Conciencia de junio: el mundo, la democracia y yo

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1
Para ser, hay que reconocer el mundo en que vivimos y saber la pasta de que estamos hechos. Tarda uno en saberlo. Yo, poco he podido y cada vez puedo menos. ¿Con qué derecho hablo?
Con ninguno. Palabreo y pataleo porque estoy vivo, puedo respirar.
En el último tercio del camino, rumbo a ninguna parte.
La nada sí existe y los mejores dicen que el fin es el complemento y la plenitud del todo. “El tiempo que acaba es el tiempo que comienza”.
Ellos no lo saben pero nosotros sí lo hemos visto; y nada sabremos de nuestra propia historia, a tiempo abierto.
Es mejor no saberlo, pienso y creo, aunque todos deseamos saberlo.
Lo más íntimo y trascendente de cada uno es irrelevante para el mundo, salvo para cada uno. Y lo demás es de todos, quienes puedan tomarlo.
La conciencia es un látigo contra uno, no contra los otros, que ya no es conciencia sino ideología.
Escribo la tarde de un viernes recogido en casa, en la mesita de la cocina, después de comer. Bebo una cerveza. ¡Ya hay cervezas!
¿Qué tiempo mexicano estamos viviendo bien o mal encerrados en la globalidad del mundo?
Este es el centro de la cuestión; la pregunta es enorme y apenas me permito plantearla.
¿En plena edad luz regresaremos a la época del trapiche y el trueque?
¿Cómo tomar ahora lo mejor del mundo y dar al mundo lo mejor nuestro?
El túyoélnosotros social nacional entre chingos y chingos y más chingos de millones de personas y yoes en el mundo próximo y lejano junto a nuestro yo personal.
Queda uno anonadado cuando se piensa y se mira entre los otros.
Pero es imposible desviar la mirada si se quiere saber en qué mundo se vive y de qué pasta está uno hecho. Yo aún no lo sé.

¿Estoy por la democracia o por la revolución? Por la democracia que es multicolor y multicultural, plural, diversa y conflictiva. Por la democracia que es cuidarnos unos a otros en todos los sentidos. Aceptarnos con nuestras diferencias. Confrontarnos sin matarnos. Por la democracia que es la diversidad de potencias creadoras y no la concentración del poder. Por la democracia que siempre es crítica y falible, no fanática. Por la democracia que es saber reconocer a los otros distintos y semejantes. Por la democracia que es convivencia pacífica y lucha legal. Por la democracia que es humanización del poder y desacralización de los dioses. Por la democracia que es la lucha contra los absolutos y los prejuicios, y la aceptación de nuestra condición humana, imperfecta, pasajera y falible. Por la democracia… día tras día, en todos lados…
Por la democracia de la aristocracia y los plebeyos.
La revolución es la transformación violenta que voltea el mundo al revés para que todo siga igual de otro modo lo mismo. La revolución es una fantasía y un delirio llenos de sangre, destrucción y muerte. La revolución es una palabra mágica de una realidad atroz.
–Que se haga la revolución cuando muera, pero en vida quiero vivir como ahora, decía el profesor Francisco López Cámara a sus alumnos.
Ciertamente tenemos una muy pobre cultura cívica democrática, arriba, abajo y en medio. Conceder al contrario los mismos derechos que exigimos nosotros. No reproducir lo que condenamos en nombre del bien y acabar haciendo el mal al otro. A izquierdas y derechas, somos muy poco igualitarios, más bien autoritarios, soberbios, sectarios, excluyentes. Muy pocos reconocen los aciertos del otro y vigilan sus propias faltas.
Si nuestras vidas son producto de nuestras condiciones y circunstancias, ¿podremos romperlas y crear otras? ¿Inventar la tradición de la ruptura? Para eso sirve el amor a la libertad y la mirada crítica y creadora. Sin olvidar la justicia y la equidad social. Ceder un poco y conjugar mejor los valores en conflicto, propios y extraños.
Crear el espíritu político y ciudadano de nuestro tiempo.
Más allá de los gritos, golpes, memes, consignas, porras, chiflidos y silencios. Con las palabras que son aliento, saber y actos humanos.
Con aciertos y errores, sin absolutos ni prejuicios.
Con la prueba del tiempo.

2
Veo tres izquierdas y derechas semejantes en sus diferencias:
–La humanista.
–La visceral.
–La matona.
Tres izquierdas y tres derechas cercanas y distintas, diferentes y parecidas, confrontadas por los mismos rasgos:
–La humanista democrática; la visceral venenosa emocional; la autoritaria y matona.
¿Cuál impera entre nosotros?
Aunque pienso, finalmente, que quizá sólo existe una clase de gente a izquierdas y derechas:
–La gente crítica y creativa con un saber que da a todos y los apoltronados en sus consignas, absolutos y prejuicios.
Perdón por el rollo.

3
El Divino Divo de Bernal subió a su Peña y bajó con un decálogo de valores en la mano, ahora que el presidente Obrador ha puesto tan de moda los decálogos bíblicos. Naturalmente lo escribió en su lenguaje católico queretano. Sin su permiso, transcribo sus “fortalezas psicológicas, espirituales y físicas”, en mi desparpajado lenguaje chilango:

–Saber tallar las emociones.
–Saber filtrar los estímulos.
–Romper tensiones, tirarse de panza al sol y reinventar el caos.
–Comer y zurrar imaginación y creatividad.
–Soportar el dolor y las frustraciones y transformarlos.
–Ver la belleza y saber admirar.
–Pensar las cosas antes de reaccionar a lo tonto.
–Crear y producir empatía, y tender puentes de ida y vuelta.
–Juntarse con buenos pensadores y mentes brillantes.
–Finalmente, con todo lo hasta aquí dicho, hacer tu propia historia, con mirada y conciencia crítica creadora. Como Jesús. Con humildad. Fácil.

Escrito en piedra de luz para los siglos, y cansado del tráfico citadino, harto de las redes sociales, y fastidiado de los tontos, convaleciente además, el Peregrino QQQ volvió a subir a su Peña de Bernal, y desde allá nos ofrece “un puerco psíquico inteligente”.

Días buenos, días malos; días malos, días buenos; días vivos…










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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