TRAS LA VERDAD “LÓPEZ OBRADOR NEGOCIA CON TRUMP LA SALIDA DE EVO MORALES”

07 Dic 19 | Héctor Parra Rodríguez | Clasificado en Internacional, Política | Sin comentario »

Este día por la tarde, 2 noticias casi simultáneas trascendieron en México y en el mundo; una surgida en España, la otra emanó de los EUA. El Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard Causaubón, vuelve a ser el artífice de la negociación. Donald Trump, dio un respiro al gobierno de López Obrador al anunciar por twitter, que, por el momento, no hará de declaración de nombrar a los cárteles mexicanos: grupos “terroristas”. Debido a la buena relación que tiene con el Presidente de México, dijo Trump. Simplemente aplaza la decisión (amenaza) de designar a los cárteles como organizaciones terroristas, a petición de su homólogo Andrés Manuel López Obrador. Tuvo que venir el Fiscal General de los EUA, William Barr, a nuestro país, quien incluso visitó la Basílica de Guadalupe, con el mismo Ebrard, para negociar de persona a persona; aquellos seguramente rezaron a la virgen para que, a cada quien le concediera el milagro que pedía y a los 2 se los concedió. No hay que olvidar que Donald Trump, está en campaña para buscar su segundo periodo de gobierno, para todo amenaza con tal de ganar las simpatías de su electorado.

Los norteamericanos se caracterizan (desde siempre) por ser negociadores de “presión”, abusivos, no ceden graciosamente a las peticiones de cualquier país; conceden, no ceden, previa “exacción”; por lo que se debe preguntar ¿Qué dio a cambio del gobierno de México, para que Trump aparentemente cediera sin pedir nada a cambio? Desde España trascendió la noticia del “trueque” político. El Diario el País, informó que (coincidentemente) en unas horas se dará la salida de Evo Morales, dejará México, se refugiará en Argentina; pero, antes pasará a la isla de Cuba, mientras toma posesión el nuevo presidente argentino. Seguramente mucho molestó al gobierno estadounidense que Morales hiciese política antinorteaméricana desde México, no respetó las formas, lo hizo patente, abiertamente el gobierno de la 4T le dio todas las facilidades para ello; incluso le otorgó seguridad, alimentos, habitación, todo para hacer política, le abría foros, todo con cargo al erario federal. Las coincidencias en política no existen; en política, toda acción genera una reacción. De tal suerte que la moneda de cambio para que Trump, para no declarara terroristas a los cárteles mexicanos y aquellos pudiesen intervenir en el exterminio bélico de esos grupos terroristas, a los que pareciera proteger el gobierno de la Cuarta Transformación, entiéndase Andrés Manuel López Obrador, grupos criminales y literalmente terroristas a los que ha pretendido minar con abrazos y estos han respondido a balazos con cerca de 40 mil homicidios violentos en el primer año de gobierno, esa negociación les dio resultado. Por lo tanto, la salida de Evo Morales, “refugiado político”, que ha estado abusando de México para sus aviesos fines, dio la impresión de protección del gobierno de López Obrador, con el refugiado, quien desde nuestro país incitaba a la violencia a los bolivianos. Esas acciones de Evo, definitivamente no las podía permitir Donald Trump. La petición (consecuencia), que se vaya a otro país con su política beligerante; Evo Morales abusó de los mexicanos, así de simple. Los vecinos del norte no lo permitirían y, el argumento lo buscaron y lo encontraron, presumir que harían la declaración de grupos terroristas a los narcodelincuentes mexicanos que actúan con estrategias terroristas, aunque lo nieguen ¿Qué no son acciones de demandas políticas o reivindicaciones? Por supuesto que sí, asesinan a políticos a diestra y siniestra; imponen políticos por todas partes, gobiernan vastos territorios del país. Claro que también participan en política. Una muestra del poderío fue la liberación del hijo del “Chapo Guzmán”, pusieron en “jaque” al gobierno federal que se vio en la obligación de concederle la libertad a pesar de la orden de aprehensión que existía en contra de Ovidio Guzmán. Sucedió lo mismo con la negociación de los aranceles, México se convirtió en el muro virtual para los inmigrantes con destino a los EUA, ahora es la Guardia Nacional, quien contiene la migración y no hubo aranceles.

Viene en camino la ley de amnistía que otorgará la libertad a miles de sentenciados que forman parte de la delincuencia organizada ¿Quién nos puede afirmar certeramente que no es presión o negociación de la delincuencia organizada con el gobierno de López Obrador? Los legisladores de la 4T, de Morena y aliados (muchos delincuentes en sus filas) argumentan, sin mayores pruebas, que dejarán en libertad a miles que fueron injustamente encerrados y sentenciados. Quienes hoy ejercen el poder, actúan con singular cinismo, esgrimen argumentos insostenibles, el poder les permite hacer lo que les place, no hay otro poder formal o moral que se les oponga, estos ejercen, como nunca antes, una aplastante aplanadora que reprime todo a su paso, sin importar el daño que causen ¿Se imagina a los miles de delincuentes que de pronto gozarán de libertad, cuando en la calle no hay empleos, no hay fuentes formales que los ocupe legalmente ¿A qué actividad laboral se dedicarán? ¿López les dará becas para su sostenimiento? La respuesta es sencilla, no se requiere mayor investigación. No se trata de lucubraciones, son hechos a la vista de todos, evidencias. Por eso no resulta gratuito que Trump haya anunciado que no hará la declaratoria, advirtió: por lo pronto. Los lacayos, por supuesto, que argumentan como un triunfo el hecho de que no se haya dado esa declaración; lo que debe causar es vergüenza y no festejar. Por cierto, ante la venida del Fiscal General de los EUA ¿Dónde quedó Alejandro Gertz Manero, Fiscal General de México? De este señor era la el resorte legal, la competencia del tema a tratar y no de Marcelo Ebrard; de Fiscal a Fiscal, pero no, el asunto fue tratado con esencia política y no criminal; otro aspecto que pasan por alto, de ahí que la conclusión sea más que sencilla, la negociación política ha permitido un enorme respiro al gobierno lopista, que le da tranquilidad. México, una vez más, ha demostrado que sigue a expensas de los latidos y caprichos del presidente de los EUA. Aunque para los agoreros morenistas, se trató de un triunfo de la política exterior de México ¡Pamplinas!

Héctor Parra Rodríguez


BOLIVIA

17 Nov 19 | Gregorio Morales Avilés | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

Para tratar de entender lo que está sucediendo en este país andino, hay que enfocarlo desde diversas perspectivas con responsabilidad. Lo que he observado es que se han polarizado los ánimos y se han proyectado los prejuicios ideológicos y racistas de numerosos analistas y comentaristas sobre el caso, dejando de ser objetivos.

Son distintos los niveles de análisis que se entrecruzan, empezando con la perspectiva global de la lucha por el Litio, ya que Bolivia posee más del 40 por ciento de las reservas mundiales y la importancia de este metal para la industria de los celulares, relojes, electrodomésticos, los autos del futuro no tan lejano, así como para la industria espacial, pero también para la industria atómica y la fusión nuclear, en la que este metal desempeña un papel relevante. Bolivia cuenta además con grandes reservas de gas y otros minerales que la hacen sumamente atractiva en el contexto mundial y está en condiciones de imponer el precio internacional del Litio. China contaba con un acuerdo de cooperación muy importante para darle valor agregado al Litio en empresas bolivianas conjuntas.

En el ámbito regional, Bolivia formaba parte del grupo Alba y Unasur, tratados que acaban de ser denunciados por la presidenta entrante. Además, con el triunfo de López Obrador en México y de Alberto Fernández en Argentina, se fortalecía un eje de izquierda latinoamericana, que junto con Venezuela, Cuba, Uruguay, Nicaragua y algunos países del Caribe, tendrían un peso desestabilizador para las pretensiones de dominio total estadounidense sobre el continente, cuya administración está anclada todavía en la Doctrina Monroe.

En este contexto habría que analizar el papel histórico de la OEA y principalmente el de México, que escribió las páginas más brillantes de su política exterior en el caso de los mísiles de Cuba en los años sesentas del siglo pasado. La reciente reunión de ministros de este organismo regional, exhibió diferencias irreconciliables sobre el papel desempeñado por el Secretario General, Luis Almagro, uruguayo, que traicionó al expresidente Mújica para ponerse del lado de Trump y con ello reposicionar a este organismo regional en un instrumente eficaz de la política exterior de Estados Unidos. Ya lo había instrumentado anteriormente con Venezuela a través del Grupo de Lima, lo vuelve a hacer ahora con Bolivia.

Hace algunos años, Minerva Morales Etzioni escribió un libro titulado La mayoría de uno, en el que describe puntualmente el esquema de dominación de Estados Unidos a través de este organismo regional. La división interna y la injerencia y extralimitación de las funciones establecidas en la Carta de la OEA han sido puestas de manifiesto en los casos de Venezuela, Cuba, Nicaragua y ahora Bolivia. Se aplica un doble rasero, interviene en la violación de derechos humanos en Venezuela y calla en la misma situación en el caso de Chile.

La intervención en la calificación de las últimas elecciones de Bolivia de parte de la OEA fue determinante para profundizar la crisis boliviana. Se extralimitó en sus funciones y se entrometió abiertamente en tiempo y forma en la política interna tomando partido en contra del presidente constitucional. Almagro ha hecho declaraciones literalmente como si se tratara de un funcionario del Departamento de Estado estadounidense y ante el pedido de la renuncia del presidente Evo Morales de parte de las fuerzas armadas, la OEA se abstuvo y sólo dio un comunicado tibio para que se restableciese el orden constitucional, sabiendo que el periodo constitucional del presidente boliviano termina hasta el 22 de enero del año próximo.

El secretario general de la OEA omitió y distorsionó información electoral y sobre las fallas del proceso, pidiendo nuevas elecciones en abierta intervención en la política interna, con el propósito de precipitar las condiciones que dieron lugar a la intervención del ejército y de la policía. Desde que se estaba haciendo la auditoria ya había movilizaciones en contra con métodos fascistas. Aun así, Evo Morales aceptó nuevas elecciones e inmediatamente después vino el pedido de renuncia de parte del ejército. La policía ya lo había traicionado.

En la reunión extraordinaria del Consejo de la OEA de esta semana que acaba de concluir, la posición de este organismo y la de Estados Unidos fue textualmente la misma, como si se tratara de una copia del discurso. Está claro que Estados Unidos presionó y obtuvo el apoyo de la OEA para sacar a Evo Morales de la presidencia.

Pasamos así al orden interno. Éste es mucho más complejo y tiene una historia muy larga de golpes de estado y contradicciones sociales. Podríamos iniciar con la definición de lo que es un golpe de estado en Derecho Internacional, del francés coup d’État, es la toma del poder político y con violencia por parte de un grupo de poder, vulnerando las normas legales de sucesión en el poder vigente con anterioridad. En Bolivia, la policía, de hecho, ya había violentado la unidad de mando, rebelándose contra la autoridad constitucional uniéndose a los grupos de choque cívicos que habían estado extorsionando al poder establecido quemando sus casas y deteniendo por la fuerza a los familiares de los funcionarios, principalmente de los senadores y diputados que estaban en la línea de sucesión presidencial, para asegurar la sucesión de parte de la senadora de derecha Jeanine Áñez, así como la solicitud de renuncia de parte del ejército que supone un rompimiento del orden constitucional, porque la policía y el ejército no son el pueblo elector, ni es la instancia constitucional para pedir renuncias. Esto es evidente muestra de que un poder se sobrepone al poder constituido. Un golpe de estado lisa y llanamente ejecutado. Éste se vincula, en Derecho Internacional, con la institución del reconocimiento de estados y de gobiernos. Estados Unidos se apresuró a reconocer a la autoproclamada presidente de Bolivia, igual que Guaidó en Venezuela.

Luis Almagro, sin tener facultades para entrometerse en los procesos internos de Bolivia, señaló que el golpe de estado se había dado antes, un “autogolpe” dado por el Tribunal Electoral Plurinacional el 20 de octubre, al intentar robarse las elecciones. La PREP muestra sólo una tendencia, no es la información definitiva de la elección y la OEA calificó a la PREP como definitiva. Los procedimientos señalaban que sí hubiera una segunda vuelta en caso de que no se lograra la ventaja del 10%. Cuando en realidad se trató de un retraso en el conteo rápido debido a la difícil orografía de Bolivia y a que el voto duro mayoritario de Evo Morales se encuentra en las regiones rurales del país. Esto había sucedido siempre y sucede cuando no se puede computar al mismo tiempo la votación urbana que la rural.

No es difícil entender si se analizan las secuencias históricas de la votación, pero cuando se tiene la intención de nulificar una elección se toman como si fuera un robo. Todo mundo sabe que siempre se ha tardado mucho más tiempo en computar el voto rural que el urbano. Las actas no llegan pronto por las difíciles condiciones orográficas de Bolivia. No hubo tal robo, el informe sólo contiene algunas anomalías normales en todo proceso electoral que no ameritan la anulación de toda la elección. La OEA las magnificó y distorsionó su función al pedir nuevas elecciones, no es autoridad para pedir nuevas elecciones, sólo debía entregar el informe de auditoría y hasta ahí llegaba su facultad. Aun así, Evo Morales accedió a una nueva elección, ¿Por qué entonces la petición de la renuncia inmediata, si su periodo terminaría hasta enero del 2020? ¿Por qué los grupos de choque de Camacho han quemado las actas electorales? En la toma de posesión de la senadora Áñez, Almagro no reparó en la falta de quorum, que invalida la toma del poder presidencial, ni el paso anterior necesario de aceptación de parte del Senado de la renuncia de Evo Morales. Un proceso sucio e inválido. Una coordinación clara de un golpe perpetrado por Estados Unidos. Ya sabemos la historia de las intervenciones estadounidenses en América Latina.

¿Por qué no escuchar lo que dicen los que saben de Derecho Constitucional Boliviano sobre la cuestión de la cuarta reelección? Todos los analistas que tienen diferentes intereses dan por sentado que es ilegal la postulación de Evo Morales para esta cuarta reelección, pero existen razones jurídicas y políticas para que así haya sido. Aquí está el centro del debate. El referéndum convocado por el presidente en 2016 le prohibió una cuarta reelección, pero el Tribunal Constitucional le autoriza por tratarse de un derecho humano. La Constitución boliviana establece con claridad que los tratados y convenciones internacionales están sobre la Constitución en aquéllos derechos que la sobrepasen, los Derechos Humanos están por encima de la Constitución. Jurídicamente el derecho humano de Evo Morales para postularse está tutelado por la propia Constitución al conferir preeminencia a los tratados internacionales sobre la propia constitución. Los derechos del individuo frente al estado son más poderosos en el ámbito internacional que en el nacional.

Políticamente, hay que decir que numerosas organizaciones del MAS le pidieron a Evo que se volviera a postular. Aquí si es de señalar la ausencia de una figura que pudiera reemplazar a Morales en este momento. Los líderes carismáticos no surgen con un clon. El MAS necesita una figura que reemplace a Evo. Pero para dar continuidad al proyecto plurinacional era necesaria la reelección. La población indígena en Bolivia es de más del 60 por ciento. Y aquí es donde entra el problema del racismo. La población blanca y los intereses extranjeros se unieron contra la población indígena mayoritaria. El mismo Evo sufrió la discriminación racial de parte del gobierno de Barack Obama. No lo saludaba en las reuniones internacionales en que coincidían. Mira nomás, un negro que discrimina a un indio. Parece una tontería, pero tiene consecuencias sociales, económicas y políticas. Numerosos comunicadores expresan esa discriminación al emitir juicios sesgados sobre las políticas de Evo Morales y el empoderamiento de los indios. Evo Morales fue el presidente más exitoso de lo que va de este siglo. Las estadísticas lo avalan.

Este asunto de la discriminación y el problema de la inversión religiosa que elimina la Pachamama indígena en Bolivia es un problema mucho más complejo, pero real, que amerita un análisis detenido porque se ha manifestado con virulencia inusitada en el actual escenario político boliviano. Sólo hay que ver las expresiones de Camacho y de la nueva presidente Áñez, con su biblia en la mano. Este análisis nos ayudará a entender la difícil complejidad del proceso sociopolítico del conflicto actual de Bolivia. Hasta la próxima.


Crisis orgánicas del patriarcado y del neoliberalismo. Necesidad de un proyecto cultural feminista.

15 Nov 19 | Edgar Herrera | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

A la memoria de Alí Cuevas

(1985-2009)

La educación popular feminista nos permitió desarrollar la dimensión de la subjetividad -la intersubjetividad- expresar más nuestras emociones, valorar los encuentros personales como algo muy importante que vincula lo público con lo privado. Por otro lado, el acercamiento a gente que estaba haciendo otras formas de producción de conocimientos, nos ha ido abriendo a nuevas maneras de repensar cómo investigar.

Claudia Korol

Desde octubre de 2019, en el contexto de una América Latina que muestra su carácter y rebelión popular cada vez más antineoliberal, la UNAM se enfrenta a su propia crisis orgánica como institución tradicional patriarcal que, por años, ha reproducido decenas de casos de feminicidios, desapariciones y acosos sexuales en sus instalaciones.

La lucha feminista que crece en el seno de “la máxima casa de estudios” del país, no sólo apunta a las decenas de estudiantes y profesores responsables de violencia sexual hacia compañeras y profesoras, sino que también ha permitido visibilizar el grupo de poder que hoy reelige a Enrique Graue como su rector, esa minoría de médicos responsable de los ataques porriles en septiembre de 2018 y el aumento de la presencia policial y tecnología de vigilancia para criminalizar y reprimir cualquier justa oposición dentro y fuera de la UNAM.

En las últimas semanas, la Facultad de Estudios Superiores de Cuautitlán, las facultades de Ciencias Políticas y Sociales, Ingeniería, de Ciencias, de Filosofía y Letras y de Psicología, se han convertido en los espacios de denuncia y organización feministas que han desembocado en la toma de los espacios académicos por las estudiantes.

En estos tiempos complejos que atraviesan al mundo entero, desde las lejanas guerras de exterminio en Oriente Medio hasta el silencioso aumento de la presencia militar estadounidense en África, desde el ocaso del neoliberalismo y la vuelta dictatorial en América Latina hasta la crisis financiera que desbordará los mercados del Asia, la insurgencia y militancia feministas se muestran como la más legítima antítesis del actual estado de cosas que caracterizarán el resto del siglo XXI.

El feminicidio como crisis cultural que se explica dentro de una crisis económica neoliberal, que crece en su seno, responde a su lógica y explota en una crisis orgánica de todas las sociedades, rebasa el radio de acción de los Estados-Nación (si es que alguna vez la tuvieron) y degenerará en nuevas confrontaciones geopolíticas que, cada vez más, determinarán el destino de la humanidad. La crisis ecológica ya ha demostrado sus propias enseñanzas al respecto; la barbarie, sea la forma que tome, necesita ser explicada.

En la escala de barbarie feminicida que ha caracterizado el último lustro de la UNAM, ese grupo de poder, dirigido por Enrique Graue, que hoy cuenta con el beneplácito de AMLO, se puede apreciar la red de hilos que se traducen en el ejercicio del poder político de una minoría por sobre la mayoría. No es extraño este panorama, sobre todo en el contexto histórico de la victoria de un gobierno considerado de izquierda y cuya Cuarta Transformación es bien conocida por su lucha contra la corrupción; los funcionarios corruptos de otros partidos caídos en desgracia desde 1° de diciembre de 2018, se han empeñado en recrear y conservar su poder dentro de los espacios disponibles, como por ejemplo en la UNAM.

Esta minoría administrativa adquiere un carácter dictatorial cada vez más profundo. Golpeando la vida cotidiana de las y los estudiantes, se ha institucionalizado un cinturón policial para callar cualquier oposición; ese aparato militar en la UNAM se desborda con el fortalecimiento y organización de ese feminismo que es su antítesis.

Hemos expuesto la tesis central, que es la dictadura del administrado en la UNAM, así como su negación, representado en la organización feminista, pero ¿cuál podría ser su síntesis? ¿Cuál podría ser la solución que supere el actual estado de cosas en que “la máxima casa de estudios” se ha degenerado en una guerra civil en miniatura entre agresores sexuales y las mujeres y feministas?

Una respuesta parcial es la creación de esa tradición revolucionaria feminista que se inauguró en 2009, luego del feminicidio de Alí Cuevas, estudiante de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, y el colectivo feminista que desde entonces lleva su nombre. En estos diez años de tradición revolucionaria, el hito de 2016 ha sido el más significativo para explicar el fenómeno estudiantil feminista que ha tomado forma, pues desde aquel año han crecido los casos de feminicidios, y con ellos la impunidad universitaria, que han permitido un cambio de conciencia de la cuestión de las mujeres, para elevarlas hacia un proyecto colectivo feminista consciente y que ha tomado forma de paros, asambleas, mesas de denuncias y los famosos tenderos y pintas de denuncias sexuales por el personal académico de la UNAM.

Aquí se han tensionado dos polos opuestos: la libertad de expresión y los discursos de odio, erróneamente transformados en sinónimos, para justificar o normalizar los tipos de violencia destacables en esta semana. Por un lado, para denunciar a las “feminazis” que han “molestado a la comunidad” mediante pintas y pancartas y, por el otro lado, visibilizar esa cultura machista que, en su forma más retrógrada, amenaza a las manifestantes con su expulsión.

La violencia estructural del patriarcado mexicano, cuyas estadísticas arrojan diez mujeres asesinadas al día, los primeros lugares en feminicidios, homofobia y lesbofobia, no es cuestionada en lo más mínimo por esa senil sociedad civil que mira con horror la destrucción de tal o cual patrimonio histórico; su conciencia colectiva es moldeada por los medios de comunicación y degenera en un verdadero discurso de odio que aún criminaliza a las mujeres por su derecho a decidir y, por tanto, las cosifica hasta despojarlas de su último y más elemental derecho a la vida; la creación de una conciencia nueva, de hombres y mujeres nuevos, como estrategia mundial, es una cuestión en la que el verdadero feminismo necesita meditar.

Lo cierto que es casi nadie ha querido señalar la existencia de una violencia estructural que rebasa los pasillos y salones de la UNAM, y que también se reproduce a escala nacional, latinoamericana, como producto de una militarización que obedece a ese neoliberalismo económico para convertir la educación en institución mercantil que depura y criminaliza su carácter popular. Por esto, tampoco es un accidente el intento de la comunidad universitaria de la UNAM por crear una huelga que responda a esta crisis orgánica educativa.

El siguiente paso para la emancipación feminista de la UNAM, que sirva como referente e integrador de todas las instituciones educativas del país, será la radicalización de toda esa rica tradición que se ha construido en un período relativamente corto; la experiencia de las autogestiones estudiantiles en Chile puede contribuir a profundizar en la consigna de que “la revolución será feminista”.

En el contexto neoliberal que enfrenta la educación, ese feminismo está obligado a ampliar su mirada global y convertirse en anticapitalista, y apostar a nuevas experiencias educativas que han sido influidos por las experiencias libertarias del siglo XX latinoamericano, como la Revolución Cubana y la nicaragüense y, por supuesto, las oleadas feministas de América Latina y Oriente Medio de este siglo XXI, como expresión de dos continentes que continúan existiendo y sobreviviendo en su forma subdesarrollada y retrocediendo en su desarrollo social, ya sea mediante el neoliberalismo, como destructor de un Estado de bienestar, o mediante la guerra, respaldada por su filosofía del despojo.

Por tanto, un estudio sistemático de la historia mexicana, latinoamericana, mundial, arrojan mayores luces de las limitaciones y los alcances históricos que han caracterizado a ese feminismo que hoy, en su más rica expresión, se nombra feminismo socialista. Aunque nosotros negamos toda etiqueta que no sea respaldada por esa realidad social que queremos transformar: la historia de la Confederación Democrática del Kurdistán, como revolución feminista que derribó mediante la fuerza al patriarcado, es una experiencia que nos transporta al estudio y a la transformación de esa realidad.

El feminismo también postula, aunque no con estas palabras, una revolución cultural de los hombres y mujeres, pues profundiza en esos procesos de opresión y explotación en que las emociones se encuentran cautivas para reproducirse en modelos tradicionales de un hombre violento o una mujer sumisa. En otras palabras, se toca la sexualidad humana para democratizar su concepto en la realidad histórica de sexualidades humanas, que han crecido de forma colectiva e individual, en sociedades que existieron antes del patriarcado y del neoliberalismo. Por tanto, el feminismo socialista, como proyecto político de emancipación del género humano, necesariamente retoma los aspectos progresistas del pasado y actualizarlos a las necesidades y circunstancias del presente.

Una vez Lenin afirmó que el marxismo es todopoderoso porque es verdadero; nosotros afirmamos lo mismo para este feminismo socialista que, con todas sus expresiones separatistas, está logrando encaminar esa revolución cultural como garantía de la conquista del poder político, pero también de ese poder independiente para gestionar libremente nuestros cuerpos, nuestros sentimientos y nuestras comunidades anticapitalistas, antipatriarcales y antineoliberales.

Edgar Herrera


Perspectivas del feminismo socialista en el siglo XXI

11 Nov 19 | Edgar Herrera | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

A la memoria de Raquel Padilla Ramos

(1967-2019)

La cuestión histórica del feminismo socialista tomó mayor importancia teórica y práctica a partir del triunfo de la Revolución de Octubre de 1917, ejecutado mediante órganos de poder y organización de obreros, campesinos y marinos, mejor conocidos como soviets.

La huelga de masas que acabó con el zarismo, comenzó en febrero con la movilización espontánea de las mujeres que exigían el final de la guerra y la lucha por el pan. Luego de un difícil proceso de flujos y reflujos sociales, que duró casi un año y amenazó con estancar el proceso revolucionario, el Partido Bolchevique moviliza a las masas para la toma del poder que se consumaría en octubre de 1917.

El feminismo y el socialismo, por tanto, adquirieron un carácter científico al robustecer la posibilidad, necesidad y deseabilidad históricas del socialismo por sobre el capitalismo, pero también superó la visión del marxismo clásico (Marx y Engels) para identificar la opresión de género como una forma de sumisión más antigua y que se manifiesta de forma barbárica hasta nuestros días.

El pasado fin de semana, fue asesinada la historiadora y etnóloga Raquel Padilla Ramos, activista por los derechos territoriales y culturales de la nación Yaqui. Sus últimos proyectos fueron en defensa del patrimonio indígena y la creación de una Red de historiadores para el apoyo de las luchas indígenas del noroeste de México.

Para México, un país históricamente discriminatorio hacia sus pueblos originarios, un país machista que se posiciona en el primer lugar de feminicidios en América Latina, el asesinato de Padilla resulta dolorosa, pero entre el dolor también surge el pensamiento que eleva la pérdida y la convierte en ira organizada y en proyecto político. En otras palabras, en una revolución feminista como revolución social que eleva al cuadrado el principio que transforme la derrota del ayer en la victoria del mañana: la creación de una sociedad nueva que quebrante los límites de esta sociedad patriarcal y capitalista.

Entre 2018 y 2019, asistimos a un fuerte período de movilización y organización de mujeres que visibilizaron el derecho a decidir sobre sus cuerpos, conocida también por Interrupción Legal del Embarazo o, simplemente, el derecho al aborto.

Hoy en día, la casi totalidad de los Estados-Nación de América Latina se ha convertido en un grave obstáculo no sólo para promover los derechos sexuales reproductivos de hombres y mujeres, sino que también se constituye como el grosero patio trasero del neoliberalismo que pretende destruir todas las ricas formas de vida comunitaria latinoamericana, pero demostrando su inviabilidad histórica, como así lo ha confirmado la unión de las naciones indígenas del Ecuador en octubre de 2019.

Por tanto, en el complicado contexto continental de nuestro primavera latinoamericana, oscurecida por el golpe de Estado que se consumó el día de ayer en Bolivia y la cruenta guerra civil que se intensifica en Chile, el feminismo socialista está lejos de ser considerado un accidente, sino todo lo contrario, en un proyecto político y cultural que supere el actual estado de cosas.

En México, entre septiembre y octubre de 2019, se llevaron a cabo dos asambleas feministas metropolitanas, como parte del programa socialista de Pan y Rosas, organización existente en Alemania, Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Estado Español, Estados Unidos, Francia, México, Uruguay y Venezuela. Las conclusiones generales coincidieron en la superación histórica, real y efectivamente, de esa cultura patriarcal y de ese proyecto capitalista (neoliberal) vigentes en América y Europa. ¿Esto resulta en una utopía que se enclaustró en el pasado revolucionario? No.

En Oriente Medio, el pueblo de Kurdistán, geográfica y culturalmente ubicado en los Estados de Turquía, Siria, Irán, Irak y Armenia, es una formidable experiencia histórica de cómo las mujeres y los pueblos originarios se convierten en un Estado miniatura dentro de un Estado mayor, en la negación para su superación y destrucción.

En 1978, se funda el Partido de los Trabajadores del Kurdistán, de orientación marxista leninista en sus orígenes, con el objetivo de crear una república socialista, pero posteriormente devendría en una Confederación Democrática, en el contexto de un pueblo perseguido y exterminado tanto por los nacionalismos árabes como por los ejércitos de la OTAN.

Dentro de la Confederación Democrática, surge el Movimiento de Mujeres del Kurdistán como parte integrante de esta lucha contra el militarismo, el ultranacionalismo y el genocidio. Durante años, especialmente en el contexto de la guerra contra el Estado Islámico, las mujeres han sufrido innumerables crímenes de lesa humanidad, en donde se han registrado aterradores casos de canibalismo sobre sus hijos y mujeres atadas a la pared, violadas sistemáticamente hasta que mueran de hambre o sed.

Entre los principios generales de la Confederación Democrática, se encuentran el derecho a la autodefensa armada contra los invasores fundamentalistas y soldados de la OTAN, el protagonismo de las mujeres en este proceso y, especialmente en este contexto de guerra, la convivencia de los diferentes grupos étnicos y religiosos de la zona.

La Confederación Democrática supera con creces cualquier manifiesto, panfleto o acuerdo progresista conocido para la afirmación de una sociedad nueva. Lo importante de esta experiencia popular gravita en la unión de la teoría y la práctica, pues profundiza en la afirmación de Marx y Engels en la ideología alemana: “para nosotros el comunismo no es un estado que debe implantarse, un ideal al que haya de sujetarse la realidad. Nosotros llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual”.

Ese comunismo como “movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual”, que es la Confederación Democrática del Kurdistán, este particular proceso histórico en que la lucha de las mujeres socialistas o la cuestión del feminismo socialista, desentraña estrategias y tácticas por definir en el resto del mundo.

El camino que siguen las y los compañeros kurdos no debe convertirse en un dogma para aplicar en América, Europa, África y Asia. Parte de nuestras propias interrogantes han sido respondidas y seguirán por responderse en los años venideros, principalmente con el aumento de guerras civiles o de las polarizaciones populares como resultado histórico de la imposición del neoliberalismo en América Latina y de su propio carácter como continente subdesarrollado.

Ecuador, Chile y Bolivia son países que han construido sus propias tradiciones revolucionarias, todos con la capacidad de movilizar a las masas para expulsar u obligar a los dirigentes neoliberales a realizar concesiones, pero que no han coronado sus esfuerzos para destruir las economías existentes y ampliar todas las riquezas disponibles al servicio de los pueblos americanos. Sin embargo, coherente a este proyecto de política económica, esa tradición revolucionaria popular deviene necesariamente en la construcción de una cultura nueva, representativa y democrática de los sujetos realmente existentes, como las naciones ecuatorianas, la juventud organizada de Chile y, por supuesto, el feminismo socialista con sede organizativa en Argentina.

No negamos la existencia múltiples feminismos, enfrascados en discusiones intestinas que no se traducen en la transformación de las sociedades existentes, pero el feminismo socialista es coherente a este principio de la praxis, pues recupera lo mejor de toda la cultura acumulada en la historia del feminismo y del socialismo, pero también del conocimiento generado a partir de la interacción de los diferentes grupos humanos con sus distintos entornos ambientales.

El objetivo de ese feminismo socialista es unificar todas las facciones que son víctimas de las estrategias de cooptación y anulación que hoy se disparan en varias zonas del planeta; superar las fronteras políticas de los Estados-Nación y destruir sus proyectos de expoliación económica; crear, actualizar o retomar una cultura nueva que retome lo mejor del pasado humano y elevarlos a la construcción de un hombre y mujer nuevos, promotores de la paz mundial y de la evolución social, dejando atrás los tiempos de guerra y revolución.

Esto no significa que las mujeres socialistas marchen solas en su misión histórica de eliminar al patriarcado y, con él, al capitalismo. También resulta necesario reflexionar sobre la creación de esta tradición revolucionaria latinoamericana que multiplique a las y los revolucionaros, sean socialistas, cristianos, anarquistas, siempre conscientes de su papel y la posibilidad de cambiar el curso de la historia a su favor.

Edgar Herrera


La cultura (I)

07 Nov 19 | Augusto Isla | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

Raymond Williams comienza su célebre ensayo sobre la cultura diciendo que, al menos, en la lengua inglesa, esa palabra es, junto con dos o tres más, inabarcable y, sin embargo, útil en extremo. ¿Sólo en lengua inglesa? Diría yo que en toda lengua. Cultura es lo humano, lo que emerge de sus creaciones, en cada civilización, ya sea del pueblo o ya de sus élites. Es por ende diversa, pero siempre, nos indicaría Freud, una muralla contra el instinto. En este sentido, la cultura es un fruto de la criatura humana que, al propio tiempo nos humaniza. Pensamiento y goce. Es libertad. De ahí que los tiranos odien la cultura, pues quienes ostentan el poder despótico, quienes se alimentan con la ambición de poseerlo tal si fuera un veneno, aborrecen la cultura, cuyo canon, a partir del siglo XX se extiende a los vergeles de la arquitectura, la música, la literatura, el arte.

En cambio, en las democracias, florecen las expresiones culturales. Y no es porque el Estado las produzca sino porque o bien las promueve o se abstiene de entorpecerlas. Durante el siglo pasado, el Estado mexicano posrevolucionario alentó la cultura: creó misiones culturales, promovió la lectura, abrió espacios nuevos, entregó antiguos monumentos arquitectónicos para su decoración: nació el muralismo mexicano, aportación singular al arte universal; se sucedieron los movimientos literarios; deslumbró el de los Contemporáneos: un irrepetible racimo de talentos: José Gorostiza, Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia… También la arquitectura buscó y encontró una sintaxis propia con Luis Barragán, Agustín Hernández… Estamos en la modernidad y más allá de ella. Legados antiguos, inspiradas innovaciones. Paz diría que somos contemporáneos de todos los hombres.

* * *

Desciendo a mi entorno inmediato, a este Querétaro nuestro, a su rico y exquisito patrimonio, documentado en las páginas imprescindibles de “Memoria Queretana” de Guadalupe Zárate. Nada y nadie podrá arrebatarnos lo que está ya en la mirada y en el corazón.


¿Estamos en la “Primavera latinoamericana”?

03 Nov 19 | Gregorio Morales Avilés | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »


Las grandes y multitudinarias manifestaciones que están sucediendo ahora en varios países latinoamericanos muestran ciertas similitudes con lo que sucedió en la llamada “primavera árabe” de África del Norte y Medio Oriente a principios de este siglo, oleadas de protestas laicas, democráticas, de índole social, contra regímenes corruptos y autoritarios, a los que se sumó un malestar generalizado provocado por el desempleo, la falta de oportunidades, la desigualdad y los errores políticos, en un contexto global de fin de la guerra fría.
Algunos autores han buscado explicaciones para lo que sucede en América Latina, un tanto simplistas, en la oscilación entre regímenes de izquierda vs regímenes de derecha, neoliberales, la crisis del neoliberalismo y la llegada del trumpismo, o el resurgimiento de una nueva fase de la guerra fría. Yo creo que es todo eso y más.
La historia reciente de América Latina ha demostrado ser una historia cambiante, oscilante, entre tendencias de gobiernos de izquierda y de derecha, desde las dictaduras militares pasando por los gobiernos de transición hasta la época actual. Lo cierto es que no se pueden fraccionar las etapas ni los procesos sociales, pero existen momentos de definición, de cambio, que son los que estamos viendo ahora en el contexto latinoamericano, como sucedió en el cambio generacional y de valores de los años sesenta del siglo pasado.
De Norte a Sur vemos que Estados Unidos elige un gobierno antisistema, Donad Trump, caracterizado por la improvisación y la incertidumbre, seguido por México que cambia de régimen, pues la 4T busca desterrar las estructuras neoliberales para instaurar una transformación radical del régimen autoritario conservador. Se dieron elecciones en Guatemala y El Salvador, revueltas en Honduras y Nicaragua. Las recientes elecciones en Colombia manifiestan una diversidad inédita con la elección de Claudia López como alcaldesa de Bogotá, entre otras novedades que exhiben una diversidad ideológica en este país, con un gobierno central alineado a Estados Unidos. En Venezuela, la reelección de Maduro derivó en la autoproclamación de Guaidó como presidente interino, que no se ha podido establecer a pesar de los ataques de la OEA y del reconocimiento de cerca de 50 países. En Brasil la elección de Bolsonaro causa una inestabilidad interna y externa de magnitudes aún desconocidas. Ecuador sufre también cambios importantes con la elección de Lenin Moreno, el sometimiento al FMI y la confrontación indígena; Bolivia vuelve a reelegir a Evo Morales con la consiguiente protesta de los sectores conservadores. Perú sufre una inestabilidad recurrente provocada por fujimorismo y Chile muestra la cara oculta del neoliberalismo y del pinochetismo con un Piñeira que no sabe qué hacer. Argentina da la vuelta a la izquierda con el regreso del peronismo. Sólo Uruguay se consolida en su posición de vanguardia.
Es muy difícil dar una explicación satisfactoria para todos y cada uno de los países, que tienen su propia historia y procesos sociales, económicos y políticos distintos. No es lo mismo Argentina que México si vemos con detenimiento su historia, su economía y sociedad, así como sus procesos políticos. Sin embargo, se observa como denominador común, un declive de muchas instituciones que han agotado las fuentes de los valores que las sustentaban, tanto internas como externas, entre éstas últimas están el Fondo Monetario Internacional, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) y la OEA, además de una influencia creciente de potencias que tienen intereses específicos en diversos países del área, sobre todo Rusia, China y otros países de la Unión Europea. También es claro el fracaso de los numerosos esfuerzos de integración regional y subregional de América Latina. Ni el Mercosur, ni la ALADI, ni el Mercado Común Centroamericano han producido cambios significativos en la economía y en la sociedad de sus integrantes.
Los movimientos sociales han sacado a la luz a los grupos olvidados por el neoliberalismo, los pobres, los indígenas, las clases medias pauperizadas. Tal como sucedió en México con el EZLN al entrar en vigor el TLCAN, o ante el viraje de la izquierda, la corrupción y los déficits de la balanza de pagos, el regreso de las políticas neoliberales con una rudeza manifiesta, avalada por instituciones internacionales caducas y autoritarias, que eventualmente obligarán a una vuelta de la tuerca más radical.
No es exactamente como dice el escritor Mario Vargas Llosa al referirse a Chile. Según él, este país nada tiene que ver con el resto de América Latina. Es una lectura sesgada de lo que sucede en este país sudamericano. No basta medir el desarrollo social por indicadores cuantificables como el ingreso per cápita, la inversión, el poder del empresariado o las variables macroeconómicas. Vargas Llosa pretende ubicar a Chile en Europa y no en América Latina. Se trata de un país latinoamericano que comparte muchas más cosas que lo que ve el autor peruano conservador. No se compara con el movimiento de los chalecos amarillos de Francia, aunque sí con la globalización y los efectos depauperizadores de ésta. No es sólo un movimiento de clases medias como dice el Premio Nobel de literatura peruano, sino de clases medias empobrecidas por el alto costo de la vida, la falta de oportunidades y las desigualdades de todo tipo que provoca el mercado alejado de la dirección del estado, urgen reformas en la educación, la salud, las pensiones y un cambio radical en la mentalidad de las fuerzas armadas. Los paradigmas del monetarismo de Friedman y de los Chicago Boys no son eternos, ni justos, ni únicos, hay otras formas de reivindicar el desarrollo con más justicia y equidad. Chile no es un ejemplo a seguir, ni hacia adentro, ni hacia afuera.
Los movimientos latinoamericanos están en busca de nuevos paradigmas económicos, sociales y políticos. Eso ha sucedido desde Estados Unidos hasta la Patagonia. Trump se salió de los cánones bipartidistas y de las estructuras del establishment. Lo mismo que AMLO buscó una nueva transformación del país, lejos del bipartidismo PRI-PAN. Igual sucede en Colombia y Perú, donde las estructuras sociales, económicas y políticas dieron de sí y requieren un cambio profundo. El primitivismo político de Trump descarnó las realidades más crudas de la dominación y, por tanto, provocó su rechazo más violento. Los indígenas de Ecuador dieron una muestra de fuerza ante las exigencias de sacrificio humano del FMI. El multipolarismo hace más visible su presencia, ante los desaciertos de Estados Unidos, los vacíos se llenan con la presencia más desafiante de Rusia, China y Europa, cada vez más alejada de la alineación que exige Trump.
No es que el “Fantasma del socialismo recorra toda América”, pero sí se está dando una conciencia común propiciada por las redes y el internet, más allá de las tesis tradicionales que ubican a América Latina como el patio trasero de Estados Unidos. Algún día nos unirá el grito “América unida, jamás será vencida”. Hay que tener una utopía, un sueño.


La historia (II)

29 Oct 19 | Augusto Isla | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

Una tarea cognitiva que abarca el conjunto de lo humano ofrece más ventajas –para disolver un poco las tinieblas del pasado– que aquella otra, tal vez bien trazada pero con limitaciones obvias: historia política a secas, meras cronologías, relatos de acontecimientos incuestionados… Lo más cercano, pues, a aquello que podríamos denominar una ciencia está en esa propuesta vilariana: magnífico sendero para seguir las huellas de los hombres.

Un libro breve, sencillo, casi escolar, Historia de España recoge buena cosecha de las proezas de ese historiador atento al entramado, estructura y coyuntura, tiempo largo y corto, argamasa de economía, política, conciencia: oleajes profundos y espuma histórica.

Tuve la dicha de conocer a Vilar, gracias a mi buena amistad con Raúl Olmedo, al menos entonces una personalidad independiente y de firmes convicciones marxistas. Recuerdo que fue un primero de mayo porque juntos acudimos a ver el desfile obrero, que le impresionó por inusitado para su cultura. Sus ojos irradiaban asombro y gentileza. Me concedió una larga conversación con esa amable sonrisa que lucía una dentadura de oro, vestigio acaso de su condición de torturado prisionero de guerra; algo quedó de aquello –y mejor que sus palabras–: una actitud de alegre tolerancia, de un alma abierta, cortés, de elegancia espiritual. No fue Vilar un especialista cualquiera, pertenecía a esa estirpe de intelectuales franceses con inquietudes universales. Observador de España, me habló del Quijote y de la pintura de Velásquez con agudeza asombrosa.

En estos días amargos, me pregunto qué estaría pensando esa mente lúcida, a quien cautivó nuestro México, tan lleno de sorpresas como esa que después de haber vencido el viejo corporativismo, se ha extraviado en la oscuridad de un bosque, camino a la ruina.

* * *

Sufragio efectivo, no reelección. Respeto a la división de poderes y a los ciudadanos. Sí a la vida y a la libertad de expresión.


Un proyecto de largo alcance. El Che Guevara y la dirección económica cubana.

25 Oct 19 | Edgar Herrera | Clasificado en Internacional, Política | Sin comentario »

En la primera semana de octubre de 2019, un mes histórico para nosotros como latinoamericanos y de aquellos pueblos que desafían el neoliberalismo existente, surgió el compromiso y el reto de dar a conocer el pensamiento revolucionario del Che Guevara, sin caer en el error de su apología (tanto romántica como genocida) ni mucho menos reducirnos a una exposición complaciente, estéril, acrítica, de su concepción socialista de nuestra América.

Retomaremos el ritmo perdido y recordemos nuestro objetivo, que es la generación de esa “perspectiva histórica mundial y de un programa político internacional”, que ya existen como tales, pero que también deben y necesitan influir en la creación de una tradición revolucionaria en nuestro continente, no sólo traducida en la organización militante sino también en el estudio y apropiación de toda la cultura que ha producido la humanidad para delinear los caminos múltiples para la construcción de esa sociedad nueva que, en su época, Marx vislumbró como comunismo científico.

Continuando con las distintas facetas que caracterizaron al Che durante la Revolución Cubana, su experiencia como Ministro de Industrias arroja cierta luz sobre la posibilidad histórica de que el pueblo cubano transitara de una sociedad dominada por el monopolio económico hacia una sociedad de la abundancia planificada, pero también caracterizada como una dictadura social del interés egoísta para reformularla hacia una sociedad de la solidaridad.

Entre los antecedentes de esta concepción socialista del Che en Cuba, nos remitimos a sus estudios críticos de la construcción del socialismo en la Unión Soviética. En el contexto de un país que salía victorioso pero arruinado de una guerra civil y la invasión de 15 ejércitos en diferentes zonas de la inmensa Rusia, la URSS se inclinó por la Nueva Política Económica que, en pocas palabras, permitía la introducción de un “capitalismo de Estado”, en que las relaciones sociales volvían a adquirir un peligroso carácter mercantil y, por tanto, se legitimaba esa cultura del “capitalismo de Estado” como ese camino histórico, universal y único para los pueblos de todo el orbe en su construcción del socialismo.

El Che criticaba profundamente a la NEP, impulsada por Lenin, no sólo como política económica que conducía a Rusia por un camino capitalista, sino también por el impacto profundo y duradero que tuvo ese pelicular atajo socialista en las mentalidades de los pueblos tan alejados de las condiciones culturales y políticas soviéticas.

Con la victoria de la Revolución Cubana de 1959, surgían condiciones históricas nuevas para la construcción del socialismo en América Latina: el primer país subdesarrollado, que corona su triunfo mediante la guerra rural de guerrillas y la organización urbana clandestina, cuya clase dirigente se constituyó en el campesinado y no en el obrero. Estos pocos elementos son ilustrativos para romper el dogma de la liberación nacional propuesta por el marxismo clásico, pero también para visibilizar, con los datos proporcionados por la historia, el tema de la transición socialista, un apartado que Marx y Engels apenas esbozaron, en parte, por la falta de una experiencia histórica concreta.

Junto con el estudio del pasado socialista, el Che también estudió la geografía, la infraestructura económica y social existente y el desarrollo técnico logrado en Cuba antes de la Revolución. Con estos datos propios de la historia cubana, el Che opinaba que la dirección económica de la isla debía tener un carácter centralizador.

Ese sistema cubano es conocido como Sistema Presupuestario de Financiamiento (SPF), como una política económica que nació de las necesidades y exigencias de la Revolución Cubana, asediada por el bloqueo económico, las carencias de materias primas y piezas de fábrica importantes para impulsar su primera industrialización, los ataques terroristas de Playa Girón y el peligro nuclear para la humanidad que casi se desató con la Crisis de los Misiles.

El Che advertía que el SPF, pese a los logros alcanzados, no era un sistema definitivo, que debía alcanzar un mayor nivel de interacción con las necesidades y exigencias del pueblo cubano. ¿En qué consistía, a grandes rasgos, el carácter y los logros del Sistema Presupuestario de Financiamiento?

En principio, el Che hablaba de la necesidad de comprender y llevar a la realidad la idea del concepto de empresa como un conjunto de fábricas de una rama especializada de la producción. Por ejemplo, la empresa textilera con sus respectivas instalaciones de producción y así sucesivamente con la química, el azúcar, el petróleo, etcétera. Esto con el fin de reproducir las relaciones de cooperación social y de ayuda técnica entre las y los trabajadores de un mismo sector, impactando positivamente en la producción nacional pero también para la creación de las condiciones que permitieran formular un nuevo mercado socialista, en el contexto de una geopolítica marcada fuertemente por los Estados Unidos y la Unión Soviética, en que el intercambio de los productos no estuviera mediada por los intereses egoístas imperialistas sino por una solidaridad obligatoria del campo socialista hacia el Tercer Mundo, expresada en un intercambio de equipo técnico y militar, a precios justos, y considerado como una premisa mundial para aumentar la influencia socialista al resto del orbe (su discurso de Argel en febrero de 1965 resulta bastante ilustrativo de estos términos).

Con base en lo anterior, en Cuba se fomentó la creación de los Comités de Industrias Locales como órganos de la cohesión social que permitieran a las y los trabajadores cubanos identificarse con sus cuadros de dirección (definiendo el cuadro como el dirigente ejemplar de cada área productiva, política y cultural del Estado cubano). En pocas palabras, que todos se sintieran, real y efectivamente, como miembros de “una gran fábrica” que contribuyera al bienestar del pueblo cubano. El Che calificaba la conjugación del interés social con el individual como un principio característico de una sociedad socialista.

Los principios de dirección económica también tenían un lugar en esta transición hacia el socialismo cubano. Entre las prácticas de trabajo promovidas por el Che, en su cargo como ministro de industrias, está la organización de juntas informativas, con los viceministros de las empresas existentes del país, para rendir cuenta de informes generales sobre la producción del país. Se trataba de institucionalizar un control democrático cada vez más amplio, que respondiera a los principios de calidad, surtido y cantidad de los productos en el mercado cubano.

Aunque hasta ahora se ha expuesto una clara superioridad del Ministerio de Industrias por sobre la lógica de trabajo de las empresas cubanas, el Che siempre insistió en que la empresa debía regirse como el “centro fundamental de la dirección de la producción”, que se independizara del ministerio para lograr una mayor eficiencia organizativa dentro de la industria correspondiente. Estos nuevos hechos, por supuesto, trataban de ser fieles al principio de dirección económica, con una marcada tendencia a ampliar su democratización entre las masas.

Lo anterior va ligado al siguiente elemento característico del SPF: la política de cuadros. Un cuadro es definido como un dirigente político ejemplar, encontrado al nivel de las instituciones culturales, económicas y políticas del país, capaz de analizar las condiciones particulares en que se desenvuelve el desarrollo de su área.

Se trataba de fomentar la formación de esta clase de dirigentes como impulsores de sus ramas a cargo y hacer realidad, en palabras del Che, la creación de una gigantesca escuela de cuadros, cada vez más arraigados en todo el pueblo cubano como una cultura de la superación, del desarrollo de la personalidad propia, como requisito del desarrollo de la personalidad de la sociedad en su conjunto. El Che, por ejemplo, promovió la creación de una Escuela de Administradores no sólo para el ministerio sino también para ser instalados, lo más pronto posible, en las áreas claves de la economía cubana.

Otros dos elementos a considerar son el desarrollo científico técnico y el trabajo voluntario. En el primero, el Che se adelantaba a su tiempo para trazar las futuras líneas de desarrollo de Cuba, entre ellas, la mecánica fina, la electrónica y la automatización. Esto es resultado de su investigación del estudio de las tendencias mundiales del capitalismo, en donde éste aplicaba los más recientes adelantos tecnológicos a escala global, pero con el propósito de aumentar la explotación del Tercer Mundo.

Advirtiendo de sus características positivas y negativas (la energía nuclear para abastecer las necesidades mundiales y la bomba atómica como el arma de destrucción masiva de la especie humana), el Che señala la necesidad de integrar estos avances tecnológicos y cibernéticos en los procesos de dirección cubana, con el fin de diagnosticar, en tiempo real, los progresos y errores detectados en la producción industrial, química, etcétera.

En cuanto al trabajo voluntario, es necesario mencionar que, dentro de la concepción socialista del Che, su objetivo supremo fue la eliminación de la enajenación del hombre mediante el trabajo capitalista. En ese sentido, el trabajo voluntario también se institucionalizó como una vía (para el Che, como una categoría económica del socialismo) de liberar al hombre de la mentalidad que empujaba al hombre a trabajar por el impulso de un salario, sin mayores beneficios que el limitado horizonte de llenar su estómago. Con el trabajo voluntario, como otra extensión del trabajo realmente libre, se promovía el levantamiento de escuelas, la construcción de barrios y la asignación de personal gubernamental en aquellas áreas carentes del mismo, como la descarga de mercancías internacionales en los puertos cubanos, la labor realizada en las profundidades de una mina o cortando caña con un tractor.

Todos estos elementos integran el Sistema Presupuestario de Financiamiento cubano, de forma dialéctica y cuyas acciones sean recíprocas unas con las otras, como se ha tratado de ilustrar. No obstante, entre los errores identificados por el Che, se advertía de un aumento de las prácticas burocráticas que impedían cumplir los planes económicos en tiempo y forma; la mecanización personal de algunos principios del SPF, por ejemplo, del trabajo voluntario, en donde el Che acepta que éste perdía su carácter social para convertirse en una rutina gris. Él mismo admitía observar su propio reloj casi de forma obsesiva para finalizar la larga jornada.

Aunque el SPF realmente parecía integrar, de forma dialéctica, los principios económicos con los principios democráticos, deja muchas lagunas en cuanto al tratamiento del desarrollo de una cultura nacional que abarque, justamente, fenómenos cotidianos con un claro contenido ético y político para desarrollarse entre las masas. Un ejemplo claro desde nuestro siglo XXI, es el feminismo como proyecto educativo que tiene un merecido lugar a considerar dentro de la experiencia histórica de transición hacia el socialismo, con un alto contenido democrático, de justicia social y derechos humanos, aunque recordando que el SPF no era la política económica definitiva de esa particular transición cubana al socialismo y debía continuar su evolución, congruente a las tendencias mundiales que impactaran a Cuba a través del tiempo.

Aquí queremos destacar la importancia, la necesidad y la obligación del estudio histórico de ese socialismo que ha existido, pero al mismo tiempo, la apertura de nuestra mirada analítica sobre los hechos y circunstancias del presente; la economía política y la política económica siguen demostrando su validez en estos tiempos neoliberales de privatización de servicios y criminalización de la vida.

Si Ecuador hubiera emprendido su marcha hasta la conquista de la toma del poder (otro tema para abordar) necesariamente se tendría que remitir al estudio crítico de esa economía latinoamericana, pero también a la aplicación creativa de una política económica que reivindique las necesidades de esas nacionalidades indígenas por la defensa de la tierra, de la asunción de una nueva productividad asumida por las y los trabajadores y la creación de una nueva juventud como una de tantas vanguardias de la revolución socialista ecuatoriana.

El marxismo no es un dogma sino una guía para la acción, pero también agregaríamos, como un reto a todas luces, la estimulación de una filosofía de la praxis latinoamericana. El Che Guevara, José Carlos Mariátegui, Julio Antonio Mella, José Martí, Antonio Guiteras, (y no sólo Marx, Engels y Lenin) son sólo una muestra de todo ese pensamiento americano, de toda la cultura de nuestra América que es necesario estudiar, criticar y asimilar como propios para comprender la nueva época que se desborda peligrosamente con los ejércitos y la prensa al servicio del neoliberalismo, pero que también empujan a los pueblos del mundo a su propia liberación, desencadenando dos, tres… muchas guerras civiles que, en última instancia, responden a la crisis orgánica de esas sociedades de clases que se reproducen hasta hacer estallar sus contradicciones, principalmente entre la existencia de una minoría dominante que ha llegado al límite de su dominación y las masas que han despertado de su larga hibernación opresiva.

Edgar Herrera


EL JICOTE “LA ÚLTIMA FRASE”

25 Oct 19 | Edmundo González Llaca | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

Todas las frases son importantes, pero la última, la que pronunciamos agónicos, antes de entrar, como decían los aztecas, a la región sin puertas ni ventanas, es la frase que más debemos cuidar y preparar. Ya Shakespeare escribía: “Dícese que la lengua de los moribundos reclama nuestra atención con una intensa armonía: cuando quedan ya pocas palabras, no suelen gastarse en vano, y los que alientan sus palabras con dolores, hablan siempre la verdad”. Cioran, un deprimido genial y crónico, decía en forma más realista: “Innegable ventaja de los agonizantes, poder proferir trivialidades sin comprometerse”. Deseoso de que todos pasemos a la historia, sugiero las siguientes. En la medida en que la agonía es bastante incómoda, según Cervantes lo que nos pasa es esto: “Las ansias crecen, el tiempo es breve y las esperanzas menguan”, Por ejemplo, Francisco Villa ya balaceado y consciente de la importancia que tiene para los héroes la frase final a él no se le ocurrió nada y le dijo a su acompañante: “No me dejes morir así, diles que dije algo.” Me gusta especialmente lo que expresó en la agonía una mujer suiza, se me escapa su nombre, protectora de los indios y la selva chiapaneca. Estaba rodeada en su lecho por gente que lloraba y lamentaba su estado. De improviso la anciana benefactora se irguió y después de recorrerlos con la mirada les dijo: “Jodidos Ustedes, yo ya me voy”. Acto seguido se recostó y cerró los ojos para siempre. Federico el Grande de Prusia, al pasar revista vio algo incorrecto en el vestido de un capitán y lo golpeó con la fusta; El capitán sacó la pistola y dijo: “Para vengar mi honor ultrajado debería de mataros, pero sois mi rey y prefiero morir yo”. Se sorrajó un tiro. Federico le dedicó esta anti climática oración fúnebre: “No era para tanto”. Si a Usted le gustaría despedirse en forma poética, dos ejemplos inspiradores: Víctor Hugo: “Este es el combate entre el día y la noche” Jean Paul Sartre. “¿A dónde conduce todo esto? ¿Qué me va a ocurrir?” Mata-Hari, la célebre espía y bailarina, al atarla al poste frente al pelotón de fusilamiento, señaló: “No es el público al que estoy acostumbrada. Pero haré lo posible para que el último espectáculo sea el mejor”. La que más me ha conmovido, la que me parece la más hermosa que jamás haya leído, es la que narró un soldado chileno en un juicio que se le siguió en España. Por los días del golpe contra Allende, detuvo al sacerdote español Juan Alsina, por el “delito” de acompañar a un grupo de obreros contrarios a Pinochet. Lo colocó debajo de un puente para fusilarlo y le quiso tapar los ojos, Alsina le dijo: “¡Por favor! No me pongas la venda, mátame de frente, porque quiero verte para darte el perdón”. El soldado le disparó cuando el sacerdote levantaba la mano para bendecirlo. Presencié la de mi abuelo, Constantino Llaca, quien fue gobernador de Querétaro. Un doctor y una enfermera en cada brazo le buscaban una vena sana para inyectarlo. Se volvió hacia mí y dijo: “Que me dejen en paz. Esto, esto se acabó”. El personal médico lo dejó. Hizo una mueca de agradecimiento. Siempre me repetía: “En la vida puedes perder todo, menos la figura”, en un último acto de vanidad o dignidad personal mi abuelo con la mano temblorosa se alisó los pocos cabellos de su cabeza. Se recostó, emitió un suspiro profundo y murió. Todavía se me hace un nudo en la garganta cuando lo recuerdo.


La historia (I)

21 Oct 19 | Augusto Isla | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

Historia y sociología a menudo se encuentran; se enlazan como el pasado y el presente. A veces, también, como dos muchachas que se disputan el novio, riñen por un tema. Con ánimo conciliador, Fernand Braudel escribió: “Sociología e historia constituían una sola y única aventura del espíritu, no el envés y el revés de un mismo paño, sino este paño mismo en el espesor de sus hilos”. Deambulo por los pasillos de ambas.

Durante mis estudios de posgrado en sociología, me aficioné a la historia, la gran señora de las ciencias sociales. Incluso impartí algunos cursos teóricos en la Facultad de Humanidades de la UAEM, en una época en la que mis estudiantes se entregaban con emoción a las fuentes originales; los deslumbraban sus hallazgos, pero los interrogaban poco o nada. Por eso, aquel taller de historiografía era un dale que dale con las preguntas que pide todo buen rastreo de los pasos del hombre en el devenir histórico. Leíamos Combates por la historia de Lucien Febvre, Introducción a la historia de Marc Bloch, algunos textos de Ernest Labrousse y Pierre Vilar. Claro, hablo de la escuela de los Annales: los dos primeros en el centro; los dos últimos en sus fronteras, científicos todos si tal palabra cabe, siempre empleada en la dimensión de las indagaciones sobre la sociedad. Ciencia, sí, como saber que edifica su objeto, sus conceptos y se ciñe a reglas precisas, no tanto para acceder a verdades inapelables como para comprender, para reducir el ancho mar de la incertidumbre.

De entre todos esos historiadores, he preferido invariablemente a Pierre Vilar. Entonces me entusiasmaba El Capital de Marx y la epistemología althusseriana. Y Vilar era quien intentaba una construcción histórica marxista, aunque sin olvidar a sus maestros de los Annales , a ese par de guerrilleros que eran, en los años veinte del siglo pasado, Febvre y Bloch. Nadie como Vilar entendió mejor y aplicó la noción de totalidad, derivada del marxismo. Su idea de la historia total no tenía, empero, resonancias megalomaniacas; era simplemente el esfuerzo por atrapar, por así decirlo, la dinámica de las sociedades por todos sus costados: económico, político, cultural…


La primavera de América Latina.

21 Oct 19 | Edgar Herrera | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

La gente cree que es democracia poner el papelito cada dos años en las urnas y no, democracia es luchar en las calles por la dignidad.

Osvaldo Bayer (1927-2018)

En las últimas tres semanas hemos sido testigos de grandes luchas de clases que han desafiado abiertamente los status quo existentes en el planeta, desde Quito hasta Hong Kong, desde Santiago hasta Cataluña. Por ahora, el orden civilizatorio del neoliberalismo ha retrocedido gracias a la movilización de las diversidades existentes en el Ecuador.

En octubre de 2019, las nacionalidades indígenas, sindicatos de trabajadores y manifestaciones estudiantiles emularon la gesta heroica de las barricadas de la comuna de París en 1871, al obligar a la élite ecuatoriana a abandonar su sede en Quito y empujarla hasta Guayaquil, logrando dividir a los militares y policías a favor y en contra de su propio pueblo, un estado de ánimo disyuntivo que también fue compartido por la clase gobernante ante el terror de perder sus privilegios.

Sin embargo, también existen casos concretos en que las luchas de clases, verdaderos forjadores de la conciencia y de la revolución social, son puestas bajo llaves por una o más instituciones que se pretenden o se derivan en verdaderos Estados dentro un territorio determinado. El narcotráfico y el Estado de derecho mexicano son los dos árbitros superiores que, tanto en sus divergencias como convergencias políticas, deciden los cauces de todo un conjunto de pueblos, al mismo tiempo anulando su propio devenir histórico.

Estos dos panoramas (Quito en Ecuador y Sinaloa en México) tienen un largo historial de contradicciones que han explotado con mayor o menor fuerza y se traducen en una matriz que comparte el mundo entero: el desarrollo del capitalismo en los países subdesarrollados y la respuesta social de esos pueblos.

En Ecuador se ha construido una formidable tradición revolucionaria que ha logrado derrumbar tres gobiernos en 1997, 2002 y 2005. En estos días se estuvo muy cerca de coronar la victoria definitiva con la caída de Lenin Moreno y, una vez forzado el vacío de poder, construir y consolidar un poder popular de esas diversidades ecuatorianas.

En México, considerado un gobierno “progresista” en el contexto de una América subordinada a las minorías dirigentes de corte derechista, se ha promovido una absurda política de “abrazos no balazos” en las condiciones de un país atravesado por la violencia, producida y reproducida desde el Estado de carácter priista sobre todo, pero también cargado de una lógica de la violencia que crece y se fomenta desde la sociedad civil mexicana: feminicidios, discriminación homosexual y lésbica, criminalización de las mujeres por el derecho a decidir, hipersexualización en menores de edad, fosas comunes, secuestros, desapariciones, torturas, etcétera.

Este contraste entre tradiciones revolucionarias y manifestaciones contrarrevolucionarias no sólo se traduce en la fractura que se siente en los arcaicos modelos de Estado-Nación que hoy rigen en América Latina, que son las instituciones negadoras de aquellas diversidades existentes en Latinoamérica, sino que también se manifiestan en la necesidad y en la creación de otras formas de Estados dentro de aquellos Estados que bien conocemos: el feminismo arroja muchas luces sobre la cuestión de unificar a América Latina como posibilidad real, necesaria y, sobre todo, como una de tantas alternativas históricas contra ese orden mundial neoliberal que hoy se defiende en Santiago de Chile con 10,000 uniformados y equipo militar, como herencia pesada de la dictadura pinochetista, y que ha superado el toque de queda para convertirse en el ensayo nacional de una nueva orgía de torturas sexuales y desapariciones sistemáticas.

En 2011, Oriente Medio tuvo su “primavera árabe” que puso en jaque a diferentes regímenes monárquicos de larga duración, amenazando los intereses de los Estados Unidos en la región que derivó tanto en un atolladero de guerra civil (Libia) como la valiosa experiencia de la liberación nacional adaptada al siglo XXI (Siria). Hoy en día, aún se sienten con fuerza sus remanentes en la guerra olvidada de Yemen y la fragilidad del Estado de Israel, una debilidad que, en el peor de los casos, podría convertirse en la salida drástica mediante el uso del armamento termonuclear disponible.

En 1848, la primavera de los pueblos europeos rebeló el carácter traidor permanente de la burguesía sobre el proletariado, pero también la ignorancia de éste sobre su propio potencial para derribar la civilización burguesa y construir una sociedad nueva que Marx denominaba, cuidadosamente, comunismo científico, como la salida de la humanidad de su prehistoria caracterizada por su explotación obrera y las guerras inmisericordes.

Este primer ensayo general de la primavera latinoamericana en 2019 supera con creces, así lo creemos, las gestas independistas heroicas de principios del siglo XIX y es el equivalente histórico a las transformaciones económicas introducidas en América en las últimas décadas del siglo decimonónico, principalmente por obra de la propia penetración monopolista introducida por Estados Unidos y la caída de los últimos reductos coloniales de España. Por tanto, no resulta exagerado que, en algunas publicaciones y notas informativas, se empiece a calificar, quizás con un desmedido optimismo, el Octubre Rojo latinoamericano.

Esa primavera de los pueblos de América deberá confrontar la compleja realidad que encierra en su seno y las contradicciones que anulan (México) y aceleran (Ecuador) el cambio histórico; las potencialidades que se esconden en una gigantesca movilización global (el feminismo) y el peligro real que abarca la vuelta a un pasado dictatorial para, inclusive, criminalizar los derechos democráticos más básicos como son la justicia social y la manifestación (Chile).

En otras palabras, se anuncia también la vuelta y la necesidad de una nueva conciencia política de masas, educada al calor de las balas de goma y municiones reales, pero también en la experiencia positiva de la democratización de esa nueva sociedad mediante órganos de poder obrero, universitario, obrero, campesino e indígena; aniquilar con la Huelga General todas las diferencias y distinciones clasistas que se limitan a meras reformas laborales o de la propiedad de la tierra y, aún más importante, reivindicar esa huelga a escala global; no romantizar ni subestimar la violencia en casos concretos, por ejemplo, la creación de milicias populares que logren una respuesta efectiva y rápida contra los militares y policías, levantando barricadas y bloqueos en las comunicaciones más importantes para impedir el uso de su maquinaria de guerra y la apropiación de espacios y símbolos de poder (asambleas, congresos o parlamentos históricos), que no se encapsulen en una mentalidad mediocre del pasado, expresado en la “defensa” de un patrimonio que se reivindica desde la memoria y la lucha colectivas, no desde el olvido y la apatías de masas; la destrucción de los monumentos que se erigían como un culto a la guerra y al militar, también son una herencia revolucionaria de las y los comuneros de París en 1871.

Esa conciencia de clase no tiene fronteras, no tiene ilusiones en que se conseguirá la victoria definitiva a corto plazo. Marx advertía que el proletariado debía educarse en estas luchas de clases de 15, 20 y hasta 50 años antes de conseguir un avance histórico significativo. En clave latinoamericana y revolucionaria, Ecuador ha elevado su llamado para la identidad e integración de América Latina como posibilidad real, posible y necesaria.

Aunque tampoco pretendemos decir quién llevará la estafeta de estos cambios profundos, sí es verdad que Ecuador y Chile, ahora mismo, se erigen como los laboratorios más importantes para estudiar las luchas de clases en América y, por tanto, la obligación de trazar estrategias y tácticas acordes a las características particulares de cada país, en función de la matriz común, que es el subdesarrollo del continente, comprendida como un capitalismo americano que ha madurado lo suficiente para revelar todas las posibilidades disponibles de la revolución social, de esa primavera latinoamericana que conduce sus cauces en todas sus diversidades con rostro feminista, indígena, negra, campesina, estudiantil; colocar las diversidades de nuestra América como parte de ese comunismo americano, como ese “movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual” es una ruta que hoy se plantea y se discute de forma más seria.

Edgar Herrera


EN DO MAYOR.

14 Oct 19 | Jovita Zaragoza Cisneros | Clasificado en Cultura, Internacional | 3 Comentarios »

Mientras leo las críticas sobre la película estadunidense “Joker” y el interés que ha despertado a su alrededor, hay una película mexicana que vi hace unos días y que está relacionada con parte de nuestra realidad mexicana: Chicuarotes, de Gael García Bernal.

¿Hay salida?, pregunta el incansable tendedor de puentes hacia el diálogo y querido amigo, Julio Figueroa, con relación a la trama que envuelve a los jóvenes de la película. Mi respuesta fue: “Si la hay”. Sin embargo, reconsidero mi respuesta y abro un espacio a la duda agregando al final de la frase un “…quizá”

La película, filmada en uno de los pueblos de Xochimilco, San Gregorio Atlapulco a cuyos habitantes se les conoce como “Chicuarotes” ( por un chile que se da en la región y cuya característica es ser aferrado y terco) ha provocado y sigue provocando interés y comentarios de quienes ven en ella un retrato social semejante a la de Los Olvidados de Luis Buñuel, por la marginación y violencia en la que están inmersos los personajes.

Sin embargo, no es una película que se pueda comparar en lo más mínimo con Los Olvidados. Las situaciones que uno y otro reflejan son diferentes. Coinciden , acaso, en la violencia que surge de la condición humana agravada en ciertos contextos sociales donde la sobrevivencia saca a flote la miseria espiritual. En la cinta de Luis Buñuel sus protagonistas no tienen asideros para salir de ese ambiente yermo y desolador en su geografía y en el universo interior de sus personajes. En Chicuarotes sus personajes no son marginales. Son jóvenes enfrentando el dilema propio de los jóvenes de todo el mundo, donde el futuro no ofrece garantías estables. El “Cagalera” pertenece a una familia violenta y disfuncional que bien representa a una gran parte de la realidad mexicana, donde la violencia en los hogares se ejerce avalada por toda la comunidad.

“Los olvidados” retrata la miseria en una zona marginal y que existe en cualquier orilla de las grandes ciudades del mundo. Es una joya que ha sobrevivido al tiempo y quedará para la eternidad. La película fue premiada en el Festival de Cannes y nombrada Memoria del Mundo por la Unesco. En “Los Olvidados” ronda un personaje como El Jaibo, un joven que escapa de una correccional donde estuvo encerrado, delatado por uno de sus vecinos de la zona marginal en la que viven y al que termina matando . El jaibo es temerario. No hay nada qué perder en su porvenir, ni nada qué ganar. No tiene frente a sí un horizonte en el que se vislumbre salida. No tiene meta alguna en la vida, ni nada a qué asirse. Desde ese resentimiento intenta también cerrar toda posibilidad de salida para los demás, como lo hace con Pedro, el niño que no ha sido contaminado del todo en su inocencia.

En el caso de Chicuarotes, el personaje viene de una familia de padre alcohólico y violento hasta la demencia y una madre que funciona como pararrayos y ,hasta donde puede, evita a sus hijos los golpes de esa violencia irracional del padre . El “cagalera” cuenta con techo seguro y comida, pero es un adolescente cuyo referente principal es el propio padre al que no sabe cómo enfrentar. La relación de violencia que establece con el hermano, opuesto a él en personalidad, es constante. En ese ambiente familiar y comunitario, moldea también la mirada hacia la mujer. Su padre maltrata a la madre, él a la hermana. En este segmento de lo femenino, hay material para estudio. La forma como las mujeres son vistas en ese mundo donde el macho descarga su frustración de sentirse, o asumirse, el eterno derrotado y encerrarse en la autocompasión.

De ese ambiente de agobio familiar el “Cagalera” quiere huir y encuentra en el “ Moloteco”, un joven bondadoso y sin familia, a un fiel y dócil compañero de aventuras que le sigue de manera incondicional a donde vaya. Son dos jóvenes tratando de encontrar un sentido de vida diferente al que se vive allí.

El “Cagalera” es, un personaje inconsciente. No mide la dimensión de sus actos. Si bien idea el asalto a los pasajeros del microbús y para ello toma la pistola de su padre, no tiene ni la inteligencia, ni la malicia suficiente para armar un plan integral de secuestro. Impulsivo, se presenta la oportunidad del secuestro del niño y lo hace. La manera como idea pedir el rescate resulta torpe y hasta ingenua.

Es una película cargada de violencia en toda su trama. Y aunque con muchos aciertos, las fallas también están presentes. Una de ellas es el que sitúe la historia en un lugar con nombre y al que en el imaginario de quienes ven la película y no conocen a los pueblos de Xochimilco, se queden con la idea de que eso es lo que prevalece en San Gregorio. El escenario que vemos en la película es el que hay ahorita. San Gregorio Atlapulco es el pueblo más castigado por el sismo del 2017. Pero no es un pueblo miserable. Es un lugar, como la mayoría de los de esa delegación con un fuerte arraigo comunitario. Hay una actividad comercial vibrante. Circula dinero de la agricultura y comercio.

El mismo Gael García, ha tenido que explicar que el mensaje de la película es la pobreza espiritual y pérdida de valores; sin embargo, no logra trasmitir eso como mensaje central de la película que termina cayendo en escenas innecesarias.

Con todo, Chicuarotes es -creo- un filme que hay que ver para entender la construcción de la violencia y nuestra mirada laxa y superficial hacia los jóvenes y hacia esa parte de nuestra cultura , para ponderar los asideros que permitan trabajar en la recuperación de los valores que estructuren a las generaciones actuales y venideras. Ahí, en esa parte, está la pequeña rendija, el quizá, por donde entra la luz y que habla de una puerta que no está del todo cerrado a la esperanza.

¿Hay salida?.

Si la hay…quizá.

Por último, esperando que la película sea usada como material de análisis, destaco dos actuaciones significativas en ella : la mirada de la mujer maltratada, la madre del “Cagalera” , a la que asoma la compasión que le provoca ver a su maltratador preso en ese sufrimiento de recuerdos que él ha cubierto de fantasías, pero que dan la dimensión a ella del infierno personal en el que está hundido el marido. Ella, la víctima, se permite la compasión para su victimario. Dentro de ese maltrato, de esa condición de vida, la madre es una mujer fuerte. No hay remordimiento alguno cuando decide matar al resentido que se autoinflige castigo y lo replica a su alrededor. La escena irradia una gran fuerza interna, determinación para terminar con el sufrimiento de todos en casa.

La otra escena, la del final de la película. La jovencita que, aterrada, al darse cuenta lo que le espera al huir con el “Cagalera”, decide emprender la huida sola. No se ve si de regreso al pueblo, o en rumbo diferente al que va el joven, pero en la decisión de no seguirle está un paso de libertad al reconocer lo que NO quiere para ella. Es, el final de la película, la escena más fuerte y más lograda. Y con esas dos escenas me quedo.

Zaragozacisneros.jovita@gmail.com