TRAS LA VERDAD PRIMERO LO IGNORA, LUEGO LO NIEGA, AL FINAL ACEPTA Y JUSTIFICA LE LLEGARON AL PRECIO A TATIANA CLOUTHIER

08 Dic 20 | Héctor Parra Rodríguez | Clasificado en Nacional, Política | Sin comentario »

¡A proteger a la prima Felipa: Amlo! Cuando el periodista Carlos Loret de Mola dio a conocer los contratos multimillonarios celebrados entre la prima Felipa Obrador y Pemex, el Presidente de la República, López Obrador, se burló de la información. El mismo López en múltiples ocasiones ha asegurado que él está enterado de todo. Al igual que con su hermano Pio, salió en defensa, a pesar de haber sido captado “con las manos en la masa” en actos de corrupción, recibiendo millonarias cantidades, las que luego calificó Andrés como “aportaciones del pueblo”. Y así quedó impune el delito del hermano. Con Felipa sucederá lo mismo.

Luego de asegurar que no sabía nada de los contratos de su prima consanguínea y la paraestatal de Pemex, López pasó a negar el hecho, bajo el desgastado argumento de haber dado la instrucción de erradicar el “tráfico de influencias”, por lo que sus parientes no tendrían influencia laguna en su gobierno. “No somos iguales”, insiste López, para deslindarse de su corrupto pasado. Sin embargo, los hechos lo desmienten. Varios de sus parientes han quedado en evidencia, sí obtienen provecho económico del poder público a cargo del pariente Andrés López.

Dados a conocer los contratos suscritos entre la prima y Pemex, aquellos que negaba la existencia el Presidente de la República, no tuvo más remedio que reconocer la existencia, bajo el rebuscado pretexto de que, su prima no aparece como firmante, pero sí como socia de la mercantil que suscribió los documentos; una manera sencilla de “escurrirse” en el anonimato. Luego, sin demostrar su aserto, López aseguró que su prima Felipa ya tenía contratos con Pemex, mucho antes de llegar al poder ¿Por qué sus parientes tenían negocios con los gobiernos corruptos? “Nos metieron gol”, diría el cínico Presidente.

No le quedó más remedio que aceptar la existencia de los contratos de Felipa, justificando a su prima; por supuesto, para quitarle posibles problemas futuros. Sabemos que nada le sucederá, está blindada sin fuero constitucional. Y así, sin más, el Presidente de la República aseguró que ya fueron cancelados los contratos ¿Cómo? ¿Así sin más rescinden contratos? ¿Qué cláusulas se incumplieron para que el Presidente ordene la “cancelación de los contratos? Simplemente ¡López no respeta el Estado de Derecho! Si terceros fueron los que suscribieron los contratos ¿Con qué atribuciones legales ordena la cancelación, sin probar incumplimiento de los contratos? ¡Salvando a la prima! el Presidente comete más faltas que la prima, su conducta gansteril llega a la ilegalidad.

Gracias a las denuncias públicas que realizan los periodistas libres, se puede conocer los “trastupijes” que realiza López y su familia con el tráfico de influencias con el gobierno. Ya van varios en los dos años de gobierno. Sin la investigación y denuncia periodística, todo quedaría en el anonimato ¿Cuánta más suciedad existe bajo la alfombra de López Obrador? ¡“En Pemex no se dieron cuenta o hubo omisión”! Así de simple y “trapera” fue la justificación del Presidente para defender a la prima Felipa. Asunto que desconocía quien presume estar informado de todo, ese mismo negaba e ignoraba el tráfico de influencias. Este lunes falazmente hizo la defensa moldeando y quebrantando la ley a su antojo, en beneficio de Felipa y en perjuicio de terceros, los que seguramente bien sabían, por eso intentaron esconder el nombre de Felipa, otra pariente (prima) entre los contratantes. “La podredumbre hiede”.

Al inicio del gobierno de la 4T, López Obrador, ofreció a la expanista Tatina Clouthier, incorporarse a la Secretaría de Gobernación, como subsecretaria. La digna diputada federal despreció el cargo, se le hizo poca cosa. Prefirió desempeñar la función de diputada federal. Dese esa posición se “inmola” defendiendo a la 4T y a López.

Dos años después, debido a otros reacomodos en el gabinete de López Obrador, sale del gabinete económico la inepta de Graciela Márquez Colín, para irse al Inegi, ahí podrá crear los “otros datos” a los que tanto alude el Presidente. Estando la Secretaría de Economía acéfala, López se la ofrece a Tatiana Clouthier, quien ahora sí acepta gustosamente ser la titular de la Secretaría de Economía, que dejó la académica, precisamente por incompetente, no dio resultados.

Esta vez “sí le llegaron al precio a la expanista”; la que, por supuesto es una ignorante en materia de economía, no sabe cómo funciona la economía de México. Pero, para López es mujer honesta y eso basta ¿Quién traicionó a su partido y principios ideológicos es confiable en el sector económico? ¡No lo creo! La expanista dejó la bancada de Morena y se lanzó a las “ligas mayores”, sin mayores méritos que haber traicionado la memoria de su padre “Maquío”, quien fuera férreo candidato a la Presidencia de la República, orgullo de los panistas.

Más ajustes en el gabinete. Mientras Galia Borja Gómez, actualmente Tesorera de la Federación, dependiente del veleta de Arturo Herrera, Secretario de Hacienda, se va al Banco de México, como subgobernadora. Y, Elvira Concheiro Bórquez, la socióloga dejará la academia, ella sustituirá a Borja ¿Quién es? Nadie lo sabe, toda su vida en la academia de Ciencias Políticas, de izquierda orgánica. López extendiendo sus tentáculos en el área que anhela hacer suya para controlar al Banco de México. Esa ambición es en extrema peligrosa. Mucho tiempo se llevó para lograr la independencia del Banco de México, del ejercicio político del gobernante en turno. ¿Se imagina bajo el control del depredador de la economía de López? El peso mexicano y las reservas del Banco, quedarían bajo la amenaza de los caprichos del nefasto Presidente, estaría en constante peligro ¿Recuerdan cuando Amlo fue a pedir las reservas multimillonarias que tiene el Banco de México? ¡El Gobernador se la negó! Hubiera sido un atraco. Bueno, ahora el Senado tiene la responsabilidad de la ratificación de Borja, quien concederá y aprobará el capricho del López.

Así las cosas, aunque le moleste a Mario Delgado, presidente de Morena, las coaliciones político-electorales que empiezan a tejer las oposiciones (reales) para quitarles el abusivo control de Morena y sus marionetas de la Cámara de Diputados, lo que de suyo democráticamente es legal, precisamente para las elecciones del 2021. Morena ya está en campaña con el pretexto de los registros adelantados de pre, precandidatos. Es la única manera en que la oposición puede arrebatarle el meta poder y control que le han concedido abusivamente al Presidente de la República, por medio de reformas, creación y abrogación de leyes al contentillo de López, muchas de ellas aberrantemente en contra de México y los mexicanos. Algunas adolecen de inconstitucionalidad y han sido declaradas inconstitucionales.


EN DO MAYOR ¿UN PAR A TODO DAR O DOS TIPOS DE CUIDADO?

08 Dic 20 | Jovita Zaragoza Cisneros | Clasificado en Nacional, Política | Sin comentario »

Ojalá que las discrepancias se dirimieran con un apretón de manos y una sonrisa. Así como en esas películas tan simples que formaron y que, por desgracia, todavía son parte de nuestra cultura nacional. En ambas afloran los chistoretes y picardía de personajes disímbolos entre sí, haciendo alarde de un ingenio básico para entretener a su audiencia. Pero las discrepancias de los dos personajes que ocupan el comentario de hoy son reales. Y no son un par a todo dar, aunque puede qué si sean de cuidado por tres razones, entre otras más: ambos son del ámbito público, las dirimen en el escenario público y afectan a un país más necesitado que nunca de consensos y esfuerzos conjuntos para sacarlo a flote del fango en que se hunde.
Este par, pésimos actores de una obra de teatro que nos afecta a todos, ya se traen desde tiempo atrás. Su rechazo mutuo es añejo. Es cosa de observarles, preguntarse y reflexionar si entre las razones de ese antagonismo está el peso de su conservadurismo religioso. Por supuesto uno es declarado católico; el otro se dice “creyente” para no develar su evangelismo. Y hay otro punto en el que coinciden: ambos son de derecha. Y si el actual presidente no lo es, las acciones hasta hoy emprendidas por su gobierno lo hacen parecer. Cada uno a su modo y estilo son conservadores. A uno se le nota. Al otro no. El ex presidente Felipe Calderón Hinojosa no oculta su catolicismo conservador ni su talante dictatorial. El actual presidente, Andrés Manuel López Obrador, no abre su evangelismo y trata de disimular su autoritarismo.
Pero ya se traen. Y, contradictoriamente, su rechazo mutuo los acerca más. Por eso se repelen tanto. Sus batallas tuiteras son de antología. A veces se dan una tregua, luego continúan en sus mutuas acusaciones. Insisto: es cosa de observar su inocultable antagonismo y sus orígenes que, me temo, van más allá de las razones acusatorias, nunca comprobadas, que el actual presidente ha enarbolado desde siempre sobre el robo de las elecciones del 2006 y que fueron su pretexto conveniente para atacar un día sí y otro también a la gestión de Felipe Calderón como presidente.
En la gestión de gobierno de Calderón, el actual presidente, López Obrador (que tiene entre sus características hablar fluido cuando se trata de acusar a los demás y hacer grandes pausas cuando se trata de disculpar sus yerros), criticaba todo lo que hiciera el gobierno Calderonista. Se permitía, además, adoptar tono de master para señalar las fallas y para aconsejar cómo enfrentarlas o enmendarlas. El golpeteo era incesante. Y como el mejor de los sabuesos que no suelta a su presa, se dedicó a enrarecerle el escenario. Ahora Calderón, más allá de Salinas, sigue siendo su enemigo favorito y con quien suele enfrentar discusiones virulentas en Twitter y lanzar denuestos desde el poder. Calderón responde, no deja pasar una.
Pero hoy los papeles están invertidos. López Obrador consiguió su anhelo de alcanzar el poder para destruir instituciones. Su gran habilidad para mezclar verdades inobjetables, junto con la infamia y difamación rindieron los resultados deseados para él. Y desde su templo de la moral y repartición de culpas en que ha convertido el Palacio Nacional, el actual presidente se encarga de tratar a Calderón y a todo crítico de su gobierno, como a enemigos. Sin empacho alguno los nombra, a sabiendas que eso repercutirá en el ánimo de sus incondicionales quienes han hecho de él un culto al que rinden el tributo de su Fe.
Si antes el disimulo, la actitud políticamente correcta, la sonrisa para la foto fueron parte de una regla no establecida entre la clase política tradicional, con López Obrador se inauguró la simpleza y, lo que en su momento supo vender como genuino, ha quedado ya develado como estrategia política. Hoy desde el máximo puesto de poder moldea y cincela con palabras lo que los medios informativos hacen resonar y el batallón de comunicación que opera para él en los medios digitales, difunden y multiplican sus mensajes en las redes sociales.
Aquel otrora activista que se echó a la bolsa a gran parte de la ciudadanía y secundó su actitud virulenta, su rudeza sin concesiones hacia el gobierno en turno, está ahora atrapado en la prisión de palabras con las que construyó su llegada al poder y cada vez se le cierra más la salida. Su victimismo pierde credibilidad, cada día se va descubriendo su personalidad ventajista y de mal perdedor. Hoy que es criticado por los motivos que usó antes para mermar a los demás, acude a maromas dignas de un cirquero que va perdiendo cálculo de caída.
Hoy, ¡cosas de la vida y de la política!, por esas paradojas inexplicables, Andrés Manuel López Obrador está en la presidencia enfrentando dos problemas coincidentes que tuvo Felipe Calderón en su gestión. Uno de ellos, la Influenza AH1N1. Aunque cabe señalar que la pandemia de la Influenza que se vivió en la gestión de Calderón fue menos grave que la de ahora, pero más seria también de lo que entonces se dijo, ya que se tardó en ubicar la cepa que la causó. Sin embargo, la respuesta de la administración Calderonista fue pronta, acertada y reconocida en el mundo. Pero, en ese entonces, en su papel de opositor, López Obrador, como siempre, criticó las medidas tomadas. Y, en el colmo de su soberbia, se permitió aconsejar fórmula para solucionarlos.
El otro problema coincidente entre ambos es la inundación de Tabasco, que ya sabemos cómo enfrentó. Para disculpar los errores en su actuación acude a su “estrategia” que ha causado asombro e irritación por la frivolidad y tardío de su actuar. No olvidemos que en el caso de la actual pandemia, aunque más agresiva y seria, llegó a México cuando ya estaba clara su presencia y estragos en el mundo
Y antes de que caigan insultos y denuestos contra quien esto escribe, les invito a consultar los testimonios de entrevistas a diversos medios que diera López Obrador cuando en el gobierno Calderonista se vivieron las situaciones que menciono líneas arriba. Están al alcance videos para quien esté dispuesto a ver con los ojos abiertos, no bajo el efecto seductor de palabras que supieron decir al electorado lo que querían escuchar. Allí están registradas sus críticas que acompañaron sus acciones de campaña, sus mítines en los que con vehementes palabras de enojo e indignación señalaba los errores de sus oponentes. Vigilante y agudo opositor tenía desde entonces a su disposición a grupos de colaboradores estratégicamente colocados para ir puliendo una imagen de quien tuvo la habilidad de magnificar los errores en los otros y enaltecer y crear bondades inexistentes en él.
Por ejemplo, en noviembre del 2007, anunció una denuncia penal contra diversos personajes de la vida pública y del régimen anterior a Calderón. Entre ellos a Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, hasta llegar al gobernador de Tabasco Andrés Granier Melo, y al entonces presidente Felipe Calderón y algunos de los colaboradores cercanos, por las inundaciones en Tabasco. Andrés Manuel López Obrador, acompañado por el entonces senador Ricardo Monreal, además de acusarlos por encubrimiento en delitos contra el ambiente y gestión ambiental y mal manejo de la presa “Peñitas”, argumentó que “la tragedia de Tabasco pudo evitarse y que la desgracia es consecuencia de una política energética privatizadora que ignora la seguridad de la gente y el interés nacional” (Proceso, mayo 2009).
En su papel de acusador López Obrador nunca escatimó adjetivos. Llamar a alguno de sus oponentes “cómplices” era un término suave, “pelele” – decidía- tenía otro impacto, era más pegador; lo usaba constantemente para referirse a Calderón. Y nadie se lo tomaba a mal. Cosas de la política.
“EL VIRUS DE LA IDIOTEZ E INEPTITUD”
Así llamó en marzo de 2009 a la fuerte epidemia de la influenza AH1N1 que tocó enfrentar al gobierno de Felipe Calderón. También están los videos de entonces y entrevistas diversas al respecto destacando los yerros de ese gobierno en el manejo de la Influenza: “Lo que se tenía que haber hecho, si había problemas por la influenza, pues tenían que haber detectado quienes estaban afectados y hacer un cerco sanitario a los enfermos y analizar, darle seguimiento, ver si se iba a propagar, si se iba a convertir en una epidemia, en una pandemia. Eso es lo que se hace. No que lo que hicieron fue generar miedo, pánico, afectaron la economía del país, el comercio, el turismo. Afectaron psicológicamente a la gente. Y lo peor, también nos crearon una imagen en el extranjero como nunca se había tenido. Nunca México había tenido tan mala imagen en el extranjero como ahora…”
Día a día, en cada oportunidad y foro, resaltaba y magnificaba los errores y no solamente desconocía los aciertos que, a todas luces, los había, sino que con su narrativa se encargaba de convertirlos en errores. En materia del manejo de economía, en el transcurso de la pandemia, en los meses siguientes cuestionaba ante los diversos medios informativos: “¿Dónde está el apoyo para pequeños y medianos empresarios?” La solución, señaló entonces, “era de sentido común” y cosa de tener presente datos: “El 80 por ciento de los empleos en el país lo generan pequeñas y medianas empresas. No las grandes empresas y no tienen ningún apoyo. ¿Y qué está habiendo? Antes de la influenza, lo venimos diciendo todos los días, tooodos los días, mortanda´ de negocios. 100 negocios diarios están cerrando en el país y esto significa desempleo y desempleo significa inseguridad, violencia…” (dixit)
Conforme a lo que he compartido líneas arriba, saque usted conclusiones. Y no, no se trata de ver quién lo hizo mejor o peor. Se trata de ver con madurez, ausencia de apasionamientos e incondicionalidad partidista la honestidad en el hacer y decir de quien, antes en su papel de crítico, hoy en el puesto más importante del país toma como defensa el victimismo y el soslayo a los actos de corrupción que se están dando a conocer en su administración.
Un par que no son a todo dar. Quizá de cuidado sí. Actores de una pésima película u obra de teatro con un público dividido, enardecido, que debiera estar exigiendo que ya termine, sino con un abrazo, por lo menos que todos los actores de primera línea apaguen el fuego de este teatro.
EN DO MAYOR. JZC.


Un análisis crítico de la transición por Jacques Coste

06 Dic 20 | Julio Figueroa | Clasificado en Nacional, Política | 1 Comentario »

–La transición democrática hacia la izquierda ha generado un caos social, cultural y político que conducen al país hacia un conservadurismo inesperado, corrupto y aislacionista [¿?]

Un tema muy discutido entre los analistas y académicos mexicanos es la transición democrática de nuestro país.

Algunos autores, como Octavio Rodríguez Araujo, Alberto Aziz Nassif, Lorenzo Meyer y, más recientemente, Gibrán Ramírez, consideran que la transición mexicana no se completó con la alternancia consumada con la llegada de Vicente Fox al poder en el año 2000. Esta corriente sostiene que, pese a que el PRI dejó de ocupar la Presidencia, el modelo económico neoliberal, muchas prácticas políticas y buena parte del andamiaje jurídico-institucional quedaron intactos, por lo que se puede hablar de un cambio de gobierno, pero no de un cambio de régimen.

Otros autores encabezados por José Woldenberg y Mauricio Merino defienden la tesis reformista-gradualista, a la que yo mismo me adscribo. Consideran que la transición democrática mexicana se gestó entre 1977 y 1997, período en el que se lanzaron distintas reformas políticas y constitucionales que fueron desmontando, poco a poco, el sistema de partido hegemónico y fueron abriendo espacios para el pluralismo y la organización de elecciones legítimas. De acuerdo con esta visión, la pérdida de la mayoría legislativa del PRI en la Cámara de Diputados en 1997 y el triunfo de Vicente Fox en 2000 son, a la vez, una consecuencia y una prueba contundente de este proceso de transición democrática.

Jesús Silva-Herzog representa otra interpretación, según la cual, en México no se gestó una transición democrática como tal. Lo que ocurrió en este país se puede caracterizar como “transitocracia”, una especie de transición perpetua que jamás llegó a su fin y nunca se consolidó por completo. El producto de este fenómeno es un Estado que no termina por cumplir con todos los rasgos de una democracia, pero tampoco se puede seguir caracterizando como un régimen autoritario.

Desde mi punto de vista, es momento de refrescar y actualizar este debate, pues considero que la transición se ha resignificado a la luz de la llegada de Andrés Manuel López Obrador al poder. Pues bien, este texto es una contribución para empezar a delinear los marcos bajo los cuales se podría desarrollar esta nueva discusión.

Yo mismo he sido un férreo defensor de la transición democrática de México. Sin embargo, pienso que los defensores del “régimen de la transición” le debemos al país, y a nosotros mismos, un ejercicio crítico, honesto y reflexivo de este proceso. En una democracia liberal plena, todo está abierto al escrutinio público. Por tanto, quienes nos asumimos como demócratas liberales deberíamos comenzar por escrutar minuciosamente lo que hemos defendido con tanto ahínco.

No podemos limitarnos a añorar e idealizar la transición, o a defenderla a capa y espada. Debemos ser autocríticos y reconocer que la transición alentó y cobijó la pluralidad política y la democratización de nuestras instituciones, pero también dejó deudas en amplísimos sectores de la sociedad, para los que un sistema político más democrático no se materializó en una sociedad más justa e igualitaria.

Ahora bien, el ejercicio crítico que propongo tiene que empezar por algún lado. Desde mi punto de vista, un buen punto de partida sería pensar qué significa López Obrador para la transición: ¿su consolidación?, ¿su fin?, ¿su interrupción?, ¿su verdadera realización?, ¿su éxito?, ¿su fracaso?

Pienso que la respuesta a esas preguntas es más compleja que un sí o un no. López Obrador es, al mismo tiempo, un síntoma de las deudas y las cuentas pendientes de la transición, un símbolo de su éxito y su profundidad, y una advertencia sobre su fragilidad y su carácter inacabado.

En primer lugar, López Obrador y, más ampliamente, el obradorismo son un síntoma de las cuentas pendientes de la transición porque se trata de un movimiento integrado mayoritariamente por personas inconformes con el sistema de partidos y los arreglos político-económicos devenidos del proceso de democratización.

El obradorismo obtuvo una victoria arrolladora en 2018 porque integró a una coalición amplia de actores y sectores descontentos por asuntos de muy diversa índole: personas en condición de pobreza, clases populares, trabajadores con bajos salarios; pero también académicos, universitarios, personas de clase media y un largo etcétera. Hubo dos elementos que cohesionaron a un grupo tan extenso y diverso de votantes: la indignación con la corrupción del gobierno de Enrique Peña Nieto y el sentimiento de que los partidos políticos que protagonizaron la transición democrática —PRI, PAN y PRD— no los representaban.

Ambos elementos son cuentas pendientes de la transición democrática. La corrupción fue uno de los sellos distintivos del régimen posrevolucionario de partido hegemónico y, desafortunadamente, lo continuó siendo después de la alternancia en el poder. Es cierto, ninguno de los dos gobiernos panistas, presididos por Vicente Fox y Felipe Calderón, fue tan corrupto como el de Peña Nieto; pero también es cierto que el andamiaje institucional que se formó durante la transición fue insuficiente para erradicar este mal y, peor aún, algunas instituciones creadas durante la transición fueron auténticos nidos de corrupción y tráfico de influencias.

Por su parte, la poca representatividad de los partidos políticos es un tema muy complejo como para tratarse ampliamente en estas líneas, ya que responde a una tendencia internacional, que ha puesto en jaque incluso a los partidos de las democracias más desarrolladas, y a dinámicas meramente nacionales y locales. Por ahora, basta con asentar que ese sentimiento de orfandad política del ciudadano respecto a los partidos fue muy claro en la victoria de López Obrador, quien triunfó con un partido que apenas llevaba cuatro años de existencia, atacando al PRI y al PAN por ser parte de la “misma mafia del poder” —el famoso PRIAN — y criticando al PRD por ya no ser representativo de la tradición de izquierda democrática de México.

Quizá el máximo legado de esos tres partidos, en tiempos recientes —ya que los 70 años de gobiernos priistas en el siglo XX se cuecen aparte—, es precisamente la transición democrática. ¿Por qué un candidato que centró buena parte de su campaña en atacar la democratización obtuvo una victoria inapelable en las urnas? Ésa es una de tantas preguntas que tenemos que discutir seria y profundamente los defensores de la transición.

En segundo lugar, el triunfo de López Obrador es un símbolo del éxito y la profundidad de la transición democrática. Se trató de la tercera alternancia en el poder, la cual llegó después del regreso del PRI a Los Pinos. Es decir, el partido que gobernó de manera ininterrumpida al país durante siete décadas aceptó plenamente las reglas de la democracia electoral y cedió pacíficamente el poder tras ser derrotado en unas elecciones, a todas luces, limpias y justas.

En ese sentido, el regreso del PRI al poder no representó un retroceso ni una amenaza para la democracia mexicana. Se dice fácil y se asume como algo dado —lo cual es una muestra más de la profundidad de la democratización de nuestro sistema político—, pero en realidad no es poca cosa. Tan sólo 30 años antes de la elección de 2018, el PRI se robó sin recato alguno la elección presidencial, cuando Manuel Bartlett operó la famosa “caída del sistema” a favor de Carlos Salinas de Gortari. Es un avance democrático brutal en sólo tres décadas.

Otro tema que se suele dar por descontado, pero en realidad demuestra la magnitud de nuestra transición democrática, es que con la llegada de López Obrador al poder se selló una oportunidad en la Presidencia para todo el espectro político: el centro (a veces más hacia la izquierda y a veces más hacia la derecha) con el PRI, la derecha con el PAN y la izquierda con Morena. Se puede discutir si López Obrador es genuinamente un izquierdista o no —yo pienso que no lo es—, pero el electorado veía a Morena como un partido de izquierda y mucha de la tradición izquierdista mexicana estaba representada en esa fuerza política. En otras palabras, es debatible si Morena es verdaderamente un partido de izquierda, pero finalmente apareció en la boleta electoral como si lo fuera.

Aquí los defensores de la transición nos enfrentamos a otra pregunta escabrosa: si, desde hace tiempo, las posibilidades de competir y triunfar estaban dadas para la izquierda gracias a la democratización, ¿por qué quien finalmente obtuvo la victoria con una plataforma izquierdista lo hizo tildando de injusta, insuficiente y elitista a la transición?

En tercer lugar, tanto el triunfo de López Obrador como su manera de ejercer el poder constituyen una advertencia sobre el carácter endeble e inacabado de la transición. Su victoria plantea algunos problemas para la democratización, los mismos problemas, que, por cierto, enfrentan democracias mucho más maduras que la mexicana: ¿cómo puede ser que un líder de carácter autoritario y demagógico llegue al poder mediante mecanismos democráticos y, una vez en el gobierno, impulse el descrédito o incluso la destrucción de esos mismos mecanismos?

Su manera de ejercer el poder supone muchos otros problemas para la transición. De todos ellos, el principal es el siguiente: ¿por qué resultaron tan poco resistentes el andamiaje institucional, el entramado legal y el sistema de pesos y contrapesos que se crearon para impulsar, sostener y consolidar la transición?

Luego de tan sólo dos años de gobierno, López Obrador ha logrado deteriorar buena parte del legado de la transición. La independencia de los poderes Legislativo y Judicial se ha visto comprometida y cuestionada. El caso de la Suprema Corte y la ya célebre consulta popular para juzgar a los expresidentes es especialmente representativo de este fenómeno. Del Congreso, ni hablar. La supermayoría de Morena que profiere “lealtad ciega” al presidente habla por sí misma. Los organismos constitucionales autónomos, creados en parte para acotar el poder del Ejecutivo, se han visto endebles y dubitativos, o peor aún, serviles ante la voluntad del presidente. El comportamiento reciente del INE (sobre todo en el caso de México Libre) es muestra de lo primero; la actitud de la CNDH de Rosario Piedra ejemplifica lo segundo.

En este tenor, la reciente captura y posterior liberación del general Salvador Cienfuegos ponen de relieve otros problemas que debemos plantearnos los defensores de la transición. Las gestiones del gobierno mexicano para que las autoridades estadounidenses dejaran ir al general demostraron la importancia que López Obrador le confiere a los cuerpos castrenses —que se han convertido en un pilar fundamental de su gobierno— y el alto grado de influencia que el poder militar ha alcanzado sobre el poder civil en México.

Esto debe obligar a que los defensores de la transición aceptemos que la democratización del sistema político mexicano no perturbó los arreglos del viejo régimen priista con el Ejército, que se mantuvo con un grado de opacidad y autonomía notable frente al poder civil. Por ejemplo, México es de las pocas democracias occidentales en las que el secretario de Defensa no es un funcionario civil, sino un alto mando militar. La transición no trastocó ese acuerdo ni otros arreglos políticos entre las autoridades civiles y las fuerzas armadas.

Más aun, los cuerpos castrenses han adquirido mayor poder después de la transición, a partir de que se les asignaron más y más labores de seguridad pública, lo cual no es aceptable, desde ningún punto de vista, en una democracia. Esta tendencia, a su vez, ha facilitado que López Obrador le otorgue aún más funciones y mayor influencia política al Ejército. Es decir, la tendencia militarista se acentuó durante el sexenio obradorista, pero inició desde mucho antes: desde épocas de la transición. ¿Por qué la transición democrática no derivó en mayores controles civiles sobre el poder militar, sino en un aumento del poderío y la importancia política de las fuerzas armadas? Ésa es otra pregunta que debemos discutir con seriedad los defensores de la transición.

En suma, este ejercicio planteó muchas preguntas, sin darles respuesta. Ése fue su objetivo fundamental: provocar la discusión sobre la transición, evaluada a la luz de los acontecimientos recientes y de lo que significa el obradorismo para la democratización del sistema político mexicano. Quienes llevamos años defendiendo la transición debemos seguir reflexionando y debatiendo las respuestas a éstas y otras preguntas. Sólo así podremos entender cuál es el estado actual de la democracia mexicana y cómo podemos oxigenar y reinventar la agenda democrática para seguir empujándola hacia adelante. Solamente con un examen crítico de los éxitos, los fracasos, los alcances y las limitaciones de la transición podremos mirar hacia el futuro con nuevas ideas, propuestas realizables y bríos renovados.

El breve y rico ensayo de Jacques Coste allí está, al alcance de todos, ¿ya lo leyeron?
Con su amplitud de perspectiva, las cuestiones que toca y las preguntas que plantea. Esencial en su mirada crítica y autocrítica. Expresando puntos importantes sin polemizar vanamente. En un lenguaje claro y suave.
Quedan varias cosas fuera, como es natural en un breve artículo periodístico. Con lo que dice, es suficiente para enriquecer el debate.
Junto a las preguntas que hace Coste, planteo las preguntas pensadas durante mi lectura.

–¿Al final será más lo ganado que lo perdido con el gobierno de López Obrador, o será más lo perdido que lo ganado?

–Si hablamos de transición democrática, ¿qué significa López Obrador en esta transición? ¿Avanzamos en clave democrática, como dirían los autores del libro colectivo Balance temprano, o volvemos a un nuevo e inédito presidencialismo y autoritarismo?

–Lorenzo Meyer sostiene en entrevista en Proceso de esta semana (29-XI-2020) que la concentración del poder de AMLO es necesaria para lograr el cambio de régimen. ¿Varios pasos atrás para dar un probable e incierto paso hacia delante?

–¿Se está transformando en serio el andamiaje institucional para combatir la corrupción o es más un combate mediático y político que institucional?

–¿Qué hacemos los ciudadanos con los partidos políticos que ya no representan a nadie, ni a sus militantes, especialmente PAN, PRI y PRD?

–AMLO en el poder: ¿desacreditar la democracia, llegar al poder por la democracia y minar la democracia? ¿Esto es la tercera alternancia?

–Parte de toda democracia política, nos guste o no, es la existencia de un centro político, una derecha y una izquierda. Las tres políticas con posibilidades y derechos de acceder y traspasar el poder democráticamente.

–“¿Cómo puede ser que un líder de carácter autoritario y demagógico llegue al poder mediante mecanismos democráticos y, una vez en el gobierno, impulse el descrédito o incluso la destrucción de esos mismos mecanismos?”, Jacques Coste.

–¿Con el gobierno actual de AMLO ganaremos más de lo que se pierda en términos democráticos, o acabaremos perdiendo más de lo que posiblemente se gane?

–¿Y la creciente militarización del país? Y junto a la militarización, la política en clave evangelista del discurso presidencial, y no en clave de una democracia moderna y crítica. ¿A dónde vamos a parar?

–Frente a los problemas reales y agravados por la pandemia: economía y trabajo, salud y servicios sanitarios, educación de la actual y futuras generaciones de escolares, la violencia criminal y la inseguridad que no cesan, los presupuestos insuficientes de ciencia, cultura y educación superior, los derechos de la diversidad sexual y de género, la política ambiental y el cambio climático intocados, etc.

–Democracia. Como han dicho los clásicos, puede ser una forma de vida y una forma política para acceder y traspasar el poder; pero por sí misma no propicia la justicia y la igualdad social, y el gran valor de la libertad política y económica (junto a la crítica), puede propiciar más desigualdad e injusticia. Aquí estamos. ¿Qué nos toca y podemos hacer los ciudadanos todos, junto y/o frente a los actores políticos con poder?

–La actual oposición política en México, ¿ofrece alguna alternativa real a los problemas agravados durante su poder y mandato? Difícilmente. Son más causa que solución.

–Como bien dice Jacques Coste, el ejercicio de pensar y reflexionar crea más preguntas que respuestas. Pero sin hacernos las preguntas esenciales, difícilmente encontraremos las posibles respuestas y salidas humanas, personales y colectivas.

JEP en 1965, a los 26 años:
–La crítica es un vínculo antes que un rechazo. / Lejos de mí el combatir los dogmas con nuevos dogmas. No tengo respuestas: sólo interrogaciones.
El escritor a la intemperie. Gracias por su atención crítica.


TRAS LA VERDAD DOS AÑOS DE REITERADAS MENTIRAS INSTITUCIONALIZADAS

06 Dic 20 | Héctor Parra Rodríguez | Clasificado en Nacional, Política | Sin comentario »

No ha sido un fracaso el gobierno de Andrés Manuel López Obrador. Son las mentiras las que distinguen su administración a dos años de haber iniciado el peor gobierno de los últimos tiempos. Bien sabía López Obrador, que no cumpliría sus promesas. Bien sabía que sus promesas de campaña solo servirían para convencer al inmenso y manipulable electorado confiado en que, por fin, se terminaría con la corrupción y mejorarían las cosas para los millones de mexicanos desamparados. Muchos problemas se han agudizado desde entonces. Los conflictos se han agravado y no se ve por donde pueda el gobierno de la transformación resolverlos con atingencia. El número de mexicanos empobrecidos ha crecido.

Tres sectores de la población, sin embargo, están conformes con los fracasos y continúan apoyando ciegamente a López Obrador. Uno de ellos, el de los “menesterosos”, aquellos que solo estiran la mano para recibir dinero a cambio de nada; miles de millones de pesos del erario que absorben millones de personas sin producir nada. Ese sector de la población está conforme con todo lo que diga y haga el Presidente. Simplemente están en espera de las dádivas.

El otro gran sector de la población que apoya a López Obrador, es aquel compuesto por los que piensan que se terminó con la corrupción a la llegada de Andrés López al gobierno. Aquellos cansados de los abusos de muchos de los gobernantes del PRI, PRD y PAN; esos mismos que se resisten a reconocer el enorme equívoco que cometieron, toda vez que el Presidente y su equipo son los mismos abusivos, corruptos y tramposos, solo cambiaron de nombre; son los mismos corruptos en el poder. Morena se integró de tránsfugas, ahí albergaron a todos aquellos que abandonaron los otros partidos. La lista de aquellos que cambiaron de color es interminable ¿Acaso no lo saben? Claro que sí, pero se niegan a aceptar la realidad.

Esos mismos, hoy en día, institucionalizaron la corrupción como política de Estado. Basta observar que más del 75 por ciento de los multimillonarios contratos del gobierno federal son por asignación directa. A pesar de las evidencias irrefutables, se niegan a creer que son los mismos, sobre todo con el discurso de López, quien a diario repite: “no somos los mismos” ¡Claro que son los mismos! Ahora son “turbo cargados”. Él es el más claro ejemplo de la corrupción, de priista pasó a perredista, ahora transformado en morenista. Más ejemplos. Funcionarios como Manuel Bartlet e Irma Eréndira Sandoval, han quedado en evidencia de su amor por la corrupción y nada sucede, el Presidente los defiende. Porfirio Muñoz Ledo, desde dentro de Morena, los desnuda, hace férreas críticas por el mimetismo de Morena con los otros partidos; consecuencia de ello, su militancia es igual a lo que supuestamente critican. Y hay quienes creen que Morena es diferente.

El tercer grupo está conformado por los radicales. Aquellos convencidos por el odio y el rencor, aquellos que dividen a la sociedad entre añejas posturas políticas y filosóficas que han fracasado en los países que impusieron a sangre y fuego los regímenes totalitarios, como Rusia o China; y los que hoy sufren como Venezuela y Cuba. Este grupúsculo aun piensa que no debe existir el capitalismo, nada de privilegiar las libertades del ser humano, mucho menos el libe mercado. La eterna división entre el capital y el trabajo, la mano de obra que aporta el obrero es el capital. Aquellos fanáticos que aún gritan ¡Muera el capital! ¡Viva el comunismo! Este sector es el más peligroso, no le importa ver al país en ruinas con tal de destruir todo aquello que les signifique “opulencia”. Van por la mediocridad del pueblo: todos iguales.

El Presidente López, se ha encargado durante sus dos años de gobierno en generar el odio de “clases”. Fiel promotor desde la cúspide del poder de la división entre aquellos que tienen bienes materiales (de regular a mucho) y los que nada tienen, sin importar que en su gran mayoría de aquellos que ha logrado acumular riqueza, ha sido por el esfuerzo de su trabajo, se han desenvuelto bajo un ámbito de libertad (excepción de corruptos y delincuentes). De ahí la cancelación de obras como las de Texcoco, la cervecera Constellation Brands o los contratos entre el gobierno y empresas generadoras de energías limpias. Por esa torpe razón vuelve a promover “valores espirituales y morales”, para que el pueblo no aspire a superarse. En el más allá encontrarán el paraíso.

Por eso no sorprende que los índices delictivos hayan aumentado; que los empleos hayan declinado; que la inversión extranjera y nacional haya decaído y el PIB se haya reducido por debajo de 0 por ciento. López Obrador bien sabía que no cumpliría. El engaño le funcionó a la perfección y 30 millones de incautos cayeron en la trampa de las promesas. No es que todo le salga mal, no; López es inepto y mentiroso, él promueve la incompetencia, cual fiel imagen que representa.

Aquella frase desafortunada de “le cayó como anillo al dedo”, respecto de la pandemia, fue otra mentira. Es más, el anillo le quedó grande. Reportó la Secretaría de Salud un exceso de muertes en México hasta octubre, un 38 por ciento más de lo esperado. De tal suerte que 217 mi, 989 muertes no eran esperadas, de las cuales 155 mil, 999 de ellas son atribuidas al Covid-19 ¿Ya domó la pandemia, ya va de salida? En total, 576 mil, 955 fallecimientos habían sido registrados ¡Conducta criminal la de López Obrador! Se espera que el PIB caiga por debajo del 8 por ciento ¡Le quedó enorme el añillo!

Otra de tantas mentiras. El sentimiento de culpa lo traicionó ¡Primero el oportunismo! Ahora pretende pagar por cada muerto, dando apoyo económico a los familiares. Maquinación con la que espera revertir la enorme molestia generada por cientos de miles de muertos a causa de la pandemia ¿Por qué no dio antes el apoyo? López hizo mal sus cálculos, de ahí que haya modificado su estrategia (no para combatir la epidemia). Estima que el dinero solucionará su tremendo error, al considerar que la pandemia no representaba peligro alguno ¿Ya olvidó cuando incitó al pueblo a no tener miedo, a salir a la calle, a abrazarse, a ir a restaurantes? Pésima su estrategia. Aseguró que la influenza era más peligrosa. Entonces el gobierno de Felipe Calderón operó rápidamente cancelando reuniones masivas, entre otras acciones. Y funcionó.

Por eso no es de extrañar los resultados de los encuestólogos a modo, quienes pretendiendo quedar bien con López Obrador, aseguran que, si hoy fueran las elecciones Andrés Manuel volvería a ganar, a pesar de las enormes pifias, los engaños, los odios y los latrocinios que ha ocasionado en dos años de gobierno. Hoy, uno de diciembre dará otro informe lleno de mentiras institucionalizadas. Será de triunfalismo. Y los males serán atribuidos a los conservadores, a todos aquellos que se oponen a su deforme transformación. Los expertos en política opinan que López Obrador, debe perder las elecciones de 2021. Así evitarán que continúe destruyendo al país ¡Y no les falta razón! Por último, sus paisanos no le perdonarán que intencionalmente los haya inundado y abandonado. Otra más de sus delictivas torpezas.


EN DO MAYOR. SIN EUFEMISMOS, POR FAVOR

06 Dic 20 | Jovita Zaragoza Cisneros | Clasificado en Política | Sin comentario »

Llamarle combativo a un provocador; apasionado al violento en su lenguaje y formas de actuar y decirle políticamente incorrectos a algunas actitudes que son franco atropello y menosprecio a la mínima educación y respeto al cargo que ostentan como servidores es, entre otras cosas, despojar al lenguaje de su significado y su peso necesario para la construcción de una buena y sana comunicación entre servidores públicos y ciudadanía.
Continuar permitiendo que personajes como el diputado, Gerardo Fernández Noroña, hagan de su desempeño un coto de poder y denigren el, de por sí ya depauperado, hacer político en nuestro país, es avalar la violencia, permitir el despotismo y la vulgaridad. Es aceptar que eso nos merecemos como ciudadanos, es contribuir a este deterioro en la vida pública y social.
Aunque no es el único con estas características, Gerardo Fernández Noroña actualmente legislador del Partido del Trabajo es, quizá, el más representativo en cuanto a su forma de transitar por la política. Su carácter irascible y presto al arrebato e ira, su actitud confrontadora y porril que cabe bien en un adolescente en pleno tránsito por la pubertad; pero no en un sexagenario político con su habilidad y malicia para dar la vuelta a las cosas que no le convienen y transformarse de acusado en acusador.
Sus actitudes virulentas, su insolencia y falta de respeto han sido constantes y sus actos están documentados por los medios de comunicación y en su perfil biográfico. Como aquel enfrentamiento que protagonizara en 2006, cuando acusó a la entonces perredista y presidenta de la Cámara de Diputados Ruth Zavaleta Salgado de traición, para luego declarar ante medios que Zavaleta “había entregado el cuerpo a cambio de un huesito”,
Procaz y machista, no se detiene en difamar y proferir insultos. Apenas hace un año insultó también a la diputada panista de Tlaxcala, Adriana Dávila, a quien en octubre del 2019 señaló de tener nexos con trata de personas. Lo anterior se dio en un acto público cuando se hizo mención del problema que enfrenta esa entidad con relación a trata de personas. Sin más, Fernández Noroña, en franca alusión a la diputada, dijo: “La trata de personas es un problema gravísimo y Tlaxcala es uno de los lugares. Me dicen que hay una diputada, que era senadora y que está vinculada a este tema, que ahora es compañera nuestra y que es más bocona que la chingada. No sé si sea cierto o no, pero es cierto que aquí está uno de los problemas. Pásenme elementos para ponerle una chinga la próxima vez que abra la boca”.
Sus expresiones causaron el comprensible malestar de las demás legisladoras del congreso quienes le calificaron de misógino y exigieron una disculpa pública para Adriana Ávila. Por su parte, la afectada acusó al Fernández Noroña de hacer señalamientos a la ligera y con ellos poner en riesgo su integridad física y la de su familia, al tiempo que pidió a la Junta de Coordinación Política (Jucopo) de la Cámara de Diputados intervenir en el caso.
Fernández Noroña aceptó haber lanzado esas acusaciones sin sustento; pero rechazó los señalamientos de misógino. El caso fue turnado al INE donde se abrió un expediente para analizar el caso del legislador.
DE VÍCTIMARIO A VÍCTIMA, DE INSULTADOR A INSULTADO.
Presto a la ira, astuto y gran conocedor de las reglas de impunidad que rigen el hacer político, Fernández Noroña se abre paso a base de denuestos contra todo lo que contraviene a sus intenciones. Convencido de la fórmula aquella de que pegar primero para descontrolar al enemigo da resultado, este político se desliza con comodidad en espacios de los que se apropia para tratar de imponer las reglas a capricho.
Este jueves 26 de noviembre, precisamente a un día de la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, Fernández Noroña llegó a las instalaciones del Instituto Nacional Electoral (INE) a donde se llevaría a cabo la sesión del Consejo General y se revisaba la denuncia en su contra, por la violencia política ejercida hacia la diputada Adriana Dávila en la fecha citada líneas arriba.
Al hacer uso del micrófono, el legislador lo hizo sin cubrebocas. Ante ello, Lorenzo Córdova, presidente de ese organismo, le conminó a seguir las reglas sanitarias establecidas dentro de la institución ante el agravamiento de la pandemia que estamos viviendo. Molesto, el político argumentó que en la Cámara de Diputados participa sin el cubrebocas y agregó: “Yo sé que me quieren amordazado. Hablaré sin mordaza porque, además, yo tomo mucha agua. Yo consumo mucha energía al momento de intervenir. No puedo tomar agua con el cubrebocas puesto”. Córdova insistió en la conveniencia de respetar el protocolo sanitario en el INE. Sin más, Fernández Noroña respondió: “El responsable del manejo de la pandemia a nivel nacional, Hugo López-Gatell, insiste que el cubrebocas da una falsa sensación de seguridad y no evita el contagio. Tenemos la sana distancia y el espacio está ventilado”.
Al final, la sesión fue interrumpida y los consejeros determinaron continuar su trabajo mediante videoconferencia.
Al respecto, Fernández Noroña quiso escudarse en el artículo 61 constitucional, que establece que “los diputados y senadores son inviolables por las opiniones que manifiesten en el desempeño de sus cargos, y jamás podrán ser reconvenidos por ellas”. Luego, con esa rapidez asombrosa con la que pasa a situarse de victimario a víctima y de insultador a insultado, a micrófono abierto durante su intervención se dijo víctima de “difamación pública”, agregando: Ustedes no están buscando la erradicación de la violencia, están haciendo un acuerdo faccioso para difamarme públicamente y colgarme el San Benito de violencia de género”.
En febrero de este año protagonizó otro desagradable episodio, cuando en pleno Salón de Sesiones de la Cámara dos excolaboradores suyos le enfrentaron con señalamientos. Una de ellas, Martha Angélica Ojeda dijo haber sido su pareja sentimental y conocerle de años atrás. La mujer le enfrentó con una manta impresa haciendo claros señalamientos: “Noroña, vives del pueblo y traicionas al pueblo, simulador, violento, mentiroso y vulgar ambicioso”, acusándole también de tener en su oficina laborando a familiares y declarando a la prensa: “De forma sospechosa, el legislador impulsa iniciativas que favorecen a las grandes empresas mineras para que las monedas de plata sean de uso corriente”. La mujer -entre otros señalamientos- cuestionó también la procedencia de los recursos destinados en sus viajes de trabajo, los que suele hacer acompañado por cuatro o cinco personas.
Son, pues, apenas algunos episodios a destacar de quien tiene en su haber la protagonización de actos que enrarecen los espacios públicos, convirtiéndolos en un desagradable espectáculo.
Por último, como sugerencia, ya que andamos con el tema de la Cartilla Moral que se acaba de publicar y de la que se ha insistido, tiene la intención de poner marco ético a nuestra sociedad, no está de más recordarle al Presidente y a toda la clase política actual que, si en materia de corrupción las escaleras se barren de arriba abajo, en materia de respeto a la Ley y a las instituciones, así como en comportamiento cívico, no estaría mal empezar desde arriba también ¿o no ?
JZC.


LA divisa

06 Dic 20 | Augusto Isla | Clasificado en Nacional, Política | Sin comentario »

Aquí y allá, en las plazuelas, en los videos promocionales, en Palacio Nacional… el señor de Macuspana no deja de gritar: “por el bien de todos, primero los pobres”. ¿Por el bien de todos? ¿Quiénes son esos todos? ¿Empresarios, académicos, medios de comunicación críticos…? No, esos no. Ellos no forman parte del Todo. Para ellos no hay bien. Solo denuesto, injurias, desdenes… Son los excluidos de la tierra prometida. “Primero los pobres”. Sí, de acuerdo. ¿Y después de ellos qué o quiénes? Por lo visto nada ni nadie. Lo paradójico es que esos pobres han sido, a lo largo de dos años de su gobierno, los que más han sufrido por sus decisiones: desaparición de estancias infantiles, de refugios para mujeres maltratadas en el seno del hogar, del seguro popular; y padecido también falta de medicamentos. Ni los niños enfermos de cáncer merecen su compasión.
Y en la pandemia, las víctimas primeras son los pobres, gente obligada a trabajar para contribuir al sustento familiar: carpinteros, albañiles, plomeros; “primero los pobres”, víctimas seguras de la enfermedad, primeros a la tumba, a las cenizas.
Las inundaciones recientes en Tabasco, prueban la crueldad de su determinación: so pretexto de salvar a Villahermosa, el de Macuspana ordenó desviar las aguas hacia las comunidades indígenas, sin remordimiento alguno. Pues si la refinería ‘Dos Bocas’ está a salvo, lo demás no importa. A salvo por ahora, momentáneamente. Ya que tarde o temprano el capricho del presbítero será su ruina, no solo desde la perspectiva ambiental, sino histórica.
La divisa ha sido, pues, solo eso, un enunciado retórico barato para emocionar a millones de mexicanos que le rinden culto a la ignorancia, pues ésta, lo ha dicho Asimov, vale hoy lo mismo que el conocimiento. Cuando veamos lo mexicanos ‘Dos Bocas’ convertido en un lago para deportes acuáticos, podremos comprobar el gran éxito, por cierto involuntario, de alguien cuya conciencia no pasó de ser la de un molusco en plenitud de su belleza.


EL JICOTE. PANDEMIA, CONSECUENCIAS PSICOSOCIALES

04 Dic 20 | dialogoqro | Clasificado en Nacional, Política | Sin comentario »

Edmundo González Llaca
EL encierro producto de la pandemia ha tenido consecuencias económicas y políticas. La económicas son las que más nos apabullan: una disminución de ingresos en el 75% de las familias; aumento de diez millones de pobres; pérdidas de empleos. Focalizados en estos problemas nos hemos olvidado de otras graves consecuencias como son las psicosociales. El encierro nos ha provocado una serie de emociones sorprendentes y desconcertantes. No es un asunto menor, una “e–moción”, es una acción que nos pone fuera de sí. Son expresiones corporales de un sentimiento tan intenso que pueden eclipsar la realidad; al ser rebasados olvidamos las otras partes del mundo.
La salud no es solamente la integridad física y no se debe dejar fuera de nuestras preocupaciones a la salud mental y emocional. La pandemia, por ejemplo, ha propiciado que mucha gente busque precisamente una fuga de lo que se está viviendo a través del alcohol. Durante el confinamiento y el distanciamiento social se registró un alza de 35.8% en el consumo de alcohol, de acuerdo con una encuesta elaborada por el Instituto para la Atención y Prevención de Adicciones. El consumo del alcohol es mayor en los hombres, 40.1%, en comparación con las mujeres 30.1%. También se incrementó el consumo de substancias adictivas.
​La búsqueda de bienestar espiritual ha escudriñado satisfactores que antes tenían presencia pero no en las dimensiones actuales, sería el caso de las mascotas. No me refiero a los pobres que López Obrador les llama mascotas, sino a los animales domésticos. La convivencia con ellos nos provoca beneficios que antes no tomábamos ni en cuenta, gracias a la pandemia sabemos que elevan la distracción, la armonía, la felicidad, en suma, la salud personal y en el hogar.
​Contradictorias han sido las consecuencias de la convivencia en las casas, pues de la misma forma que han provocado la revaloración de la familia, de las personas mayores y el entretenimiento puertas adentro, también las casas se han convertido en un espacio de agresiones, humillaciones y violencia. Muchas parejas en esta pandemia han iniciado procesos de separación y divorcio, quizá los problemas ya existían pero el encierro y la rutina han acelerado la crisis.
​ Muy positiva ha sido la utilización intensa del sentido del humor en la pandemia en sus dos frentes: el individual y el político. Ante la opaca y dura realidad los cibernautas han utilizado el humor para relativizar sus consecuencias y entregarse a la risa. El humor en la política ha estimulado el interés y la participación de los asuntos públicos. No ha habido mejores críticas que los chistes a la tozudez del Presidente de no utilizar el cubre bocas.
​ El incremento del consumo de las drogas son el síntoma de un gran problema de salud mental. Todos, autoridades y sociedad, debemos sumar esfuerzos para reforzar las instituciones sanitarias actuales dedicadas al estudio y solución de los efectos psicosociales por la pandemia. Incluso en el análisis de la creación de otras nuevas instituciones. La salud integral es antes que nada.


EL JICOTE PANDEMIA, NUEVO DISCURSO POLÍTICO

03 Dic 20 | dialogoqro | Clasificado en Nacional, Política | Sin comentario »

Edmundo González Llaca
Quieran o no los candidatos a un cargo de elección deberán revalorar la importancia del discurso político. Anteriormente el método fundamental de persuasión eran los mítines. El apoyo se obtenía tanto por el contagio del entusiasmo como por la pluralidad de grupos y sectores manifestándose a favor. se daba la imagen de que todo el mundo estaba con el candidato. La otra forma de convencer era la inter relación personal, puerta a puerta, a golpe de calcetín los candidatos recorrían las calles y las zonas de afluencia platicando con la gente, levantando en brazos a niños moquientos y regalando delantales o tortilleros. Ahora la gente no asistirá a reuniones masivas y difícilmente saludará al candidato en la puerta de su domicilio. Dorán: “Déjeme el obsequio en la puerta”. Serán campañas virtuales a larga distancia.
​Anteriormente se consideraba que un discurso político debería ser primordialmente, ideología en el más amplio sentido de la palabra, es decir, juicios de valor sobre las cuestiones reales. Ahora habrá poco margen para la reflexión filosófica, el medio, la computadora, no se presta. Deberá ser un discurso fundamentado principalmente en hechos y datos, por supuesto con datos reconocidos por todos, no por otros que sólo el candidato conoce. El nuevo discurso político deberá describir lo más objetivamente posible el diagnóstico concreto de los problemas, la crítica y la solución.
El manejo de las emociones deberá ser dosificado homeopáticamente, por la ausencia del contacto personal y la perspectiva distante de los espectadores. El proceso de convencimiento exigirá, creo que ahora más que nunca, recurrir a los antecedentes y a la historia. Conectarlo todo con algo o con alguien; darle coherencia y significación no solamente con el momento político que se vive. Un buen discurso deberá abarcar pasado, presente y futuro. En una actitud de sencilla pedagogía deberá, explicar, justificar proponer, condenar, disuadir, calmar y expresar esperanzas.
Mi impresión es que el nuevo discurso político, no será el que ´presente su plataforma como algo hecho y digerido. Sino que parta del convencimiento de que se está ante un electorado esencialmente plural. Estoy de acuerdo con Habermas, para mantener la convivencia pacífica, en unas elecciones especialmente iracundas, la actitud propagandística, es llegar a propuestas como resultado de un diálogo con los ciudadanos, en el que se impondrá la decisión de la mayoría pero con respeto a las minorías. La nueva legitimidad será por tener la agenda más completa y eficaz para presentar la solución de las dificultades y retos, pero deberá ser una agenda consecuencia de una comunicación en la que todos han podido participar y han tenido la palabra.
En fin, estas son sugerencias generales, pero tomemos en consideración el verso de Lope de Vega, repuesta que hacía frente al requerimiento de cómo ser poeta. “Para que un hombre aspire ser poeta/ Pero, en fin, es sencilla la receta./Forme Usted líneas de medida iguales./Luego en filas las junta,/ Poniendo consonantes en la punta/ -¿Y en el medio? – ¿En el medio? ¡Ese es el cuento! ¡Hay que poner talento!” Sin voluntad política de decir la verdad ni talento, es imposible hacer un buen discurso político.


EL JICOTE. PANDEMIA, EL DISCURSO Y EL TRAPITO

01 Dic 20 | dialogoqro | Clasificado en Nacional, Política | Sin comentario »

Edmundo González Llaca
La acusación es reiterada y me la hacen amigos de todos los partidos políticos, me reclaman diciendo que yo padezco la enfermedad crónica de todos los intelectuales la que se resume así: son muy buenos para criticar y muy malos para proponer. En otras palabras, la queja pretende que los que nos dedicamos simplemente a opinar y, en mi caso, a veces con ligereza y osadía, les demos a los políticos el kit completo: el remedio y el trapito. Me viene a la memoria la anécdota del torero Lorenzo Garza. El llamado “Ave de las Tempestades” estaba haciendo una faena muy mala y un aficionado le increpaba duramente, hasta que el torero lo encaró y le gritó: “Bájate tú a torear”. Grande fue su sorpresa cuando el aficionado le respondió: “Por supuesto que me bajo a torear, pero antes dame el dinero que a ti te pagan”. Los opinadores estamos conscientes de que criticamos desde la tribuna, pero los políticos deben estar también conscientes de que la principal responsabilidad es de ellos, para eso les pagamos.
​En entrega pasada hemos afirmado que las próximas campañas se harán en una atmósfera terriblemente arisca de aumento de la pobreza, incremento del desempleo, profundización de la desigualdad social y, como remate o puntilla, el dolor de nuestros muertos y el temor al contagio. El gran reto de los candidatos y partidos será cómo despertar la atención a sus mensajes, el interés por las campañas y el punto “G” del discurso electoral: que la gente participe y vote el día de las elecciones. Un reto descomunal.
​Jaime Labastida, quien respecto al discurso político escribía: “¿Qué debe ofrecer un discurso político a un pueblo que se encuentra en un áspero agujero? Por encima de todo, realidad. Inteligencia y crudeza para identificar los problemas de la su situación actual. Para tocar las llagas y determinar con precisión quirúrgica pero también realidad para encontrarles solución. Con otras palabras, realidad en el examen presente, realidad en el dibujo del futuro”.
Mi buen amigo Raúl Olmedo, respecto al tema que nos preocupa, escribía: “El discurso político tiene que convertirse en uno filosófico para poder recuperar su eficacia. No un discurso abstracto, compuesto de generalidades que no tocan al corazón del ciudadano. Al contrario, el filosófico es el único que llega al corazón y al cerebro del individuo y de la masa, el único que es capaz de traducirse en prácticas, en modos de pensar, de vivir, de ser; el único que transforma y convierte; que produce conversión, como cuando el pagano se convierte en cristiano. El filosófico es el discurso político llevado a su máximo potencial de eficacia transformadora. La filosofía es política”.
​Creo que el discurso político de los candidatos debe huir como del Corona Virus, lo que ya se ha agotado en las Mañaneras y es objeto de burlas: Acusar al pasado de los problemas de hoy; no al discurso polarizador y rupturista; recurrir a otros datos que nadie conoce; quitarle a las palabras los tintes de religiosidad; no injuriar ni poner apodos a los adversarios; olvidarse de las camorras históricas; no trivializar los graves problemas; no recurrir a la existencia de conspiraciones. Todo esto, por favor, ya no. Sería mi primera sugerencia al discurso electoral.


TRAS LA VERDAD. LÓPEZ OBRADOR EL DEMERITADO AYATOLA MEXICANO

29 Nov 20 | Héctor Parra Rodríguez | Clasificado en Nacional, Política | Sin comentario »

Segundo intento de Andrés Manuel López, pretendiendo evangelizar, como “religioso superior”, al pueblo de México. Ante la incompetencia de resolver los problemas materiales, prefiere desviar la función gubernamental, para introducir como política pública “sus principios morales y religiosos”. Primero fue su “cartilla moral”, no dio resultado. Dos años después implementa “su guía ética para la transformación de México”. Otro distractor, mientras deshace al país con sus ocurrencias. No le resultaron los abrazos a cambio de balazos.

López Obrador afirmó que en el país no solo hay una crisis económica o material, sino también una crisis por pérdida de valores: “culturales, morales, espirituales”. Por supuesto olvidó las crisis que ha ocasionado en seguridad pública, así como la crisis en el sector salud, o la pérdida de empleos, la fuga de capitales y una cauda de problemas que ha generado por sus equivocadas y caprichosas decisiones políticas alejadas de la realidad, sumidas n el fango de la ignorancia y pérdida de valores, como la honestidad, la ética, la buena fe, etcétera.

El Presidentes justifica su nueva “cartilla moral”, cuyos principios fueron obtenidos por un grupo de empleados de su gobierno. Ese “grupúsculos” se dedicó a investigar y realizar entrevistas, para obtener los valores que estimaron como pertinentes, para plasmarlos en su novedoso documento y entregarlo solo a un reducido sector de la sociedad que ha cooptado por medio de la entrega de las pensiones. Efectivamente, los receptores del documento serán los adultos que reciben pensión. Ellos serán los promotores de la Guía Ética para la Transformación de México. Plan perverso de López Obrador, la mediatización y adoctrinamiento será por medio de aquellos que son fácilmente manipulables, quienes tienen necesidad alimentaria; esos que son considerados como dependientes del gobierno federal, la clientela política que necesita López, para las elecciones del 2021.

Alejado de la realidad el Presidente y su grupo “selecto”. Llegaron a la conclusión que, con el documento lograrán la reducción en la persecución de los delitos y delincuentes. No le funcionaron los abrazos a cambio de balazos, ahora va por el adoctrinamiento “espiritual y moral”. Y, como a López no es partidario de las imposiciones, será por medio de un “acuerdo social”, como aquel acuerdo “voluntario” de la reducción de salario y prestaciones a la clase burocrática. Así son los “pactos sociales” del Presidente.

Dado a conocer el documento del ayatola López, podemos resumir sus “principios y valores, religiosos como morales” de manera sintética: a).- Respeto a la diferencia: evitemos imponer “nuestro mundo” al mundo de los demás. b).- De la vida: no hay nada más valioso que la vida, la libertad y seguridad de las personas. c).- De la dignidad: no se debe humillar a nadie (aunque usted no lo crea, eso propone, cuando a diario López humilla públicamente a unos y a otros, así de cínico el mandatario). d).-De la libertad: la paz y libertad son inseparables. Nadie puede estar en paz sin libertad (¿cómo puede haber paz con cerca de 70 mil asesinados en su gobierno?).

Y sigue. e).- Del amor: el amor al prójimo es la esencia del humanismo (eminentemente de carácter religioso (¿amor al prójimo cuando ha causado tanto daño a ese prójimo?). e).- Del sufrimiento y el placer: no hay mayor alegría que la felicidad de los demás (otro principio entresacado de la religión ¿así de simple se logra la felicidad?). f).- Del pasado y futuro: quien no sabe de dónde viene, difícilmente sabe a dónde va (vaya filosofía barata ¿quién les dirá de dónde vienen para saber a dónde van?). g).- De la gratitud: el agradecimiento es la mayor virtud en una persona (¿López es una persona agradecida? No. Es más bien vengativa).

Continúa la perversidad. h).- Del perdón: el perdón libera a quien lo otorga y a quien lo recibe (el gobierno no puede aplicar ningún principio religioso ni moral, se rige por el Estado de Derecho, obligado a obedecer la norma positiva ¿López pretende perdonar a los delincuentes?). i).- De la redención: no se debe enfrentar el mal con el mal (En este caso la interpretación del Presidente es errónea, tergiversada y sesgada. El Estado está obligado a hacer respetar la ley por medio de la fuerza legal, único ente que ostenta el uso legal de la fuerza pública, someter al delincuente no es hacer el mal). j).- De la igualdad: la buena ley de moderar la opulencia y la indigencia; no puede haber trato igual entre desiguales (¿López será el moderador de la opulencia, cómo moderará la opulencia? ¿Quién trabaja, quien se esfuerza, quien se sacrifica para lograr más no es lo correcto? No cabe duda que Andrés Manuel, no está bien de sus facultades mentales.

Las falacias de López sin límite. k).- De la verdad, la palabra y la confianza: no mentir, no robar y no traicionar (¿Los 10 mandamientos de la religión católica?). A continuación viene uno de los principios de la mazonería. l).- De la fraternidad: ser fraterno es hacer propios los problemas de los demás (solo faltó agregar universal, concepto que ya lo ha referido: fraternidad universal). m).- De las leyes y la justicia: al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie. Todo por la razón y el derecho; nada por la fuerza (Esta sentencia juarista no es respetada por el Presidente López, él impone su propia ley y la llama “justicia”, primero la justicia, después la ley, así lo ha confirmado, así gobierna, por esa razón ahuyenta inversiones, no respeta las normas jurídicas). n).- De la autoridad y el poder: el poder sólo tiene sentido y se convierte en virtud cuando se pone al servicio de los demás (¿acaso eso ha hecho López Obrador? No. El poder ha estado solo a su servicio, ha violentado cuanto derecho se le ha cruzado en el camino, usa y abusa del poder omnímodo que se arroga y de paso, lo han fortalecido sus legisladores).

Entrando en la ciencia ficción de la filosofía lopista ¿No le remorderá la conciencia a López Obrador? ñ).- Del trabajo: hay una satisfacción al tener uno y disfrutarlo (El Presidente, por voluntad imperial ha dejado a millones sin empleo, empezó por reducir la plantilla burocrática, luego a bajarles el salario, luego a quebrar empresas ¿eso es disfrutar del empleo? Presidente cínico y mentiroso). o).- De la riqueza: no es más rico el que tiene más sino el más generoso (López y sus principios religiosos tergiversados ¿acaso él es generoso? No. Más bien es perverso). p).- De los acuerdos: que los compromisos se cumplan (Lo que menos profesa López Obrador, es cumplir los compromisos, acostumbra a violarlos o a darles su propia interpretación para no cumplir los compromisos, simplemente con que los califique de corruptos deja de cumplirlos).

Y así continúa su nueva “cartilla moralina”. q).- De la familia: es la principal institución de seguridad social en el país (Sin comentarios). El último de sus mandamientos. r).- De los animales las plantas y las cosas: al cuidar el aire, agua, tierra, plantas, animales y cosas, nos cuidamos todos (Es una burla este “principio”. López ha impulsado una política depredadora, de contaminación ambiental, no ha respetado en lo más mínimo su propia propuesta. Sin los dictámenes de viabilidad ordenó comenzaran sus obras insignes y en todos los casos ha destruido enorme cantidad de naturaleza, flora y fauna no le han importado).

No cabe duda que el “adoctrinamiento religioso” para el segundo tercio del gobierno de la “desesperanza”, viene con mayor fuerza. López utilizará como punta de lanza para imponer su “conducta moralina” a los de la tercera edad que reciben pensión, esos condicionados por el apoyo económico son su “carne de cañón”, su cautiva clientela política. Andrés Manuel López, hará hasta lo imposible por aferrarse al poder en las próximas elecciones.


COMO VEO DOY ¡ERAMOS MUCHOS Y PARIÓ LA ABUELA!

29 Nov 20 | Carlos Ricalde | Clasificado en Nacional, Política | Sin comentario »

Síntesis: Hay voces que llaman a la calma y la esperanza. Auguran que pronto la economía va a mejorar. Pero solo el pueblo sabe cuánta lumbre se puede aguantar.
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Apreciado y paciente Lector, la Constitución afirma que todos somos iguales, sin embargo la realidad exhibe que somos bastante desiguales, pero nos equipara y no se puede negar, que vivimos en un ambiente de inseguridad, angustia, desconfianza, temor e incertidumbre, como si una ola de pesimismo nos ahogara y en vez de esperar un pronto cambio a favor de que mejore la economía, tanto en lo personal como en lo colectivo, lo que se siente o se percibe, es que tal situación seguirá empeorando. La fuente que agranda el sentir de tan mal augurio, es la pandemia del COVID-19 que no da visos de disminuir. Por el contrario, hay evidencia de que continuará creciendo tanto en número de contagios y muertes como en el tiempo que permanecerá amenazandonos. Va pa’ largo.

El título de este artículo, me lo recordó un amigo al comentar su desánimo por la forma aparentemente inadecuada en que se está manejando la Pandemia que, además de que no se logra controlar o disminuir, continúa golpeando a un sin número de negocios que han tenido que restringir su actividad o de plano cerrar con la consecuente pérdida de innumerables empleos, situación a la que, añadió el suscrito, contribuye el gobierno. De modo que, si ya teníamos muchos problemas con el cambio de gobierno y la reorientación de la política económica, se sumó a este año un problema más, inimaginable, catastrófico, la ya mencionada epidemia, y todo junto avizora un año 2021, aún más difícil. Sin duda, parió la abuela.

¿Qué tenemos para mantener a flote la economía y el empleo en el año que está a casi nada de iniciar?, el Presupuesto Federal de Ingresos y Egresos y la Virgen de Guadalupe. A la Santísima Virgen solo le podemos pedir el milagro de que le haga ver a Biden, que en el desaforado proceso de emitir dólares por parte de la Reserva Federal, destinen un poco para México con el argumento de que si no contribuye a paliar el desempleo en nuestro país, la presión migratoria hacia USA podría ser incontrolable. Entre morir de hambre o de un balazo de la migra, tal vez la bala falle. Otro milagro.

Por lo que al gobierno toca, más vale de plano rogar por un milagro. Parece que el Presupuesto de 2021 no será suficiente. Veamos algunos datos. Se presupuesta un crecimiento anual del 4.6% el cual se observa alto considerando que en los últimos 10 años la tasa promedio ha sido del 2.8%, pese a ello, considerando un efecto rebote por el decrecimiento de un 8.5% en 2020 más una pérdida neta de más de 500 mil empleos, parecería posible que se produzca el milagro. Sin embargo, dos de los pilares de la economía de México, el turismo y el automotriz, con su correspondiente cadena de proveedores, será difícil que se recuperen. El primero por causa del Covid-19 y el segundo por una baja demanda debida a una disminución general de los ingresos de la población. Los ingresos petroleros, que es el tercer pilar, dependen de factores externos y por lo pronto se estima una producción de 1 millón 860 mil barriles diarios a 42 dólares por barril. Ojalá. El cuarto pilar, que corresponde a la industria de la construcción, depende, este sí, básicamente del gobierno. Por otra parte, la autoridad fiscal empezará el año con dificultades para obtener ingresos impositivos ya que, por una parte, la caída en el PIB implica una disminución de ingresos para las empresas y por tanto en la recaudación, lo cual podrá hacer que el déficit presupuestal sea mayor al previsto al cierre del 2021. Saque usted, amable Lector, su propia cuenta: Ingresos 5.5 billones de pesos; Gasto total 6.2 billones de pesos; Déficit presupuestado ¡700 mil millones de pesos! Para quedar tablas, o sea sin déficit, el precio por barril deberá llegar a 91 dólares! En 2008 y 2012 la mezcla mexicana superó los 100 dólares por barril. El año próximo, solo un milagro.

Para no ser tan encajosos con los milagros, hay otra opción para que el gobierno ayude a reactivar la economía, que es de alguna manera contraria a su política de austeridad. Parece que en las circunstancias actuales es obligado no exacerbar la austeridad. Varias son las voces que abogan por este cambio y yo, con su anuencia, me sumo a ellas. ¿Qué puede hacer el gobierno? De inmediato aplicar una política expansiva fiscal y de gasto público mediante transferencias a los sectores productivos; desarrollar obra pública por todo el país de bajo presupuesto pero de alta ocupación, sin aflojar el gasto en las obras de gran calado como los trenes, el aeropuerto y la refinería que tienen un alto impacto multiplicador; otorgar estímulos fiscales a la empresa privada; aumentar las aportaciones federales a los Estados e impulsar los programas de apoyo popular cuya derrama monetaria estimula de inmediato el nivel general de consumo. Y si es necesario, entre otras medidas, contratar nueva deuda pública para defender el empleo. Total, una raya más al tigre, ni se nota.

Rendijas

Dicen que la inflación está controlada, pero muchos no aguantamos el sistemático aumento de precios.

De alguna manera la Guía Ética reemplaza o complementa la Cartilla Moral. Ninguna sirve para un país que ha perdido la confianza. Urge una que se titule “Manual de Premios y Castigos”, o “Políticas Públicas de Bienestar”.

Se me olvidaba: Pemex acumula un déficit de ¡92 mil millones de pesos! Y contando.


EL JICOTE. LA PANDEMIA Y EL DISCURSO POLÍTICO

27 Nov 20 | dialogoqro | Clasificado en Nacional, Política | Sin comentario »

Edmundo González Llaca
Toda campaña es una renovación de la esperanza. ¿Cómo despertarla hoy, en este momento turbulento de auténtica desesperación económica, social y anímica? Es una época muy difícil, la gente, válgase la ironía, ya no le cree ni a los magos. El panorama es tan negro, como ese cuadro que estaba todo pintado de negro y que se titulaba: “Dos negros peleándose en un túnel”.
La pandemia ha aumentado la irritabilidad social pues los problemas se han agudizado, hay mayor pobreza, desigualdad y crisis política. Las repercusiones no solamente golpean a los de siempre, a los más desvalidos, también atropella a las clases medias. Se vive entre los llamados a quedarse en casa y no correr riesgos personales o, en su caso, la disminución de los ingresos hasta afectar las posibilidades de adquirir lo mínimo de bienestar o el desempleo. Como bien señala Neldy San Martin: “Estamos en la misma tormenta, pero no todos en el mismo barco”. Ver pasar a gente asomándose desde la popa de un trasatlántico y los que resisten el oleaje en barquitos que apenas flotan, ha reactivado con gran virulencia lo que vislumbraba ese viejo barbón alemán que se niega a pasar de moda: la lucha de clases. Ante la profundización de la desigualdad Marx ha resucitado.
​En estas circunstancias ¿cuál puede ser el discurso electoral? En primer lugar, ya lo hemos escrito, pero no nos cansaremos de reiterarlo, el clima espiritual de resentimiento no puede caer en la tentación facilona de acicatear más el odio, la polarización y la división social. Al contrario se demanda un discurso respetuoso de los adversarios, ejemplo de civilidad; sin ningún dejo de discriminación o de violencia en razón de género.
António Guterres, Secretario General de la ONU, en un discurso reciente afirmó: “El populismo y el nacionalismo han fracasado. Usados como enfoques para contener el virus, muchas veces han llevado a un empeoramiento palpable.” En el fondo de la cuestión es que el discurso político ya no tiene como identidades izquierdas o derechas, socialistas o liberales. La fragilidad de la vida obliga a otro tipo de referentes. La verdadera interrogante es: ¿Qué propone cada candidato para cuidar la salud, garantizar la seguridad e impulsar el crecimiento económico? Esta jerarquía de valores obliga como primer tema del discurso del los candidatos a plantear la forma de cómo van a enfrentar la pandemia. Voy a dar una pista por qué candidato no deben votar, No crean en el candidato que los apapache y afirme que serán los políticos y el gobierno quienes resolverán el problema. Falso, la reflexión y las decisiones deberán ser multidisciplinarias y los científicos deberán tener la voz cantante. El Estado debe ser un estado benefactor para los más vulnerables, pero debe aceptar que sólo no podrá resolver el problema; todos deberemos estar involucrados en la solución. La pandemia debe servir para aumentar la eficacia del gobierno e impulsar la democratización del país, no solamente con más derechos sino también con más deberes ciudadanos. La renovación de la esperanza no puede estar basada en la presunción de la autosuficiencia del poder público sino en un diagnóstico autocrítico en el que deslindamos compromisos y compartimos la responsabilidad.