Doctrina Estrada ¿Alguien se acuerda?

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Enrique_Pena_Nieto_Primer Informe_Los Pinos

Nuestro gobierno hace un oso,

Actuando sin dignidad,

Critica a otro con gozo,

Sin tener la autoridad,

Quiere esconder en un pozo,

Nuestra triste realidad.

A partir de la consumación de la independencia de nuestro país en 1821, cada nuevo gobierno que surgía de revueltas, movimientos revolucionarios y contra revolucionarios tenía que luchar con la diplomacia mundial para conseguir el reconocimiento oficial de las naciones extranjeras y así poder validarse dentro de la propia nación y para lograrlo tenían que ceder ante naciones poderosas ventajas económicas y políticas.

En 1907 se estableció la “Doctrina Tobar”, propuesta por el canciller de Ecuador, misma que exhortaba a los gobiernos de Latinoamérica a reconocerse mutuamente y a su vez a negar el reconocimiento a cualquier gobierno latinoamericano que surgiera a partir de un movimiento revolucionario, lo que afectó a México ya que después de esa fecha tuvo varias sucesiones presidenciales por la vía revolucionaria y necesitó mandar misiones diplomáticas a las naciones extranjeras para solicitar el reconocimiento, especialmente a los Estados Unidos.

Esta situación se complicó a partir de la promulgación de nuestra constitución en 1917 ya que en ésta, se limitaban los privilegios económicos de otras naciones y especialmente de las industrias estadounidenses en nuestro país, motivo por el cual el gobierno de Estados Unidos se negó a reconocer al gobierno mexicano mientras no derogara los artículos correspondientes.

En 1919, al final de la primera guerra mundial y derivado del Tratado de Versalles, se creó la Liga de las Naciones, con el objetivo de establecer las bases para la paz y para la reorganización de las relaciones internacionales; sin embargo, México no pudo ingresar a él sino hasta 1931, debido a los problemas no resueltos con Estados Unidos.

En el seno de dicha organización, México adquirió gran prestigio internacional fijando con claridad su posición a favor del derecho internacional, del principio de no intervención y del derecho de autodeterminación de los pueblos y siempre apoyó el principio de la resolución pacífica de diferendos internacionales y rechazó el uso de la fuerza en las relaciones internacionales.

A partir de entonces el ideal central de la política exterior mexicana quedó resumida en la llamada “Doctrina Estrada”, redactada y publicada en ese organismo por Genaro Estrada quien era nuestro Secretario de Relaciones Exteriores, la cual se manifiesta en contra de que los países decidan si un gobierno extranjero es legítimo o ilegítimo, especialmente si este proviene de movimientos revolucionarios. En su propuesta formal, la doctrina Estrada indicaba lo siguiente: “El gobierno de México no otorga reconocimiento porque considera que esta práctica es denigrante, ya que a más de herir la soberanía de las otras naciones, coloca a éstas en el caso de que sus asuntos interiores pueden ser calificados en cualquier sentido por otros gobiernos, quienes, de hecho, asumen una actitud de crítica al decidir favorable o desfavorablemente sobre la capacidad legal de regímenes extranjeros. El gobierno mexicano sólo se limita a mantener o retirar, cuando lo crea procedente, a sus agentes diplomáticos, sin calificar precipitadamente, ni a posterior, el derecho de las naciones para aceptar, mantener o sustituir a sus gobiernos o autoridades”.

Esa política exterior de respeto se ha ido perdiendo con el tiempo, por un lado por los nombramientos de personal descalificado para el puesto, en este caso refiriéndonos a los responsables de manejar las relaciones internacionales y aunque el actual llegó con y por otro, a la globalización, con la que parecen importar más los intereses económicos que las soberanías de los países.

Venezuela está pasando por una de sus crisis más severas de los últimos tiempos y su sociedad está tratando de resolverla, a pesar del marcado intervencionismo de muchos países, principalmente de los Estados Unidos. ¿Cómo debió haber actuado nuestro gobierno en este asunto para hacer efectiva la doctrina Estrada? Si nos molesta y perturba el gobierno de Maduro, debimos haber retirado al embajador y no constituirnos en un vergonzoso brazo de la política de Estados Unidos, para intervenirlo a través de la OEA, para inmiscuirse en su capacidad para la autodeterminación al hacer un exhorto demandando la cancelación de la asamblea constituyente a la que convocó su presidente.

Dentro de las múltiples argucias que utilizan nuestras autoridades en complicidad con los principales medios de comunicación para distraer a la opinión pública está el caso Venezuela, al que le dedican más tiempo y saliva que a los graves problemas internos. Se desgarran las vestiduras criticando la elección de la asamblea constituyente en Venezuela pero callan respecto a la ilegal y vergonzosa elección de gobernador del Estado de México; se habla de los muertos derivados de los conflictos allá, para no hablar de los muertos que día a día se acumulan en este país que sin estar en guerra formal acumula más número de muertos. Que no se confundan mis lectores.

No defiendo a Maduro, defiendo el derecho de la sociedad de Venezuela a resolver sus conflictos internos. La doctrina Estrada, que no deberíamos olvidar, es un instrumento de respeto cuya intención adicional era y debería seguir siendo, frenar la ambición y la perversión política de potencias como Estados Unidos, particularmente frente a países de Latinoamérica. ¿Usted qué opina?

memo_casa@hoo.com

 










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