Concheros: un necesario desagravio

|




 origen-y-tradicion-de-los-concheros_50
POR Efraín Mendoza Zaragoza

Estuvieron frente a frente. Dos funcionarios en representación del gobierno municipal y los jefes de 22 mesas de concheros chichimecas del cerro del Sangremal. Dialogando. Cosa difícil, muy poco frecuente entre nosotros. Los primeros escucharon el fuerte reclamo y las sólidas razones del malestar que despertó el decreto unilateral que el Ayuntamiento disparó hace casi un mes para declarar la danza de los concheros como patrimonio cultural inmaterial de Querétaro.

Fue la tarde-noche del lunes 6 de noviembre en el convento de La Cruz. Acudí en atención a la generosidad de la maestra Guadalupe Barrera Muñoz y del guardián del templo, fray Alfonso Reséndiz Reyes. Además del documento formal que entregaron, los jefes concheros y sus herederos pronunciaron palabras que dieron en el blanco: la declaratoria descansó sobre una apresurada y muy pobre indagación, no tomó en cuenta a las personas que encarnan la tradición y fue coronada por un acto (¿se acuerda usted de esa limpia al alcalde, arrodillado, en la avenida Corregidora?), que a los ojos de los concheros constituyó una ofensa y un muy desafortunado circo.

Algo que para los concheros es un acontecimiento espiritual y un ritual sagrado, no puede ser enfocado por la autoridad como un entretenimiento público o un atractivo turístico. Tampoco puede reducirlo a bailes, plumas e indumentaria folclórica. Menos aún a un acto burocrático y propagandístico.

Se equivocaron los representantes de la autoridad municipal al ignorar a los jefes de las 22 mesas tradicionales y se volvieron a equivocar cuando para encarar su molestia, en lugar de admitir su descuido, profirieron una descalificación al aducir que los descendientes chichimecas eran movidos por intereses políticos.

Al no encarar personalmente esta molestia, el alcalde agregó un agravio más. Envió a la titular de Desarrollo Humano, Beatriz Marmolejo, con actitud conciliadora pero sin facultades ejecutivas, toda vez que no es integrante del cabildo, la instancia que aprobó la declaratoria. El alcalde está obligado a acudir a la próxima cita y pronunciar una disculpa pública. Está obligado a reconvenir al cronista por sus omisiones y sus expresiones desdeñosas hacia los inconformes. Ante ellos, el alcalde debe comprometerse a promover la revocación del decreto para, de considerar los concheros que será benéfico para salvaguardar la tradición, emitir otro que cuente con legitimidad.

Un acto de reivindicación que está en manos de la autoridad municipal, y que podría ser parte de los acuerdos para superar el diferendo, es atender la propuesta de editar una publicación que recoja lo más relevante de esta tradición, pero no a partir de lo que diga el cronista sino a partir de la voz de los propios depositarios de la tradición.

Los concheros merecen respeto. Son personas sencillas y no se están sublevando, están respondiendo con altura ante los que se metieron con la tradición que ellos encarnan. A los gobernantes, envueltos en una cultura de colonización, les encanta rendir homenaje a los indios muertos y a sus estatuas de bronce. Hoy están ante la oportunidad de desagraviar a los indígenas vivientes, que en buena hora hicieron público su enojo.

Ciudad de Querétaro, noviembre 9, 2017

 










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Envía tu comentario