ECONOMÍA SIN CERA N226 “NO A LA GENERALIZACIÓN”

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Funcionarios corrompidos,

Se deben de castigar,

Ni con perdones y olvidos,

Nos vamos a conformar,

Tienen nombres y apellidos,

No hay que generalizar.

Nuestro país lleva muchísimos años buscando definir un rumbo a seguir, un proyecto económico-social-político adecuado a nuestras necesidades y le ha costado mucha sangre, luchas internas, conflictos entre grupos antagónicos, a veces por diferencias en puntos de vista y otras por intereses encontrados difíciles de conciliar.

En política, el conservadurismo es un conjunto de doctrinas y posiciones tendientes a mantener las tradiciones, a no hacer cambios políticos, sociales o económicos radicales, a defender los valores familiares y religiosos; sin embargo, en el siglo XX, algunos partidos conservadores se hicieron liberales, en lo económico, para aliarse con otras fuerzas contra el socialismo y el comunismo, apoyando el sistema capitalista a través de un liberalismo conservador. Marx señalaba en su tiempo (1818-1883) que el anticapitalismo no sólo era una postura moral en contra de la injusticia, sino la búsqueda para construir otras alternativas y pienso que hoy, sigue vigente esa necesidad.

Después de la segunda guerra mundial y sobre todo en las décadas de 1970 y 1980 resurgió en el mundo un conjunto de ideas asociadas con el liberalismo clásico (dejar hacer) al que hemos llamado “neoliberalismo”: lograr una amplia liberalización de la economía, abrir las fronteras a los mercados globales buscando el libre mercado, reducir el gasto público y la intervención del Estado en la economía y en la sociedad, favoreciendo la participación del sector privado en estas actividades. Estas ideas recibieron gran apoyo de los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial y Fondo Monetario Internacional los que ayudaron a que muchos países, incluyendo el nuestro, se deslumbraran con sus supuestos beneficios y adoptaran con entusiasmo las reglas básicas de su doctrina, con la promesa de que con ello se lograría un crecimiento económico alto y sostenido, una disminución en las desigualdades y un bienestar social generalizado, pero al menos en nuestro caso, después de treinta años, hemos tenido grandes avances en ciertos campos, pero en general, los resultados han sido contrarios a los ofrecidos.

Lo anterior, sumado a la corrupción creciente y a la inseguridad, explica la histórica victoria de Andrés Manuel López Obrador, es mucha la gente que desea un cambio profundo, está indignada por la concentración de la riqueza en muy pocas manos: por la inseguridad creciente; por las dificultades para poder mejorar la calidad de vida; por el hecho de que se conozcan muchos actos de corrupción y nadie resulte castigado; por ver que nuestros recursos naturales son explotados por empresas extranjeras despreciando la capacidad productiva nacional; por saber que el poder público está al servicio de un poder económico, formado por un pequeño grupo de personas que cuentan con gran capacidad para intervenir en las grandes decisiones, la mayoría de las cuales están alejadas de las necesidades del pueblo. Las decisiones que ha tomado el Presidente en estos primeros meses de gobierno han sido muy controvertidas. La base de apoyo de AMLO le aplaude todo, no le cuestiona nada, mientras que los antiAMLO no le reconocen nada, lo insultan, lo critican; sin embargo, según todas las últimas encuestas su popularidad sigue creciendo y ya se ubica por encima del 80%, ya que se mantiene la esperanza de que cumplirá sus ofrecimientos y logrará una verdadera transformación del país.

Hasta ahora se ha concentrado en tratar de recuperar las principales empresas productivas del estado (Pemex y CFE) en las que, según sus aseveraciones, hubo una intención de sus antecesores por saquearlas, desmantelarlas, con el objetivo de hacer más rentable el negocio para las empresas privadas participantes, teniendo como socios o cómplices a funcionarios y ex funcionarios; sin embargo, aunque es muy plausible su esfuerzo, la sociedad necesita conocer no sólo su señalamiento en contra del modelo neoliberal sino los nombres de los responsables de actos de corrupción y que se presenten ante la Fiscalía las demandas correspondientes, no se trata de hacer una cacería de brujas, necesitamos creer en que habrá justicia y apego al estado de derecho.

Lo peor que nos puede pasar es quedarnos en la generalización, como si todos los que son señalados genéricamente tuvieran el mismo grado de culpabilidad y responsabilidad: gobiernos anteriores a Fox a los que definió como 70 años de corrupción (no hubo peces gordos encarcelados) y ahora los neoliberales, las estancias infantiles, el nuevo aeropuerto, los proyectos derivados de la reforma energética, los gasolineros y muchos más, a los que es injusto acusar genéricamente. Si se trata de atacar la corrupción hay que denunciar y castigar a los culpables de actos ilícitos en cada campo y no desaparecer la actividad pensando que matando al perro se va a acabar la rabia.

Yo espero que AMLO se dé cuenta de que para mantener y acrecentar su popularidad se necesita que las acusaciones no se queden en el aíre, no basta que a los culpables los castiguemos con el látigo de nuestro desprecio, es grande el daño que algunos le han ocasionado al país y no podemos consolarnos con el perdón, el olvido, las cuentas nuevas, yo pienso que además debe abrir el abanico para que haga sustituciones de colaboradores para poner a la gente más calificada y honesta de que dispongamos para cada campo, es importante contar con colaboradores de confianza, pero igual de importante es que estén calificados para desempeñar su función. ¿Usted qué opina?

memo_cas@yahoo.com










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