Las palabras y las cosas en psicoanálisis.

19 Ago 19 | Gregorio Morales Avilés | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

El entrelazamiento entre la lingüística y el psicoanálisis es de gran importancia en la clínica psicoanalítica. Lo que conocemos como verdad, enunciada por Aristóteles como Adaecuatio rei et intellectus , es decir, la relación de conformidad entre la idea producida por la mente y la cosa conocida como realidad, no existe en psicoanálisis. La verdad psicoanalítica es huidiza, como en el concepto de Aletheia de Heidegger, que afirma que la verdad es aquella que al decirla se oculta, por esta razón hay que profundizar en el estudio de las palabras. Los psicoanalistas no son lingüístas pero se interesan en el límite donde el lenguaje tropieza, ahí donde la palabra se extingue, donde la definición común se evapora, el medio dicho, el lapsus, el doble sentido.

Las palabras contribuyen, en cualquier idioma, a precisar, a definir, a decir el ser de las cosas, pero en psicoanálisis, esa realidad es evanescente, huidiza, dice y no dice, como expresa el concepto de la Aletheia de Heidegger (Heidegger:1983), la verdad que al decirla se oculta.

Todo mensaje, verbal o escrito, en la selección y combinación de sus constituyentes, implica un recurso a un código dado y a un conjunto de operaciones metalingüísticas latentes, el símbolo, cuya representación o investidura subyace a este armazón perpetuo, sostiene Jakobson.

La función metalingüística es la única de las funciones inseparables del lenguaje (y exclusivamente humana), dado que está centrada sobre el código simbólico y su funcionamiento. Es decir, la característica esencial del lenguaje no es la información, como bien lo dice Chomsky, sino que practicamos el metalenguaje sin percatarnos del carácter metalingüístico de nuestros asertos. Más allá de estas formulaciones lingüísticas, está la función de la palabra en el psicoanálisis, en el que el empleo del lenguaje para la comunicación no es sino sólo uno de sus usos. Aquí es donde el psicoanálisis comenzaría. Sin embargo, los límites no son claros, son como las playas, se estiran o encogen conforme el estado de ánimo del mar.

El lenguaje no se queda como referente único de comunicación, como afirma Noam Chomsky (Chomsky:1963), sino que existe el metalenguaje. Jakobson (Jakobson:1975) hablaba, en su momento, de la función metalingüística o glosadora, asignando al término “metalenguaje” un significado equivalente al que en el paradigma tendría un término como “meta teoría”, es decir una reflexión sobre el lenguaje mismo, en donde la etimología juega un papel de gran importancia en el proceso asociativo tanto del paciente como, principalmente, del analista.

Si el analista examina con cuidado, en la transferencia y la contratransferencia, ese cuidado debe ser extremo para no introducir en las intervenciones convicciones o palabras que impliquen un tipo de prejuicio propio, que contaminen el proceso psicoanalítico. Existe un lazo indisoluble e imperceptible entre lo que hablamos y el inconsciente , no sólo en los lapsus, sino cuando ejercemos la contratransferencia en la clínica de manera inercial. Es inevitable el entrelazamiento entre la etimología y el psicoanálisis, por ello es importante desentrañar los diversos significados de las palabras , tal como lo hizo Freud magistralmente en los análisis de casos que presenta en su obra.

Una palabra que puede causar inquietud en cualquier supervisión analítica, en la contratransferencia, es ABSOLVER . La intencionalidad latente del psicoanalista de buscar absolver, en vez de remitir, los conflictos de un consultante. ¿Qué habría detrás de esta equivocación?

El origen etimológico de absolver es: absolvo, absolvis, absolvi, absolutum, absolvere. El participio pasivo es absolutum , absoluto, total, omnicomprensivo, lo último a que se llega. Ab y solvere , donde ab expresa separación del exterior, de un límite, a partir de un inicio, desde, y solvere, de soltar, disolver. Absolvere tiene significado de desatar desde el principio , remover, declarar, concluir, morir, perfeccionar, desembarazarse, despedir, probar, tal como lo han usado los clásicos latinos.

De esta manera Sallustio dice: Paucis absolvam, “ lo diré en pocas palabras”. Terencio: absolvere diem, “ morir” (desvanecer el día); Cicerón lo usa para concluir un trabajo, dar la última mano, terminar: absolvere opus. Prisciliano lo usa en su sentido de totalidad: absolvere nomen, nombre absoluto. Lo anterior demuestra las variantes literarias de la palabra absolver.

Es conveniente esta revisión de los clásicos porque la Iglesia católica estereotipó el verbo absolver vinculándolo a la remisión de los pecados: Ego te absolvo a peccatis tuis (yo te absuelvo de tus pecados, yo te perdono). La confesión inventada en la Edad Media y elevada al nivel de los sacramentos como el bautismo, el matrimonio o la extrema unción, para otorgar al poder eclesiástico la capacidad total de perdonar los pecados, de esta manera absolver se convierte en la llave para ir al cielo o en la espada para la condenación eterna (sentido de absoluto), si no acudes al confesionario y arrodillado confiesas todos los pecados de pensamiento, obra y omisión y pides la absolución, viene la condenación eterna. Esa es la disyuntiva en que te pone absolver o no absolver, ser o no ser, ad aeternum. Por toda la eternidad.

Siempre me pareció excesivo este poder para un mortal sobre otro. ¿Con qué cualidad o superioridad moral podría un sacerdote perdonar los pecados a un semejante? ¿E s superior para decidir sobre otro ? ¿La unción sacerdotal te da realmente esa superioridad sobre otra persona para tener el poder de mandarlo al cielo o al infierno?

Si vinculamos este exceso religioso al poder de curación del psicoanálisis, esta palabra atraerá esa irrupción de la iglesia medieval en la vida de los otros, pero también la soberbia del psicoanalista sobre los semejantes. El supuesto saber del psicoanalista no equivale a la unción sacerdotal para condenar o salvar, desde una posición de poder, para desatar las cadenas de los pecados psicológicos y otorgar la gloria de la felicidad , la remisión de la enfermedad o del trastorno.

Tal vez a lo más que se llega en la clínica es a desembarazarse de algunas tensiones, de algunos recuerdos encubridores , disolver alguna angustia, perfeccionar algún afecto, declarar alguna neurosis de transferencia, remitir algunos síntomas, pero eso sí, nunca podrá otorgar las llaves del cielo o condenar al infierno eterno del trauma o el trastorno . No es absoluto. El psicoanalista sólo “posa transferencialmente”, no tiene el poder sobre la mente o sobre la vida de nadie.

Es preferible un psicoanálisis relativo, equidistante, temporal , humano . Es preciso evitar el convencimiento de que la interpretación psicoanalítica absolverá los pecados psíquicos del paciente, el poder curador del psicoanálisis no puede confundirse con la remisión de los pecados, de los errores, de nadie. La educación religiosa del psicoanalista no puede traslaparse con la interpretación y debe cuidarse en la transferencia de confundir el papel del psicoanalista con el del confesor. Es preciso desterrar la noción de poder en la clínica.

No podemos llevar el psicoanálisis al ámbito de la fe, éste no equivale a limpiar el alma. Por eso me dan escalofríos cuando encuentro artículos psicoanalíticos en los que se traslapan términos religiosos con conceptos psicoanalíticos. Aquí tiene sentido la neutralidad del psicoanálisis, esa neutralidad tomada del Derecho Internacional aplicada a la no intervención, a no tomar partido en los conflictos del paciente, principalmente cuando éstos sean de carácter religioso. Ese error lo cometió Bert Hellinger, pero eso no hace a las constelaciones familiares poderosas fuentes de remisión de nada. Hay que estar atentos a la contratransferencia inercial de la fe personal en la clínica psicoanalítica y desterrar radicalmente cualquier abuso de poder. Es parte esencial de la ética profesional.


La matanza de El Paso y la política exterior.

11 Ago 19 | Gregorio Morales Avilés | Clasificado en Internacional, Política | Sin comentario »

Se ha discutido mucho esta semana sobre el lamentable suceso de la matanza en El Paso, Texas, llevada a cabo por Patrick Crusius. Ante este hecho, algunos han tomado actitudes francamente viscerales, otros han calificado la política exterior como errónea y han negado incluso que se trata de un acto terrorista. Creo que una aproximación sensata a este asunto nos hará bien a todos.

No se puede lograr una evaluación de la política exterior de López Obrador a ocho meses de su mandato, pero sí se advierten cambios importantes. Más allá de las relaciones económicas con Estados Unidos y la ratificación del T-MEC por este país, el problema sobresaliente de México es de carácter político, motivado entre otras cosas, por las características de quien toma las decisiones en Estados Unidos, es decir, Donald Trump, pero también por la sombra de desprestigio y sumisión que dejó la administración de Peña Nieto.

En el plano de las relaciones políticas bilaterales, México atraviesa por momentos difíciles. Desde hace cuatro años ha sido bombardeado por una sarta de improperios por quien hoy dirige los destinos de Estados Unidos. Un discurso de odio que genera narrativas de terror y exterminio de la otredad, de los que son diferentes a los blancos, protestantes y ricos. Los mitos de la supremacía blanca.

Hay que recordar que detrás del “Destino Manifiesto” está el Darwinismo social, es decir la narrativa surgida desde que los primeros puritanos se asentaron en la Trece Colonias, por la que ser blanco, protestante y rico era una señal divina que les confería poder sobre las demás tierras y sobre las naciones católicas. Hace poco más de un siglo, “ La Ética protestante y el espíritu del capitalismo ” de Max Weber, introdujo la interpretación de que el progreso material se ha logrado por el ahorro y la vida frugal de los primeros colonos calvinistas norteamericanos. Si les iba bien en lo material era la señal de que estaban en gracia de dios. Los calvinistas no creían en el poder limpiador de la confesión, como los católicos. La única forma para saber que estaban en gracia de dios, era una vida de trabajo y ahorro. Esto los llevó a creerse mejores que los demás y a despreciar a la otredad católica, india, amarilla etc.

Lo que hay detrás del “Destino manifiesto” es la justificación del despojo de los territorios indios y de México, aduciendo que los católicos son corruptos, se mezclaron con los indígenas, son flojos y tramposos y no merecen las tierras que les quitaron. Los más fuertes, por ley natural, acaban con los débiles. En numerosas ocasiones, durante el siglo XIX, se llegó a mencionar en círculos políticos estadounidenses que era necesario convertir a México en un protectorado, además de las aspiraciones de quedarse con Baja California, y todos los estados del Norte hasta San Luis Potosí. Los del Sur no porque había demasiada población indígena y mestiza.

El Tratado Guadalupe Hidalgo establecía, en diversos artículos, los derechos de los mexicanos que se quedaron en los territorios arrebatados a México. Texas era parte del territorio de la Nueva España y después del Estado de Coahuila. Es decir, desde hace cinco siglos ha habido asentamientos primero de novohispanos y después de mexicanos en esas tierras. Hablar de invasión de “hispnics” es de supremacistas.

El acto terrorista de Crusius no es más que una ola de continuidad de esa supremacía blanca que busca la expulsión de los “hispanics”, así los llamó en su comunicado Crusius, a los mexicanos que habían “invadido” Texas (no es afrimación sólo de Trump, sino de los supremacistas blancos). El objetivo de Crusius era matar al mayor número posible de mexicanos.

Sólo hay que recordar que el Tratado Trascontinental (conocido como Tratado Adams-Onís) ponía fin a las pretensiones de Estados Unidos de que Texas estaba incluida en la compra de la Louisiana. En su artículo 5 garantizaba el derecho de los habitantes de Louisiana a trasladarse a Texas, de ahí los permisos otorgados a Moses Austin de asentarse al norte de la ciudad de San Antonio. Los invasores son otros, no los hispanics.

En un acto terrorista, las leyes tanto del Derecho Internacional, como del derecho doméstico permiten al estado cuyos ciudadanos sean afectados por dicho acto, intervenir para lograr justicia y resarcimiento de daños. Así lo dispone el artículo 4 del Código Penal Federal y también el artículo 50 de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación. No hay duda que la intención de pedir la extradición de Crusius, anunciada por Marcelo Ebrard, está fundamentada en la norma interna.

En cuanto al ámbito internacional, en el “Informe del Grupo de Alto Nivel sobre las amenazas, los desafíos y el cambio”, el Secretario de la ONU, Kofi Annan, en 2004, propuso una estrategia general que incluía las siguientes medidas: a) disuasión, b) medidas para contrarrestar el extremismo y la intolerancia, c) el desarrollo de mejores instrumentos de cooperación mundial en la lucha contra el terrorismo, el intercambio de información confidencial, las medidas de interdicción y los controles financieros, d) el fortalecimiento de la capacidad estatal para impedir las actividades de reclutamiento y las operaciones de los grupos terroristas y e) el control de materiales peligrosos y la protección de la salud pública. No olvida el informe la necesidad de contar con mejores instrumentos internacionales de lucha contra el terrorismo, con alusión a los 12 Convenios contra el terrorismo y los inadecuados medios en la lucha contra la financiación del terrorismo.

La matanza de El Paso fue un acto terrorista, así lo prueba la ideología del manifiesto de Crusius y, lo sabe bien Trump, el racismo y las consignas de la supremacía blanca, que hipócrita y tibiamente condenó en El Paso durante la visita que realizó días después. Se han consignado más de 22 mil frases de Trump en las que habla de la “invasión hispana”, igual que como lo escribió Patrick Crusius. El asunto es que Trump es el presidente de Estados Unidos, con el poder mediático e institucional de sus dichos y hechos.

Existen más de cien definiciones de terrorismo, pero los criterios básicos de su explicación son los siguientes: se trata de un fenómeno de desviación social violento, que altera la paz pública de un sistema institucionalizado, utilizando medios comisivos capaces de infundir temor y causar un riesgo injusto a la comunidad social, basado en una ideología que niega a los demás su condición de ciudadanos con derechos plenos. De esta manera se incluyen los asuntos de carácter étnico, político, ideológico, religioso, lingüístico, por pertenecer a alguna minoría regional, nacional, o preferencia sexual. No se requiere que exista una organización instituida, ni con recursos suficientes para acceder al poder, ni durante mucho tiempo. Existe todo un cuerpo de Derecho Internacional Humanitario que avala estos conceptos.

La exigencia de Marcelo Ebrard de pedir a la fiscalía que participe en el juicio de Patrick Crusius, es legítima y con base en la ley nacional, la internacional y la costumbre. Sólo hay que imaginar si este hecho se hubiera dado en México y la consigna fuera: “Haz patria, mata a un gringo”, promovida por un gobierno antiyanqui irresponsable ¿cuál sería la exigencia estadounidense? La reciprocidad es un principio vigente en la vida internacional.

La ventaja política de esta exigencia mexicana es obvia: se busca establecer en la opinión pública estadounidense que el discurso de odio de Trump tiene consecuencias fatales para los mexicanos. Ante un escenario probable en el que Trump podría sostener una campaña antimexicana para apuntalar su reelección y en la que no dejaría de mortificar intermitentemente al gobierno mexicano y a los mexicanos que viven en Estados Unidos durante los próximos 17 meses, se ve clara la necesidad de poner un freno legal y mediático.

Otro aspecto que Marcelo Ebrard ha puesto como una exigencia imperiosa de considerar en la agenda binacional es el tráfico de armas. Asunto soslayado por Estados Unidos y no promovido con fuerza por las administraciones de Calderón y Peña Nieto. Sólo hay que recordar la acción “Rápido y Furioso”, por la que se introdujeron miles de armas a México, que fue auspiciada por el propio gobierno estadounidense, en tiempos de Calderón. La postura de Videgaray fue de sumisión y abandono de una agenda propia para la defensa de los intereses nacionales, se sujetó a lo que le ordenaba su “amigo” Jared Kushner, el yerno de Trump. Nunca la política mexicana fue tan servil y sumisa.

El juicio de Patrick Crusius servirá para insistir en este asunto del control de armas. Marcelo Ebrard estará exigiendo llegar al fondo del problema, porque es necesario prevenir que no suceda nuevamente otro ataque contra mexicanos y exigirá al gobierno estadounidense que tome las previsiones legales necesarias para asegurar el control de la venta de armas. En este punto se buscará la asociación con los demócratas. La campaña presidencial tendrá este tema como prioritario y es posible que el asunto de la migración pierda la virulencia con que la ha abordado por Trump desde 2015.

Trump será candidato y presidente a la vez, por lo que, como gobierno se le puede exigir que cumpla con las normas internacionales. Ya sabemos que no lo va a hacer, pero los demócratas y la opinión pública mundial lo pondrán contra la pared en este tema. México lo distraerá con un gran número de notas diplomáticas y el juicio de Crusius será de la mayor importancia para esta estrategia. Es necesario “hacer ruido”, tal como lo recomendó Bernardo Sepúlveda Amor, con el Derecho Internacional en la mano, como medio para distraer y cansar al monstruo y acercarnos al logro de los objetivos primordiales de la relación con la potencia del norte, que es básicamente la defensa del interés nacional con una independencia relativa dada la asimetría de los dos países.


Calentamiento global. Los paradigmas culturales.

04 Ago 19 | Gregorio Morales Avilés | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

Hace unos 15 años, mi amigo Adolfo Aguilar Zinser vino a Querétaro, invitado por Paty Ruiz Corso, a dar una plática en una sede de la Legislatura ubicada en la calle Madero, de aquí de Querétaro. Empezó su exposición haciendo mención que en la página 16 de El Universal , el día anterior, había salido una noticia, casi escondida, sobre el desprendimiento de un gran iceberg, de 200 kilómetros de ancho, de la Antártida, haciendo hincapié en el escaso valor noticioso de un hecho grave para el planeta. Ahora ese tipo de noticias ya son lugar común. Se han superado las peores expectativas planteadas para el 2030 y algunas del 2050, ahora en 2019.

En Europa cada mes de julio, consecutivamente, se declara el mes más caluroso en 100 años o desde que se registran las temperaturas, y así será, año con año.

Cada país, cada gobierno, recoge esta información y los efectos del calentamiento global en diversos campos: Deshielo, incendios, biodiversidad, desertización y desertificación, huracanes cada vez más violentos y costo en infraestructura, etc. sin embargo, parece que todavía no nos lo creemos. Los efectos sobre la sociedad en salud, energía, turismo, agricultura, ganadería y pesca, alimentación, calidad del aire y suficiencia de agua, son ya una clara advertencia de que el inmovilismo es y será fatal para vida en el planeta. Hay que hacer algo.

Algunas entidades gubernamentales ya han estado creando áreas específicas de la administración pública dedicadas al calentamiento global. No sólo las áreas de construcción de infraestructura, llamadas de desarrollo sustentable, o de urbanismo y ecología, sino transversales para atender y prevenir este fenómeno en todas las actividades gubernamentales relacionadas con los efectos del calentamiento global.

Hace 11 años, el domingo 26 de agosto, otro amigo mío, Luis Tamayo, escribía en La Jornada de Morelos un artículo sobre el bosque de agua, en el que hablaba de un paradigma diferente con el que debemos visualizar el futuro de nuestro entorno inmediato, a esto me referiré más adelante. En realidad, es urgente la asunción de posiciones porque el futuro ya nos alcanzó, aunque algunos aún no vean esta realidad presente.

Volvemos a toparnos con un conflicto de valores. Al parecer vemos la realidad con lentes diferentes. ¿No estará claro que los bosques son la fábrica del agua y que ambos, bosques y agua, son asuntos de seguridad nacional?

Si fue un error grave de las pasadas administraciones priistas y panistas considerar que la vocación de México era la agricultura y devastaron con las políticas agrarias oficiales una extensión irrecuperable de bosques para dotar de tierras, pobres y de temporal, a los campesinos, destruyendo gran parte de la inmensa riqueza forestal del país, o llevaron a la venta grandes extensiones de áreas protegidas para la urbanización. La vocación de México no es agrícola y el urbanismo debe cambiar de óptica, nuestro país debe fortalecer la vocación forestal con devoción religiosa o, mejor, mística. La riqueza forestal no estriba en la cantidad de madera que los bosques pueden producir, sino en la cantidad de agua y aún de productos forestales no maderables, como son las plantas medicinales, las resinas, el hábitat de nuestra gran diversidad biológica. La idea del presidente López Obrador de crear empleo a través de la siembra de árboles por eso ha recogido la aprobación de todo mundo.

Las definiciones de los paradigmas políticos que enfrentamos son insoslayables. Es urgente encontrar ese denominador común de los valores sociales para enfrentar de la mejor manera posible las adversidades y catástrofes climáticas que ya están presentes. En todos los ámbitos de nuestra vida se asume como un hecho el cambio climático. Es tan evidente como la ferocidad creciente de los huracanes. En México (y aquí no podemos hacernos los ciegos) sufrimos las consecuencias, año con año, de la devastación de este fenómeno climatológico, que con certeza ha incrementado su número, su temporalidad y su peligrosidad, es decir, habrá más huracanes, por periodos más amplios y más de grado máximo). Por más que se esfuercen los cuerpos de protección civil, no los podremos detener, porque el clima ya se alteró. El costo en vidas, en bienes y, sobre todo, en esperanza de vida de calidad para las futuras generaciones es ya muy alto. Si ya conocemos estos hechos irreversibles, ¿por qué no contribuir de la manera más eficaz a reducir sus efectos negativos?

Los valores de la sociedad deben ser congruentes con el objetivo de preservar el medio ambiente. Se trata de valores universales de los que depende nuestra vida en el planeta. Cualquier doctrina o filosofía social los considera prioritarios. Es conveniente retomar la idea del bien común no para fortalecer las posturas panistas, que no acaban de comprender este concepto, sino para intentar convencer a toda administración pública de su consistencia ideológica y pragmática.

El concepto del bien común, que acuñó Tomás de Aquino (siglo XIII, d. C.) y que parte de la comunidad de intereses cristianos de la obra Ciudad de Dios de Agustín de Hipona (siglo V, d. C.), se expresaba como un conjunto de valores orientados al compromiso de cada individuo con los otros hombres. La doctrina de la iglesia católica ha perfeccionado este concepto del bien común (Concilio Vaticano II, encíclicas Mater et magistra, Pacem in terris, Octogessima adveniens) El bien común no consiste en la simple suma de los bienes particulares de cada sujeto del cuerpo social. Siendo de todos y de cada uno es y permanece común, porque es indivisible y porque sólo juntos es posible alcanzarlo, acrecentarlo y custodiarlo, también en vistas al futuro” (Gaudium et spes), “Las exigencias del bien común derivan de las condiciones sociales de cada época y están estrechamente vinculadas al respeto y a la promoción integral de la persona y de sus derechos fundamentales ” ( Pacem in terris). Como podemos ver no es un concepto propio del PAN que, por cierto, ni comprende, ni lleva a la práctica.

Afortunadamente existe una literatura muy amplia para afirmar que tales exigencias atañen, ante todo, al compromiso por la paz, a la correcta organización de los poderes del Estado, a un sólido ordenamiento jurídico, a la salvaguarda del ambiente, a la prestación de los servicios esenciales para las personas, la salud, la economía, la libre circulación de la información y la tutela de la libertad religiosa. Las encíclicas Gaudium et spes y Mater et Magistra, coinciden en la necesidad de la cooperación internacional en vistas del bien común de la humanidad entera, teniendo en mente también las generaciones futuras. El bien común exige armonizar con justicia los diversos intereses sectoriales.

La correcta conciliación de los bienes particulares de grupos y de individuos es una de las funciones más delicadas del poder público.

En un estado democrático, en el que las decisiones se toman ordinariamente por mayoría entre los representantes de la voluntad popular, aquéllos a quienes compete la responsabilidad de gobierno están obligados a fomentar el bien común de la comunidad, del municipio, del estado y del país, no sólo según las orientaciones de la mayoría, sino en la perspectiva del bien efectivo de todos los miembros de la comunidad civil, incluidas las minorías.

Los grupos ecologistas no son herejes, ni apóstatas, son simples ciudadanos que están al tanto de lo que le está sucediendo a nuestro planeta enfermo. Tienen miedo de que, si continuamos con el actual paradigma del progreso, las convulsiones que se alzarán en toda la tierra en la lucha por el agua, por los energéticos, por los alimentos, por la seguridad social y la seguridad nacional, serán inimaginables. El apotegma de Bellum omnium contra omnes (la guerra de todos contra todos) será real en cada uno de los rincones del planeta. Por eso adquiere relevancia el libro de Luis Tamayo, La Locura Ecocida, en el que habla de esa condición interna, de la pulsión de muerte, como mecanismo inconsciente que nos ha llevado a la situación actual y nos llevará a las peores catástrofes de la humanidad.

Quisiera tener la inspiración de Dante para poder describir el futuro inmediato que nos espera si no cambiamos los paradigmas culturales del modo de producción y reproducción social de la actualidad. Estamos en el límite del calentamiento global.


Otra vez América. Parte 2: Los aprendices de la república nueva.

03 Ago 19 | Edgar Herrera | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

Es un mundo lo que estamos equilibrando.

José Martí

El proyecto de liberación nacional, concebida por Martí, fue la continuación de los movimientos independentistas del siglo XIX, interrumpidos por décadas de caudillismos, dictaduras, guerras intestinas e intervenciones extranjeras que amenazaron la civilización de “Nuestra América”.

Aquellas independencias fueron capitalizadas por los criollos y mestizos que, con el tiempo, se convirtieron en las oligarquías locales que impidieron la unidad continental, mediante la creación de Estados-Nación que emprendieron, directamente o no, proyectos de balcanización americana (la partición de Centroamérica en 1840, la guerra norteamericana de conquista y rapiña contra México de 1846-1848), revelando la inviabilidad de estos modelos políticos, subordinados cada vez más a los capitales estadounidense y europeos.

La segunda independencia americana, la definitiva, no obstante, estaba prevista como un largo y complejo proceso en que cada etapa debía consolidarse para no comprometer la totalidad del proyecto continental.

En Martí existen ideas clave para comprender las luchas de su época y las nuestras, así como referentes para direccionar el destino de los pueblos que hoy conforman la humanidad: la democracia, la educación, la justicia social, la independencia económica, la unidad, la identidad, la diversidad de las fuerzas sociales existentes, las tendencias geopolíticas y la lucha política.

Todos estos conceptos derivaron en el proyecto martiano de la “república nueva” de América, cuyo fundamento geográfico y social se encontraba en la liberación de “las tres islas hermanas” de Cuba, Puerto Rico y República Dominicana. En esta zona del planeta se concentraban las viejas contradicciones del arcaico imperio español, con la sumatoria de las nuevas contradicciones y peligros del Amo del Norte, un área decisiva, de ahora en adelante, para el destino de los pueblos americanos.

Esa “republica nueva” llevaría en su sello un pueblo unificado por una agricultura poliproductora, base material necesaria para romper con la dependencia colonial y los modos de producción esclavistas, convirtiendo el anhelo de justicia social en un hecho fundamentado; una educación y una filosofía centradas en el hombre y la mujer como sujetos históricos, en los futuros gobernantes que respondan, creadoramente, a sus realidades sociales; promover una política democrática de masas que, para el “maestro”, tuvo su antecedente en el nacimiento del Partido Revolucionario Cubano como un órgano representativo de la voluntad popular, -de ahí la elección anual su delegado y directores- como un ensayo democrático de esa “república nueva” por fundar en el Caribe y proyectarla al resto del continente.

Como se puede ver, todos elementos –justicia social, democracia, educación, unidad, identidad, independencia económica, soberanía nacional, lucha política- están íntimamente vinculados a la lógica del proyecto de liberación nacional, formulados a la luz de los peligros de la época imperialista en ascenso y, a su vez, acompañados de la necesaria reflexión de las posibilidades civilizatorias, reales, que se encontraban en el seno de las masas americanas, con el fin de crear esa “república nueva” que continúa como un proyecto por realizar.

Hasta aquí hemos sintetizado la contribución de Martí en la historia americana, que también pertenece a la historia de la humanidad, pero a partir de ahora intentaremos esbozar, seguramente de forma incompleta, la dirección histórica que han tomado algunos de estos elementos martianos en el alba del siglo XX.

Historiográficamente hablando, el siglo XX se inauguró con el triunfo de la Revolución Rusa de 1917, nacida al calor de la Primera Guerra Mundial, ejecutada brillantemente por el arte de la insurrección de masas -éstas formadas políticamente por años de huelgas y protestas que impactarían gradualmente en la economía imperial rusa- y la dirección permanente del Partido Bolchevique, decidida a conquistar el poder mediante la instauración, a nivel federativo, de los soviets, o asambleas de trabajadores, campesinos y militares, originados en el ensayo revolucionario de 1905.

Las noticias de Rusia impactarían en la propia conciencia de las masas americanas, detonando el nacimiento de partidos comunistas centroamericanos, lo que significaba un salto adelante en el ascenso de esa identidad continental -establecida mediante lazos internacionales con el pueblo ruso-; la formación de un partido comunista como órgano creado de forma democrática –a partir de la organización de sindicatos obreros militantes del bolchevismo en Centroamérica en 1920-; la identidad nacional, continental, construida a través de un interés de clase obrera, sector social creado mediante las relaciones capitalistas entre asalariados-patrones y consolidadas, en última instancia, por la presencia del capital extranjero, creando las condiciones objetivas no sólo del capitalismo americano, sino también las condiciones materiales y los agentes del cambio social, abanderados por el proyecto emancipador del comunismo soviético, elevados a la práctica universal con la creación de la Tercera Internacional Comunista en 1919.

A grandes rasgos, es la fisonomía de las sociedades americanas de principios de siglo XX, forjándose al calor de las revoluciones mundiales y elevando al cuadrado las previsiones martianas de liberación nacional, no sólo identificando al enemigo como Estados Unidos, sino también revelando la lucha contra los mecanismos imperialistas de penetración económica y subordinación política mundiales, que se extienden del Río Bravo hasta la Patagonia.

Se había inaugurado, a la vez que retomado, la tradición olvidada martiana para América en una nueva etapa, esta vez bajo el cariz del comunismo soviético que, en mayor o menor medida, ahondaba el ideario del “maestro” para y con las nuevas condiciones históricas presentes.

Esta tradición de la década de los veinte fue violentamente clausurada por las dictaduras nacientes de Centroamérica y los errores sectaristas cometidos en los partidos de vanguardia, aunque retomando su ímpetu revolucionario con nuevas organizaciones militantes, insurrecciones armadas, mareas sociales y, principalmente, con la aplastante victoria de la Unión Soviética sobre la Alemania Nazi, extendiendo la esfera de influencia comunista en Asia y Europa del Este, estimulando aún más la conciencia y el imaginario emancipador de América Latina, coronada finalmente con el triunfo de la Revolución Cubana.

Se han cumplido 60 años desde la gesta heroica en Cuba, lo más cercano a una “república nueva” para América, derivando en la historia de una isla que, si bien ha logrado sobrevivir a la industria militar norteamericana, no ha logrado aniquilar el peligro del cerco económico que ha estrangulado al pueblo cubano.

Difícil es pensar, desde hace mucho tiempo, que Cuba lleve por sí sola, y ante los cambios de relaciones internacionales, la formulación de una estrategia continental para la creación de esa “república nueva” que eche sólidas raíces al conjunto de la especie humana. Sin duda, se han multiplicado las condiciones mundiales de liberación nacional –la guerra imperialista sobre Libia y Siria, la tradición revolucionaria en Sudán del Sur, Yemen, Palestina- pero pocas veces se han traducido, esa infinidad de sacrificios y epopeyas, en un programa de transición como lo vislumbró Martí en su época de complicada transición.

Los aprendices del maestro no son fácilmente identificables en la historia americana y en la historia mundial, pero todos comparten una guía y una moral pocas veces vista en nuestros días, que a su vez se articulan en las lecciones extraídas de su caída en la lucha: la conciencia revolucionaria de transformar la realidad existente por una nueva; la capacidad de convertir la derrota de hoy en la victoria de mañana; de transformarse en un sujeto político, ético y estético de la revolución social, siempre abierta al conocimiento y a la defensa del negro, del indio, de la mujer, de la infancia, a ésta que dedicó sus más bellas letras en la Edad de Oro, una publicación mensual suya de poemas y cuentos, su forma última de transmitir el aprecio de la libertad desde la cuna y su lucha como norma categórica para la construcción de tiempos de paz.

Edgar Herrera


MÉXICO: LA POLARIZACIÓN AMENAZANTE.

28 Jul 19 | Gregorio Morales Avilés | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

El año pasado, durante el proceso electoral, hice un escrito pidiéndoles a mis amigos que no se molestaran conmigo si mostraba simpatía por alguna idea de alguno de los candidatos, cualquiera que fuere, en vista de la enorme polarización y encono que estaba observando en mi entorno más cercano. Acudí a los valores de la amistad que están por encima de los conflictos o posiciones políticas. Ahora lo hago por el bien de nosotros mismos.

Esa polarización se ha crispado y sigue creciendo como la “Nada” de Una Historia Sin Fin . Pero es sumamente peligrosa para la sociedad. Hagamos un poco de historia. La mayor polarización que se da es durante un conflicto bélico. En la Guerra Civil Española, fue tal la polarización y tan enconada que lucharon amigos contra amigos, hermanos contra hermanos y padres contra hijos, el saldo social fue tan profundo que cuando viví en España, entre 1965 y 1968, todavía se tenía que estar sufriendo las consecuencias de tanto dolor social. Se mataba simplemente por estar en el bando contrario. Un caso muy doloroso fue el asesinato de Federico García Lorca por ser de izquierda, por ser poeta y por ser homosexual y, como este caso, abundan historias de desgracias familiares y resentimiento social, todavía hoy se debate sobre sacar o no a Franco del Escorial.

En la Segunda Guerra Mundial y en la guerra fría el temor fue mayúsculo. La intencionalidad del lado estadounidense fue volcar la opinión pública a favor de los aliados, para ello se construyó un esquema de propaganda muy eficaz, en vista de que una parte de la opinión pública de México estaba a favor de los alemanes, después se afianzó durante la guerra fría y la revolución cubana, hasta el día de hoy con Venezuela, Irán, Siria, Rusia y China y la nueva guerra fría. Esta maquinaria de propaganda no sólo ha quedado intacta sino que se ha incrementado y diversificado, sobre todo con las redes sociales y el internet. Más del 90 por ciento de los contenidos noticiosos salen de fuentes de esta maquinaria propagandística estadounidense.

La posición geográfica no es destino, pero puede serlo. Cuba también está cerca de Estados Unidos y pudo romper, a un costo muy elevado por el bloqueo económico. En el caso mexicano su peso sobre el desarrollo nacional puede calibrarse en el vigor de algunas tendencias o en la profundización de alguna condición original. El TLCAN y, si se firma, el T-MEC, han profundizado la integración de México con América del Norte, principalmente con Estados Unidos. Ante la amenaza potencial que representa la contigüidad geográfica y la, hasta ahora, proximidad política, con el país, también hasta ahora, más poderoso, las divisiones internas, la polarización, aparece como una fuente de debilidad. Por ello mi interés por ventilar y difundir el concepto de diversidad, de inclusión, de tolerancia, de pluralismo, de concordia y mediación, de profundizar la idea del CENTRO, como esencial para la supervivencia de la nación.

Es necesario resaltar los análisis sobre la interacción de los diferentes factores a partir de dos dimensiones: Los mecanismos de difusión de los modelos o ideas políticas, como lo propone Lowenthal y la vinculación de estas vinculaciones en los equilibrios políticos internos, en la formación de actores políticos, en la adopción de ciertas políticas o de instituciones que se diseñan para poner en prácticas determinadas decisiones, para ello es necesario entender los cambios en los escenarios internacionales y los cambios en los procesos internos que se están dando a raíz de la elección de Andrés Manuel López Obrador.

A nivel internacional, la caída de la Unión Soviética no fue el “fin de la historia”. Lo que está sucediendo ahora es una realineación total ante la pretensión de una hiperpotencia única, para llegar a un multipolarismo efectivo. En tal sentido se están moviendo Europa, Rusia, China, Asia, África y algunos países América Latina, entre ellos México. Estados Unidos ha estado recurriendo a la amenaza, al chantaje, a mecanismos sofisticados y no tan sofisticados como las sanciones y bloqueos económicos para propiciar lo que se ha llamado “Golpe suave”, que es la orientación o la clara extorsión de la opinión pública hacia un fin determinado, para lograr la caída de un régimen político. Esto se logra a través de las “fake news”, del calentamiento de la calle a través de marchas, de la promoción de intereses de grupos antagónicos al poder establecido, artículos en la prensa y revistas de los poderosísimos carteles informativos estadounidenses.

Para poder dimensionar los efectos de la política exterior estadounidense en los procesos internos de nuestro país recomiendo ampliamente el artículo de Peter Gourevitch (1978) “The Second Image Reversed: The International Sources of Domestic Politics”, en International Organization, vol. 32, num. 4. También en el libro de Abaham Lownthal. ((1991), Exporting Democracy . The United States and Latin America . Baltimore y Londres, The John Hopkins University Press. Estos efectos los hemos visto con claridad desde los golpes de estado en América del Sur, en las décadas de los sesentas y setentas y se observan con claridad ahora en Ecuador con la salida de Correa, en Honduras con la de Celaya, en Venezuela con la creación del fenómeno Guaidó, en Brasil con la condena de Lula y de la Señora Roussef, a Evo Morales lo han intentado tumbar, pero no han podido, y ahora en México, con el fenómeno de AMLO. Ser de izquierda en América Latina es casus belli para Estados Unidos y sus aparatos de propaganda.

Estamos viendo campañas de “Todo está mal”, “AMLO sigue siendo un peligro para México”, “todo es un fracaso”, “no hay democracia”, “no da resultados”, “AMLO no sirve para gobernar”, exigencia de la renuncia, etc. Se aprovecha cualquier error para focalizarlo y magnificarlo. Por ejemplo, en Venezuela, sólo se ha focalizado en los medios lo que dice Guaidó, no se habla por ejemplo que el Reino Unido, no le quiso entregar el oro guardado en sus bodegas a Maduro, no se habla de los preparativos de invasión del jefe del Comando Sur, no se habla del bloqueo de medicinas y material médico por las grandes farmacéuticas occidentales, del bloqueo de productos alimenticios de las grandes cadenas comerciales, de los bloqueos financieros y la incautación de las filiales de PDVSA en Estados Unidos, de la distribución del ingreso logrado por Chávez, de los magníficos grupos corales de Chávez, etc. No se dice nada de los compromisos de entrega de recursos energéticos de Guaidó a Estados Unidos, de la ilegalidad de la OEA para reactivar el TIAR cuando Venezuela ya no pertenece a esta organización, nunca se ha dicho nada sobre la posición de México ante estas irregularidades en la OEA y su defensa del Derecho Internacional. No investigamos cuál fue la política de Estados Unidos en la OEA y la de México frente a Estados Unidos en este organismo en el caso de Cuba. Las posiciones de México en esta organización tienen historia.

En México, efectivamente, podemos estar como en Venezuela, pero este objetivo está siendo construido por Estados Unidos a través de los medios y las redes sociales. Toda campaña de redes persistente, es automatizada.

Existe un activismo dirigido para lograr objetivos concretos. Se difunde un discurso contrario a las normas políticas y al sistema democrático. Se sacan de contexto frases, se utilizan falsas premisas, o simplemente se recurre a argumentos “Ad Hominem”, o van directo a emociones irracionales. Periodistas que recibían grandes cantidades de dinero ahora son críticos, y “hasta intelectuales que analizan la realidad social y política”, se está presentando un discurso anti-populista delirante, sin tomar en cuenta el populismo vulgar de Trump, por ejemplo. Se ignoran en los medios todos los datos positivos de un gobierno, todo lo que va contra los intereses de algunos grupos de poder de Estados Unidos y de México. Se distorsiona la historia. Se arman grupos y seguidores en todas las redes para descalificar, para confundir, para manipular las conciencias. Esto lo estudian muy bien, entre otros, los análisis académicos sobre las Fake News, o periodistas como Lee Fang que se propuso averiguar sobre la conexión entre una red de fundaciones “libertaristas” —la Atlas Network o el Instituto Cato— y el empuje de la derecha en América Latina. En pocas palabras, la polarización de los mexicanos está siendo construida desde el exterior para beneficiar a unos grupos y perjudicar a otros.

Lo peor que nos puede pasar es caer en un divisionismo extremo, del Sur del país contra el Norte o el Centro, de morenos contra blancos (en términos raciales y políticos), de prianes contra morenos y petistas, de fifís contra chairos, de ricos contra pobres, de evangélicos contra católicos, de educados contra pelangoches, etc. etc. No se trata de ese dualismo místico del ying y del yang, o de alma-cuerpo, cielo-infierno, se trata de una construcción compleja que está permeando todos nuestros pensamientos y acciones, nuestros gustos y aficiones. El pensamiento político es analítico, objetivo, complejo, va a la historia, a las explicaciones teóricas, a la refutación con argumentos bien establecidos. No se queda en silogismos donde la premisa mayor es siempre equívoca.

A todos mis amigos les pido que no nos quedemos en esta polarización, busquemos ver siempre qué hay detrás de un hecho, quién lo explica y difunde, qué dice la historia y la razón, hasta dónde nos afecta como sociedad, que regresemos intelectualmente al principio griego del MEDEN AGAN ( medhn agan) nada con exceso todo con medida , al cuidado de sí mismo ( epimeleia eautou, epiméleia heautú ), en donde el primer deber de quien ama a su semejante es ver por el cuidado de si mismo. Es un deber social, ver el uno por el otro. Por eso les pido que no nos dejemos arrebatar la conciencia por los intereses extranjeros que buscan polarizar las mentes de los mexicanos y entonces podremos hablar con toda libertad de las cosas buenas y de las malas que hace el nuevo gobierno de México, sin esperar reproches ni insultos. Sólo el dogma arrebata para sí toda la verdad, la libertad de pensamiento otorga, al menos, el beneficio de la duda. Muchas gracias.


Otra vez América. Parte 1: abriendo las puertas del camino revolucionario.

26 Jul 19 | Edgar Herrera | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

Pensar es prever.

José Martí

El “autor intelectual” del asalto al Cuartel Moncada logró heredarnos un pensamiento continental, popular, nacional y antiimperialista, pilares fundamentales que echarían a andar la rueda de la historia americana a favor de las y los oprimidos desde el agitado y violento siglo XIX, el final del dominio español y la tutela imperialista de los Estados Unidos.

En su juventud, José Martí creció y se formó desde el romanticismo artístico y el liberalismo de corte político y económico; adoptó críticamente los referentes pedagógicos de los maestros cubanos de su época, como signo de los tiempos de una educación más humana y alejada de todos los nacionalismos e ideologías artificiales, o en otras palabras, la asunción de una nueva filosofía para la liberación de los hombres y mujeres, sin pretenderse dominante, sino como una guía moral y espiritual; conoció el castigo de su actividad revolucionaria mediante el exilio intercontinental, empujándolo a España, primero, y desembarcando, después, en el caribe, para desentrañar la identidad americana que defendería contra la identidad “civilizatoria” norteamericana.

Entre los países que formaron parte de su itinerario revolucionario, se encuentran Venezuela, Guatemala, México, Estados Unidos y, finalmente, coronando su carta de ciudadano del mundo, en Cuba, la tierra que lo vería caer con armas y correspondencia personal en las manos, las primeras dirigidas al envejecido imperio español y la segunda como una afrenta anunciada al imparable “monstruo” norteamericano.

A muy grandes rasgos, de forma incompleta seguramente, ésta es nuestra introducción al héroe cubano que, antes de Lenin, esbozó la idea de un imperialismo real, existente, que a los pocos años convertiría a Cuba en un país ocupado por los famosos marines, primero, y por los mafiosos, después, transformando a la isla en el epicentro de la prostitución y el bandidaje neocoloniales.

Martí también enfatizó la impronta de la educación para la conformación de una conciencia y una identidad americanas, luchando permanentemente contra los modelos positivistas de conducción económica y dirección política, tanto impuestos por la fría mentalidad mercantil estadounidense como los modelos europeos de repúblicas, importados por los regímenes americanos, conduciendo ambos caminos a un callejón sin salida o de barbarie sobre el destino de los pueblos de América, entre ellos, la población negra, indígena, las mujeres.

En Cuba, retomando los errores y derrotas de una larga guerra de liberación nacional (1868-1878) que no logró coronar el triunfo definitivo, Martí emprende la tarea de moldear el Partido Revolucionario Cubano (PRC), retomando la lucha de la independencia en 1895, con un nuevo enemigo vigente hasta la fecha: los Estados Unidos. No obstante, con su rápida caída en combate, la dirección del PRC pasa a manos de burgueses cubanos, interesados principalmente en la intervención militar para continuar con su explotación neocolonial, esclavista, esta vez, sujeta a los intereses del amo del Norte.

Algunos elementos que continúan actualizando las guerras y luchas populares del siglo XXI son: la importancia de una dirección de masas para realizar no sólo reformas claves en los límites que impone una sociedad capitalista construida en las condiciones históricas determinadas, sino también la idea de consolidar todas estas medidas progresistas en la conquista del poder por parte de dichas masas; la elección, siempre consciente y nunca dejada al azar, de las estrategias de lucha adoptadas, una vez más, a las condiciones históricas del momento; la construcción de una conciencia e identidad de masas, elevada al terreno de la escala continental, siempre coherentes a esta realidad social de mayor magnitud, respetando la diversidad de pueblos y, al mismo tiempo, aceptando el reto de su unidad combativa y cultural, tanto construidas en tiempos de paz como en su ausencia; la identificación de los enemigos tanto fuera como dentro del país, del continente, no sólo como adversarios personales sino como grupos o sectores claves que perpetúen la dominación económica y, por tanto, la opresión política de una clase sobre otra, evitando los monstruosos errores de una estrategia de conciliación de clases que decidan, en última instancia, -y como efectivamente ocurrió poco antes de la dominación estadounidense en Cuba-, el destino de las masas.

Lamentablemente, en el curso de los siguientes años, nuevos problemas harían más complejo el eterno anhelo de liberación nacional: el robustecimiento de la dominación norteamericana mediante dictadores títeres, la formación de una casta militar al servicio de los monopolios creados en la isla, principalmente sobre el azúcar y la privatización de las tierras; la influencia del estalinismo como política de Estado de la Unión Soviética que, a su vez, impactaría en el carácter del Partido Comunista Cubano (PCC), como un partido alineado a la hegemonía burocrática del aparato Estatal creado por Stalin y, como consecuencia, en la práctica de la tradición revolucionaria cubana, hacia la conversión de los partidos “progresistas” en órganos de conciliación de clases irreconciliables.

Desde la década de los veinte hasta los cincuenta, devendría a su vez la tradición combativa de las y los estudiantes contra las dictaduras sucesivas sobre la isla, destacando Julio Antonio Mella –asesinado en México por órdenes del dictador Gerardo Machado-, Antonio Guiteras –fulminado en Cuba luego de la experiencia de los 100 días de un gobierno popular-y Fidel Castro.

Fiel a las distintas manifestaciones insurrectas contra Batista, el último de los dictadores de la historia cubana, el 26 de julio de 1953 los hermanos Castro –Fidel y Raúl- se movilizan con un centenar de jóvenes armados para atacar el Cuartel Moncada, el segundo en importancia del país, acuartelado por 1000 tropas, alejado de toda posible ayuda represora. Con el objetivo de conquistar los arsenales disponibles y movilizar al pueblo cubano en una nueva etapa de la lucha revolucionaria, el ataque pierde su factor sorpresa y la mayoría de los guerrilleros son capturados y asesinados; los supervivientes, entre ellos Fidel, se enfrentan a un juicio maquillado al estilo soviético –con bayonetas caladas por soldados en la sala- por un Estado de Derecho que orilla a Castro a apuntalarse en su propio defensor.

Durante uno de las sesiones, uno de los verdugos cuestiona a Fidel Castro sobre la autoría del asalto al Moncada:

“Nadie debe preocuparse de que lo acusen de ser autor intelectual de la Revolución, porque el único autor intelectual del asalto al Moncada es José Martí, el Apóstol de nuestra independencia .”

El 26 de julio de 1953 no sólo pertenece a Cuba, sino también a los anales de la historiografía americana fundamentada, transmitiendo, de una generación a otra, la práctica de las tradiciones revolucionarias que, gracias a su dialéctica de la movilización consciente, siempre responde a la necesidad –como madre de la invención- de transformar las condiciones existentes de una injusticia social como característica inequívoca de las sociedades capitalistas en que hoy sobrevivimos.

La liberación nacional sigue siendo todopoderosa porque es verdadera, acorde a los nuevos tiempos que exigen la creación de ese hombre y mujer nuevos, de esas sociedades que han perdido sus sendas civilizatorias y caído en la barbarie conocida de estos tiempos frágiles de paz: los feminicidios, los Estados fallidos, el narcotráfico, las sectas religiosas, el desequilibrio ecológico, la amenaza termonuclear, las nuevas guerras del imperialismo que se avecinan sobre los pueblos de cada continente.

La obra de José Martí es universal porque es humana; el ideario martiano, la praxis revolucionaria cubana, la historia americana, están intrincados de tal manera para comprender cabalmente la construcción de esa identidad civilizatoria, auténticamente americana, como la entendía Martí, pero también en cómo nosotros las podemos reformular desde nuevos conceptos y nuevas necesidades, acordes a nuestra época que se debate entre la civilización y la barbarie.

¿En qué medida se ha actualizado o deformado el proyecto martiano de liberación nacional a 124 años de su caída en combate? ¿Cuáles han sido sus cismas y sus pantanos en la historia continental que también es la historia mundial? ¿Qué lecciones debemos extraer para enfrentar con heroicidad y solidez el peligroso magma de la conflagración mundial que se desborda en nuestros días?

Por ahora estas ideas permanecerán en suspenso hasta su próxima vuelta.

Edgar Herrera


EL JICOTE “ESTADOS UNIDOS Y EL CAMBIO”

25 Jul 19 | Edmundo González Llaca | Clasificado en Internacional, Política | Sin comentario »

La persecución migratoria que ha impuesto Donald Trump como política fundamental de la agenda de Estados Unidos, es un giro histórico, por trascendente, no por positivo, a la política exterior de nuestro vecino. El mundo occidental ha tenido tres olas democráticas, la griega, la de Estados Unidos y la francesa. La estadunidense tuvo en sus fundadores un orgullo que pronto se reflejó en su vocación expansionista. Jefferson dijo: “Juzgo nuestro gobierno el más sólido de la tierra”. La nueva república creció, ¡oh! Paradoja con vocación, primero antiimperialista, para minar el poder de Napoleón. Posteriormente, y como resultado de su espectacular crecimiento económico, los presidentes gringos vendieron al pueblo, en el máximo de su auto estima nacional, el cumplimiento de un destino manifiesto que debería expandirse por el Mundo. Woodrow Wilson para justificar la participación de los Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial, adujo un compromiso moral del país para defender la paz mundial y los principios estadunidenses, que eran: “Los principios de la humanidad”.

Con el escudo de ser los defensores de la democracia y los derechos humanos los Estados Unidos se erigieron en los grandes policías globales, listos para evitar que el comunismo atentara contra la libertad. La política exterior tenía la habilidad de impulsar los derrocamientos de los presidentes enemigos, lo que acompañaban de una mañosa solidaridad económica, pues tenía como daño colateral el saqueo de los bienes naturales. Últimamente principalmente el petróleo. Nada los detenía. El entonces presidente, George W. Bush, declaró ufano: “Cuando terminó el Siglo XX había cerca de 120 democracias en el mundo, y puedo asegurarles que vienen más”.

El problema es que al defender la democracia tenían que invadir a los países y para ayudarlos en la transición de mantener la paz, era obligatorio permanecer como tropa de ocupación. Un ciudadano de Irak, resumió así la situación: “Cuando los Estados Unidos llegaron lo hicieron en nombre de la democracia y la libertad. Pero todo lo que vemos son cadáveres, cadáveres, cadáveres”. Y la cuestión es que también hubo cadáveres de jóvenes norteamericanos. El resultado es que la venta del destino manifiesto ya no tiene buena recepción en la opinión pública del vecino país y Trump ha tenido la astucia para cambiar de rumbo: de salvador de los derechos humanos a su principal violador, con el pretexto y la impunidad de que son extranjeros. En este giro se llevó a México como su principal aliado. Nos ha convertido, de un país abierto a la migración a su policía del patio de atrás. Queriendo o no, López Obrador se ha constituido como el principal promotor para su reelección.


La crisis en el Golfo Pérsico. Un riesgo mundial.

21 Jul 19 | Gregorio Morales Avilés | Clasificado en Internacional, Política | Sin comentario »

Tener un presidente ignorante, bravucón y temerario al frente de una potencia como Estados Unidos es un peligro para la paz mundial, no sólo pone en riesgo a los ciudadanos de su propio país, sino a los de todo el mundo. El rompimiento unilateral del pacto nuclear con Irán ha sido un desatino por el lado en que se le vea.

Por un lado, encontramos una Europa indolente y dividida, que no acierta a encontrar por si sola las medidas adecuadas y eficaces para sostener el acuerdo nuclear con Teherán. Las instituciones europeas tuvieron un papel trascendental en el proceso de paz iniciado en la conferencia de Madrid en 1991 y luego en Oslo en 1993. Les llevó a los europeos diez años de negociaciones e iniciativas para lograr el acuerdo con Irán al que se sumó Obama en 2015, un acuerdo multilateral sancionado por la comunidad internacional, que había logrado levantar las sanciones estadounidenses y reactivar los intercambios económicos de Irán con Europa y Estados Unidos. Un enfoque de ganar-ganar que estaba rindiendo frutos.

La decisión de Trump de romper este pacto sólo porque fue firmado por Obama es ante todo una derrota para los valores y métodos multilaterales característicos de las instituciones europeas. El golpe trumpeano no fue solo contra Irán, sino principalmente contra Europa, el unilateralismo y la extraterritorialidad estadounidense contra el multilateralismo y las organizaciones internacionales, porque la ONU y la UE están involucradas en la firma del pacto.

El Brexit ha llevado a Gran Bretaña no sólo a separarse de la Unión Europea, sino a plegarse mucho más a Estados Unidos. La intercepción del buque iraní en Gibraltar tiene consecuencias en el recrudecimiento de la crisis y su impacto en los riesgos de que una catástrofe incendie el estrecho de Ormuz. Irán responde a la escalada de la tensión con medidas de defensa, que si se llega a una presión insostenible puede estallar el conflicto bélico.

Los juegos de guerra en que se han involucrado Gran Bretaña, Arabia Saudita, Israel, Iraq, los Emiratos Árabes, Omán, Qatar y por otro lado Irán, Rusia, India y China no presagian buenos augurios. Nadie puede estar seguro de lo que puede hacer el país persa ante una agresión armada. Cuenta con mísiles rusos de última generación para repeler ataques, pero también con mísiles de hechura propia para atacar. ¿Quién puede asegurar que no haya comprado o ensamblado más de alguna bomba atómica, independientemente que sea a través del enriquecimiento de uranio por sus propias centrifugadoras? Muchos países podrían poner un arma nuclear a la disposición de Irán: Paquistán, India, Corea del Norte, China o Rusia o el mercado negro de armas. No se sabe.

La capacidad misilística iraní puede alcanzar no sólo a los vecinos árabes del medio Oriente sino, principalmente, a Israel. Este país presiona a Estados Unidos para acciones armadas contra Irán y ha amenazado con ataques preventivos para destruir las instalaciones nucleares iraníes. Ahora estamos en una situación muy distinta que cuando destruyó las instalaciones atómicas iraquíes, Irán no es Iraq. Los SS300 y SS400 rusos han probado su eficacia y hasta ahora no existe poder que los sobrepase. Irán cuenta con estas armas.

Lo que no ven los halcones de Trump son las capacidades reales de Irán, su ubicación estratégica, su historia y orgullo nacional, el papel que desempeña de gozne entre oriente y occidente, su importancia para India, Rusia y China y también para Europa y su desesperación por sobrevivir.

La irresponsabilidad del actual círculo rojo estadounidense es inaudita por su arrogancia e ignorancia en la toma de decisiones. La irracionalidad puede llevar a una catástrofe no sólo de Irán, sino mundial. Los que deben estar llenos de pánico por esta escalada de tensión son los ciudadanos de Israel, de Arabia, de Londres, además de los de Irán y sus vecinos, el efecto de una sola bomba no se compara con los esfuerzos mediocres por detener la escalada de Trump.

Si existe la posibilidad de que se arroje una sola bomba atómica, el daño es para todo el mundo. Por ello, la comunidad de naciones debe alzar la voz mucho más fuerte de lo que lo está haciendo ahora, principalmente Europa, porque el riesgo de no hacerlo es mucho más alto de lo que se piensa. La irresponsabilidad con que se está manejando este conflicto sobrepasa con mucho el botón atómico que Trump dice tener, es el futuro de la humanidad tal como la conocemos ahora lo que está en juego. El pánico es que siga un tonto arrogante sentado en la silla presidencial de Estados Unidos con un botón nuclear al lado. Es capaz de desatar una guerra para reelegirse, y las consecuencias las cargaría no sólo Estados Unidos, sino un gran número de personas y países inocentes.


Yo tampoco quiero morir; yo también quiero vivir. La perspectiva de género como parte del proceso civilizador de la humanidad.

19 Jul 19 | Edgar Herrera | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

A la memoria de Camila, de 9 años,

el primer feminicidio de 2019.

En los últimos meses se acrecienta la emergencia nacional, mundial, de un fenómeno que continúa castigando a la especie humana: el feminicidio.

Desde hace tiempo podemos categorizar este problema de la humanidad en una escala de barbarie conocida, nacida al calor de la Segunda Guerra Mundial: el genocidio.

Querétaro no está exento de estos crímenes de lesa humanidad, considerando los últimos acontecimientos: el exilio forzado de la activista Aleida Quintana por parte del Estado queretano; la negligencia sobre el caso Nancy Morales; las cifras de cientos de personas desaparecidas, entre ellas, mujeres, migrantes y niñas, cuyos cadáveres y ausencias hablan al ritmo de un Estado fallido queretano; desde la máxima cabeza -Francisco Domínguez- hasta el más elemental de los funcionarios públicos -agentes federales-, el Estado no sólo ha fallado, sino que ha demostrado, con su vacío político, su signo de barbarie, exactamente la misma conclusión que León Trotsky formuló sobre la masacre de la Comuna de París: el final de un modelo civilizatorio hacia un proceso barbárico, conducido por el Estado francés.

El machismo se eleva a un fenómeno de barbarie no sólo en Querétaro sino también para el mundo entero; la crueldad, la violencia machista, la fuerza desmedida del hombre sobre la mujer se ha convertido en una norma que construye el orden social existente; la pedagogía de la crueldad patriarcal se ha convertido en el eje articulador de la convivencia de esta sociedad capitalista queretana, mexicana, mundial. La democracia y la justicia social son eliminadas de la práctica y la teoría que ya no son necesarias a esta realidad social patriarcal y capitalista.

No hay que caer en el fatal pesimismo que dibujan estas líneas; Querétaro se transforma y se inserta en la lógica de un desarrollo histórico-social que reproduce las condiciones materiales -culturales, morales, ideológicas, políticas- para el surgimiento del feminicidio no sólo como un mal necesario y creado por los Estados, sino también como una causa social de múltiples violencias desatadas: el aumento de las y los huérfanos, la migración forzada de las familias, el disloque de la organización social existente, generando un alza en el aumento de la violencia y la fuerza como “motores morales” de la nueva realidad, antítesis de la democracia y, por tanto, de la ciudadanía como garantía de las constituciones que han dado forma a sociedades más o menos democráticas.

¿Qué hacer? Ésa es la pregunta, o mejor dicho, ¿qué se está haciendo y cuál es su porvenir, orientado a una mejor estrategia de resistencia y lucha?

No sólo se lucha contra un patriarcado ancestral, sino también contra un capitalismo que recicla esa dominación del hombre sobre la mujer; a su vez, se ha levantado una cultura “oficial”, supremacista, de esa jerarquías entre los sexos, que se profundiza con la existencia de sociedades divididas en clases, atadas a relaciones económicas entre grupos humanos que se han apropiado de la fuerza y la riqueza de las y los trabajadores.

Al mismo tiempo, esa superioridad de clase se retroalimenta con una concepción histórica más vieja que el capitalismo: la autoridad patriarcal. Si en el capitalismo existe un patrón hombre sobre un trabajador asalariado hombre, el patriarcado se infiltra en esta sujeción económica para que los obreros se conviertan en los “patrones” de sus esposas, hijas y madres, tanto en la economía doméstica -sin duda, una fuerza de trabajo femenina que no es retribuida- como la construcción de modelos, roles y concepciones “femeninas” -madres al cuidado de los hijos, esposas fieles a la promiscuidad de los esposos, hijas atadas a los intereses del padre, el hermano, el novio-. Toda una plataforma de redes familiares que perpetúan un mundo social sexualmente jerarquizado.

Entonces, ¿qué hacer? El feminicidio no sólo es causa y consecuencia de una sociedad patriarcal, sino que representa un objeto de análisis de la realidad en la que vivimos, la que acabamos de describir, pero que también impacta en nuestros cuerpos y nuestras visiones del mundo, que han sido impuestas y construidas desde una concepción supremacista hipermasculinazada, donde la biología -los cuerpos hombre, cuerpos mujer- se ha impuesto como la norma a respetar, discriminando la riqueza del ser humano en su sexualidad -desde su derecho a decidir sobre su cuerpo hasta su orientación sexual-, sin olvidar que hay una ética adjunta a esta moral sexual que es reprimida desde los medios de comunicación -cosificando a las mujeres y a los hombres como objetos de placer- hasta coronar todo este complejo proceso patriarcal en el feminicidio, donde las mujeres son transformadas en objetos y premios desechables, alguien que pierde su capacidad humana y merece ser destruido por “ser” algo.

Se lucha contra el patriarcado milenario, pero también contra el capitalismo que es, sin duda, la etapa histórica que recorre buena parte de la humanidad en este época, incluyendo a nuestro país y a nuestro estado; las colectivas feministas que han organizado mítines y congregaciones en contra del feminicidio, promoviendo las alertas de género y, desde sus dolores más desgarradores, han tejido relaciones de sororidad entre mujeres, para construir una política feminista, coherente a la lógica de un vacío de poder del Estado queretano, y que se convierta en el germen social de una nueva realidad que se construye no solo desde el dolor y la tragedia, sino también desde la sororidad, la perspectiva de género, la conciencia de clase, elementos subjetivos que permiten llevar la lucha, aun dentro de los límites de la democracia burguesa que envuelve al capitalismo, la realización gradual de reformas afines a la sociedad civil desde el feminismo, entre ellos, la legalización de la interrupción legal del embarazo, la construcción de un Estado de Derecho con perspectiva de género, la igualdad salarial, la revaloración de la condición humana en las mujeres, la reivindicación de la maternidad como función social retribuida por el Estado, la inclusión de las mujeres en los procesos productivos de la economía, de las estructuras políticas etcétera.

No obstante, sin dejar de reconocer las luchas de estas colectivas, prácticamente todas se han limitado al horizonte de una “emancipación femenina” pero sin romper el orden social que sigue produciendo y reproduciendo las desigualdades de género.

Naturalmente que esta toma de conciencia responde a una realidad social en la que el poder y la explotación patriarcales no serán transformadas de raíz con la aparición gradual de reformas que impidan violentar el orden existente; por tanto, la necesidad de una revolución social, con vanguardia conformada por mujeres, es parte del programa revolucionario de las próximas conmociones civiles. La fuerza que representan las mujeres se ha demostrado numéricamente superior y también en la creación de una organización y autogestión de la sociedad civil que, por fin, se ha dado cuenta que el Estado mexicano es el responsable de las desapariciones forzadas, los secuestros, los feminicidios, en fin, de una guerra patriarcal que crece ante sus ojos, una verdadera masacre nacional que se empeña en insertar mayor miedo y desesperanza de las mujeres trabajadoras, las estudiantes universitarias, e impedir su unión y su sororidad como política social del mañana.

Si para Marx, a mediados del siglo XIX, el proletariado sería la clases que emanciparía a la humanidad del capitalismo, hoy en el siglo XXI, sin temor a equivocaciones, podemos afirmar que las mujeres conforman esa vanguardia política, ese sector humano que ha demostrado su fuerza telúrica para conmocionar al mundo entero… ¡y todo como producto de una estrategia mundial que se ha expresado por la realización de reformas dentro del capitalismo existente! Podemos imaginar cómo florecerán nuevas irrupciones feministas, cada vez más decisivas y decididas para destruir a cada Estado burgués que siga existiendo en el planeta, a las instituciones religiosas que operan en realidad como gigantescos burdeles y centros de adoctrinamiento del terror a ciertos seres divinos y, por supuesto, apuntado sus cañones a la institución de la familia que sigue siendo el baluarte por excelencia del hombre supremacista.

Con lo anterior no pretendemos anunciar transformaciones revolucionarias tan abruptas como profundas, pero sí decisivas como para operar un cambio de mentalidad de masas, lo suficientemente masivo y consciente como para crear las condiciones de una sociedad que responda al feminismo más experimentado para asumir el reto del cambio de un orden social que, justamente, lleva fresco el sello de un patriarcado capitalista y se enfrenta a su dolorosa y difícil transición. Más que hablar de una dictadura del proletariado -sin duda un modelo del gobierno provisional que transita al socialismo-, también podríamos prever la existencia de una base de la democracia social, que es el movimiento feminista, capaz de asumir el papel rector de un proceso democrático que se construye y se reafirma desde esta idea y práctica de dictadura obrera, que se construye justamente al existir todavía un sector burgués que ataca y amenaza al nuevo Estado obrero -recuérdese la experiencia de la revolución rusa de 1917-.

Sin caer en descripciones que rayen en la fantasía, tratamos de esbozar tanto las condiciones en que surge y surgirá ese feminismo radical, depurado de concepciones pequeñoburguesas, como el proceso de revolución permanente que asumirá ese feminismo combativo y que deberá estar a la altura que exigen los nuevos tiempos de esa transición de una sociedad a otra.

Por tanto, desde hace mucho tiempo, el feminismo ha encontrado los límites de su organización y militancia; una y otra vez, a través de esa dialéctica de la vida social que nos obliga a cambiar las circunstancias para cambiarnos a nosotros y nosotras mismas, ese feminismo resuelve sus contradicciones internas para formarse en vanguardia y movilizadora de aquella sociedad civil mexicana que sufre, en lo que va del año, 3600 asesinatos de mujeres, de los cuales apenas 800 son catalogados como feminicidios y un país con el 52% de su territorio declarado en alerta de género.

Frente a las nuevas tendencias genocidas que dejan su estela de fuego y muerte sobre la tierra, los feminicidios constituyen el signo de los tiempos de paz que están desapareciendo; el feminicidio forma parte de ese exterminio que está en marcha, una vez más, para la especie humana, ya no sólo equilibrado peligrosamente en la existencia de miles de arsenales atómicos o la catástrofe inminente del cambio climático; la revolución social es un llamado mundial que empieza a hacerse eco incluso en las zonas del planeta más prósperas, pero integradas dentro de ese sistema mundial de barbarie que es el capitalismo.

El feminismo plantea muchas más interrogantes tratadas en estas líneas, hemos esbozado a grandes rasgos sus límites y sus condiciones, pero también sus potenciales de movilización y creación de esa sociedad civil que, cada vez más, llega al borde su paciencia al cargar con el peso muerto de un Estado fallido, de un sistema mundial capitalista y patriarcal que ha llegado al fin desde la existencia de ese “movimiento real” que lo niega: las mujeres como agentes del cambio que quieren vivir.

Edgar Herrera


La guerra revolucionaria de España. El papel de la violencia para la construcción de un nuevo orden social.

12 Jul 19 | Edgar Herrera | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

A la memoria de Federico García Lorca

y a los miles de brigadistas del todo el mundo,

en búsqueda de un sentido a su sacrificio.

En vísperas del 83 aniversario del inicio de la guerra civil en España, iniciado por el golpe de Estado de Francisco Franco, resulta necesario un breve balance del significado histórico de aquellos lejanos días en que se luchó, con plena conciencia de clase y una solidaridad internacional sin precedentes, contra el fascismo, pero también contra la mísera existencia de una nación imperialista que se empeñó en perpetuar los protectorados de Marruecos, justamente el territorio en donde se reveló el “Generalísimo” y convirtió al ejército colonial español en el invasor de su propio pueblo, subyugado en las siguientes escalas de barbarie tristemente conocidas: el bombardeo de ciudades y barrios populares, el fusilamiento a sangre fría de hombres y mujeres; demasiados fueron los cadáveres que, casi un siglo después, se sigue evidenciando la existencia de centenares de fosas clandestinas –cerca de 130,000 esqueletos- y con hallazgos macabros que continúan hasta la fecha: este año, 2019, la identificación de una mujer que fue fulminada y enterrada junto a la sonajera de su hijo.

¿Qué papel ha desempeñado la violencia en la historia humana para el estallido de conflictos de tal envergadura como la de España? Ésta y otras preguntas, naturalmente, no serán satisfechas dentro de los límites de este artículo ni mucho menos agotar las problemáticas que han sido tratadas por otros pensadores del pasado, enfatizando el carácter científico de la violencia para la conformación de la historia humana, pero sí pretendemos reiniciar dicha cuestión a los ojos del presente, usando la experiencia española como estación de paso para repensar nuestro presente.

En primer lugar, retomando algunas ideas de Marx y Engels, la violencia no es la causa histórica final, sino su producto necesario, creado a partir de las condiciones sociales y económicas a través del tiempo para quebrantar el orden social existente. En otras palabras, el uso de la violencia -a través de la conquista, la esclavitud y el despojo- creó las condiciones históricas para el establecimiento del capitalismo sistema económico mundial. Hoy en día, esa violencia se traduce en formas distintas y no contempladas por los fundadores del comunismo científico: la hegemonía cultural -Antonio Gramsci- de una clase dominante, poseedora de instrumentos y métodos de consenso –principalmente los medios de comunicación sobre el papel de la mujer cosificada, por ejemplo-, pero también en el estallido violento de las industrias de guerra y capitales globales imperialistas: Blackwater, la empresa mercenaria por excelencia al servicio del Pentágono y el uso, como carne de cañón, de ejércitos extranjeros en territorios de Oriente Medio en el siglo XXI.

En segundo lugar, el papel consciente que juega la violencia para romper con un orden social existente y dar lugar a uno nuevo. Naturalmente no podemos precisar lo que pasaba en la mente de Franco, pero la barbarie desatada en la Guerra Civil española solamente era la primera fase de una barbarie a escala nacional que pretendía “modernizar” el decadente imperialismo español desde un sector social identificado: el ejército colonial español. El destino de un pueblo sobre un ejército que estaba al servicio de un “Generalísimo”, creando lazos diplomáticos con los fascismos italiano y alemán de aquélla época, dispuestos a practicar toda clases de coerciones políticas desde sus ejércitos, era prácticamente obvia y no podía engañar a nadie sobre la industria de muerte a punto de escalar en una segunda conflagración mundial.

En tercer lugar, la contraviolencia popular que respondió esa violencia dictatorial en forma de insurrecciones obreras y expropiaciones campesinas. Las ilusiones del viejo régimen tuvieron que cumplirse hasta dentro de tres años luego de perder la esperanza inicial de conquistar un país entero en cuestión de 48 horas. Esto demostró que en la historia nada es predeterminado, ni siquiera la dominación política -sin duda, una violencia organizada- de una clase sobre otra.

En las condiciones de un ejército colonial que, desde el principio, tenía muy claro su objetivo en España –la conquista del poder a través de la violencia militar-, también quedaba clara la estrategia y las tácticas del pueblo español para contrarrestar la ofensiva reaccionaria del franquismo en ascenso: la violencia popular representada en la apropiación de los centros de trabajos, socialización de los medios de producción, el control obrero sobre las economías urbanas y la expropiación campesinas de tierras al servicio de una reforma agraria por fin hecha realidad. Ésa fue la necesidad imperante de los primeros tiempos de una larga guerra para garantizar no sólo la existencia digna de un pueblo en lucha, sino que también eclosionó, por breve tiempo, una conciencia social sobre el papel que juegan los trabajadores y trabajadoras del mundo en la conducción de una economía planificada en contra de las industrias de guerra -alemana e italiana- que se introdujeron como aterradoras innovaciones bélicas sobre el campo de batalla hispánico.

La estrategia del pueblo español, deformada y destruida al calor de las luchas diarias por su supervivencia ante los ojos del mundo, era la conducción de la violencia revolucionaria para crear las condiciones sociales que cada barrio, ciudad y campo hubiera puesto en práctica para medir fuerzas contra el fuego enemigo, como efectivamente lo lograron el pueblo de Madrid y los milicianos, al rechazar el avance inicial del ejército colonial, pero luego retomando una dirección inmisericorde para la conquista del poder en España, tan clara para los invasores a diferencia de los insurrectos trabajadores.

A grandes rasgos, la Guerra Civil enfrentó al gobierno republicano -Frente Popular- contra el Estado Mayor encabezado por Francisco Franco. La primera organización consistía en una agrupación de partidos pequeñoburgueses, en otras palabras, una asociación política por excelencia de las clases sociales reaccionarias que, por tanto, traicionaron la causa proletaria y entregaron el poder regional, de forma paulatina, a los franquistas que conquistaban cada localidad y ciudad, haciendo efectiva la consolidación de un gobierno franquista, fascista, no solo en España sino también a los ojos de los pueblos y potencias del momento.

Algunos partidarios del Frente Popular, en plena lluvia de bombas, abogaban por un antimilitarismo ingenuo a todas luces, pero coherente a las intereses de la pequeña burguesía española que se enmascaraba de objetivos comunistas y anarquistas; el verdadero poder proletario español, débil, efímero, se encontraba en los Comités Militares Antifascistas, aquellos que no recibían armas del Frente Popular para defender los diferentes puntos de combate determinados; poco sirvieron las medidas de autogestión obreras y reformas agrarias campesinas sin el concurso de una dirección política revolucionaria, dispuesta a llevar a cabo una violencia de clase lógica a la situación.

No obstante, también es cierto que, al menos por un tiempo, esas masas armadas lograron triunfos militares significativos sin la intervención de un gobierno republicano que se negaba a repartir las armas, agregando mayores problemáticas y definiciones de tácticas del momento, fieles a la estrategia socialista española que se perdió en la vorágine de la violencia franquista: la conquista del poder. Este punto también está vinculado íntimamente al funcionamiento creativo y consciente de una dirección central que resulta neurálgica para que las masas y sus dirigentes unifiquen la estrategia socialista de la conquista del poder y dicha estrategia tenga eco en cada territorio disputado entre las fuerzas de Franco y la Segunda República.

Nada mejor que el arte de la guerra insurreccional para llevar la política a otros medios, pero apoyados firmemente en un ideal democrático de esa política que se construye de forma masiva, consciente y organizada, recordando brevemente la experiencia de la dictadura del proletariado que alguna vez tomó forma en la Comuna de París de 1871, un gobierno de la mayoría trabajadora por sobre la clase burguesa que, respaldada aún por fuerzas armadas en franca derrota, continúan siendo un peligro para hablar de una democracia social de las nueve partes por sobre la décima. De otra manera, no podemos pensar en las posibilidades de un socialismo acorde a las condiciones materiales de los pueblos en lucha, tanto aquellos que viven en períodos de paz como aquellos asolados por la guerra.

Efectivamente podemos afirmar que hubo violencia con cada fábrica tomada por las y los trabajadores organizados, pues justamente se estaba violentado un orden económico burgués que peligraba sus intereses como clase dominante desde la coerción de la explotación asalariada y el consenso logrado a nivel espiritual por parte de la lglesia Católica para promover una moral religiosa acorde a esa control económico; se estaba violentado el orden social y jurídico burgués en donde se legalizaba esa explotación del hombre por el hombre, de la institución milenaria medieval por sobre la voluntad del pueblo.

En suma, retomando a los filósofos alemanes que robustecieron el estudio de la violencia desde un horizonte histórico, y en conjunto con los datos proporcionados a lo largo de este escrito, podemos afirmar que la violencia “es una potencia económica” y “la partera de la historia” que permite hablar de transiciones históricas de modos de producción a otros completamente nuevos.

Sin esta violencia histórica no podríamos entender parte de la génesis del capitalismo actual, pero tampoco podríamos entender las contradicciones de clases que se elevan hasta el estallido necesario de guerras civiles que hablan de un fenómeno histórico respecto a una nueva época de choques violentos y, al mismo tiempo, de cambios revolucionarios que nos permitan identificar el estado económico vigente que engendra esa violencia de clase, al interior de sociedades capitalistas divididas en clases, como Honduras, Costa Rica, Argentina, Chile, Brasil, y la necesidad de superar esas formaciones sociales capitalistas de forma violenta, pero sin realizar una apología de esa violencia que nos lleve a extremos ridículos o patológicos del cambio social, pues la democracia, el feminismo y la ética, son otras cuestiones que permiten encaminar esa violencia a niveles más humanitarios y menos dolorosos, pero tampoco sin caer en la ingenuidad del Frente Popular que olvidó la consigna que previó en su momento José Martí, justo en la transición latinoamericana de los nuevos tiempos a cargo del imperialismo norteamericano: “es criminal quien promueve en un país la guerra que se le puede evitar; y quien deja de promover la guerra inevitable.”

Edgar Herrera


El empobrecimiento de la lengua*

09 Jul 19 | Augusto Isla | Clasificado en Cultura, Internacional | 2 Comentarios »

Todos llevamos nuestra vergüenza a cuestas. Es una condición de la humana falibilidad. Podemos tropezar en la calle, decir una palabra por otra, hacer el ridículo. Eventualmente padecemos también la ajena, que suele ser tan grande como la propia. En México, la pena ajena ha dejado de ser una circunstancia irrelevante de nuestras vidas y se ha convertido en un fenómeno cultural cotidiano cebado por los medios de comunicación. Son ellos, abiertos hoy día al acontecer más vulgar, los responsables en buena medida de ese gravamen que pesa sobre la existencia de una minoría cuya sensibilidad percibe y sufre tal epidemia.

Sus manifestaciones verbales son abrumadoras. Y es amplio su espectro. Va de las redes sociales a las declaraciones de políticos, deportistas, actricitas, locutores o gente entrevistada al azar, pasando por las secuencias de las teleseries; recuento este que no agota ni mucho menos los ámbitos en que se produce tanta estupidez.

Si la palabra es, como afirma Gadamer, “el grado más alto de la posible conformación del mundo por la humanidad”, es también, diría yo, la prerrogativa más elevada del espíritu; por ende su empobrecimiento refleja de inmediato una crisis cultural, al menos de una cultura asida de la palabra como vehículo que transmite un ethos, quiero decir, una actitud ante la vida. ¿Se trata de una erosión de nuestros procesos educativos, de un virus que debilita la formación de las generaciones, de un colapso social que estalla en el desprecio, consciente o no, de la palabra? Pienso que sí. Y veo en ello la conversión de una sociedad adulta en un cuerpo adolescente.

La pobreza de la palabra, en su altisonancia recurrente era privativa del guetto, de grupos sociales marginados víctimas de un despojo cultural. Hoy, en cambio, permea áreas más amplias del tejido social. Hay algo de violento y ridículo en esa proliferación de palabras mal dichas, de balbuceos coloquiales, de muletillas que denotan una fisura, una ausencia de ideales. Del discurso del primer mandatario de la nación, anclado en el infantilismo, a la conversación de un grupo de jovencitos clase medieros, se extiende una marea de sonidos que glorifican la cacofonía: el ‘fifí’ como adjetivo discriminatorio, el ‘chido’ como señalamiento de lo incorrecto…

* * *

¿Confía usted en los órganos electorales? “Más que nada, no, porque siempre es lo mismo”. Si Mario Moreno “Cantinflas” era una hipérbole del habla popular, de una lógica descoyuntada, hoy encarna en círculos supuestamente educados. Así un grupo de muchachas, bien vestidas, que viajan en un autobús de primera clase, se tratan mutuamente de ‘güey’, expresan su inconformidad con el ‘no manches’, se quejan del aire acondicionado con el ‘hace un chingo de frío’, manifiestan su despecho con el ‘a la chingada el cabrón’…

La peste, por así decirlo, agusana la piel y las entrañas del cuerpo social. Lo grave de esta pena ajena es lo que subyace, lo que fermenta en el individuo que, sin sentido alguno del pudor, elabora el derrumbe de la lengua.

Quien, desde el sitial del poder, nos trata como débiles mentales, quien exhibe cada mañana, mórbidamente, su indigencia moral y emocional, mucho aporta a la descomposición colectiva, a una realidad prosaica que, por lo visto, es la sustancia del cambio que nos aproxima a la interacción virtual de los analfabetismos.

El chacoteo presidencial acusatorio –reiterado hasta el fastidio de los pobres reporteros obligados a respirar el miasma del salón donde el Mesías riñe con el fantasma neoliberal– es una expresión del nihilismo que singulariza la era posneoliberal. Era de la desaparición de instituciones y seres humanos. Era de un microcosmos nacional, encubierta por una fementida transformación. La corrupción no habita solo en el abuso burocrático, también en el agravio a nuestra lengua, principalísimo acervo cultural de esta nación.

No tengo receta alguna para superar este momento trágico. Todos tenemos una responsabilidad que asumir, sobre todo aquellos que hemos contado con la hermosa oportunidad de recibir y cultivar una formación humanista. Yo la tuve. Por eso estoy aquí. Agradecido siempre con mi casa de estudios. Dispuesto incondicionalmente a dignificar la palabra. Es mi pequeño combate contra la corrupción. No es contra el robo de combustible, sino contra los paladines de la llamada 4T que contagian con su fuerza mimética los nuevos amaneramientos del decir.

*Ponencia pronunciada en UAQ en encuentro organizado por el Dr. Edmundo González Llaca.


LA RUTA DE LA SEDA.

30 Jun 19 | Gregorio Morales Avilés | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

Me llamó la atención una de las actividades que reportó Marcelo Ebrard sobre su reciente participación en el Grupo de los 20 y fue que México debería tener más presencia en China, se reunió con la comitiva que acompañó al presidente Xi Jinping. Esta declaración es congruente con otras que ya había formulado con anterioridad sobre la necesidad de ampliar los intercambios de México con este país asiático.

En mis años de agustino recoleto, tuve plena conciencia de la participación de los agustinos en los viajes a China, en la Nao de China, ya que, en el convento de Monteagudo, cerca de Zaragoza, España, había un pequeño museo con numerosos objetos llevados por los antiguos misioneros de la Orden de Agustinos Recoletos españoles desde Filipinas y China. En el convento convivía con nosotros Monseñor Ochoa, un compañero que había sido obispo en este país y fue expulsado por los comunistas de Mao. Lo importante del recuerdo es que México formaba parte de la ruta de la seda desde tiempos de la Colonia.

La ruta de la Nao de China fue la más constante de la era moderna, además, es de recalcar que la plata mexicana adquirió en esta ruta un gran reconocimiento como moneda de intercambio. Los barcos llegaban a Acapulco, puerto ahora abandonado por falta de ferrocarril y se trasladaban las mercancías hasta Puebla, la Ciudad de México y hasta Veracruz y de ahí a Europa. Esta ruta pretende revitalizarse con el proyecto del Istmo de Tehuantepec, de Salina Cruz a Veracruz que no sustituirá al Canal de Panamá, pero será su equivalente en tierra.

Durante los siglos XVI y XVII, época en que floreció también el comercio de la famosa Nao, China e India producían la mitad de la economía mundial y no porque después la revolución industrial llevó a las potencias occidentales a invadir los mercados mundiales ya desaparecieron del mapa estas dos potencias asiáticas. La inaccesibilidad de la India y el aislamiento de China son mitos románticos interesados de algunos historiadores eurocentristas. Desde 200 años antes de Cristo, Zhan Qian ya había explorado los mercados de Asia Central y abierto vías comerciales hacia Europa y el Medio Oriente.

Desde siempre los pueblos de Europa y Asia Pacífico han mantenido intenso contacto. Los banqueros y comerciantes de Lisboa, Venecia, Sevilla, Ámsterdam y Veracruz se movían con la misma confianza en transacciones con que lo hacían sus contrapartes en Arabia, India, China o Malaya. Se han encontrado monedas chinas de hace dos mil años en Alepo, esa ciudad siria ahora destruida por los bombardeos que ha llevado a cabo Estados Unidos en su afán de dominación de la región. Igualmente, en China se han encontrado monedas romanas de los primeros siglos de nuestra era. En México un amigo mío ferrocarrilero tiene una colección de monedas chinas que trajeron los constructores de las vías férreas durante los siglos XIX y XX.

Esos lazos se están revitalizando ahora con los intensos intercambios de oleoductos de las antiguas repúblicas soviéticas de Kazajistán, Turkmenistán, Uzbekistán y de Rusia hacia China y las nuevas rutas de este país hacia Irán, África y América Latina. La expansión y dominio comercial y tecnológico de China en un futuro próximo parece inevitable.

Estos dos últimos países, Rusia y China, acaban de formalizar, en esta reunión el Grupo de los 20, un convenio para sustituir al dólar de sus intercambios comerciales, al que seguramente se unirán posteriormente todos los países a los que Estados Unidos imponga castigos o restricciones, con lo que el dólar poco a poco irá dejando de desempeñar el papel de moneda de referencia internacional. Ya están apuntados Irán, Venezuela, Turquía, Corea del Norte y otros que se sienten amenazados por Trump. Estados Unidos se está retrayendo, se está protegiendo con aranceles y mediante amenazas. Está claramente a la defensiva.

La importancia del acercamiento de Marcelo Ebrard con China, radica precisamente en que, ante la amenaza real de posibles futuras sanciones comerciales a México, con motivo de la migración, las drogas, los déficits comerciales de Estados Unidos y otras cuestiones menos claras como la “seguridad nacional”, nuestro país se encuentra con una dependencia difícil de solucionar en el corto plazo.

El TLCAN y ahora el T-MEC nos han llevado a una integración con América del Norte y a una dependencia comercial con respecto a Estados Unidos difícil de evadir en el corto plazo, por eso es necesario buscar el mercado de China, que es el único que podría sustituir el inmenso mercado automotriz de Estados Unidos. ¿Por qué automotriz? Sencillamente porque más del 80% de nuestras exportaciones son manufacturas y otro 90% de estas son coches y partes para automóviles hacia Estados Unidos. Este es el objetivo central para buscar a China. Podemos diversificar productos agrícolas, la exportación de minerales y petróleo a otras latitudes, pero la exportación de vehículos en las magnitudes que se hacen a Estados Unidos, sólo China e India podrían sustituirlas. Ningún otro país o región podrían absorber nuestras exportaciones automotrices en tales magnitudes.

Pretender sustituir de la noche a la mañana el mercado estadounidense es sólo un deseo romántico, el cierre o la protección arancelaria de parte de Estados Unidos afectarían la balanza comercial y la balanza de pagos, el precio del peso, la inflación, el empleo, y prácticamente todos los indicadores macroeconómicos. México lleva integrándose a la economía norteamericana desde tiempos de Porfirio Díaz, los ferrocarriles construidos por el capital estadounidense en esa época tuvieron como prioridad las líneas que van hacia el Norte. No es posible cambiar de un día para otro una realidad que lleva más de un siglo y medio en construirse.

Pero hay que empezar a hacerlo y China es un buen prospecto, será la primera potencia económica mundial en 2050 o antes, como lo había sido por muchos siglos antes de la revolución industrial europea, ahora será la revolución de la 5G, la tecnología, la que reordene los mercados y el poder, y China es la clave. A esto se le llama visión de largo plazo.

Il Milione , El Millón, era el título del libro de Marco Polo, mejor conocido como “Los viajes de Marco Polo”, en donde describe las maravillas de la cultura y riquezas de Asia, principalmente de China, en una ruta que se constituyó como la arteria principal del comercio entre Oriente y Occidente. Fue un viajero occidental entonces y es ahora un interés fundamental de parte de China rehacer esas rutas, llamadas simbólicamente de la seda.

El Barón von Richthofen, en 1870, llamó a esta red comercial importantísima como Seidenstrasse , o Ruta de la Seda, el comercio entre estas regiones data no de décadas, sino de siglos o más de milenios. Es pues muy antigua.