COMO VEO DOY LA LETRA CON SANGRE ENTRA

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Cada vez son más las voces que pugnan por una educación superior como el factor diferencial entre la pobreza y el desarrollo de los pueblos tercermundistas.
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El jueves recién pasado, estimado Lector, participé como invitado en una Conferencia-Debate denominada “La Educación a Examen”, organizada por el Dr. Manuel Galiñanes desde la cosmopolita y culta ciudad de Barcelona, auspiciada por la Asociación Unidad de Ayuda Ciudadana. La conferencia fue impartida por los distinguidos profesionales e investigadores en la ciencia de la educación y ramas afines, Jurjo Torres Santos, Pilar Biarge, Enrique Javier Díez Gutierrez, Manel Gener y Daniel Cruz Martinez. No estuve en Barcelona, brincos diera, todo fue por ZOOM.

Los comentarios que siguen son una mezcla de las notas que tomé de los conferencistas y de una serie de artículos que escribí entre los años del 2011 y 2013 sobre el tema de la educación. El enfoque de estos trabajos es, particularmente, sobre el desarrollo de la semilla, es decir, de los niños. Si algo bueno sale de este escrito, será debido a los notables estudiosos ya citados.

No es lo mismo instruir que educar. Podemos encontrar personas instruidas sin educación y personas educadas sin instrucción. Desde diferenciar este par de sencillas expresiones comienza la complejidad de analizar, criticar y reconvertir para mejor un sistema educativo. Sin consultar a la RAE haré una definición de ambos términos y de ahí bosquejar una opinión sobre la situación actual de la Escuela como el medio más eficaz para uno y otro concepto. La instrucción es un caudal de conocimientos adquiridos y se aplicarán según convenga a cada persona. La educación se adquiere por la guía y el ejemplo. Ambos conceptos se aprenden en la familia, la calle y la escuela. La primera tiende a sobreproteger, la segunda a violentar y la tercera a equilibrar, a desarrollar, a potenciar, … a educar.

¿Dónde inicia el galimatías o la Torre de Babel? Irónicamente en la escuela. Aunque hayan programas nacionales, existen tantas escuelas como tipos de familias, determinadas ambas por la costumbre, intereses económicos, grupos étnicos y culturales, ideas entre lo justo y correcto, creencias religiosas y elásticas políticas de Estado, entre otros muchos factores y, por último, al que se le hace menos caso aunque todo sea “por su bien”, el niño, protagonista al que se le desestima su capacidad de razonar, sus características naturales, su potencialidad y, sobre todo, sus intereses e inclinaciones. Pobre niño.

Si convenimos las familias, docentes, especialistas y gobierno, en que son más los factores de conflicto que los de unidad, parece obvio que antes de enmendar el sistema educativo, habrá que integrar con todo y sus múltiples diferencias, una Comunidad Escolar Globalizada que actúe con visión de futuro (la tecnología como herramienta de trabajo) y con sentido de espiritualidad (las artes como destino de la humanidad). La primera dará para comer; la segunda para afirmar que valió la pena haber vivido. Sería el pacto que la niñez espera.

Sin embargo, la situación empeora. El pandémico Covid19 nos arrincona y a los niños les corta una etapa de su vida, quizás la más feliz, la indolora, multicolor y de ocurrencia permanente, la que llora y ríe por lo mismo y ésta pérdida me preocupa, miento, la sufro con inevitable impotencia. Claro, se dirá que ante la realidad de la pandemia se dispone de la impartición de clases a distancia, aunque este método no es para todos, ya por falta de pericia, ya por carencia de recursos económicos o por ausencia del servicio en regiones rurales y también en algunas zonas urbanas.

La educación sólo es plena si es presencial. A distancia es un absurdo. Instruye pero no educa. La convivencia es fundamental y sólo puede darse cara a cara. La brecha digital que se está generando, solo agranda las brechas ya existentes en los aspectos económico, social y educativo. No sabemos cuánto va a durar el ataque ni la letalidad de este virus, pero es urgente que el Estado destine recursos para idear, sin dejar de proteger a la población, como lograr que los niños regresen a las aulas y convivan. No se debe prolongar su confinamiento.

Por otra parte, suponiendo que todas las familias tuvieran los medios y las habilidades para recibir una instrucción a distancia, especialmente para el núcleo infantil, no será mejor que la presencial, pues hay estudios serios que muestran una correlación negativa entre el uso de la tecnología a edades tempranas y la desatención de los niños, sin contar efectos colaterales perniciosos como el estrés, la abulia y el desánimo, para los que no hay explicación aparente. De aquí, a la manifestación de alteraciones en la conducta y otros aspectos emocionales o de salud mental, solo basta un chasquido de los dedos. ¿Exagero? Ojalá.

Hasta ahora hemos tratado de agrupar los factores sociales que obstaculizan la integración de una comunidad educativa. Hay otro problema muy fuerte, la restricción presupuestal. Para desarrollar un programa educativo solo a nivel nacional, se requiere una cantidad escandalosa de dinero. Sin embargo en México el gasto en educación pasó de 2.3 a 1.9% del PIB, mientras que, a fin de hacer una breve comparación, en promedio los países de la OCDE destinan el 5%, los países nórdicos un 7%, Japón 5% y China 4%, que tampoco son porcentajes de relumbrón, pese a ello, esas “pequeñas” diferencias representan muchos millones de dólares. Urge un pacto educativo entre gobierno, partidos políticos y sociedad, para decidir qué rubros del presupuesto se recortan y transferir esos recursos a la educación.

Mientras un pacto así ocurre, algo que vaya uniendo a los países se puede hacer, de manera complementaria a lo que se plantea en el Foro de Davos, donde se impulsa la privatización de la educación y la aplicación de carreras sobre tecnología, negocios y logística militar o de lo que se implementa en algunos países de la OCDE preferenciando la orientación financiera y matemática sobre las artes y la literatura, por ejemplo, seguir el proyecto de educación japonés, el cual hace varios años está circulando en las redes sociales. No me consta que sea cierto, pero tampoco he leído en alguna parte, que el propio gobierno de Japón lo haya desmentido.

Se trata, dicho en apretada síntesis, que reconociendo vivir en un mundo globalizado, el educado, niño y joven, debe cursar un programa de 12 años (en México equivale a 6 años de primaria, 3 de secundaria y 3 de preparatoria), sin tareas para la casa, de solo 5 materias: A) aritmética de negocios y educación financiera; B) lectura partiendo de una página hasta finalizar con un libro por semana; C) civismo, que abarca historia, leyes, urbanidad y respeto al medio ambiente; D) computación, como herramienta de trabajo y no de entretenimiento y E) idiomas, 5 o 6 opciones con su cultura incluida (inglés, español, francés, alemán, chino y árabe) y con intercambios estudiantiles. Para implementar este proyecto, se necesita mucho dinero.

En América Latina ya es común ver a niños y jóvenes con sus tablets y otros equipos con tecnología sofisticada, pero aunque me da pena decirlo, los usan para perder el tiempo en juegos, chismes en las redes sociales, modas, famosos y sus vidas, desdeñando los temas de historia, literatura o matemáticas. ¡Las nuevas generaciones se están volviendo tontas! No lo digo yo pero lo avalo que es igual. Todo por causa de los padres y docentes que solo se reúnen para atender una queja sobre el niño en vez de hacerlo para coordinar estrategias de control, enseñanza y uso de los dispositivos avanzados, teléfonos, tablets, computadoras y televisores en los que emplean mucho tiempo pero no para estudiar si no para divertirse. La inteligencia de las nuevas generaciones que venía aumentando, ahora parece que empieza a revertirse. Con tanto uso y abuso de las maquinitas, el cerebro no madura y con el tiempo afloran problemas de aprendizaje, de memoria y de concentración. En Japón los dispositivos electrónicos son herramientas de trabajo no de entretenimiento.

La tecnología es un complemento de la educación, no al revés. Ahora no se puede negar ni evitar. Cierto es que resulta un producto del capitalismo, invento del comerciante para hacernos sentir necesidades que no necesitábamos. Pero ya la tecnología nos rodea, nos abruma y si se cierran los ojos nos rebasa sin miramientos. Algo se gana y es bueno, facilita, mejora y potencia el conocimiento y entierra, espero que para siempre, el antiguo aforismo de que ¡la letra con sangre entra! Ya basta de violencia con la niñez.

RENDIJAS

No deja de ser romántico tratar de conservar una lengua. Eso no abona a una mejor comunicación mundial. Una solución sería enseñar la lengua materna al mismo tiempo que otra universal. Pues ya está, cada región su lengua y el inglés en la de todos. Perdón, sin apedrear, ¡solo es un ejemplo!

Debido a la Pandemia mantienen cerradas las tiendas departamentales o con horario restringido, ¡pero los moteles de paso permanecen abiertos! Eso me dicen por teléfono, yo no salgo de mi casa.

A los mayores de 70 años, en este día del amor, ¡les deseo felices recuerdos! ¡Ánimo!

Febrero 14 del 2021
Pibihua2009@gmail.com










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