Desmontar la maquinaria

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¡Qué alivio que esta semana Andrés Manuel López Obrador haya revivido a la mafia del poder! Volvió a enderezar sus baterías contra los anónimos “jefes de jefes” que, dijo, durante varias décadas han saqueado al país. Además de la ganancia del saqueo en sí mismo, el próximo presidente precisó que esos jefes de jefes acumulan dos ganancias más: nadan en la impunidad y conservan su respetabilidad. Lo inquietante es que haya dicho esto para exonerar, claro que sin facultades legales, a una secretaria de Estado sobre la que pesan varias investigaciones.

Si bien hay que gobernar viendo hacia adelante, alojo la esperanza de que, ya con todo el poder del pecho tricolor, el presidente ordene una macroinvestigación contra esos jefes de jefes hasta que restituyan al tesoro público todo el producto de su saqueo. Al mismo tiempo, segunda esperanza, aguardo con impaciencia a que presente un paquete de reformas para desmontar la maquinaria que permitió el criminal saqueo, que tanto perjuicio produjo a las mayorías excluidas del país. Tiene todas las cámaras legislativas necesarias para impedir que en el futuro nuevos siervos de la nación descubran la cuchara grande y se despachen a placer. Si hay delitos que ya prescribieron, pues hay que hacer las reformas que los vuelvan imprescriptibles.

Claro que López Obrador conoce lo que implica su compromiso de separar al poder económico del poder político. Lo que ocurrió en los últimos 30 años lo documentó él mismo en el capítulo primero de su libro La mafia que se adueñó de México. Ese capítulo (los otros tres son prescindibles) debiera formar parte de las lecturas obligadas en las preparatorias públicas del país, como una forma de alertar a las nuevas generaciones frente a la rapacidad infinita del capital.

En la base del actual desastre nacional se encuentra la transferencia de riqueza del Estado a manos privadas. Pero hay otro frente tan inmoral como descomunal. Es el dinero líquido, el oro puro que exporta el país a las fauces de los tiburones de la usura internacional. Es una gran obscenidad que un país tercermundista exporte dinero al poder financiero global en la forma que lo hace nuestro país, sin que pase nada. Y más grave aún será que, con todo y el mandato del primero de julio, se siga pagando este tributo. Dados los compromisos actuales, se sabe que en tan sólo el primer año del nuevo gobierno, el erario federal tendrá que destinar, sólo para el pago de intereses de la deuda, nada menos que 714 mil millones de pesos. ¿Es poco o mucho? Sólo para establecer un punto de comparación: ese dinero equivale a lo que aportaría el gobierno de Querétaro a la UAQ, si el monto actual se mantuviera fijo, por más de mil años.

Espero que, al menos para satisfacer nuestro derecho a saber, en el discurso de toma de posesión se aporten datos puntuales sobre el delicado tema de la deuda pública. Estos cinco meses de tersa transición de algo podrían estar sirviendo, pues es preciso no hablar al tanteo ni con suposiciones. De informes oficiales se desprende que al iniciar 2018, tan sólo la deuda pública federal equivalía a 10 billones de pesos. Las tres últimas administraciones se batieron en una orgía de endeudamiento creciente y por ningún lado se ve la prosperidad. Al contrario. Al iniciar la administración Fox, el año 2000, la deuda equivalía al 22 por ciento del producto interno bruto (PIB) y al cerrar el gobierno de Peña equivale ya al 50 por ciento.

¿A qué se destinó el dinero obtenido mediante deuda? ¿En qué obras se invirtió? ¿Se sujetó la contratación de deuda a los techos aprobados por el Poder Legislativo? ¿Se promoverá al menos una quita de intereses? ¿Qué investigación criminal se abrirá el primero de diciembre, para no quedarnos con chivos expiatorios e ir contra los jefes de jefes? ¿Qué responsabilidades se fincarán a los responsables de las tres administraciones federales precedentes por sus actos y omisiones? ¿Qué medidas se tomarán para que el país deje de exportar oro al expolio financiero global?

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Un Comentario en “ Desmontar la maquinaria”

  1. Julio Figueroa dice:

    De Letras chuiquitas 2018-88
    LA DOBLE MAQUINARIA DEL PODER
    EMZ en su artículo “Desmontar la maquinaria” (20-IX-2018).
    Mis notas:

    –La maquinaria nacional (del poder político y económico) del saqueo y el enriquecimiento impune, legal y respetable de los dueños del país.
    –La llamada mafia del poder denunciada por AMLO en su libro “La mafia que se adueñó de México…”, México, Grijalbo, 2010.
    –La eterna deuda pública impagable: la transferencia de riqueza del estado a los tiburones de la usura internacional.
    –Al iniciar la administración Fox, el año 2000, la deuda equivalía al 22 por ciento del producto interno bruto (PIB) y al cerrar el gobierno de Peña equivale ya al 50 por ciento.
    –EMZ termina haciendo las preguntas críticas pertinentes a partir de la lectura ciudadana crítica del libro de Obrador.
    –¿Qué respuestas tendremos a partir del primero de diciembre?
    –René Delgado plantea una cuestión central:
    –¿Revisión crítica del pasado inmediato con consecuencias penales, políticas y democráticas, o amnistía, punto final, borrón y cuenta nueva? ¿Se barrerá la basura del poder de las escaleras de arriba hacia abajo sólo a partir del primero de diciembre? ¿Y la basura acumulada de los sexenios anteriores? ¿Perdón sin olvido? ¿Memoria crítica sin consecuencias críticas?
    –¿En qué sentido presionar los ciudadanos para que el poder político se comprometa a hacer los cambios necesarios?
    –No desgastarnos en infiernitos.
    –El viejo Marx sabe del poder del capital que ayer como hoy sigue siendo central.

    ¿La mafia del poder son los enemigos identificados de AMLO?

    Q, septiembre 2018.

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