Decíamos ayer en torno a Don Ignacio Ramírez. “El Nigromante”

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“EL HONOR ES COMO EL VALOR: UN TESTIGO LO INSPIRA Y LO SOSTIENE”.-Paul Bourget.-

Cuenta la leyenda que Don Ignacio se presentó en la “Academia de San Juan de Letrán” a los 19 años de su edad, tímidamente se presentó ante ellos y pidió permiso para leerles un escrito, concediéndoselo Don Andrés Quintana Roo, que la presidía.-

Don Guillermo Prieto le recuerda así: “Sentado al lado de Don Andrés, Conductor de la Academia, todos aprobaron que leyera su escrito, con sonrisillas de algunos de sus miembros, de pronto reinó un silencio profundo ante la seriedad del ponente, Ramírez sacó del bolsillo del costado, un puño de papeles de todos tamaños y colores; algunos impresos por un lado, otros en tiras y recortes de avisos de toros o de teatros, arregló aquella baraja y leyó con voz segura e insolente el título que decía: “No hay Dios…”, el estallido inesperado de una bomba, la aparición de un monstruo, el derrumbe estrepitoso del techo, no hubiera producido mayor conmoción…se levantó un clamor rabioso que se disolvió en altercados y disputas. Ramírez veía todo aquello con despreciativa inmovilidad…”

“Liberales y conservadores, todos a su modo, eran creyentes. Por ello el título del texto lo escandalizó. Unos estaban a favor de que hablara, otros estaban en contra. Hubo un momento de confusión hasta que Don Andrés, patriarca reverenciado por todos, puso orden al decir que él no presidiría una academia que aplicara mordazas, y colocando su mano sobre su cabeza lo instó a que continuara: “No hay dios, los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos…”
(Luis Maldonado Venegas).-

Así la fama de Don Ignacio creció y poco tiempo después le llamaron “El Nigromante”.- Con sus ideas hizo explotar muchas de las caducas ideas del “Viejo Régimen”, o sea que todo siguiera igual, continuando la vida en torno a la iglesia y a la divinidad, influyendo como el que más para que se reflejaran en los postulados de la Constitución de 1857 y más tarde en las Leyes de Reforma que nos dieron la libertad de apartar los gobiernos de la influencia de la iglesia.

Junto con Ignacio Manuel Altamirano y Don Justo Sierra Méndez, formó la más alta y exaltada trilogía de educadores del pueblo mexicano del siglo XIX.

En San Miguel, la maestra Jesusa Rodríguez presentará una de las 25 obras teatrales de la autoría de Don Ignacio, llamada: “Un perro en corral ajeno”, comentando que hizo una interpretación del texto, originalmente escrita en cinco actos y en verso.

“Escogí esta porque habla de la compra de votos y de la descomposición de su época, aunque escrita en 1850, su tema es actual, dados los días en que vivimos, su puesta aparecerá a unos días antes de nuestras actuales elecciones…Don Ignacio fue un político y una persona honrada…fue un pensador extraordinario y porque fue un artífice del cambio en sus tiempos, y esto está sucediendo en nuestros días.-

Les saluda y abraza su medio olvidado amigo de “Aquellos Tiempos”…Mario RE

 










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