LAS TRAMPAS DE LA FE POLÍTICA y la PASIÓN CRÍTICA.

03 Nov 19 | Julio Figueroa | Clasificado en Cultura, Nacional | Sin comentario »

Como en los mejores tiempos del PRI presidencialista, digamos hasta los años 70-80, los fieles del presidente moreno Andrés Manuel López Obrador pueden cuestionar, criticar y dudar del partido-movimiento en el poder, así como de los diputados, senadores, gobernadores y demás funcionarios y candidatos morenos, en suma de la nueva vieja clase política en el poder, pero no del señor presidente, el cual es infalible y no se le toca ni con el pétalo de una flor, sólo se le aplaude y se le santifica:

–¡Es un honor estar con Obrador!

Y quienes se atreven a manifestar su pasión crítica en libertad sobre la sagrada misión política y redentora del Santo Patrono Político de nuestro tiempo mexicano, AMLO, inmediatamente son condenados y maltratados verbalmente como parte de los enemigos identificados del pueblo.

Protesto. Protesto. Protesto. Protesto. Protesto.

–El espíritu crítico es la gran conquista de nuestro tiempo.

–Nada hay sagrado o intocable para el pensamiento excepto la libertad de pensar.

–Un pensamiento que renuncia a la crítica, especialmente a la crítica de sí mismo, no es pensamiento.

–El pensamiento crítico de los revolucionarios y los marxistas, por caso, cuando deja de ser crítico, deja de ser marxista y revolucionario.

–Sin crítica, es decir, sin rigor y sin experimentación, no hay ciencia, no hay arte, no hay literatura, no hay sociedad sana, pura ideología y odio de clase de los buenos contra los malos, y viceversa.

–Los escritores, los intelectuales y los artistas no son los servidores naturales del Estado, la Iglesia, el Poder, el Capital, la Patria, el Pueblo o la Moral, sino las conciencias dubitativas al servicio del saber y el conocimiento, la vida, la verdad, la creación y la propia conciencia.

–La mirada crítica es la vacuna contra la peste emocional y autoritaria, ideológica y creyente, fanática y tramposa, de nuestro tiempo.

–Un régimen político democrático y una sociedad madura deben tener la capacidad de soportar la crítica pública de sus mejores conciencias.

–No apuñalarnos entre nosotros mismos. Las diferencias pueden enriquecernos.

–Por supuesto: la crítica del otro comienza con la crítica de uno mismo y desemboca en otra creación.

–Y por último: la crítica no es una negación absoluta del otro nosotros. Criticamos lo que amamos y nos duele. La crítica nos religa. Los contrarios no somos tan diferentes, con nuestra pesada o ligera carga de defectos y virtudes.

–La fe no anula los errores ni los horrores humanos.

Perdón por el rollo y amén.

El actual poder de Obrador puede avasallarnos con su gente y sus votos; pero de lo que se trata es de convencer con los hechos.

Con mis saludos de luz viva, mortal y falible.

C. palabrero Julio Figueroa.

Qro. Qro., Presidentes, México, domingo 3 de noviembre 2019.

EL VERDADERO AMLO Y LA CUARTA TRANSFORMACIÓN

–De miradas críticas y miradas perdonavidas…

Escribe el periodista queretano Fernando Paniagua hoy en El Universal Querétaro (sábado 2-XI-2019):

–Sin seguridad, sin transparencia, sin honestidad, sin verdad y sin congruencia, no habrá cuarta transformación y hoy, todo eso no existe.

–El AMLO de las mañaneras, el de los mítines con sus arengas, el de los eventos públicos; el de los mensajes en redes sociales, el de la campaña, el de los debates, el mesías tropical que arenga a su clientela; ese Andrés Manuel López Obrador es un personaje; un montaje creado para caer bien, para atraer votos, para generar simpatías, para sacar de quicio a sus adversarios.

–Al verdadero AMLO lo conocimos el 31 de octubre de 2019; un hombre iracundo, fuera de sí, amenazante, intolerante e incapaz de dialogar cuando no se le da la razón.

–Ese jueves, luego de que los colegas que cubren las mañaneras tuvieron que ponerse de pie, levantar la voz, gritar y preguntar sin micrófono, tras los pases a gol que le dan todos los días presuntos periodistas al titular del Ejecutivo Federal, emergió el verdadero Andrés Manuel. (…)

(Ver el texto completo en la columna “Con-textos” del periodista).

Liga: https://www.eluniversalqueretaro.mx/content/de-cuando-conocimos-al-verdadero-amlo

Agrego por mi cuenta: sin mirada crítica (intelectual, ciudadana y periodística) sobre el poder en turno, no hay avances democráticos y la cuarta transformación es una peligrosa enajenación y un engaño de algunas de las mejores conciencias del país.

¿La mirada crítica sobre el poder o la mirada perdonavidas sobre la Misión redentora política y religiosa de Andrés Manuel López Obrador, presidente constitucional y no bíblico de México?

Por supuesto que hay enemigos serios del actual gobierno que intenta la transformación, pero no creo en “los enemigos identificados” del Mesías bueno frente a los otros nosotros todos malos.

Con mis saludos de luz viva, mortal y falible.

C. Julio Figueroa.

Qro. Qro., Presidentes, México, sábado 2 de noviembre 2019.

PREGUNTA CIUDADANA DEMOCRÁTICA

¿Toda la prensa de ayer fue silenciosa y corrupta y todo el poder de entonces fue un hijo de la tiznada, y la nueva prensa hipercrítica de izquierda de hoy “inaugurada” por la presidencia de Obrador y el mismo poder del gobierno de AMLO son el maná rumbo al cielo en la tierra?

Con mis saludos de luz viva, mortal y falible. Diferencias aparte, querido Agustín Escobar.

Cordialmente, Julio Figueroa.

Qro. Qro., Presidentes, México, sábado 2-XI-2019.


EN DO MAYOR.

02 Nov 19 | Jovita Zaragoza Cisneros | Clasificado en Cultura, Nacional | Sin comentario »

RIP -DEP

Su delgada figura se recortó en el umbral de la entrada de nuestra casa. Llevaba un vestido oscuro y entrecruzaba su cuello un rebozo gris y jaspeados blancos.

-Buenas tardes, Emilita-, dijo aquella anciana cuya imagen me impresionó por el encorvamiento de su espalda y el rostro de tez blanca en el que no cabía una arruga más.

Presurosa, mi madre salió a su encuentro para ofrecerle asiento y un vaso con agua. La anciana aceptó y una vez que intercambiaron algunos tópicos, dijo a mi madre, mirándome:

-Emilita, quisiera pedirte de favor que me prestes a tu chamaca, para que me acompañe al camposanto. Ya no veo bien y como acaban de hacer algunas reparaciones al mausoleo de la familia, me da temor caerme por allí.

Vivíamos a la entrada del pueblo, o a la salida -según se vea, y casi frente al panteón. Nos dividía la que en ese entonces era la ancha avenida principal. En las noches, cuando a la chamacada nos daba por jugar a las escondidas, los más osados se metían por entre las primeras tumbas del panteón, a sabiendas de que allí no serían buscados. No me daba miedo vivir allí. Pero me imponía respeto el lugar. “ No pises las tumbas donde reposan los fieles difuntos… respeta los santos lugares”, fueron recomendaciones que escuché de niña.

Acompañé a la anciana que, con una de sus manos garrudas, se afianzaba a mi hombro de niña de 10 años. Entramos y pidió que leyera los nombres de las cruces por las que pasábamos. Algunos estaban desdibujados y yo hacía lo que podía volteando a ver su rostro que se ensombrecía más a medida que avanzábamos por aquel lugar que transpiraba solemnidad. Pronunciaba yo el nombre del difunto y las fechas, pero obviaba las tres letras que la mayoría de las cruces tenían y que no sabía qué querían decir: RIP.

-¿Solamente tienen los nombres y fechas, niña? ¿No dicen nada más? – preguntó la anciana.

-Casi todas tienen unas letras que dicen: RIP, o DEP-, contesté apenada, sin saber por qué.

-¿No sabes lo que quieren decir esas letras, niñita? RIP Requiescat In Pace, o Descanse En Paz- explicó la anciana, sin más.

Respiré tranquila. Había aprendido algo que era desconocido para mi. Repetí para mis adentros una y otra vez el significado, para que no se me olvidara.

 Llegamos al enorme mausoleo de la familia de la anciana. Sobresalía de entre las de alrededor, la mayoría modestas. Algunas con apenas montones de tierra comprimida y cruces con letras desteñidas por el tiempo y -quizá- por el olvido. O, también, por las lágrimas de los humildes deudos. No lo sé. Pero, más tarde, entendería que junto al juego que es la vida, está también la certeza de la muerte que viene por igual para ricos y pobres. Llegado el momento no seremos más que polvo y suspiros del tiempo cuyo recuerdo quedará en un nombre inscrito en pretenciosas o modesta lápida que sustituirá con su frío material un cuerpo que ya no será más.

 Bajamos por unos escalones que estaban recién hechos al interior de la bóveda familiar. Al centro de éste había un altar. La anciana se estremeció al hincarse con trabajos y con mi ayuda frente a la tumba más fresca: la de su nieta recién fallecida, apenas al cumplir 15 años. De su pecho seco salió un sollozo dulce, profundo, doloroso. Sus ojos secos, solo avivados por el dolor y el rezo de la promesa de un no lejano encuentro con su amada nieta, muerta a causa de una enfermedad que – después supe- tenían los descendientes de la familia. Enfermedad de Reyes, decían por allá o acá.

 Aquellas imágenes me acompañarían inquietas, buscando acomodo en mi cúmulo de vivencias que saltan a reclamar su no olvido. Como ahora.

 “ENTRE SUERTE Y MUERTE, HAY ALGO QUE SUENA IGUAL”

(Para VN, escritora, poeta y querida amiga que hubo de dejar el país, junto a su familia, ante un hecho de violencia vivido. Para ella y todos los que han dejado el país o su tierra por esas razones)

Había una canción que se escuchaba por los años 70s en voz de una cantante cuyo nombre no recuerdo, ¡ingrata memoria la mía! No logro acordarme de su interprete, pero si algo de sus estrofas y tonada:

“Mi país, mi país, es un niño sin nombre,

mi país, en la cara del mundo nació.

Piensa que tiene consigo la suerte …

tal vez no sabe vivir…,

porque no entiende que entre suerte y muerte

hay algo que suena igual.

Mi país, mi país, piensa en oro sembrando maíz…”

Hoy, a menudo me sorprendo tarareándola. No con nostalgia, sino con la consciencia del país que habito y que no tenía yo en los años en que solía cantarla por toda la casa, en mis épocas de secundaria y pasaba de una canción a otra hasta detenerme en todo el repertorio de Rocío Dúrcal mi favorita y, en especial, con su “Trébole” y “Los piropos de mi barrio”.

Años tardó en acomodarse en mí el cúmulo de información que traía desde casa, cuando en cada tarde las tías y mi madre se reunían en la enramada interior de la casa del abuelo materno, Wenceslaos y contaban las historias familiares o los sucesos importantes del pueblo. Por estas fechas sus charlas eran en torno a los ausentes y paliaban su tristeza con las anécdotas divertidas que siempre hubo en la familia. La risa, el canto la poesía eran la manera de rendir tributo amoroso a los ausentes y la manera de entregar lo mejor de ellas a los que estábamos presentes .

 Afuera de la casa, los muchachillos llenábamos con nuestros juegos y gritos las calles, mientras mi abuelo al que llamábamos de cariño : “Papa Wences”, nos miraba, sentado en su silla, esperando la hora de tertulia con sus tres amigos que tarde a tarde iban a visitarle para platicar de política y – decían en la familia- de sus aventuras amorosas. Viudo a los 89 años, su fama de enamorado irredento nunca menguó. Cuando se conocieron con mi abuela, ella iba a cumplir 18 años, él tenía 37. Mi abuela murió a los casi 70 años, aquejada por la diabetes. Mi abuelo a los 110 años, entero, caminando derechito, salvo una muela extraída, toda su demás dentadura completa, su memoria, igual y , aunque presumía tener buena vista, lo cierto es que tenía dificultades para ver de lejos. Pero admitirlo… ¡nunca! Antes bien, todavía a sus 100 años gustaba de presumir que podía ver la hora en su reloj de pulso.

 ¿Por qué hablo de mi abuelo? Porque – ya lo he comentado- su presencia en mi vida fue muy fuerte. Y siempre nos cobijó – a mi madre y a nosotros, sus hijos – con su amor, dulce, gentil. Porque a la distancia, cuando las imágenes de la infancia se acomodan en la adultez, dimensiona uno aquello que influyó en nuestros afectos. Y el abuelo que yo conocí fue el dulce cantor, el suave regañón, la grácil figura que se sentaba en la cabeza de la mesa a almorzar o comer. Y lo hacía con un cuidado y respeto por los alimentos y los demás. Por supuesto que no escapó al machismo de la época. Pero eso es otro tema.

 Hoy hablo del abuelo que siempre privilegió la buena conversación, las buenas amistades. Porque de él, de mi madre, mis tías, aprendí a amar profundamente a nuestro terruño. Y porque, a menudo, cuando pienso en lo que se ha convertido mi entrañable Estado, Guerrero, mi país todo, se me atraviesan los rostros de mis ancestros y de los que no lo son, pero que nos enseñaron que pese a los rigores de la época que vivieron, amar la vida es la grandiosa tarea que tenemos encomendada. Se fueron con la certeza de que al morir tenían un lugar que acogería sus huesos viejos para fundirse en un proceso natural con la tierra en la que nacieron. Y de ellos aprendí a amar el conocimiento, más que el tener bienes materiales o el sentido de posesión. Porque ese fue mi punto de partida y durante mi trayecto tejí sueños a largo plazo, sin imaginar que llegaríamos en el país a este punto de infamia y desprecio por la vida.

 Porque acaricié el sueño de que, llegados mi edad de jubilación y si estaba viva, construiría una casita en mi tierra, cerca del mar, y me dedicaría a escribir, dar clases y , de esa manera, honrar también la memoria de los míos. Compré entonces un terreno para llegado este momento. Hoy, la violencia, el narcotráfico y la descomposición social hace imposible el tránsito libre. Irme a vivir allá es causarles a los míos que están aquí, la angustia de saberme insegura y someterlos a ellos a peligros innecesarios. De manera que no es la renuncia a ese sueño lo que duele, tengo la característica de tener siempre a la mano otros y ubicarme en el aquí y el ahora.

 Pero a lo que no renuncio, ni quiero aterrizar, es a vivir en esta violencia que veo. No la acepto como parte de lo cotidiano. No renuncio a caminar con los ojos abiertos a las cosas buenas que la vida ofrece, pero tampoco a mi capacidad de conmoverme con el dolor ajeno. De indignarme ante las injusticias y continuar alzando mi voz para recordar que nada puede estar por encima del don de la vida que, con todo y las limitaciones que como humanos tenemos, contamos con las armas espirituales para enfrentar a la bestia que insiste en matar lo que de racional nos queda. A eso no renuncio.

 Ni a eso ni a tantas cosas más. Amar a los míos, disfrutar la belleza de lo cotidiano, al saludo gentil de los buenos días y tomar el café con mi compañero de vida, a los pequeños y comprensibles desacuerdos que todavía nos rondan y que me hacen mantener despierta para no caer en la chicha calma de la indolencia, a estremecerme con la voz , la mirada y sonrisa de los niños todos, aceptar con agradecimiento las grietas que en mi piel me vayan haciendo los años, el cariño de la gente de mi tierra ( mis paisanos) que conoce a mi familia , a mis pocas amistades de toda la vida y las que voy haciendo en el camino. Voltear a mirar al cielo, orar agradecida y esperanzada por un mejor mañana, un mejor país. A eso, ni a tantas otras cosas más, no renuncio .zaragozacisneros.jovita@gmail.com


EL PUNTO DE VISTA DEL GUASÓN Y DEL COBRADOR.

01 Nov 19 | Julio Figueroa | Clasificado en Cultura, Nacional | Sin comentario »

Tiene razón el crítico Javier Betancourt sobre “el punto de vista del Guasón mismo” en la película:

–Este payaso no es nada confiable.

–Se requiere ver la película más de una vez para entender cuáles secuencias ocurren en la realidad y cuáles en su mente trastornada.

(Proceso 2242, 20-X-2019, p. 68).

¡Lotería! Exacto. Ahora comprendo lo que no entendí la primera vez pero me saltó a la vista.

Seguramente el Guasón no mató a su madre más que mentalmente. La odia porque se entera que le ha mentido pero su acto es pura fantasía. Si el hecho hubiera sido real, la justicia legal norteamericana, más legal que la mexicana, inmediatamente lo habría detenido y allí acababa la historia.

Seguro tampoco bañó a su madre en la tina, pues no era una inválida física sino más bien mental. Oh Freud.

¿Realmente fue a buscar a su supuesto padre y sucedió lo que sucedió en la reja de la gran mansión? Jjajjajja. El justiciero, el personaje y el director, juegan con nuestra idea justiciera por igual, jajaja.

El punto de vista del Guasón, el punto de vista del sistema en que vivimos, el punto de vista de la sociedad frustrada y agraviada, el punto de vista del espectador y/o protagonista, usted, tú, yo, túyoélnosotros.

¿Y cuál es el punto de vista del Cobrador, del que nadie ha hablado?

Es un punto de vista intelectual, racional, y que tiene no poca razón.

Es un excluido del mundo al que le deben todo y se quiere cobrar.

Es un enfermo racional que no se sabe enfermo.

Sólo quiere cobrar y reventar el mundo y ser otro.

Habla el Cobrador:

–Mi odio ahora es diferente. Tengo una misión. Siempre he tenido una misión y no lo sabía. Ahora lo sé. Ana me ha ayudado a ver. Sé que si todos los jodidos hicieran lo que yo, el mundo sería mejor y más justo.

–Ana me ha enseñado a usar los explosivos y creo que estoy ya preparado para este cambio de escala.

–Adiós machete, adiós puñal, adiós mi rifle, mi Colt Cobra, mi Magnum.

–Hoy usaré explosivos, reventaré a la gente, lograré fama, ya no seré sólo el loco de la Magnum.

–Y mi ejemplo debe ser seguido por otros, sólo así cambiaremos el mundo.

–Este es mi mensaje de Navidad. Se cierra un ciclo y se abre otro.

¿Cuál es el punto de vista real, exacto y lúcido?

Todo lo vemos entre todos y todos padecemos los horrores del mundo.

¿En qué realidad vivimos?

–Sea la que sea, tarde o temprano nos alcanza a todos. Q Muertos 1-Nov-2019.


Puebleando

31 Oct 19 | Julio Figueroa | Clasificado en Cultura, Nacional | Sin comentario »

Digamos que viajo en estado de gracia. Pero el cuerpo ya no responde como antes. Debo estar atento a sus señales.

Cumpliendo planes. Uno piensa las cosas y luego se echan a andar. Y si son bien pensadas se cumplen bien.

Planes que hay que ir precisando y acomodando en la marcha. Al paso de los días y las circunstancias. Al golpe de la casualidad.

Descargarse para cargarse de nuevo. Tirar lastre y recoger nuevas vivencias. Como si empezáramos de nuevo.

Mi yo sale a pueblear lejos de la gran ciudad. ¿Dialogo con él o él dialoga conmigo? ¿Quién es él y quién soy yo?

Aspas las palabras hacen el camino al palabrear. Te defienden y te comprometen, te definen y te inventan. Aspas afiladas o melladas; cuídalas.

El autobús va repleto y sedo mi lugar a dos mujeres y dos niños. Primero a una y luego a otra. Madres jóvenes y niños vivarachos.

Poco equipaje. Un morral con dos camisas, pluma y papel. Dos tortas para el camino.

Me gusta el paisaje mexicano que es muchos paisajes pero sobre todo uno: la tierra, el sol, las montañas, el clima, las mañanitas y las tardes mexicanas, la gente, el bullicio, la soledad, la lentitud, los ocres y los estallidos del amarillo y el verde, los contrastes, los animales flacos, las desigualdades, la revoltura de todo. No sé si me explico en una sola larga y sinuosa frase. México es un huizachal lleno de piedras y matorrales, y se extiende por todos lados.

Se descompuso el camión cucaracha. El viaje es el viaje. Media hora después, la cucaracha vuelve a caminar.

De lo demás no me acuerdo. Me comí mis tortas. Ya me andaba pasando.

Pues sí, lo que llamamos pueblo está en las calles: comprando y vendiendo, en los poros del comercio del sistema y de la sociedad multifacética, entre el río de gente y el tránsito de vehículos, en el tráfago del mundo. Mujeres y hombres que pasan horas y horas vendiendo, lo que sea, o que van de paso, mirando y comprando; clases populares y medias, en espacios reducidos y sin servicios. En uno-dos-tres metros, en los poros del gran comercio y de la alta sociedad, todos revueltos.

Sobre todo comida, frutas y legumbres, ropa, artesanías, productos chatarra y trasnacionales, las cosas de la región, mercancías raras y exóticas, alimentos regionales, dulces, chiles, plásticos, peltres, cueros, discos, películas, oraciones, un enjambre revuelto y multicolor. Voy bobeando como baboso. Sin prisa y sin pausa.

Horas de hotel antes de ir a la fiesta. Me acompañan Bowles y el Sidi, tirado en la cama. Voy con Bowles primero:

–¿Qué es un libro de viajes? Yo diría que es el relato de lo que le ocurrió a una persona en determinado lugar, y nada más que eso. / El tema de los mejores libros de viajes es el conflicto entre el escritor y el lugar. / No hay nada que yo disfrute más que leer el relato de un escritor inteligente acerca de lo que le ocurrió lejos de casa.

El viaje puede ser a Estambul o a un pueblo cercano o a una colonia desconocida de la ciudad. Andar por andar y relatar lo que sucede dentro de uno, atentos al mundo exterior y al choque con el mundo interior. Andar por andar y de paso ver, decía don Camilo.

Zona de paso. Me gustan las zonas de paso. Porque yo también voy de paso.

Panales. Típica fiesta de pueblo con pretensiones de gran ciudad. Sin duda se volaron la barda.

Comida a reventar y no faltó la buena bebida. Para chicos y grandes. Gargantas profundas e intestinos gruesos.

Y la música atronadora en el sonido. Difícil la conversación a gritos y más de mesa de mesa. Cada mesa es una isla sin comunión con el resto.

Pero la fiesta es comunión, saltar las trancas y tocar al otro. Dejar de ser el que somos y ser el otro. La libertad en libertad.

Sin faltar el respeto a nadie. En primer lugar, cuidarnos y respetarnos a nosotros mismos. Sacar lo mejor, no lo peor, y comulgar.

Esta fue una fiesta bien ordenada, sin fuera de tonos ni sucesos extraordinarios, salvo el encuentro con los otros nosotros. Conocí gente que no conocía y poco pude conversar con los que sí conocía. El diálogo fue más visual que verbal.

Toda la familia, parientes y amigos en la generosa y pesada labor de servir. Y lo hicieron de diez. Gracias, Nacho, Silvia, Edel, señora de negro, sobrinas, primas y demás…

Juan Gabriel y José José fueron las partes más emotivas de la música, al menos para dos tres de los que allí estábamos. Las inmortales canciones de los mortales que ya se fueron. Quienes con sus dones y sus vicios hicieron lo que hicieron.

Un espacio galáctico entre nopales, magueyes y huizaches, piedras y tierra suelta. Una carpa lunar enorme. Otro mundo momentáneo y efímero en el centro del viejo y cotidiano mundo de todos los días.

¿Y los baños? Para los hombres no hay problema, en lo oscurito, tras los árboles y las piedras, detrás de las camionetas. Las damas desde luego podían pasar a las habitaciones dispersas de los anfitriones.

Así se fueron cinco horas sin sentir y que ahora trato de recoger al menos en unas instantáneas generales. Nosotros nos fuimos a las nueve y la fiesta siguió hasta la una de la mañana, me dicen. Tal vez lo mejor fue al final, salieron las botellas de tequila y al fin se dio la comunión entre las islas lejanas, y todo acabó bien y amaneció lindo, me cuentan.

A los amigos no se les juzga, se les quiere o no, con sus pros y sus contras. Y yo los quiero, cañones. Sí, hay amigos que no se quieren pero son amigos.

¿Y los enemigos? Mejor tenerlos de altura; los otros, bórralos. Un buen adversario te hace estar a las vivas y crecer, son necesarios.

¿Y los novios, a qué hora se sientan a comer y a platicar y a disfrutar el momento? Ya comieron, jajajajaj, primero es cumplir con el deber de servir y atender, luego volverán a comer y a beber, jajajaj. Todo a su tiempo tiene su tiempo, palabrero, dice la Biblia, jajajajaj.

El momento culminante sin duda fue el de las fotos, las selfies, los videos, con los amantes y su pildorita y sus familias en el escenario propicio para la Perlita cumpleañera (con su pastel al frente y el bien diseñado cartel detrás, en la mesa de honor). Es la Edad Luz. Todo es luz, mucha luz, luz fija y en movimiento, pura luz, luz con cuerpo y espíritu o sombras y fantasmas nada más, según vea y diga usted.

Lo que más llamó mi atención fue la Perlita impasible, sin miedo escénico, bella en su traje amarillo y negro, ¡quinceañera de tres años!, atenta y dócil pero sin palabras, linda y muda, se dejó llevar y traer, cargar y retratar, usar y apapachar, hasta que se cansó y ya no quería más, sólo los brazos de su mamá; y sin embargo, dice la madre, la pildorita se durmió hasta la una de la mañana, en que acabó la fiesta. Creo sin embargo que todos abusamos de esa pildorita preciosa. ¿Qué recordará de todo esto a los 15 años, a los 30, a los 60?

Sin miedo escénico, impasible, la pildorita de 3 años. Pese al abuso social de la sociedad (túyoélnosotros) allí reunida. ¿Hubo comunión?

Sepa la bola. Por ahí salió dos tres veces la conversación sobre el Guasón. Los que ya la vieron, los que no la han vista y los que no la quieren ver.

Otra gordita cumple tres años el próximo año. Que ya estoy invitado y que ya van a preparar la fiesta. Que no es competencia, les digo.

Casi todos reprobamos el sistema en que vivimos y casi todos lo reproducimos sin darnos cuenta. ¿Cómo querer al mundo, pese a todo, y cómo hacerlo mejor? ¿Cómo hacer algo bueno sobre lo peor?

Los aletazos del vacío y el miedo en soledad, a deshoras, desreligado. ¿Dónde estoy, qué hago aquí, si hoy muriera? Prendí la luz y fui al baño, agua fría, agua caliente.

Piense y piense, ya no pude dormir. Tomé el “Sidi”, un hombre y una leyenda de hace mil años. Cristiano desterrado por el rey cristiano, negociando y aliándose como mercenario con los moros para pelear contra los cristianos, sin dejar de ser fiel a su rey cristiano, injusto pero su rey.

Un hombre de fronteras, en un lugar y un tiempo en que las fronteras se mueven hacia uno y otro lado. ¿Qué es un hombre de fronteras? En el relato de Arturo Pérez-Reverte, es un guerrero que asimila lo mejor de las dos culturas en guerra y permanece fiel a su rey, a sus amigos y a su hueste, en ambos bandos.

Saber mandar y saber obedecer, nada es fácil. Ni convivir con los otros ni vivir solo. En guerra y en paz con nosotros mismos.

Pueblo, otro ritmo. Ciudad, el acelere. Religarse, comunión; desreligarse, el vacío.

Pinche café frío. El café se sirve y se toma hirviendo. No aguado.

Sentado en la plaza pública veo pasar a la gente, pocos aprisa y casi todos a su propio paso, afanados y distraídos. Cada uno con su mundo adentro, en el mundo de todos. Y los mirones activos, nada pasivos.

Al fondo sobre la otra calle veo la cola de la vida, los viejos esperando desde temprano para cobrar su Tarjeta para el Bienestar, es fin de mes. Tienda Elektra, Banco Azteca. Más tarde cuando pasé por ahí vi puras caras contentas, churros, gelatinas, jugos, tamales y atole.

Entré a la iglesia. Leí el Padre Nuestro en otomí y en cristiano, junto a las pinturas rescatadas y restauradas de aquellos tiempos de encuentro, guerra y comunión. Choque y diálogo entre las culturas, como son todas las culturas que se cruzan al paso.

Los baños públicos para orinar ya los tengo bien localizados. Es mi fijación. El de la iglesia es de cinco pesos y usa la maquinita para pasar.

Comí en el mercado en la fonda de doña Elenita, atendida por su hija Juanita, desde hace más de cuarenta años. Pedí mole rojo y me sirvieron verde, con un muslo y frijoles negros. Me comí el mole verde y le dije que me sirviera un poco del rojo, porque yo le había pedido mole rojo. Me sirvió mole rojo y me cobró lo de uno por los dos moles, 50 pesos.

Reímos y se armó la plática, entre la dueña Juanita, la señora Bertha que comía a mi lado y la muchacha que hacía las tortillas y hablaba con desparpajo y sin vergüenza de su novio y de todos los hombres. A doña Juanita le di veinte pesos de propina, a la señora Bertha le pague una bolsa de “Huesitos” (ciruelas) porque la vendedora no tenía cambio, y a la muchacha de las tortillas le tiré un pequeño rollo. –Tienes razón, los hombres somos bien canijos, y hoy ustedes tienen los mismos derechos o más que nosotros, no se dejen, si los hombres somos mujeriegos, ustedes también pueden probar todos los hombres que quieran sin ser… sin compromiso, jjajjajjajajaj.

Cuarto de hotel, preparando la salida, listo, ya está. Tengo una hora, me tiro en la cama, Baudelaire dice a su madre… Un poema que cargo desde 1983, en que lo encontré, la versión en español es de Rafael Vargas.

“Querida madre, ¿nos queda todavía algún tiempo

en el cual ser felices? Mis deudas son inmensas.

Mi cuenta bancaria está sujeta a juicio en la corte.

No sé nada. No puedo saber nada.

He perdido la capacidad para hacer un esfuerzo.

Pero ahora…”

Oficialmente repudiamos la conquista española y sin embargo admiramos la arquitectura colonial de los centros históricos. Maldecimos a los gringos y a los chinos y buena parte de nuestros productos trasnacionales que consumimos son gringos y chinos. Mexicanos hipócritas y tramposos, en nuestro laberinto de soledad e inferioridad.

Pinches paradas pueblerinas pránganas sin terminal. A pleno sol, tierra, viento, y si llueve es peor, sin baños, sin donde sentarse, sin servicios, puro negocio, puras ganancias salvajes, en la calle, entre los autos y la mugre, culeros. Don capital manda a su antojo y el gobierno no hace nada o, peor todavía, está coludido con el negocio.

Y el servicio de las 16:15 pasó media hora después. Ni a quién reclamar. Antes agradece que pasó y ya súbete y no la armes de tos.

Busqué el viejo lugar y lo encontré. Allí estaba la señora vendiendo sus tacos, quesadillas y gorditas en una enorme canasta. Sobre una jardinera, y la gente alrededor comiendo o sentada en otra jardinera, bajo los árboles.

Pedí tres quesadillas y me fui a sentar a otra jardinera. Sabrosas no tanto por lo que contienen sino por su consistencia, el sabor, la salsa, el hambre, la tradición. Ya me comía la tercera y me alistaba para ir por otras tres cuando sucedió el desalojo.

Tres cuatro inspectores rodearon a Las Chonitas, así les dicen, y las obligaron a retirarse. Llevaron sus cosas, junto con la enorme canasta a la mitad de la venta, a un vehículo viejito estacionado a unos cincuenta metros. Hubo alguna discusión pero se acabó la venta.

Pasó un inspector junto a mí y lo interpelé, las señoras tienen aquí años vendiendo, ¿por qué nos las regularizan y las dejan en paz? Están reguladas, pero sólo por hoy les pedimos que no se pusieran, va a haber un evento federal importante, respondió. ¿Les avisaron, les van a pagar su venta del día, qué mal aspecto dan?

El inspector de blanco me dijo que no quería discutir y se fue. Las Chonitas llevan vendiendo 18 años en esta esquina del Portal Libertad, y les avisaron apenas hace una hora que deberían retirarse. Fueron a ponerse en la otra calle lejos del importante evento federal oficial.

Igual que siempre. Las ceremonias escenográficas de los precisos rojos, azules, morenos, tricolores. Por donde pasan todo es verde, limpio, bonito, no hay basura, no hay mugre, y la gente sólo es paisaje que mira y aplaude o chifla.

Me fui con hambre de la plaza buscando otro lugar. Caminé a la deriva buscando una orilla para comprar y tomarme una cerveza. El sol estaba fuerte y picoso.

Un viejo parque bien arbolado y un poco sombrío; seguramente de los enamorados. Por ahí estaban dos parejitas de estudiantes de secundaria. Yo encontré el sitio adecuado, diría don Juan.

–Si hubiera parque…

–El pedo es que no hay parque, mi general.

–¿Es de aquí el héroe de Churubusco, Pedro María Anaya?

–Ari de Luz Invisible, estoy en tu tierra, en el jardín de los enamorados.

–¿Qué haces ahí? ¿Qué tal está? ¿Dónde te vas a quedar?

–Nada, sólo voy de paso, ando puebleando, jaja.

–Ahí estuve con mis amores, en ese jardín, a veces me siento en esas bancas y revivo el momento, y las hojas caen…

–Las hojas muertas a veces reviven con otra agua en otros ojos.

–Jajajaja, qué bueno! Ándate con cuidado! Luego me cuentas todo!

Se acabó el tiempo y es la hora de partir y regresar a la gran ciudad. En todas partes se reproducen y crecen los mismos defectos y vicios urbanos. Empezando por el crecimiento demográfico desmedido, las construcciones sin ton ni son, manda don dinero y el gobierno se somete, se colude o es omiso en lo que debe ordenar y vigilar.

La gente cuenta poco y hay pocos verdaderos ciudadanos. La población son votos para los políticos y dinero para los comerciantes y empresarios. El malestar ciudadano está fragmentado y disperso, sin organización ni representantes, a la deriva.

Manda don dinero y el gobierno es su sirviente. Coppel, Elektra, Bodega Aurrera, Hospital General y Entrada de Urgencias, Central de Autobuses, sitio de taxis, otros comercios pequeños, todos revueltos en un espacio de cien metros y con una calle de un solo carril en circulación. Banquetas de un metro para los peatones.

¿Pueblo mágico? El centro es agradable, ordenado y tranquilo, pero los alrededores son un desastre. Y la violencia e inseguridad no ha cesado y va en aumento, lo dice todo el mundo, como en casi todo el país.

A media tarde recibí una llamada de la Secretaría del Bienestar de Q para pedirme un dato de mi credencial electoral. No mamen, les he dado tres veces una copia de mi credencia electoral, ¿qué no la tienen? Tiene razón Zaid: en vez de hacer otra credencialización clientelar y aumentar otra burocracia, la credencial del INE, que cuesta millones y es la más confiable, debería ser la credencial madre para todo trámite ciudadano.

Rumbo a casa. ¿Lo mejor de los viajes es el regreso a casa? No lo sé, sólo siento alivio y desasosiego, mezclados.

–Ordena lo que has desordenado.

–No hagas ruidos ni gestos innecesarios.

–Haz lo que estás haciendo lo mejor posible, sin aspavientos.

Así sea. Tener algo para dar todo. Religarse por las benditas palabras.

Ixmi-Hui-Q, octubre 2019.


EL JICOTE ¡SALE CARO MORIRSE!

31 Oct 19 | Edmundo González Llaca | Clasificado en Cultura, Nacional | Sin comentario »

Cuando una amiga vio en mi escritorio libros de los más diversos temas, me dijo: “Eres como cecina suelta en el mercado, en cualquier gancho te atoras”. Su descripción me pareció poco elegante, aunque justifico mi dispersión intelectual en lo que decía Montesquieu: “Todo está relacionado con todo”. Esto viene a colación porque empecé a escribir sobre la última frase que pronunciamos en la agonía, pero ante la posibilidad de que se nos haga bolas el engrudo y no dijéramos nada para la historia, sugerí todo tipo de epitafios, pero resulta que ahora la mayoría de la gente ya no quiere que la entierren, es decir, ya no tienen tumba ni lápida, sino pide que la incineren. Una de las causas de esta decisión es lo caro que resulta morirse. A continuación algunos costos. Por supuesto los precios dependen del lugar, la clase económica y las costumbres de cada quien. Ahora sí, velorios como los del siglo pasado que duraban varios días, casi hasta que empezaba a apestar el difuntito, en los que había, misas, mariachis, banda y café con piquete, ya han desaparecido. Las instituciones como el IMSS e ISSSTE brindan los servicios de velación, salas de estancia, embalsamamiento y cremación. Es lo más barato y el paquete básico sale al menos entre cuatro mil pesos hasta ocho mil. Si a la vieja usanza quieren los servicios de un panteón, sale más del doble. Hace pocos años murieron dos familiares muy cercanos y pagué dos velorios en la agencia funeraria más conocida en la Ciudad de México. Sin ser de lo más lujoso, sino más bien término medio, el costo fue superior a los cien mil pesos. ¡Carísimo! Incluyó los trámites, el velatorio, el coffe break; los ataúdes iban desde los doce mil pesos a los cuarenta mil; hubo misa de cuerpo presente y la música de la misa, que era ineludible, pues mis dos parientes eran muy musicales, fue un violín, pero no me alcanzó para el coro; la urna para las cenizas, si mal no recuerdo me salió en treinta mil pesos. Conforme la empleada me daba los precios y yo ponía cara de retortijón en un congestionamiento de tránsito, me repetía: “Es el último gasto”; “Es el último gasto”. Así me ablandó y luego remató: “Puede pagar con tarjeta de crédito. Enséñeme las tarjetas que trae”. Prácticamente me pasó a la báscula. Concluyó: “Ni modo que no le ponga al menos dos coronas de flores, El ataúd se va a ver tristísimo. –repitió- Es el último gasto”, Dentro de mi pensaba va a ser el último gasto y mi última voluntad. Con voz apenas audible le dije: “Está bien”. Los nichos son carísimos, afortunadamente mi familia tenía ya uno en San Agustín, en Polanco. Me enteré que un nicho en la catedral ronda por arriba de los cien mil pesos y a perpetuidad los 250 mil pesos. El costo de las lápidas y los monumentos es según sea el material, pueden rondar entre diez mil y hasta cincuenta mil pesos. Con razón ya nadie escribe epitafios. En fin, les recomiendo que nos pongamos a ahorrar, como no es mi cualidad, creo que pediré a mis parientes que me incineren a pedazos en el horno de microondas, que se fijen bien que quede hecho cenizas no me vayan a dejar nomás sancochado. La otra posibilidad es que el gobierno de Querétaro cubra los gastos y me entierre en la rotonda de los hombres ilustres, aquí el pequeño problema es que si bien soy hombre, no soy ilustre. Mejor me pongo a ahorrar.


La historia (II)

29 Oct 19 | Augusto Isla | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

Una tarea cognitiva que abarca el conjunto de lo humano ofrece más ventajas –para disolver un poco las tinieblas del pasado– que aquella otra, tal vez bien trazada pero con limitaciones obvias: historia política a secas, meras cronologías, relatos de acontecimientos incuestionados… Lo más cercano, pues, a aquello que podríamos denominar una ciencia está en esa propuesta vilariana: magnífico sendero para seguir las huellas de los hombres.

Un libro breve, sencillo, casi escolar, Historia de España recoge buena cosecha de las proezas de ese historiador atento al entramado, estructura y coyuntura, tiempo largo y corto, argamasa de economía, política, conciencia: oleajes profundos y espuma histórica.

Tuve la dicha de conocer a Vilar, gracias a mi buena amistad con Raúl Olmedo, al menos entonces una personalidad independiente y de firmes convicciones marxistas. Recuerdo que fue un primero de mayo porque juntos acudimos a ver el desfile obrero, que le impresionó por inusitado para su cultura. Sus ojos irradiaban asombro y gentileza. Me concedió una larga conversación con esa amable sonrisa que lucía una dentadura de oro, vestigio acaso de su condición de torturado prisionero de guerra; algo quedó de aquello –y mejor que sus palabras–: una actitud de alegre tolerancia, de un alma abierta, cortés, de elegancia espiritual. No fue Vilar un especialista cualquiera, pertenecía a esa estirpe de intelectuales franceses con inquietudes universales. Observador de España, me habló del Quijote y de la pintura de Velásquez con agudeza asombrosa.

En estos días amargos, me pregunto qué estaría pensando esa mente lúcida, a quien cautivó nuestro México, tan lleno de sorpresas como esa que después de haber vencido el viejo corporativismo, se ha extraviado en la oscuridad de un bosque, camino a la ruina.

* * *

Sufragio efectivo, no reelección. Respeto a la división de poderes y a los ciudadanos. Sí a la vida y a la libertad de expresión.


EL JICOTE “EPITAFIOS”

29 Oct 19 | Edmundo González Llaca | Clasificado en Cultura, Nacional | Sin comentario »

Mis amigos me llaman la atención sobre la posibilidad de tener en la punta de la lengua la última frase con la que pasaremos a la historia o al menos con la que nos recordarán los medios y los testigos, pero ¿Qué tal si nos ponemos nerviosos? ¿Si de pronto pasamos por una asamblea de Morena de donde salen volando sillas, botellas y piedras como confeti, y nos toca una en la cabeza? Lo más horrible, un Metrobus en Constituyentes sale de su carril para rebasar o darse la vuelta y nos morimos maldiciendo al Presidente Municipal o haciendo unos ruidos ininteligibles que no pueden recoger los cronistas ni menos el chofer que salió corriendo. En un acto de previsión debemos tener preparado nuestro epitafio, nuestro último mensaje que nos inmortalice. Ciertamente el epitafio no tiene el dramatismo de la última frase que pronunciamos al dejar la atonía económica y el desbarajuste de Cuarta Transformación, pero es una reflexión más acabada y pensada, de lo que consideramos como nuestro último mensaje o síntesis de nuestras vidas. Lo que debemos evitar es dejarle esta solemne tarea a los que nos sobreviven, y más si son nuestros enemigos, pueden aprovechar la oportunidad y darse la gran desquitada y nosotros sin posibilidad de defensa. Por ejemplo, en Francia murió un astrónomo que era un personaje vanidoso, que se pasaba el tiempo solicitando cargos o reclamando honores y distinciones, le pidieron a otro astrónomo, Camile Flammarion, que redactara el epitafio de su compañero de especialidad. Puso lo siguiente: “Aquí yace…fulano de tal. Este es el único puesto que ha tenido sin haber antes solicitado una y otra vez que se lo dieran”. Otro caso es el del usurero inglés que le llamaban “el Señor diez por ciento”, quien quiso aprovecharse de la amistad que tenía con Shakespeare, que había sido una de sus víctimas, y le pidió le redactara su epitafio. El dramaturgo tomó de inmediato una pluma y escribió: “Aquí yace el “señor diez por ciento”. Apostamos ciento contra diez a que no lo dejarán entrar al paraíso”. No creo que el usurero haya utilizado el epitafio. Pablo Escobar Gabiria, el famoso narco colombiano, manifestó en vida lo que deseaba que le pusieran como epitafio:“Pablo Escobar Gabiria, fue todo lo que quiso ser en la vida: un bandido”. Uno de los más bellos, es el escrito por Lord Byron en la lápida de su perro: “Aquí yacen los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y que tuvo todas las virtudes de los hombres sin tener ninguno de los defectos”. El epitafio puede ser utilizado para un comercial personal el encontrado en un cementerio gringo: “Jared Bats. Su viuda de 24 años, vive en la calle El No. 7, tiene condiciones para ser buena esposa y desea volver a ser feliz”. Admiro a quienes mantienen el buen humor, como nuestra actriz Dolores del Río, que en vida dijo que su epitafio sería: “Aquí se acabaron los dolores”. Para quien guste de la ironía: “Acá yace Juan García que con un fósforo un día fue a ver si había gas y había”. También se puede aprovechar el epitafio para hacer reproches: “Les dije que me sentía mal”. También se puede utilizar el epitafio para hacer denuncias: “Díganle al Dr. Del IMSS que no aguanté los tres meses para la cita que de todos modos MUCHAS GRACIAS”. Y usted ¿para qué va a utilizar su epitafio?.


La flor de Pericón. Una tradición muy nuestra.

28 Oct 19 | Gregorio Morales Avilés | Clasificado en Cultura, Nacional | Sin comentario »

Llega el 31 de octubre y con esta fecha inician las tradiciones de otoño. Ya vemos por doquier la flor de cempazuchitl y los motivos de muertos, brujas y espantos. La unidad de dos culturas, la prehispánica y la española. La flor Yauhtli y la flor de Pericón.

La leyenda del poder curativo, protector, divino, de Yauhtli contra la destrucción del dios del viento, Ehécatl, y su transformación de parte de Fray Toribio de Benavente, Motolinía, en la leyenda de la lucha de San Miguel Arcángel contra los demonios que fueron arrojados a los infiernos el 29 de septiembre.

Los ramilletes de flores yauhtli con que los antiguos tlahuicas exorcizaban los males causados por la naturaleza, la cruz de flores de pericón con que los novohispanos se protegían del demonio arrojado a los infiernos. Mitos, creencias y representaciones que emanan del pueblo y se transforman en valores contra la avalancha de la globalización.

Encuentro de dos culturas, que desde hace más de cinco siglos ha pervivido como lazo de unión en el México mestizo. Patrimonio intangible, pero real, que da unidad y sentido de pertenencia al cosmopolitismo de muchos rincones de la patria. Cruce de culturas ancestrales que son raíz y destino de este pueblo.

La diversidad cultural que sustenta nuestro cosmopolitismo tiene su fundamento e inspiración en estas celebraciones seculares y son base segura de la unidad, de la identidad, de la vocación universal de nuestro pueblo.

Si nuestro clima, nuestro entorno vegetal, nuestras flores, nuestras manifestaciones culturales de otoño son fuerzas de atracción; nuestra cultura, nuestra organización, nuestra decisión deben constituirse en el motor para hacer de México líder del turismo cultural. Nuestras tradiciones son nuestra expresión más importante para estar presentes en el mundo.

Todos los mexicanos debemos compartir los valores de la unión, de la tolerancia como fuente de gobernabilidad, de la aceptación de las diferencias y el aprecio por lo nuestro. La diversidad cultural es garantía de la creatividad y ésta es factor esencial del desarrollo. La cultura es la fuerza principal del cambio y de la conservación de lo propio.

La creatividad es vital para la industria, para la empresa, para la propuesta de alternativas de crecimiento. La sociedad alcanza sus objetivos en la medida que ejerce su creatividad. La cultura es por ello instrumento del desarrollo.

La contradicción aparente entre innovación y tradición se resuelve si comprendemos que la tradición no es inmutable y evoluciona constantemente en un proceso interminable de invención, eliminación y préstamo de otras culturas. Primero Yauhtli, después Pericón; primero el dios del viento, Ehécatl, después San Miguel. Primero una tradición netamente rural, después una tradición urbana. Cinco siglos de tradición mítico-religiosa, quinientos años de permanencia y transformación.

Lo importante es reforzar la participación activa de la comunidad en las distintas formas de expresión cultural y consolidar, a través de ellas, el sentido de identidad. Diversidad y reconocimiento del otro es tolerancia. Tolerancia es factor esencial de gobernabilidad y ésta del desarrollo armónico de México.

Ante las amenazas de un torrente de valores externos, contamos con las oportunidades de nuestras tradiciones ancestrales. Ante un individualismo centrífugo, alejado de los compromisos sociales, contamos con la familia, con las organizaciones comunitarias que refuerzan las tradiciones y la unión. Cada vez encontramos nuevos motivos de expresión de esta cultura mixta, prueba de ello son los desfiles callejeros de zombis y calacas, catrinas y guazones que vemos en estos días.

La paz social es un valor supremo de cualquier sociedad, porque es esencial para el desarrollo de las personas. Partidos y organizaciones, barrios y pueblos debemos aceptar las diferencias como experimentos de formas de coexistencia humana, de las que todos podemos y debemos aprender para una convivencia sana. La diversidad de una sociedad multicultural como la nuestra, es factor de oportunidad para hacerla innovadora, dinámica y durable.

Tradición y modernidad son el signo de nuestro tiempo, del equilibrio que logremos de estas dos tendencias dependerá el sentido de nuestro futuro. La pobreza y la exclusión son los nuevos demonios que hay que abatir. La familia, la aceptación del otro, el respeto a otras formas de cultura, la creatividad, nos conducen hacia una mejor calidad de vida.

Enhorabuena por esta celebración de las flores de cempazuchitl y yauhtli o pericón, de las brujas y de los muertos. Felicidades por estas fiestas de la identidad mexicana. Todos debemos estar unidos en la cultura de la paz, en los propósitos de crecimiento humano, en la definición del desarrollo de las personas. No todo es economía sino, como decía el gran Juan José Arreola, que sentía alivio al saber que no todos en el mundo eran comerciantes, sino que también había poetas. También hay cultura y valores espirituales.


EL JICOTE “LA ÚLTIMA FRASE”

25 Oct 19 | Edmundo González Llaca | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

Todas las frases son importantes, pero la última, la que pronunciamos agónicos, antes de entrar, como decían los aztecas, a la región sin puertas ni ventanas, es la frase que más debemos cuidar y preparar. Ya Shakespeare escribía: “Dícese que la lengua de los moribundos reclama nuestra atención con una intensa armonía: cuando quedan ya pocas palabras, no suelen gastarse en vano, y los que alientan sus palabras con dolores, hablan siempre la verdad”. Cioran, un deprimido genial y crónico, decía en forma más realista: “Innegable ventaja de los agonizantes, poder proferir trivialidades sin comprometerse”. Deseoso de que todos pasemos a la historia, sugiero las siguientes. En la medida en que la agonía es bastante incómoda, según Cervantes lo que nos pasa es esto: “Las ansias crecen, el tiempo es breve y las esperanzas menguan”, Por ejemplo, Francisco Villa ya balaceado y consciente de la importancia que tiene para los héroes la frase final a él no se le ocurrió nada y le dijo a su acompañante: “No me dejes morir así, diles que dije algo.” Me gusta especialmente lo que expresó en la agonía una mujer suiza, se me escapa su nombre, protectora de los indios y la selva chiapaneca. Estaba rodeada en su lecho por gente que lloraba y lamentaba su estado. De improviso la anciana benefactora se irguió y después de recorrerlos con la mirada les dijo: “Jodidos Ustedes, yo ya me voy”. Acto seguido se recostó y cerró los ojos para siempre. Federico el Grande de Prusia, al pasar revista vio algo incorrecto en el vestido de un capitán y lo golpeó con la fusta; El capitán sacó la pistola y dijo: “Para vengar mi honor ultrajado debería de mataros, pero sois mi rey y prefiero morir yo”. Se sorrajó un tiro. Federico le dedicó esta anti climática oración fúnebre: “No era para tanto”. Si a Usted le gustaría despedirse en forma poética, dos ejemplos inspiradores: Víctor Hugo: “Este es el combate entre el día y la noche” Jean Paul Sartre. “¿A dónde conduce todo esto? ¿Qué me va a ocurrir?” Mata-Hari, la célebre espía y bailarina, al atarla al poste frente al pelotón de fusilamiento, señaló: “No es el público al que estoy acostumbrada. Pero haré lo posible para que el último espectáculo sea el mejor”. La que más me ha conmovido, la que me parece la más hermosa que jamás haya leído, es la que narró un soldado chileno en un juicio que se le siguió en España. Por los días del golpe contra Allende, detuvo al sacerdote español Juan Alsina, por el “delito” de acompañar a un grupo de obreros contrarios a Pinochet. Lo colocó debajo de un puente para fusilarlo y le quiso tapar los ojos, Alsina le dijo: “¡Por favor! No me pongas la venda, mátame de frente, porque quiero verte para darte el perdón”. El soldado le disparó cuando el sacerdote levantaba la mano para bendecirlo. Presencié la de mi abuelo, Constantino Llaca, quien fue gobernador de Querétaro. Un doctor y una enfermera en cada brazo le buscaban una vena sana para inyectarlo. Se volvió hacia mí y dijo: “Que me dejen en paz. Esto, esto se acabó”. El personal médico lo dejó. Hizo una mueca de agradecimiento. Siempre me repetía: “En la vida puedes perder todo, menos la figura”, en un último acto de vanidad o dignidad personal mi abuelo con la mano temblorosa se alisó los pocos cabellos de su cabeza. Se recostó, emitió un suspiro profundo y murió. Todavía se me hace un nudo en la garganta cuando lo recuerdo.


EL JICOTE “ESCRIBIR DE OTRA COSA”

24 Oct 19 | Edmundo González Llaca | Clasificado en Cultura, Nacional | Sin comentario »

A López Obrador se le ha venido encima el diluvio de la brutal realidad. Son tan graves, tan indefendibles y dramáticos sus errores, y las críticas tan generalizadas en la prensa nacional e internacional, que como editorialista sólo me parece que tengo dos opciones: hacer escarnio del cúmulo industrial de torpezas del gobierno, pero ya se burlan bastante los narcos con comunicados, sólo les falta solicitar su inscripción a Morena, en fin, no me interesa hacer leña del árbol caído; otra opción sería tratar de ayudar al Presidente y proponer soluciones para salir del fondo de esta barranca política en las que nos tiene hundidos, es inútil, no nos haría caso, a los únicos que parece escuchar son a Trump y a la CNTE, lo peor, si de pura leche nos empieza a leer pero se le atraviesa un juego de beis que se va a extra innings, nos poncha con su olvido. Prefiero escribir de otra cosa. Reviso el calendario y encuentro que se viene el Día de muertos. ¡Qué suerte! El gran misterio de la vida. Con su permiso. La última frase que pronunciamos, ya agónicos, es muy importante. A tal punto que una buena frase de un moribundo es capaz de iluminar una vida oscura o llevar a la inmortalidad una ejemplar. La última frase que pronunciamos es como el postre de la comida. Puede arruinar el más exquisito menú o salvar dignamente el peor. Todo buen mexicano que se respete no puede dejar a la improvisación semejante acontecimiento. Es necesario tomar inspiración en otras frases postreras. Si no se prepara uno con anticipación, es capaz de decir lo que pronunció el vizconde de Palmerston en su lecho de muerte “¿Yo, morir, querido doctor? Eso sería lo último que haría”. O al contrario, balbucear tímidamente, como esa señora que en su agonía no podía obedecer las duras indicaciones del galeno: “Perdone, doctor, pero es la primera vez que me muero”. César Augusto, el emperador romano, quien preguntó, dirigiéndose a los que lo rodeaban: “Os parece que he representado bien mi papel en la comedia de la vida?” Todos dijeron que sí. “Aplaudid, pues”. Y murió en medio de una ovación. Oscar Wilde agonizaba mientras sus amigos discutían quién pagaría los gastos del entierro; de improviso abrió los ojos y manifestó: “Muero muy por encima de mis medios”. Humprey Bogart dice una reflexión congruente con su afición: “Nunca debería de haber cambiado el whisky por los martinis”. Y Alberto Llanas, un autor festivo catalán, en su lecho de muerte se tomó las manos, se dio un apretón y dijo: “Adiós, Llanas”. Es necesario estar conscientes de que la agonía es depresiva y corremos el peligro de caer en radicalismos verbales de solemnidad. Así podemos morirnos diciendo: “La prueba contundente de que la muerte no es populista sino democrática, es que se lleva sin distinción a todos los mexicanos”. O en sentido contrario, con las prisas de la agonía podemos decir algo demasiado ordinario y cotidiano: “Estos piquetitos que siento por todo el cuerpo ¿es la muerte?, ¿o alguien ha estado comiendo campechanas en mi cama? O peor, nos puede venir un acceso de optimismo y morirnos diciendo: “Tengo otros datos que no tienen los doctores, Voy muy bien con mi salud, me siento feliz, feliz”. Y ¡sopas”! Que nos morimos. Los invito a pensar en su última frase.


La historia (I)

21 Oct 19 | Augusto Isla | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

Historia y sociología a menudo se encuentran; se enlazan como el pasado y el presente. A veces, también, como dos muchachas que se disputan el novio, riñen por un tema. Con ánimo conciliador, Fernand Braudel escribió: “Sociología e historia constituían una sola y única aventura del espíritu, no el envés y el revés de un mismo paño, sino este paño mismo en el espesor de sus hilos”. Deambulo por los pasillos de ambas.

Durante mis estudios de posgrado en sociología, me aficioné a la historia, la gran señora de las ciencias sociales. Incluso impartí algunos cursos teóricos en la Facultad de Humanidades de la UAEM, en una época en la que mis estudiantes se entregaban con emoción a las fuentes originales; los deslumbraban sus hallazgos, pero los interrogaban poco o nada. Por eso, aquel taller de historiografía era un dale que dale con las preguntas que pide todo buen rastreo de los pasos del hombre en el devenir histórico. Leíamos Combates por la historia de Lucien Febvre, Introducción a la historia de Marc Bloch, algunos textos de Ernest Labrousse y Pierre Vilar. Claro, hablo de la escuela de los Annales: los dos primeros en el centro; los dos últimos en sus fronteras, científicos todos si tal palabra cabe, siempre empleada en la dimensión de las indagaciones sobre la sociedad. Ciencia, sí, como saber que edifica su objeto, sus conceptos y se ciñe a reglas precisas, no tanto para acceder a verdades inapelables como para comprender, para reducir el ancho mar de la incertidumbre.

De entre todos esos historiadores, he preferido invariablemente a Pierre Vilar. Entonces me entusiasmaba El Capital de Marx y la epistemología althusseriana. Y Vilar era quien intentaba una construcción histórica marxista, aunque sin olvidar a sus maestros de los Annales , a ese par de guerrilleros que eran, en los años veinte del siglo pasado, Febvre y Bloch. Nadie como Vilar entendió mejor y aplicó la noción de totalidad, derivada del marxismo. Su idea de la historia total no tenía, empero, resonancias megalomaniacas; era simplemente el esfuerzo por atrapar, por así decirlo, la dinámica de las sociedades por todos sus costados: económico, político, cultural…


La primavera de América Latina.

21 Oct 19 | Edgar Herrera | Clasificado en Cultura, Internacional | Sin comentario »

La gente cree que es democracia poner el papelito cada dos años en las urnas y no, democracia es luchar en las calles por la dignidad.

Osvaldo Bayer (1927-2018)

En las últimas tres semanas hemos sido testigos de grandes luchas de clases que han desafiado abiertamente los status quo existentes en el planeta, desde Quito hasta Hong Kong, desde Santiago hasta Cataluña. Por ahora, el orden civilizatorio del neoliberalismo ha retrocedido gracias a la movilización de las diversidades existentes en el Ecuador.

En octubre de 2019, las nacionalidades indígenas, sindicatos de trabajadores y manifestaciones estudiantiles emularon la gesta heroica de las barricadas de la comuna de París en 1871, al obligar a la élite ecuatoriana a abandonar su sede en Quito y empujarla hasta Guayaquil, logrando dividir a los militares y policías a favor y en contra de su propio pueblo, un estado de ánimo disyuntivo que también fue compartido por la clase gobernante ante el terror de perder sus privilegios.

Sin embargo, también existen casos concretos en que las luchas de clases, verdaderos forjadores de la conciencia y de la revolución social, son puestas bajo llaves por una o más instituciones que se pretenden o se derivan en verdaderos Estados dentro un territorio determinado. El narcotráfico y el Estado de derecho mexicano son los dos árbitros superiores que, tanto en sus divergencias como convergencias políticas, deciden los cauces de todo un conjunto de pueblos, al mismo tiempo anulando su propio devenir histórico.

Estos dos panoramas (Quito en Ecuador y Sinaloa en México) tienen un largo historial de contradicciones que han explotado con mayor o menor fuerza y se traducen en una matriz que comparte el mundo entero: el desarrollo del capitalismo en los países subdesarrollados y la respuesta social de esos pueblos.

En Ecuador se ha construido una formidable tradición revolucionaria que ha logrado derrumbar tres gobiernos en 1997, 2002 y 2005. En estos días se estuvo muy cerca de coronar la victoria definitiva con la caída de Lenin Moreno y, una vez forzado el vacío de poder, construir y consolidar un poder popular de esas diversidades ecuatorianas.

En México, considerado un gobierno “progresista” en el contexto de una América subordinada a las minorías dirigentes de corte derechista, se ha promovido una absurda política de “abrazos no balazos” en las condiciones de un país atravesado por la violencia, producida y reproducida desde el Estado de carácter priista sobre todo, pero también cargado de una lógica de la violencia que crece y se fomenta desde la sociedad civil mexicana: feminicidios, discriminación homosexual y lésbica, criminalización de las mujeres por el derecho a decidir, hipersexualización en menores de edad, fosas comunes, secuestros, desapariciones, torturas, etcétera.

Este contraste entre tradiciones revolucionarias y manifestaciones contrarrevolucionarias no sólo se traduce en la fractura que se siente en los arcaicos modelos de Estado-Nación que hoy rigen en América Latina, que son las instituciones negadoras de aquellas diversidades existentes en Latinoamérica, sino que también se manifiestan en la necesidad y en la creación de otras formas de Estados dentro de aquellos Estados que bien conocemos: el feminismo arroja muchas luces sobre la cuestión de unificar a América Latina como posibilidad real, necesaria y, sobre todo, como una de tantas alternativas históricas contra ese orden mundial neoliberal que hoy se defiende en Santiago de Chile con 10,000 uniformados y equipo militar, como herencia pesada de la dictadura pinochetista, y que ha superado el toque de queda para convertirse en el ensayo nacional de una nueva orgía de torturas sexuales y desapariciones sistemáticas.

En 2011, Oriente Medio tuvo su “primavera árabe” que puso en jaque a diferentes regímenes monárquicos de larga duración, amenazando los intereses de los Estados Unidos en la región que derivó tanto en un atolladero de guerra civil (Libia) como la valiosa experiencia de la liberación nacional adaptada al siglo XXI (Siria). Hoy en día, aún se sienten con fuerza sus remanentes en la guerra olvidada de Yemen y la fragilidad del Estado de Israel, una debilidad que, en el peor de los casos, podría convertirse en la salida drástica mediante el uso del armamento termonuclear disponible.

En 1848, la primavera de los pueblos europeos rebeló el carácter traidor permanente de la burguesía sobre el proletariado, pero también la ignorancia de éste sobre su propio potencial para derribar la civilización burguesa y construir una sociedad nueva que Marx denominaba, cuidadosamente, comunismo científico, como la salida de la humanidad de su prehistoria caracterizada por su explotación obrera y las guerras inmisericordes.

Este primer ensayo general de la primavera latinoamericana en 2019 supera con creces, así lo creemos, las gestas independistas heroicas de principios del siglo XIX y es el equivalente histórico a las transformaciones económicas introducidas en América en las últimas décadas del siglo decimonónico, principalmente por obra de la propia penetración monopolista introducida por Estados Unidos y la caída de los últimos reductos coloniales de España. Por tanto, no resulta exagerado que, en algunas publicaciones y notas informativas, se empiece a calificar, quizás con un desmedido optimismo, el Octubre Rojo latinoamericano.

Esa primavera de los pueblos de América deberá confrontar la compleja realidad que encierra en su seno y las contradicciones que anulan (México) y aceleran (Ecuador) el cambio histórico; las potencialidades que se esconden en una gigantesca movilización global (el feminismo) y el peligro real que abarca la vuelta a un pasado dictatorial para, inclusive, criminalizar los derechos democráticos más básicos como son la justicia social y la manifestación (Chile).

En otras palabras, se anuncia también la vuelta y la necesidad de una nueva conciencia política de masas, educada al calor de las balas de goma y municiones reales, pero también en la experiencia positiva de la democratización de esa nueva sociedad mediante órganos de poder obrero, universitario, obrero, campesino e indígena; aniquilar con la Huelga General todas las diferencias y distinciones clasistas que se limitan a meras reformas laborales o de la propiedad de la tierra y, aún más importante, reivindicar esa huelga a escala global; no romantizar ni subestimar la violencia en casos concretos, por ejemplo, la creación de milicias populares que logren una respuesta efectiva y rápida contra los militares y policías, levantando barricadas y bloqueos en las comunicaciones más importantes para impedir el uso de su maquinaria de guerra y la apropiación de espacios y símbolos de poder (asambleas, congresos o parlamentos históricos), que no se encapsulen en una mentalidad mediocre del pasado, expresado en la “defensa” de un patrimonio que se reivindica desde la memoria y la lucha colectivas, no desde el olvido y la apatías de masas; la destrucción de los monumentos que se erigían como un culto a la guerra y al militar, también son una herencia revolucionaria de las y los comuneros de París en 1871.

Esa conciencia de clase no tiene fronteras, no tiene ilusiones en que se conseguirá la victoria definitiva a corto plazo. Marx advertía que el proletariado debía educarse en estas luchas de clases de 15, 20 y hasta 50 años antes de conseguir un avance histórico significativo. En clave latinoamericana y revolucionaria, Ecuador ha elevado su llamado para la identidad e integración de América Latina como posibilidad real, posible y necesaria.

Aunque tampoco pretendemos decir quién llevará la estafeta de estos cambios profundos, sí es verdad que Ecuador y Chile, ahora mismo, se erigen como los laboratorios más importantes para estudiar las luchas de clases en América y, por tanto, la obligación de trazar estrategias y tácticas acordes a las características particulares de cada país, en función de la matriz común, que es el subdesarrollo del continente, comprendida como un capitalismo americano que ha madurado lo suficiente para revelar todas las posibilidades disponibles de la revolución social, de esa primavera latinoamericana que conduce sus cauces en todas sus diversidades con rostro feminista, indígena, negra, campesina, estudiantil; colocar las diversidades de nuestra América como parte de ese comunismo americano, como ese “movimiento real que anula y supera el estado de cosas actual” es una ruta que hoy se plantea y se discute de forma más seria.

Edgar Herrera