociedad en general. Las metas son factibles pero los cambios se tienen que dar, no se pueden quedar simplemente enunciados, el Presidente ha dicho que ya no estamos dentro del modelo neoliberal, pero las bases de ese modelo incrustadas por muchas partes y en muchas estructuras del país están sin tocar, se mantienen sin cambios significativos, incluyendo la ortodoxia macroeconómica que privilegia el control de la inflación y el balance fiscal por encima del crecimiento del producto interno bruto (PIB) y el empleo.

En su toma de posesión, AMLO señaló que no habría necesidad de incrementar impuestos en términos reales, que no se gastaría más de lo que ingresara a la hacienda pública y que no iba a aumentar la deuda pública; sin embargo, pienso que el Presidente está equivocado y que es necesaria y urgente una reforma fiscal para poder al menos triplicar la inversión pública, para que jale a la privada y provoque efectos multiplicadores. La tasa de crecimiento de nuestra economía debería y podría llegar al 6% si queremos que haya trabajo para todos los jóvenes que se incorporarán al mercado de trabajo en estos próximos años, si queremos rescatar el sector energético, si queremos dejar de ser tan dependientes de importaciones de alimentos y combustibles, si queremos darle sustentabilidad a todos los programas sociales emprendidos. ¿Usted qué opina?

memo_cas@yahoo.com










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