COMO VEO DOY. OUTSOURCING:¿FUGA FISCAL Y GOLPEÓ LABORAL?

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El asunto de los servicios de outsourcing, al igual que el de los negocios que falsifican facturas, llevan varios años de discusión y análisis en la agenda de las autoridades hacendarias. Ambas herramientas han sido utilizadas a discreción por los falsificadores de facturas y por los empresarios que las compran con el propósito de inflar los gastos de sus empresas y evadir el pago de los impuestos correspondientes. Para que esto ocurra, necesariamente debe existir una red de complicidades que permita evadir montos exorbitantes de recursos monetarios, requeridos para paliar muchas de las necesidades de este país. Se menciona una evasión del orden de 500 mil millones de pesos. Una lana.

Nuestro país ocupaba en el último año de gobierno de EPN, un destacado lugar en corrupción, 138 de 180 países, según mediciones de Transparencia Internacional. Esta penosa calificación ha mejorado un poco en la actual administración al ubicarnos en el lugar 130. La corrupción permea a toda la sociedad, salvo, por supuesto, honrosas excepciones. Lo más desconcertante de este nauseabundo hecho, es la normalidad con que se absorbe. Ciudadano que soborna, se corrompe. Esto pasa desde aquél que no respeta ordenamientos básicos, hasta un juez que es amenazado o que posiblemente cobre por sus sentencias. Como la costumbre hace Ley, pues se mira con naturalidad que el funcionario público acepte las “mordidas”, que el empresario compre facturas falsas, que el falsificador le pida que lo recomiende y que todos se pongan de acuerdo para que el domingo, después de misa, se junten con la familia para comer en algún restaurante y celebrar que le robaron al gobierno, ergo al pueblo, una buena billetiza.

No hay moral. Los robos se justifican diciendo los funcionarios públicos que ganan muy poco; los empresarios asegurando que los gobernantes no son honestos y se roban los impuestos. Y en esta verdad cómplice entre los poderes económicos y políticos, tolerada, permitida y pervertida, queda la masa de ciudadanos a la que le sustraen sus derechos y su dinero. Hacerse de la vista gorda ante las tranzas y cochupos de cada día, parece que es muy conveniente a fin de que la sociedad funcione sin trabas y cada quien haga lo que le venga en gana. Cuando el abuso se desborda, se “arregla” con una nueva y luminosa Ley, para enseguida, encontrar una brillante forma de darle la vuelta, de burlarse, de empuñar ambos brazos y exclamar: “pa’ chingón, ¡chingón y medio!

La esperanza es lo último que se pierde, eso dicen. Pues no la perdamos. Estamos en el umbral del abuso de una herramienta denominada outsourcing, que en su espíritu original era para mejorar la productividad de las empresas. Por ejemplo, para un banco, cuyo objeto de negocio es la actividad financiera, no tiene sentido distraer recursos en crear un cuerpo de seguridad, pudiéndose contratar una empresa externa especializada que se haga cargo de dicha necesidad. Sin embargo, muy pronto empezaron a surgir empresas de papel para vender facturas por servicios que nunca se otorgaron con el propósito de quedarse con el IVA cobrado o a tener empleados, obreros por ejemplo, fuera de la nómina de la empresa que contrata a la outsourcing, generando, en muchas casos, una pérdida en los derechos del trabajador, tales como la antigüedad, servicio médico, fondo de ahorro, aguinaldo, liquidación en su caso, etc. A río revuelto, ya sabe Ud.

El problema es grande, tanto que se dice que en el país existen más de 900 empresas de outsourcing que mueven una cartera de alrededor de 7.5 millones de trabajadores. ¿Cuántos serán reales y cuantos ficticios? No hay certeza ni control. Solo se sabe que hay una evasión importante para el fisco y una afectación severa para el trabajador. De aquí que sea correctamente enviada a la atención de la Cámara de Diputados, una iniciativa presidencial para reformar una práctica empresarial cuyo sano objetivo inicial, ha sido abiertamente desviado. Como siempre, ¡pagan justos por pecadores!

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