Desde mi Hamaca. El Día de la Dependencia.

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Hoy mi hamaca se mece lentamente por más que piso y empujo con fuerza. Quizás se debe al sobrepeso de la tristeza que cargo en los días previos a la celebración de la Independencia de México que, gobierno y comercios, promueven de manera profusa y efusiva. Y claro, veo también que mucha gente compra esa idea, se ilusiona, se viste de adelita y de charro (atuendo más propio para el festejo de la Revolución) aquí y en el extranjero y exclaman a todo pulmón frases bravías y retadoras como “¡Viva México Cabrones! o “¡Mueran los gachupines!” o “¡uto el que no salte!”, … no, esta no, ¿verdad?, pero bueno, tampoco la acabo de inventar, resume a muchas equivalentes. Y sí, la tristeza agobia a fuerza de repetirse, año con año, celebrando un acto tergiversado ya por la penumbra de los tiempos ya por intereses políticos y, más reciente, por intereses comerciales. Cada año otra vez la misma pregunta: ¿Independencia de quien? Al menos no retando a la Corona Española porque Hidalgo no se pronunció en contra de Fernando VII ni de la religión católica. Por el contrario, Hidalgo, según crónicas de la época, como las de Fray Diego de Bringas y Fray Servando Teresa de Mier, se indignó por la invasión napoleónica a España y por la destitución de Fernando VII y pidió el apoyo de los criollos contra los gachupines entreguistas a los intereses de Francia exaltando, desde el atrio de su parroquia en el escondido pueblo serrano de Dolores, que: “La Patria nos llama a su defensa. Los derechos inviolables de Fernando VII nos piden de justicia que le conservemos estos preciosos dominios y la religión santa que profesamos nos pide a gritos que sacrifiquemos la vida, antes que ver manchada su pureza”. Y, obvio, los criollos aprovecharon el Grito, no para restituir a Fernando VII, debilitado por la imposición francesa, sus “preciosos dominios”, si no para quedarselos ellos con el inocente apoyo de los oprimidos: “No padre -gritaron los indios-, defendámonos, ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva Fernando VII!” … ¿Hidalgo es el padre de la Patria? Ha de ser de la Patria de los Criollos, porque de los indios, así los identificaban, seguimos en la misma, pisados. 300 años de dominio español y doscientos de dominio criollo, nos hacen concebir la idea de que en unos 100 años más terminará la dominación criolla que será reemplazada por la auténtica Independencia de México. Sin embargo, también se aprecia de manera opuesta, que en dicho tiempo sea un propósito inútil y superado, metido como está el mundo en un proceso de globalización. En fin, la fortuna da muchas vueltas.

Por otra parte, volviendo a la pregunta ¿Independencia de quién?, se puede girar la vista unos 360 grados y observar que la “Independencia” de los criollos respecto de los gachupines, es un fenómeno que se ha vuelto complejo en extremo. Bueno sería que a nivel mundial México estuviera conectado a un sistema de interdependencia, pero resulta el caso de que el país ha aumentado su dependencia de los países más desarrollados del mundo y que estos países no necesitan nada de México, como no sea verlos cual un Cliente al que le venden lo que les da la gana y le prestan dinero bajo condiciones leoninas en extremo. Veamos un solo ejemplo de la dominación extranjera en México, creo que será suficiente revisando el equipamiento de una casa que, por supuesto, posea las comodidades de hoy en boga: suponga usted apreciado Lector, que al amanecer de un día cualquiera, cuando la penumbra aún no permite desplazarse con soltura, una persona toca un contacto eléctrico que ostenta la marca quinziño que a su vez enciende una bombilla GE; luego se dirige a la cocina donde se ubican enseres para preparar los alimentos y desfilan, ante sus ojos, la estufa marca IEM, la cafetera Krups, el tostador Turmix, la licuadora Oster, el microondas y refrigerador LG, lavadora Whirlpool y otras linduras, todas marcas extranjeras. No quiero abusar en citar otras marcas que probablemente tiene en su casa la persona de nuestro ejemplo y que se muestran en el baño, el tocador, en perfumes, la ropa, el calzado y el automóvil, antes de que nuestro personaje ponga un pie en la calle. Tampoco mencionaré marcas de aviones, teléfonos celulares, restaurantes, autobuses y máquinas y vagones del Metro y muchas otras porque no terminaría este artículo ya que, según datos de la Secretaría de Economía, en este país sientan sus reales más de ¡60 mil marcas extranjeras! Nos tienen rodeados y listos para celebrar, en todo caso, el Día de la Dependencia.

Sin embargo, a pesar de esta enorme sensación de tristeza de que los gobiernos, desde hace unos 200 años nos dan atole con el dedo, frase muy mexicana, creo, sinceramente, que algo se puede rescatar para enaltecer tan contagiosa alegría que nos es ancestralmente propia, esto es, celebrar unas Fiestas Patrias, celebrar el Día de la Mexicanidad, celebrar el reconocernos mexicanos en busca, cada vez más cercana, de nuestra identidad, del orgullo de formar una raza nueva, con raíces nuevas, que brotan de la fusión de dos viejas culturas, ajenas entre sí, que refuercen el cimiento de una Nación propia y que nos prepare, en un tiempo ojalá no muy lejano, para celebrar nuestra verdadera Independencia.

Rendijas

    1. ¡Vivan las Fiestas Patrias! ¡Viva el Día de la Mexicanidad! ¡Viva México, Viva México, Viva México! Y hasta aquí. Lo demás depende de quien detente el poder.
    2. Ejemplo: Fox escondió a Juárez, López Obrador lo exalta. Trump podría erigir esfinges de López de Santa Ana en su muro, y así, héroes a modo!

Carlos Ricalde

Pibihua2009@gmail.com

Septiembre del 2009










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