Crisómeto* ¿Pemex en la lona?

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Pemex es para México como la Estatua de la Libertad para los Estados Unidos o la Gran Muralla para China. Quizás es una exageración, pero compararlo así es una alegoría para resaltar su importancia. Pemex le ha dado mucho a México y fue por muchos años la principal fuente de divisas y de ingresos del Estado para financiar el desarrollo del país. El que haya sido.

Durante muchos años la empresa ha sido literalmente “ordeñada” a través de impuestos por el gobierno en turno y prácticamente abandonada, en especial los últimos 14 años, en los que los apoyos del Estado han sido insuficientes aún para cubrir el mantenimiento de las 6 refinerías existentes cuya capacidad de producción ha venido decreciendo a niveles del 50 y hasta el 60%. Consecuentemente la importación de gasolinas y otros combustibles ha ido aumentando y representa hoy en día el 70% o más de la demanda nacional y, a la par, 1 de cada 3 gasolineras compiten con Pemex por el mismo mercado. Péguenle al verde.

El saqueo ha sido impune. En sus mejores años (2011-2013) el precio de exportación del crudo fluctuó alrededor de 100 dólares por barril, final del Presidente Calderón y principio del Presidente Peña Nieto, y ninguno dijo que el país era rico como presumió el Presidente López Portillo cuando el barril se vendía en unos 36 dólares y nuestro problema sería administrar la abundancia. Así que la pregunta es obligada: ¿A dónde fueron a parar los recientes y abundantes ingresos petroleros? Por si el atraco no bastara, justo en 2013 se reconoce una pequeña distracción en la contabilidad de la empresa y se exhibe un pasivo laboral ¡por 1.2 billones de pesos! Prácticamente un tercio de su pasivo total de 3.92 billones de pesos y el 60% de sus activos totales. Una quebradora.

A la sangría que es sometida la empresa nacional, hay que añadirle el peso de la coyuntura que la tiene al borde del colapso. La capacidad de producción por falta de mantenimiento de las 6 refinerías, ha disminuido, como ya se dijo, un 50 o 60%; la producción de crudo se ha reducido principalmente por acuerdos internacionales; el precio del barril de crudo ha caído de unos 45–49 dólares a menos de 20U$, aunque en este caso se adquirió un seguro que protege a la entidad contra una baja en el precio; las ventas de gasolinas y diésel se han deteriorado por causa del confinamiento ciudadano ocasionado por el Covid19, pero no lo suficiente como para frenar la importación de dichos productos hasta por 19 mil millones de dólares y, por si algo faltara, la devaluación del peso con relación al dólar, impacta en la deuda de la empresa en unos 469 mil millones de pesos. Se siguen debiendo los mismos dólares pero se requiere de más pesos para pagar la deuda. ¿Que se puede hacer?

Desde luego desechar la idea que algunos tienen de liquidar la empresa, bajar la cortina y rematarla a un consorcio privado que la ordene, sanee y la ponga nuevamente de pie. Imagine si Pemex quebrara, si cerrara sus puertas, qué sería de 140,000 trabajadores directos y cuantos miles de empleados más que de manera indirecta le prestan sus servicios a través de proveedores y empresas asociadas. Desde luego cerrar no es una opción. Rehabilitar la empresa es el camino. Para ello se requiere inversión nueva, dinero, mucho dinero, que ahora el Estado no tiene. Pero se trata de una empresa nacional y entre todos podemos sanar al enfermito. ¿Le entramos?

Para empezar hay que quitarle peso a la empresa. El Presidente Zedillo rescató a la banca privada creando el Fobaproa con cargo a todo el pueblo de México, aunque las utilidades de la banca no son compartidas con el pueblo. Antes, particularmente con el Presidente Echeverría, se desviaron fondos para las pensiones del IMSS hacia proyectos de interés gubernamental que, igualmente, se han cargado al presupuesto público. Así, con este antecedente y tratándose de una empresa cuyos beneficios llegan directa o indirectamente a casi toda la sociedad, pues que el Estado absorba el pasivo laboral de 1.2 billones de pesos, la exente de impuestos por un tiempo, inyecte recursos para el mantenimiento y recuperación productiva de las 6 refinerías, recursos que obtendría de la partida destinada a la construcción de Dos Bocas y otorgar la concesión de esta refinería a inversionistas nacionales y extranjeros. Por otra parte, ahora es momento de aprovechar las condiciones actuales de pérdida de valor de los bonos castigados como basura por las Calificadoras estadounidenses, recomprándolos a bajo precio y, por la misma circunstancia, renegociar la deuda de Pemex disminuyendo intereses y alargando plazos, entre otras opciones. Así, en pocos meses, recuperaremos el valor y la eficacia de una empresa emblemática de México.

Rendijas
1. Una raya más al tigre no se nota: Pemexproa
2. Extraer petróleo e importar gasolina: otra mancha

pibihua2009@gmail.com

*Apreciado Lector, le comento que el nombre de mi columna, Crisómeto, es un aparato electrónico que aún no se inventa, que servirá para medir anticipadamente la intensidad y duración de una crisis económica y social, así como el número de réplicas que ocurrirán, después del sangoloteo. Algo parecido al instrumento que quisiéramos tener para prevenir y sobrevivir a un terremoto. Sin embargo, aunque el artefacto aún no exista, por lo pronto en este escrito dejamos acuñado su nombre: Crisómeto. Doy fe.










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