Ciudadanos

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INEGI_Censo de Población y Vivienda

En medio de la dispersión serrana, en el municipio de San Joaquín existe una ranchería identificada por el INEGI con la clave 220150028. El último censo nacional arrojó que ahí, en San Rafael, viven, exactamente 100 personas. Así de redondito, 100.

Si el país fuera como ese apartado sitio, poblado por 100 habitantes, tendríamos que 70 creen que sus políticos no se preocupan por ellos y 71 consideran que la gente común no tiene influencia alguna en lo que hace el gobierno. La mitad pasaría su vida pensando que la democracia es una cosa en la que muchos participan pero en la que muy pocos son los ganones. De ese tamaño es la ruptura entre ciudadanía y Estado.

En ese país de 100 habitantes, 66 tienen la certeza de que las leyes no se respetan o se respetan poco. Pero, más grave aún, 77 consideran que no se puede confiar en otras personas, ni en sus propios vecinos. De ese tamaño es la dislocación nacional. País de descreídos en los asuntos públicos, resulta que, en toda su vida, apenas cuatro han hecho uso del derecho a la información. Pero, ojo, de esos cuatro que han pedido alguna información oficial, tres no confían en que la información entregada sea verídica.

Estos datos son parte del diagnóstico sobre el que descansa la Estrategia Nacional de Educación Cívica, un instrumento que el Instituto Nacional Electoral puso en marcha para hacer de este país una nación de ciudadanos, es decir, de personas con capacidad para tomar en sus manos los asuntos públicos. A veces pensamos a los ciudadanos como un Gran Otro inmaculado y puro. Pero no, a su modo, los ciudadanos son (somos) partícipes de los vicios del poder, pues con frecuencia reproducimos en el espacio doméstico las más sórdidas conductas de mafias y traficantes.

Con todo, ¿a dónde vamos si el índice de impunidad anda arriba del 95 por ciento y la mayoría desconfía de su gobierno porque lo vive como un fabuloso nido de corrupción? Un país, ojo, donde la mitad de la gente nunca ha pertenecido a organización alguna, y donde las escasas organizaciones de la llamada sociedad civil son vistas con recelo por parte del gobierno. Si algo se nos presenta como una empinada montaña por ascender es la construcción de ciudadanía. Igual que las montañas y acantilados que hay que pasar para llegar a San Rafael.

Tres cosas señala la Estrategia de Educación Cívica como prioridades para que en México la ciudadanía no sea algo imaginario, sino una fuerza viva, efectiva y vigorosa. Mucha verdad, mucho diálogo y mucha exigencia. Sin conocimiento, sin encuentro con los otros y sin personas con capacidad para ejercer cabalmente derechos y obligaciones, vamos a cualquier parte… menos a la democracia.










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