EN DO MAYOR.

25 Feb 20 | Jovita Zaragoza Cisneros | Clasificado en Cultura, Nacional | Sin comentario »

A MARIANA.
QUÉ COSAS TIENE LA VIDA, MARIANA.

Hay personas que creciendo y viviendo en medio de carencias materiales y contextos de pobreza extrema, son, sin embargo, dueñas de una dimensión humana única, poseedoras de claridad para distinguir los límites entre el bien y el mal. Ellos, los de presencia anodina, irrumpen a veces en el escenario de la vida y nos dan grandes enseñanzas. Son testimonio vivo de que las carencias materiales no les ha arrebatado esa riqueza intangible, esa reserva moral a la que ha aludido Javier Sicilia.

El caso de Irma Reyes, tía paterna del asesino de la niña Fátima, que entregó a su sobrino y esposa, a las autoridades, es uno de esos seres. Intento escribir sobre ella, pero irrumpe antes entre la pantalla de la computadora y yo la imagen de otra mujer cercana a mis raíces, a mi vida de niña y adulta: Mariana.

Nunca supe el apellido. Fue una mujer que, junto a su familia, vivió toda la vida en situación de pobreza. Vivían a orilla del río, cerca a la casa de mi abuelo materno, punto de nuestra reunión familiar. Mariana era esposo de Beto, el nevero, quien recorría las calles del pueblo con su carretilla de madera cargando sus grandes botes de nieve de vainilla y limón. Mariana era delgada, escasa cabellera lacia, y siempre recogido en un chongo, de mediana estatura, tez morena. Sus vestidos de tela desteñida; unas veces con sus desgastadas sandalias; las más, descalza, expuestos sus talones con profundas estrías a la tierra ardiente de la costa. ¡Adiós…!, decía al pasar a quien estuviera en ese momento al paso, en casa de mi abuelo. Se detenía a veces a platicar un poco con mis tías, o mi madre, a cualquiera de la familia que estuviera a la vista. Recuerdo a tres de sus hijos más grandes. La mayor, ya casada y viviendo en otro pueblo por Michoacán. Beto, el varón y Avelina, mi compañera ocasional de juegos de la infancia. Su marido, el nevero, murió joven. No supe exactamente de qué. Pero recuerdo que alternaba su vida entre la sobriedad y preparación de las nieves y sus borracheras.

Su casa, un espacio resguardado por rudos muros de tabiques, complementados con palos de bajareque y techo de palma a píe de calle, camino al río. De niños no hay mucha dimensión entre la diferencia de clases. Eso viene después. Se se va integrando a uno y procesando a medida que se crece, y junto a ello, los prejuicios. Jovencita ya, la sonriente Avelina se fue a vivir con su hermana mayor a Michoacán.

Me vine a la ciudad, pero no pasaba un mes sin que mis hermanas y yo fuéramos de visita a ver a nuestros padres, al abuelo “papa Wences”, y a mis tías. El paso obligado de Mariana por la casa de mi abuelo, su ir y venir a los mandados, su saludo, su sonrisa, su imagen toda, quedó grabada en mis recuerdos. Supe luego que su hijo Beto había muerto. Los hijos de este se quedaron al cuidado de ella, que hizo lo que pudo para sacarlos adelante. Avelina, se casó también y se quedó a vivir lejos del pueblo. Nunca más la volví a ver. Pero a su madre nunca dejé de verla. De cerca o lejos. Y más tarde, yo adulta y casada se detenía a saludarnos. Siempre el tono amable, cariñoso, familiar. Alguna vez escuché decir a mi madre que conocían a los padres de Mariana y a ésta desde casi niñas. Era menor que mi madre. De allí, el tono siempre afable y cariñoso de Mariana con nosotros.

Tiempo después me enteré de un suceso del que fue protagonista. Una de las veces que fui estaba reciente un hecho que dio motivo a comentarios y admiración de la gente del rumbo y de mi familia. En ese entonces la vida en el pueblo, era otra. En el día puertas abiertas, en las noches, ya para dormir, cerradas a piedra y lodo. Si se escuchaban gritos o barullos de voces que pasaban nadie salía.
Y cuando sucedió esto que comentaré a continuación, nadie salió. Algunos vecinos del rumbo escucharon lo que sucedía; otros vieron, por entre las rendijas de sus casas, cuando unos hombres, ocho o diez , que estaban departiendo en una cantina del rumbo, sacaron de allí a una joven prostituta para llevársela a la fuerza al río. Los desesperados gritos de la mujer queriéndose zafar de aquellos salvajes, irrumpía el silencio de la medianoche. Ellos, entre risotadas previas a su festín de bestias, le ordenaban imperativo silencio. ¿Quién se iba a atrever a enfrentarse a aquellos? Y, desde la “lógica” de entonces, pues era asunto de ellos con una prostituta. Y una mujer de esas era desecho porque estaba allí por su gusto. Ese era el pensamiento que entonces prevalecía.

Y de entre todas las casas nadie salió a rescatar a la mujer, a completa merced de esa manada. De pronto, al paso se escuchó la voz tronante de Mariana quien, machete en mano, se plantó en medio de la calle y, en actitud amenazante y decidida, les ordenó que soltaran a esa pobre mujer porque al primero que avanzara lo cortaba de tajo. Contaron que los hombres se detuvieron en seco, confundidos, destanteados ante lo que no esperaban. El hecho fue aprovechado por la muchacha que, temblando, corrió a protegerse atrás de Mariana quien los mantenía a raya a punta de insultos y mirada desafiante. Sin bajar ni un momento la guardia y apretando con firmeza el machete en la mano. Los hombres aquellos, desistieron.

Cuando supe de ese hecho, mi simpatía por Mariana creció. Me movió a respeto su valentía. Pero, con todo, aún entonces yo no dimensionaba muchas cosas que con el tiempo se acomodaron como parte de las cosas que tocaron mi corazón y formaron parte de mis lecciones de vida. Su bravura, su coraje, su capacidad de responder al grito de ayuda, de colocarse de su lado. Mariana y su resistencia para no sucumbir a la otra pobreza más estremecedora: la moral.

Mi madre murió en el 91. La última de una de sus hermanas que vivía en el pueblo, mi tía, murió en el 96. Desde entonces solamente he vuelto un par de veces a mi tierra, pero en visita de un día.
Este lunes, antes de escribir la columna investigué si Mariana aún vive. Murió hace menos de un año. Longeva. Un poco más de 90 años. No pregunté más. Pero Mariana hoy decidió visitar mis recuerdos. Yo acepté conmovida y recibí con los brazos abiertos a esa Mariana, la de los píes descalzos y alma vestida con la armadura de oro del kilate más alto, a quien desde aquí le brindo un humilde homenaje a su valentía.

IRMA REYES.

No quise saber detalles sobre cómo fue asesinada la pequeña Fátima. Tampoco seguí a fondo la avalancha de declaraciones en torno a ese suceso. Aunque a cada paso de lecturas de las noticias del día me salía al paso información al respecto, evadía detalles. Me centraba en saber cómo se resolvería este caso que aún estremece recordarlo. En el aire de esta capital flota el asombro, dolor y una profunda indignación por la serie de asaltos desenfrenados y la brutalidad de los últimos asesinatos: Ingrid, primero; luego la niña Fátima.

Por acá y allá escuchaba que el retrato de la mujer que se llevó a la niña a la salida de la escuela andaba en las redes. Que si era la tía. Que la mamá. Que alguien conocido. Que ya ubicaron el domicilio y en ella encontraron huellas ensangrentadas de la niña. Que los asesinos, una pareja con hijos, habían huido y las autoridades ofrecían dinero a quien diera información. Que si La Jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, se mostraba insensible. Sin menospreciar la trascendencia y magnitud del hecho y la afortunada y oportuna presión social al esclarecimiento de tal aberración, me pareció que alrededor de este suceso se estaba montando un circo mediático y utilizando como botín partidista. No quise saber más. Ya vería luego en qué paraba todo.

Lo supe después: los asesinos fueron aprehendidos en Tlazala, municipio de Isidro Fabela, Estado de México, en casa de una tía, hermana del padre del asesino: Irma Reyes. La tía, sin saber lo que había hecho la pareja, les dio cobijo en su casa. Luego, al enterarse de lo sucedido por la televisión, la mujer armó toda una estrategia para entregarlos a las autoridades. En redes y los medios informativos se hablaba de la tía. De su valentía. De su capacidad de respuesta y coraje. Sin saber quién era, sin conocer detalles de ella di por hecho que ese asombro hacia el acto de esta mujer se debía a que estamos tan acostumbrados al solapamiento de los familiares, a la manera como los asaltantes y violadores pueden salir a delinquir y luego regresar al seno familiar donde sus integrantes simulan no enterarse. Así conviven las patologías. De allí – me dije- el que una tía cercana del asesino hubiera hecho lo correcto, causaba asombro. Pero ¿quién era la tía? ¿ A qué estrategia se referían quienes hablaban del caso? Busqué. En medio del horror del caso de Ingrid y de la niña Fátima, me enfrenté a la imagen de una mujer que vive en condiciones de gran pobreza marginal. Irma Reyes, de apariencia frágil, delgadita, rostro anguloso, pelo abundante, repartido en media coleta y un flequillo en la frente. “Así fuera mi hijo (lo entregaría), soy mujer, fui violada, tiene que haber justicia, no tiene que quedar esto impune, yo no quiero lucrar, sólo quiero que se haga justicia”, señaló para diversos medios que difundieron su relato de cómo se habían dado los hechos de captura y las motivaciones para hacerlo.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com
dialogoqueretano.com


EL JICOTE “SUICIDIO Y DEPRESIÓN” VI

25 Feb 20 | Edmundo González Llaca | Clasificado en Cultura, Nacional | Sin comentario »


La depresión es la gran plaga de finales del siglo XX y lo que va del XXI, no es nuevo el tema, los médicos griegos le llamaban la “bilis negra”, Winston Churchill, que la padecía con frecuencia, sin precisar bien si era depresión o una cruda terrible por su gusto por el alcohol, le llamaba “el perro negro”. La depresión va tomada de la mano de las adicciones y de ahí la causa de su aumento. La depresión es un desorden psicológico que se gesta por un desorden físico, producto de las drogas. De la depresión como de la democracia se puede decir todo, el cuadro clínico es zigzagueante y contradictorio. Algunos deprimidos reaccionan eufóricamente otros, al contrario, con un absoluto ensimismamiento; los hay valientes, los hay pusilánimes. La palabra “deprimido” nos refiere más bien a lo oprimido, empujado hacia abajo, apretado en el fondo. El síntoma más común es la indolencia, la tristeza, la dejadez. Pero reiteramos, en el tema todo es oscilante, hay suicidas que piensan que son demasiado malos para recibir tantos cuidados y provocar tantas preocupaciones, Hay otros, en sentido contrario, que desprecian al prójimo tienen, sospechas lúgubres a todo lo que les rodea; hay un deseo de manifestarles su reproche, su falta de comprensión. Una buena cantidad de suicidas actúa bajo la lógica; “Para mí la muerte, pero para ti la culpa”. Mayoritariamente el suicida es muy raro que manifieste su intención de destruirse, pero va dejando pistas, realiza actos en los que refleja una tristeza profunda, un llamar la atención, hace algo que debe interpretarse como un grito desesperado, que generalmente es sordo. Suplica ser atendido, ayudado, comprendido, socorrido. Ya no tiene ni la claridad mental ni la fuerza para enfrentar la vida. A nadie, por supuesto tampoco a la familia y a los padres les agrada estar en el banquillo de los acusados, pero hay una realidad apabullante, si bien el suicida es muy raro que manifieste sus intenciones de auto aniquilarse, el círculo familiar es el más indicado y el principal responsable para detectar ese síntoma, pero ¿quién le puede reclamar a la familia si está abrumada en la lucha por satisfacer las necesidades básicas? Conscientes de ello, algunos empresarios, profesionales y organizaciones civiles de Europa y Asia reconocen la necesidad de apoyar a la familia en esta tarea y han puesto a andar la iniciativa “Hay ayuda”, el Presidente de la organización “Confianza e impulso ciudadano”, Louis Wertman, explica la preocupación que se tiene en estos países por el aumento de suicidios entre los jóvenes de 20 a 24 años. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada 40 segundos una persona se suicida, y que por cada adulto que se suicida hay más de veinte intentos. Es la segunda causa de muerte entre el grupo de jóvenes de 15 a 29 años. Han enfocado su estrategia a través de twitter e internet, pues se ha detectado que son las principales formas de comunicación de los que se encuentran en situación vulnerable. En la red detectan frases como: “Me quiero morir”; “Ya no puedo más con esto”. En ese momento brindan apoyo emocional y primeros auxilios, hasta terapia completa. Es responsabilidad de todos, en medio del griterío público que nos aturde, escuchar la llamada de auxilio de los que quieren acabar con su vida.


DOSTOYEVSKI / Por Tatiana A. Kasatkina

22 Feb 20 | Julio Figueroa | Clasificado en Cultura, Internacional | 1 Comentario »

La multitud de los números primos
Las preguntas y las lecciones de
Dostoyevski

La razón por la que a los jóvenes de hoy les atrae la filosofía de Dostoyevski y sienten la necesidad de acercarse a ella tiene que ver con el objetivo mismo por el que el autor escribió esos textos literarios donde se inserta su filosofía. Dostoyevski quería ofrecer al lector modelos de comportamiento orientados a hacer que el hombre piense, exista y se relacione con el mundo de un modo nuevo, a otro nivel. El orden de los factores de cambio es absolutamente preciso. El primero se sitúa al nivel del comportamiento, es decir, de la experiencia personal. A partir de ahí el hombre puede abrirse de par en par a una manera nueva y diferente de pensar y sentir el mundo.

En la situación actual, en un momento histórico en que la imagen y percepción que el hombre tiene de cuál es su lugar en el mundo están sufriendo cambios impetuosos, estos modelos de comportamiento son extraordinariamente necesarios.

Las preguntas que Dostoyevski sitúa en el centro de su obra son, de hecho, las mismas que los jóvenes de hoy reconocen esenciales para vivir (…) En virtud de todo lo anterior, he podido constatar que la interacción entre la posición existencial de los jóvenes y adolescentes de hoy y la filosofía de Dostoyevski se realiza, sobre todo, según las líneas fuertes de ciertas preguntas.

¿Qué relación se da entre el hombre y el mundo, y cómo se construye esa relación? ¿Es el hombre quien depende del mundo, o el mundo depende del hombre? Es decir, ¿el hombre está definido por el mundo en que le toca existir? ¿Debe ocupar en el mundo un espacio ya prefijado? Para ocupar su espacio, ¿debe obligar a los demás a apretarse? ¿O, en cambio, la aparición de un nuevo hombre cambia al mundo, ofreciéndole posibilidades que no tenía y un espacio y tiempo nuevos a los que antes nadie tenía acceso?

En otras palabras, ¿qué produce en el mundo la aparición de un nuevo ser humano? ¿Agota o enriquece el mundo? (…) ¿Qué caracteriza la relación hombre-mundo? ¿Miseria e impotencia, o más bien la omnipotencia del hombre “pequeño” respecto al mundo? Y entonces, ¿por qué el hombre se siente “pequeño” frente al mundo? ¿Es una percepción de sí que depende de la naturaleza o en cambio es algo que le viene impuesto por la sociedad, que se fija el objetivo de alcanzar y garantizar la estabilidad, de conservar lo que hay, insertando rígidamente lo nuevo que aparece en el perímetro de lo que ya existe? (…) ¿Cómo alcanzar la omnipotencia humana? ¿Cómo cambiar el mundo? En otras palabras, ¿dónde puede encontrar el hombre las herramientas que le permitan influir en el mundo, dando lugar a cambios al mismo tiempo imponentes y no destructivos?

¿Qué significa “cambiar el mundo cambiando uno mismo? ¿Y por qué debo ser yo mismo el instrumento de apoyo para producir un cambio y obtener un resultado que vaya mucho más allá de mi mero cambio personal?

¿Por qué el sacrificio de sí, el donarse totalmente (es decir, salir de los confines de uno mismo), no lleva a una reducción sino al contrario, a un incremento de mí mismo que coincide con mi realización? ¿Cómo puede el don de sí crear vínculos con los demás e influir en el mundo?

Queda la última pregunta que, siendo muy práctica, requiere una aclaración más, pues lo que interesa a los jóvenes y adolescentes de hoy es precisamente la práctica. Todas sus preguntas, de hecho, tratan de entender no cómo pensar sino cómo hacer. Los jóvenes perciben de manera decididamente práctica hasta el pensamiento y se preguntan instantáneamente qué acciones y modalidades de existencia derivan de una determinada concepción del mundo.

A mi modo de ver, esa es precisamente la mejor manera de acercarse a cualquier pensamiento o concepción. Una pregunta que permite a un adolescente intentar poner en práctica inmediatamente un nuevo modo de existir (porque es justo así como, normalmente, percibe su condición existencial un chico de edad adolescente, incluso cuando se encuentra bien integrado socialmente). ¿Cómo poder darlo “todo” cuando no se tiene “nada”? (…) Dostoyevski responde a estas preguntas en todos sus textos, pero las afronta de un modo más concreto sobre todo en las páginas de su “Diario de un escritor”, que de hecho fue pensado por el propio autor como un espacio destinado a ofrecer respuestas a preguntas de este tipo. Pero para Dostoyevski la dimensión en que se pueden rastrear respuestas para tales preguntas no se puede reducir a los límites en los que normalmente circunscribimos la “realidad”. Se trata, en cambio, de un espacio distinto, más grande, inconmensurable, que el escritor señala a sus lectores definiendo los textos de su Diario, donde propone directamente sus respuestas como de género “fantástico”. (…)

Sencillamente, Dostoyevski no se habría podido permitir declarar abiertamente, es decir no interiormente, lo que quería que fuera la orientación, la convicción y el objetivo por el cual se disponía a publicar su Diario, exactamente igual que nunca se había podido permitir explicitar en la versión definitiva de los Demonios el programa social que había anotado en sus cuadernos de apuntes para la novela y que sustancialmente se reduce a las palabras “si todos fuéramos Cristos…”. Ese “todos Cristos” vuelve como un estribillo en los cuadernos de la novela y se repite de varias maneras, siempre y en todas partes, para indicar la única manera posible de realizar transformaciones sociales reales. “Sacrificar y sacrificar, entonces todos seríamos felices mutuamente, si supusiéramos ser todos Cristos”; “si imagináramos ser todos Cristos, ¿acaso podría existir el pauperismo? En el cristianismo, incluso la falta de alimento y combustible llevarían a la salvación (uno no puede dejar morir a un niño y morir él mismo por su hermano)”; “imaginad que todos fueran Cristos, ¿acaso serían posibles todos los problemas actuales, los trastornos, la pobreza? Quien no entiende esto, no entiende nada del cristianismo ni es cristiano. Aunque la gente no tuviera la más mínima noción de qué es el estado o cualquier ciencia, pero todos fueran Cristos, ¿acaso sería posible que no se realizara ya, instantáneamente, el paraíso?”.

Dostoyevski no se habría podido permitir exponer tan claramente este programa, precisamente por su grado de “fantasía”. Sin embargo, Dostoyevski estaba totalmente convencido del hecho de que para cambiar radicalmente el mundo bastaba solo con una personalidad desarrollada y su objetivo era informar a sus lectores de la existencia de esa posibilidad, comunicándoles también las modalidades “técnicas” para ponerla en práctica. Puede decirse que quería inculcarles este conocimiento.

El escritor declara su convencimiento y su programa de un modo casi totalmente explícito en un fragmento de su Diario. “Ustedes, señores novelistas, siempre están buscando héroes –me dijo el otro día un hombre que ha visto muchas cosas–, y cuando no los encuentran entre los rusos, se enfadan y la toman con el país entero. Permítame que le cuente una anécdota: en tiempos del difunto soberano, vivía un funcionario que primero había servido en San Petersburgo y después, creo, en Kiev, donde murió; a eso se reduce, por lo visto, toda su biografía. Y sin embargo, ¿puede creerlo? Durante toda su vida, ese hombre modesto y silencioso sufrió lo indecible por el régimen de servidumbre, por el hecho de que en nuestro país un hombre, que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios, pudiera ser esclavo de otro hombre como él; así que se puso a ahorrar una parte de su magro sueldo, privándose él mismo, y privando a su mujer y a sus hijos, casi de lo imprescindible; y cuando conseguía acumular algún dinero, compraba la libertad de algún siervo a su propietario; naturalmente, a razón de uno cada diez años. A lo largo de su vida logró redimir de ese modo a tres o cuatro personas y, cuando murió, no dejó nada a su familia. Todo eso sucedió sin publicidad, en silencio, sin que nadie se enterara. Un héroe un poco raro, por supuesto: un “idealista de los años cuarenta”, nada más; puede que incluso ridículo e inepto, ya que se imaginaba que su desdeñable esfuerzo individual bastaba para acabar con ese mal; (…) ¡cuánta falta nos hace gente así! Siento un tremendo cariño por esos hombrecillos ridículos que están plenamente convencidos de que su microscópica acción y su perseverancia pueden contribuir a una causa común y no esperan a que se produzca una iniciativa y una campaña a gran escala”.

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Sin decirlo nunca directamente e, incluso al contrario, subrayando de todas las maneras posibles que llegar a una conclusión así sería ridículamente imposible, Dostoyevski propone al lector un pensamiento absolutamente “fantástico” que luego reiterará regularmente en las páginas siguientes de su Diario y que llegará a expresar de forma definitiva en “El sueño de un hombre ridículo”, un hombre totalmente desconocido, del que nadie en el mundo ha sabido nunca nada, viviendo en profundo acuerdo con los movimientos más profundos de su ánimo, libera de la esclavitud, en un silencio sordo, a tres o cuatro personas, y el resultado es que veinte años después toda Rusia, de un solo golpe, abole completamente la servidumbre de la gleba. La humanidad, sugiere veladamente Dostoyevski dejando a sus lectores la posibilidad de captar o no su pensamiento, es un organismo unitario y, si una célula deja de vivir según las reglas que le habían sido impuestas, empezando en cambio a seguir los deseos más verdaderos y profundos de su corazón y sacrificándolo todo por esta razón, entonces, veinte o cien años después, es decir, en la noche de los siglos, cuando sea pero antes o después, se reconstruirá el organismo entero, porque ese movimiento ya se ha puesto en marcha y ya nada podrá pararlo. Un solo hombre que cambie simplemente él mismo encaminándose por el sendero de una vida verdadera, por el camino de su destino real como hombre, cambia, inevitablemente, todo el mundo y la humanidad entera.

Bastaría dejar de limitarse a rumiar la propia miseria e intentar darse cuenta de la necesidad que tienen los otros para descubrir al instante todo lo que podemos dar. (…) Hay otra razón por la que podemos afirmar que los jóvenes del inicio del tercer milenio perciben en las obras de Dostoyevski algo que para ellos es de vital importancia, y es cuando reconocen su filosofía interior, a la que el autor añade una invitación concreta para ponerla en práctica, como hace él mismo toda su vida. De hecho, esta filosofía responde por primera vez de un modo no enigmático sino lógico y transparente a la pregunta “qué significa ser realmente los primeros” y “qué quiere decir que realmente va primero quien es segundo”.

Dostoyevski muestra de un modo bastante directo (…) que todos somos los primeros por derecho de nacimiento. Todos somos reyes, “vosotros, en cambio, sois un linaje elegido, un sacerdocio real” (1 Pedro 2,9), y el primer puesto está garantizado para todos por el simple hecho de existir. Cada uno es protagonista de su propia vida. En definitiva, en el fondo se podría describir toda la historia del mundo como finalizada completamente para uno cualquiera de nosotros, o leerla partiendo de uno de nosotros, y verla cambiar en su desarrollo a causa de la propia aparición. Por ejemplo, se puede decir que la guerra de los cien años estalló para que la tatara-tatara-tatara-abuela de alguien pudiera conocer a su tatara-tatara-tatara-abuelo. Y eso es cierto para cada uno de nosotros.

Pero entonces, ¿en qué consisten nuestra excepcionalidad y nuestra grandeza? ¿De dónde proceden? ¿Cómo pueden manifestarse? La excepcionalidad y grandeza de un hombre se muestran cuando este acepta el rol de ser segundo en la vida de alguien. Cuando superamos los límites de nuestra vida, esa en la que somos los protagonistas principales, los primeros. Es decir, cuando nos superamos a nosotros mismos, vamos más allá de nuestra historia y nos convertimos en participantes indispensables de la historia de otros, aceptamos el papel de personajes secundarios que ayudan al protagonista a realizarse al máximo de sus posibilidades. Cuanto más lleguemos en nuestra vida a ser estos secundarios, mucho más podremos influir en todo el movimiento de la historia de la humanidad, podremos ejercer una acción decisiva en el movimiento de la humanidad entera, que tiende a encontrar su forma ideal. Esta tarea de ser segundos es exactamente aquello con lo que Cristo identificó el objetivo de su venida cuando dijo que el Hijo del hombre “no ha venido a ser servido sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos” (Mateo, 20,28).

Para Dostoyevski, este es precisamente el resultado natural y espléndido del desarrollo de una personalidad que alcanza el último peldaño en su camino de ascenso hacia la verdad de sí misma.

L`osservatore romano / 5-Feb-2020.

–¡Miel sobre hojuelas fantásticas!
–¡¿Ser los segundos en un mundo en que todos se sienten campeones?!
–La lección de Fiodor: Vivir tus fantasías con humildad.
–A diferencia del gran Tolstoi, Dostoievski siempre fue un creador, no un moralista, aunque lo fue. Turguenev en su lecho de muerte le pidió a Tolstoi que volviera a crear, y olvidara sus cartillas morales. No lo peló.
–Bien. Mas la vida humana es sacrificio, servicio, ganancia, pérdida.
–¿Por qué la doctrina cristiana tiene un gran conflicto con los placeres humanos terrenales y especialmente el de la carne? Pregunta F. Campbell.
–Y responde el poeta: Tu parte de placer no la descuides nuca:
“Los dos se desnudaron y se amaron / por defender nuestra porción eterna, / nuestra ración de tiempo y paraíso, / tocar nuestra raíz y recobrarnos, / recobrar nuestra herencia arrebatada / por ladrones de vida hace mil siglos, / los dos se desnudaron y besaron / porque las desnudeces enlazadas / saltan el tiempo y son invulnerables…”.
–Y sin embargo las preguntas y las propuestas del demonio fantástico de Dostoievski invitan a nuestras propias respuestas y propuestas en nuestra Edad Luz. Sin rollos. Pienso. Q, Presidentes, viernes 21-II-2020.
páginasDigital.es / 21-Feb-2020. / L`osservatore romano / 5-Feb-2020.
Ligas: http://www.paginasdigital.es/v_portal/informacion/informacionver.asp?cod=9202&te=15&idage=17488&vap=0&npag=1
http://www.osservatoreromano.va/it/news/la-moltitudine-dei-numeri-primi


FRASE DE LA SEMANA

21 Feb 20 | Ricardo Méndez-Silva | Clasificado en Cultura, Internacional | 3 Comentarios »


RICARDO MÉNDEZ-SILVA
JULIETA MARTIN DEL CAMPO

El insomnio tiene algunas ventajas, destaco una reciente: Las Obras Completas de Jorge Luis Borges (EMECÉ Editores, Buenos Aires, 1974) me guiñaron el ojo. Aclaro, su nombre de pila era Jorge Luis y no José Luis como lo llamó un ex-presidente mexicano cuyo apellido es de tres letras. La velada forzosa se iluminó entonces. Ese libro prodigioso me lo había obsequiado hace ya muchos años Andrés González Pages, amigo entrañable, a quien sin razón he dejado de buscar.
Hubo un tiempo en el que hice profesión de fe Borgiana, atrapado por su imaginación y su prosa exacta y motivante. Un día fui invitado a una comida del Centro de Lenguas Extranjeras de la UNAM y me instalé en una mesa en la que ninguno de los comensales nos conocíamos entre sí. Un psicólogo, sabio por las artes de su profesión, trataba de romper el hielo. Comentó que había asistido a un paciente que durante muchas noches no había podido dormir, le dedicó varias sesiones de psicoanálisis hasta que una noche pudo conciliar el sueño pero a cambio él fue quien se pasó en vela toda la noche. Intervine diciéndole “eso parece una historia de Borges” y el repuso entusiasmado yo utilizo la obra de Borges para psicoanalizar.
Las anécdotas de su vida, obviamente, no aparecen en sus obras completas pero un buen día hallé algunas en un reportaje periodístico: Una tarde se encontraba impartiendo su clase de literatura en una Universidad de Buenos Aires cuando ingresaron súbitamente unos alumnos conminándolo a que concluyera su exposición en reclamo de un movimiento estudiantil. El egregio escritor, sin más, se negó al tiempo que uno de los huelguistas lo amenazaba: si no accede vamos a apagar la luz del salón. Sin inmutarse, Borges respondió pueden hacerlo, soy ciego.
Una más: un jóven escritor en ciernes se acercó al Maestro y muy ufano le confió que había escrito un cuento y procedió a relatárselo. Palabras más, palabras menos, el ilusionado jóven relató su historia esperando una respuesta alentadora: Soñé que mi madre muerta me veía desde el fondo de un espejo y me saludaba. Borges respondió: ¿Su madre muerta lo saludaba desde el fondo de un espejo? ¡Qué atenta su señora madre!
Una noticia periodística narró su visita a México, acompañado por María Kodama, su tardía esposa. Lo llevaron a visitar las Pirámides de Teotihuacán, paseo por demás fascinante. El guía les explicaba la historia de los colosales monumentos prehispánicos y del conjunto arqueológico, sin embargo, no faltó uno de esos especialistas en la impertinencia, quien lo inquirió sobre lo que le significaban las explicaciones siendo como lo era una persona invidente. Repuso con tranquilidad: Yo veo las cosas de otra manera.
Un cuento que no aparece en sus obras completas porque es posterior a la edición de 1974 y que encontré en la sección cultural de algún periódico, rezaba: En un sueño fui a visitar por la noche a mi enemigo, nos hicimos de palabras y luchamos, yo resulté mas diestro en ese pleito y lo maté. Antes de huir me llevé un libro de su biblioteca que me llamó la atención. Desperté sobresaltado y desde esa noche nunca se ha vuelto a saber nada de mi enemigo y, en su biblioteca, falta un libro.
Pasaron los años, un día fatal vi por la televisión su entierro en Ginebra, había dejado atrás a Mi Buenos Aires Querido. Me estrujó el alma ver el feretro del pobre ciego descender a la oscuridad inapelable de la tumba.


EL JICOTE “SUICIDIO, ADICCIONES, VIDEO JUEGOS” V

21 Feb 20 | Edmundo González Llaca | Clasificado en Cultura, Nacional | Sin comentario »

Me preguntan ¿Cuál es la causa principal del aumento de suicidios en comparación con mi generación? Es imposible la comparación, las razones del suicidio se hunden en un contexto económico, social y cultural lo que impide precisar cualquier causa. Durante mi época la marihuana era de uso común de soldados, la cocaína casi no se conocía y los hongos alucinógenos eran exclusivos de una élite intelectual y sofisticada. Hay un factor poco mencionado, el éxito del marxismo como un método científico de análisis que contrastaba con su fracaso completo en la realidad política, pero aún así el socialismo tenía una superioridad ética frente al capitalismo, pues pugnaba por la redención de la clase trabajadora. Muchos jóvenes fueron seducidos por ese altruismo, fuera por la vía violenta o pacífica, pero ese ideal animaba la chispa de vivir e inhibía la inclinación de la muerte. Por otra parte, durante la época de mis padres el diagnóstico de las personas se hacía vía las amistades: “Dime con quién andas y te diré quién eres”. En mi época era; “ “Dime cuáles programas de televisión ves y te diré…” Ya recientemente: “Dime cuáles son tus redes sociales y te diré…”. Finalmente en la post modernidad: “Dime qué aplicaciones y video juegos utilizas y te diré…”. Los educadores se han diversificado, ya no son solamente los padres. los amigos y la escuela, también son los medios de comunicación, las aparatos electrónicos, la internet. No sólo se han masificado los medios de influencia sino que también la mayoría son anónimos. En suma, se ha perdido el control sobre el pensamiento de los jóvenes y un hecho es apabullante: ya no es el círculo de los padres, si todavía siguen casados, la principal influencia en la conducta de los hijos. Una anécdota personal, mi hijo el menor tenía aproximadamente cuatro años, un día le llamé la atención por su desdén cuando le hablaba. El tlaconete se me quedó viendo fijamente y con absoluta seguridad, dijo: “Yo te haría caso, lástima que no seas un papá de verdad”. El desprecio me cayó como un electroshock, me dieron ganas de agarrarlo y meterlo a la estufa y abrir el horno de gas. Pasé saliva, no repliqué, me quedé callado pensando ¿De dónde habrá sacado este malvado escuincle esa capacidad blasfematoria? Le hice marcaje personal y la lista de sospechosos de quien le habría enseñado semejante insulto tan devastador: su mamá, la nana, la cocinera, el chofer, nada más para empezar. Estuve permanentemente con él. Un día estaba viendo en un aparato, una especie de televisión pequeña, donde venían varios cuentos clásicos infantiles. Le pedí que subiera el volumen para poder estar atento mientras yo hacía otra cosa. De pronto escuché, no recuerdo bien el diálogo, creo que es Pinocho quien le dice a su papá carpintero: “Tú no eres un papá de verdad”. Descansé, la dura ofensa no era algo que percibiera en todo su alcance. Eso espero. Los recientes asesinos y luego suicidas han tomado como inspiración los video juegos, donde el desprecio al ser humano y el empobrecimiento de la vida son la constante. La repetición de la práctica de esos juegos en mentes vulnerables hacen perder la realidad a los usuarios. El último mensaje encontrado en la computadora de un asesino y luego suicida, fue: “La vida es un video juego, donde uno puede ser el muerto”.


EL JICOTE “SUICIDIO, BULLYING Y ADICCIONES” IV

20 Feb 20 | Edmundo González Llaca | Clasificado en Cultura, Nacional | Sin comentario »

A mi amigo Efraín Mendoza Zaragoza, un abrazo solidario.

El hostigamiento académico ha existido desde que existen las escuelas, con las variantes propias de la cultura y lo que llaman “contagio social”. Cuando fui víctima del bullying no me atreví ni siquiera a denunciarlo en mi casa, pues ya sabía la respuesta: “Pues defiéndase, ¿qué no es hombre?” La vergüenza de ser descubierto como un cobarde me hacía tragar mi angustia. El valor de dar la cara, aunque te la partieran, era algo muy reconocido en mi generación. Desventaja en relación con la época actual que reconoce la valentía en muchas facetas de la vida, como bien decía Borges: “Soy héroe -pero aclaró- héroe civil”. Pero el bullying anterior tenía una ventaja, el estudiante dejaba la escuela y regresaba al apapacho familiar, al trato armónico con los amigos. El bullying moderno no tiene horario ni espacios, ni grupo específico, con las redes sociales persigue a la víctima donde quiera que se encuentre, la rodea y está cotidiana y permanentemente atrapada. Este asedio global es sin duda una de las razones para ser considerado la primera causa de suicidio entre los jóvenes. El “contagio social” es materialista, consumista, hedonista y, sobre todo, narcisista. Si desde la Biblia se dice que la vida es vanidad, todo es vanidad, en estas épocas adoradoras de la belleza corporal y los “selfies”, la vanidad vive un momento estelar. El perfil de los jóvenes que han masacrado a compañeros y maestros es de gente solitaria, no aceptada en la comunidad ni académica ni social. Representan la cara oscura de lo que es el paradigma del grupo: “El estudiante o la estudiante popular”. En el acto asesino hay venganza por la marginación, pero no podemos de dejar de distinguir que inmersa en su desesperada agresión también hay la afirmación de una individualidad que se niega aceptar la globalidad y la uniformidad de los valores. Otra faceta importante en el joven suicida son las adicciones, una avidez al placer y al placer rápido, tiene su paraíso en un medio ambiente desbordante de substancias sicotrópicas, que tienen su atractivo no únicamente por el tipo de disfrute sino también porque marcan el “status social” del consumidor; dan diferente tipo de “caché”. No es lo mismo ofrecer mariguana que cocaína. Los jóvenes empiezan a burlarse de la vida, a distraerse inmersos en el placer que sólo tiene como pasaporte traer dinero; es entonces cuando la vida es menospreciada que toma la revancha asestando una realidad despiadada: falta de oportunidades, salarios bajos, insatisfacción laboral. La mayor de las probabilidades: una mediocridad económica y social; la nariz apenas afuerita del agua de una competencia profesional cada vez más exigente. Decía un reclutador de talentos: “Hace apenas algunos años pedíamos título profesional, después maestría, hoy al menos doctorado, mañana premios Nobel”. Los adultos no tienen autoridad en el llamado a los jóvenes a no consumir drogas, una tercera parte de la población mundial toma tranquilizantes. Los jóvenes que deberían de ser el rostro sano, risueño, el presente y el futuro más próspero y feliz, frustrados e impotentes para cambiar las cosas, optan por denunciar el mundo que reciben, renunciando a vivir en él.


EN DO MAYOR.

19 Feb 20 | Jovita Zaragoza Cisneros | Clasificado en Cultura, Nacional | Sin comentario »

(Parte II y última)

No parece haber un resquicio salvable para una personalidad llena de recovecos psicológicos y tormentos personales que hizo del poder su meta y fin último. Carlos Denegri perteneció a una época conformada en su mayoría por periodistas dóciles a un sistema perfectamente diseñado para controlar, comprar o someter voluntades, adormecer y pervertir conciencias.
EL VENDEDOR DE SILENCIO ilustra el drama de la vida de una cultura construida sobre apariencias. Familias asentadas sobre violencia soterrada, pero blindada con un lenguaje disfrazado de buenas intenciones. ¿Dónde, sino entro de las familias, se construye la mirada con la que saldremos al mundo exterior? ¿Quién dicta los valores de ese andamiaje familiar?¿El sistema político en alianza con instituciones religiosas y con la sumisa complicidad u omisión de una sociedad que deja al Estado el diseño de su vida y la de los suyos?
En México el valor “ familia” se patrimonializó. Perfección de felicidad hacia afuera, silencios adentro. Disimulos entre los mismos integrantes de la familia. Secretos que se guardan celosamente y no se dicen, pero se actúan en los hechos y se reproducen en el gran escenario social. Construcciones fantasiosas, idealización de la figura patriarcal sobre la sumisa complicidad de la madre, revestida esta última con un aura de pureza celestial. No hay cabida para la madre de carne y hueso. No hay cabida para el padre con miedos y flaquezas. Afuera, en los otros, está el pecado. Hacía dentro, la pureza.
La personalidad de Carlos Denegri se formó y deformó dentro de esos secretos dolorosos. Mentiras completas y apenas asomos de verdades. La historia de su origen escondida en los rincones más oscuros de su mente y alma; pero transmutados en verdugos implacables. El niño Denegri lucha contra ellos y esconde sus miedos con celo. No puede darse el lujo que lo sepan y vean débil afuera, en esa sociedad llena de personajes fatuos, de apariencias. Del tamaño de su fragilidad es el tamaño de su crueldad. Del tamaño de sus miedos el de su afán de control. Y para ejercer control necesita tener poder. Obtenido como sea, pero tenerlo. “México era una tierra en la que un aventurero con los pantalones bien puestos podía conquistar una posición. Cuando fuera grande yo quería ser como mi padre y sus amigos: un justiciero valiente que impone su ley y no se detiene ante nada…”, confiesa en uno de sus apuntes.
SU MUERTE.
Carlos Denegri fue asesinado en su casa por su tercer mujer llamada Natalia en EL VENDEDOR DEL SILENCIO. Su nombre en la vida real: Linda. Ocurrió un jueves 1 de enero de 1970. Cansada de los golpes, de las brutales golpizas decidió darle un tiro en la cabeza. Uno sólo, pero suficiente para acabar con su vida. Linda sostuvo que había sido un hecho accidental. Pero lo cierto es que Carlos Denegri había entrado ya a una locura desenfrenada , arreciando los castigos y golpes para su mujer que , ese día, decidió acabar con el tormento de ella. Y de él.
Fue condenada a dos años de prisión. Sin embargo, nadie tuvo duda de que había sido un acto deliberado, producto de la desesperación. Fue una mujer acosada y sometida por un hombre tan seductor, como cruel. Linda (Natalia en la novela) estaba presa en el poder de quien la hizo su posesión y a merced de una sociedad que observaba con cierto morbo, asombro complaciente e hipocresía el grotesco actuar de un hombre sin límites.
Luis Echeverria iniciaba su sexenio. No había buena relación con Denegri, quien había mostrado su incondicionalidad al que creyó sería el sucesor de Díaz Ordaz: Emilio Martínez Manatou, hombre de confianza y amigo personal del presidente saliente. Denegri quedó fuera de los favores del sistema. Iniciaba ya el zenit de su poder y su locura se acentuaba. “Denegri periodista, temido aun por los más altos personajes de la política y el dinero. Todos lo querían mal y sin embargo, todos se rendían ante él. Cuando murió, nadie sintió su desaparición”.
“¿MATÉ YO A CARLOS DENEGRI?” Fue el titulo del libro que años más tarde escribió Linda, su mujer, su víctima. “Más que el placer físico, lo embriagaba el orgullo de ser un chingón, la dicha inefable de haber nacido para mandar”, describe Enrique Serna.
Epilogo.
Basado en la profunda investigación que hiciera sobre Carlos Denegri, Enrique Serna recrea en la novela escenas y diálogos apegados al momento. La conversación que tiene con uno de los pocos amigos construidos en la temprana juventud y cuya relación se fracturara durante esos avatares profesionales. Se trata de Jorge Piñó Sandoval con quien compartiera inquietudes ideológicas en un tiempo. Cabe agregar que Piñó Sandoval fue un militante y periodista combativo, cuyas críticas al gobierno de Miguel Alemán, irritaron a este último y ordenó le golpearan salvajemente antes de ser exiliado a Argentina. Piñó escribió más tarde una novela , publicada por Joaquín Mortiz, bajo el título de “La grande o el fuego nuevo”.
Reproduzco aquí esa conversación, extraída del VENDEDOR DE SILENCIO y que su autor ubica en el contexto de un homenaje post mortem a Rodrigo del Llano, “skipper ”, ex director de Excélsior. Luego del encendido discurso de Denegri, lleno de alabanzas a “skipper”, Piñó Sandoval y Denegri dialogan en la intimidad de un bar. El comentario a manera de reclamo, sale de Piñó Sandoval:
– Hiciste un retrato muy idealizado de Rodrigo del Llano. Aquí entre nos, era un perfecto cabrón.
Carlos Denegri- Pero como decía Roosevelt de Somoza, era nuestro cabrón.
JPS:- Será el tuyo, a mi no me tragaba. Tardó más de tres años en dejarme publicar un reportaje firmado. Y cuando tuve la fuente de la Procuraduría no paraba de chingar: sácales más desplegados, se han anunciado muy poco, me presionaba. Este periódico vive de ordeñar las fuentes.
CD:- Así funcionan los periódicos en este país, pero tu eras demasiado idealista para entenderlo.
JPS:- El Skipper lo decía con más crudeza: me tachaba de pendejo. A ti en cambio te ponía como ejemplo porque le dabas a ganar dinero al periódico.
CD:- Te consta que yo siempre te defendí. Varias veces le pedí a don Rodrigo que no te cargara la mano. Pero en vez de agradecérmelo te distanciaste de mí. En algún momento comenzaste a pintar tu raya, como si yo tuviera roña.
JPS:- Me di cuenta de que no podíamos congeniar. Tú eras un periodista con mentalidad empresarial y querías hacerte rico a como diera lugar.
CD: -¿Y tú no?
JPS:- Yo tenía otra clase de ambiciones.
CD:- Sí, claro, liberar al pueblo de sus cadenas- Denegri parodió un tono de arenga demagógica-, extirpar el cáncer de la corrupción, alzar el puño contra la injusticia social, ja, ja, ja. Te felicito, casi logras ser un mártir de la prensa libre. Pero yo supe desde chavo que en la política real, el bando del bien no existe.

zaragozacisneros.jovita@gmail.com


Los conservadores

18 Feb 20 | Augusto Isla | Clasificado en Cultura, Política | 1 Comentario »

El presidente de la República amanece cada día con un ‘palabrario’ envenenado que califica a quienes no piensan como él. Pero él es así. No se concibe sin ese enemigo imaginario que son ‘los conservadores’ que, dicho aparte, nunca ha definido. ¿O solo son un fantasma? ¿Un referente de su amargo discurso? Al menos para mí no es más un agravio estéril. Un disparo que se pierde en el viento. Incluso un halago.
Mucho hay que conservar en este planeta, en sus soles. Mucho en esta patria, en su democracia que no acaba de nacer sana y fuerte. Mucho en la vida de cada uno de nosotros. En la Polis y en el Oikos. En el ámbito público, en la familia y los amigos. Soy pues, un conservador. Orgullosamente conservador. Porque quiero conservar mi vida, mis libertades. Quiero conservar mis ‘clásicos’ literarios en el más amplio sentido: poetas, pensadores… Regalos del tiempo. Y mis raíces antiguas y modernas. Porque quiero conservar mis ojos para contemplar la magnificencia de las obras del hombre: la pintura, la arquitectura. Un retrato de Leonardo, un puente escrito sobre las aguas de la remota China. Porque quiero conservar mis oídos para gozar a Bach, las notas sincopadas de Charlie Parker y el palpitar de las estrellas. Porque quiero conservar mi optimismo, seguro de que la utopía de hoy será realidad mañana, seguro de que los tiranos también mueren aunque se piensen eternos. Quiero ser conservador para comprender el alma de los otros, siempre lejana y nunca abandonar el sentido de la compasión.
No es, pues, un pecado ser conservador. Quien así lo crea está muerto en vida. Como la madre de Franz Kafka, de quien éste decía: “se afana por no vivir”. Y lo afirmaba quien pasó por este mundo escudriñando lo imposible, imaginando un castillo que no existía, quien redactó la carta más conmovida dirigida a un padre que no pudo descifrar sus prodigios secretos.
* * *
Edmund Burke, el admirable conservador inglés, resume así lo que dibujan estas líneas balbuceantes: “La vida es bella, y vale la pena vivirla sea cual fuere su final. Mucho que ver y que hacer todos los días. Hay vino y cosas que comer. Y escaparates que contemplar. Y amigos que esperan que nos acerquemos a ellos. Y libros que leer y música que oír”. Así pues, que nadie se sienta herido porque alguien, ungido por una papeleta electoral, le llama “conservador”.


EN DO MAYOR.

18 Feb 20 | Jovita Zaragoza Cisneros | Clasificado en Cultura, Política | Sin comentario »

(Parte I de II)

DIVERSOS ROSTROS Y UN SOLO CUERPO.
Confieso que más de una vez detuve mi lectura de El VENDEDOR DE SILENCIO de Enrique Serna, enorme escritor, quien nos entrega en esta novela un retrato inquietante y humanamente descarnado de la tortuosa y cruel personalidad del periodista Carlos Denegri ( 1910- 1970). Su libro es la biografía novelada de un personaje real del periodismo mexicano, dueño de grandes capacidades intelectuales que usó para beneficio personal, afirmar su insaciable afán de poder y su imagen de macho poderoso.
Pero si bien el personaje central es Denegri, es también el retrato de una sociedad no menos tortuosa, profunda e inconscientemente cruel, frívola y capaz de albergar y usar a individuos que no pueden anidarse fuera de un entorno razonablemente sano. Es la estampa colorida de una clase social profundamente clasista, racista y con patente menosprecio a la mujer confinada al papel decorativo en la que se establecen juegos de simulación y de falsos pudores. La novela de Enrique Serna es, además de todo eso, un desfile de nombres de intelectuales y su danza con el poder; es una minuciosa disección psicológica del personaje y de la anatomía de la clase política y social del México de una época en la que cincelaron los valores y delinearon sus caminos por los cuales transitar.
Atrapada en la ágil narrativa del autor, hube de detenerme al ver reflejadas allí esa realidad aún persistentes entre nosotros, pero que pocas veces logramos dimensionar. Imposible no preguntarse de dónde venimos, qué y cómo nos hemos construido y dónde estamos hoy parados. Obligada reflexión y pregunta sobre hasta dónde permeó ese tufo de descomposición gestado desde entonces en una sociedad tan complaciente. Quizá, aventuro, parte de lo que hoy vivimos sea el resultado de esa permisividad que permitió el avance de la mirada distorsionada, disfrazada de normalidad y que hoy nos estalla hiriéndonos con sus filosas aristas. Acaso hoy esa ley implacable de causa y efecto que no hemos logrado asumir, nos alcanzó. Acaso sea tiempo ya de trabajar a fondo en nuevos paradigmas más conscientes, más humanos, en los que la palabra respeto sea el significado profundo del amor.
VICIOS NO TAN OCULTOS.
Casi al inicio de sus primeras páginas leí con asombro una escena perturbadora que suscitó las preguntas arriba mencionadas. En ella cita algunos nombres y fue uno de ellos el que me detuvo. Aparece junto a Denegri y es uno de sus personajes que describe como un conquistador incorregible, un cínico playboy. “ Delgado de pelo castaño, tenía la distinción en el vestir y los modales exquisitos de la vieja oligarquía mexicana, la que ya era rico en tiempos de don Porfirio…” ¿Por qué detenerme en este personaje? Porque este hombre, el aludido “playboy”, (“ si te la pasas correteando gringas en Acapulco”) llegó más tarde a ser gobernador de un Estado. Antes pasó por varías instituciones y, ya en funciones como gobernador, era verdad abierta que el funcionario en cuestión perseguía a jovencitos. Una debilidad la suya era la de seducir hombres jóvenes, estudiantes a quienes invitaba , o hacia allegarse hasta su oficina y terminaba con alguno de los ingenuos en su bañera de lujo construida en el privado de su oficina estatal.
Ejemplo y producto de nuestra clase política y de nuestra sociedad, a la muerte de este personaje (2010) se le rindieron toda suerte de homenajes por su obra profesional, exaltando así logros, méritos que no son de negar, pero sin duda magnificados para vender así la estabilidad y éxito de una clase gobernante de entonces, que nada tenía de integra y decente y sálvesequienpueda ayer como hoy ¿verdad, Niniane?
Uno de los hijos de este ex gobernador priista, más tarde, a principios de los años 80s, sedujo y engañó (montando una falsa boda con ella), a una bella modelo mexicana, jovencita de 17 años a la que llevó a vivir en Las Lomas y cuya carrera terminó debido a su fuerte adicción a toda clase de sicotrópicos. Años más tarde y ya pasados los cuarenta años de edad del hijo de este ex gobernador dio píe a otra nota escandalosa: Fue detenido en las calles de Polanco por armar escándalo junto a varios individuos. Iban en su carro ingiriendo alcohol. Al detenerles y revisar el auto encontraron grapas de cocaína y pastillas psicotrópicas. “Quien ha paladeado el poder de niño ya no se resigna a vivir sin él”, reza un dicho. Y al momento de ser detenido gritaba a las autoridades, ostentando las influencias que su apellido y el otrora cargo de su padre le dieran. Aunque ya no se supo cómo salió de ese lío , no es difícil concluir que logró hacerlo con las influencias que logró mover en ese momento , ya que su padre aún estaba vivo. .
BANQUETE DE PODER, DESFILE DE COMPLICIDADES Y OMISIONES.
“Bajo la regadera recordó con nostalgia su gloriosa impunidad de antaño: esos miedos nunca lo hubieran asaltado en el sexenio de Miguel Alemán, cuando era el favorito de la corte. Dichosos tiempos aquellos en los que podía soltar balazos en un cabaret, manejar a velocidad de ambulancia escoltado por policías de tránsito, ligarse a mujeres casadas en las narices de sus maridos o vociferar en el mostrador del aeropuerto cuando algún vuelo venía lleno: baje a quien sea, tengo que tomar ese avión por órdenes del señor presidente….” , uno de los párrafos, fiel estampa de ese México que venía seguido tras de una cauda de personajes oportunistas que hicieron del poder su aspiración más grande, como una forma también de allegarse de riqueza. Es en esta administración de Alemán donde -relata la novela y así consta – Denegri tuvo su mayor auge como periodista de sociales.
El VENDEDOR DE SILENCIO da cuenta del manejo de la prensa de entonces. El Excélsior, ocupa mención especial, junto a uno de sus directores: Rodrigo del Llano, el skipper, quien junto a Denegri, se sirviera de su relación cercana con el poder en turno para vender su silencio o alabanzas. Es la novela están documentadas complacencias y rivalidades entre colegas, pugnas profesionales y personales; un largo desfile de nombres de intelectuales de la época. Uno de los pocos nombres que sobresale de entre este festín de disimulos y complacencias es el de don Julio Scherer García, apodado el “el mirlo blanco”. Hombre de firmes convicciones y una ética a toda prueba que manifestó su rechazo hacia quien llamó “el mejor y más vil de los reporteros” y al que aludiera años más tarde en de sus memorias: Estos años (Océano, 1995) y La terca memoria (Grijalbo, 2007).
( Mañana parte II y última)


EL JICOTE “SUICIDIO Y CULTURA” III

18 Feb 20 | Edmundo González Llaca | Clasificado en Cultura, Nacional | Sin comentario »

Imposible hablar del suicido y omitir el Hara Kiri, que es el ritual suicida de la cultura japonesa, significa “corte del vientre”. Se trata de un destripamiento, de quienes prefieren morir por sus propias manos, antes de vivir una vida con deshonra. El suicida se baña, se viste con elegancia, de preferencia con un kimono blanco. No se tira terribles rollos ni envían un mensaje a la afición japonesa o a los compañeros de partido, todo lo hacen en silencio. El suicida está sentado, utiliza una espada larga o una daga, se encaja en el bajo vientre y se sube, se baja o se tira en forma horizontal. Como podrá fácilmente imaginarse se provoca un súper retortijón y resulta tan doloroso, que en ocasiones el suicida recurre a un asistente, quien abrevia la agonía, cortándole la cabeza. Cada época, cada cultura genera un perfil especial de suicidas, los de moda son resultado del bullying, o el acoso escolar que, según la OMS es la primera causa de suicidio adolescente. Según la UNICEF la mitad de los adolescentes sufren violencia en las escuelas. Yo, por supuesto que me acuerdo, el buleador tenía dos años más que yo, le tenía que disparar la torta en el recreo y tenía que ingeniármelas para salir de la escuela, que era durísimo, algo así como salir de un penal de alta seguridad, y traerle un raspado de grosella, más de una ocasión al llevárselo pensé envenenarlo, sólo una vez me hice un poco de pipí y me puse pálido cuando dijo: “¿Qué le pasa al de los raspados? Ésto sabe a miados”. Sudé, pero afortunadamente lo distrajeron y yo salí corriendo. La más grave respuesta a la violencia recibida es la venganza contra otros compañeros. Tres buleados encontramos otra víctima. Era el “Gordo”, cuando sonaba el timbre para el recreo le impedíamos el paso. Nos veía complaciente y resignado, decía: “Ya llegó la banda de los gorrones” O de los hambreados, no recuerdo exactamente, el calificativo era su última pequeña venganza. Abría su casillero que le quedaba atrás, veía por la ventana e iniciaba un monólogo: “Hace calor, tenemos que buscar algo acidito” Metía la mano al casillero y sacaba un perón. Lo limpiaba cuidadosamente y lo veía contra la luz. Decía: “Es el perón exacto, no es muy dulce que le quitaría emoción al sabor ni muy verde, pues nos enfermaríamos”. Revolvía otra vez el casillero y sacaba una navaja Gillette filosísima y ponía una hoja blanca en su pupitre en calidad de mantel, Seguía: “No les voy a preguntar cómo lo quieren, pues se agarran en una discusión que acaba hasta el recreo”. Cortaba el perón en proporciones iguales. “La de fulano, con limón, que le gusta lo agrio, me parece demasiado. La de Llaca (yo) con chile piquín; la de perengano con mermelada, pues le gusta lo agridulce como a los gringos; yo solamente con sal”. Terminado el ritual, concluía: “Últimas recomendaciones. No tomen su rebanada hasta que yo les diga. Quítense del paso y déjenme salir. Vean un momento como quedó todo, qué bonitos colores. Comer es también ver”. Tomaba su parte y gritaba mientras salía: “¡Ahora!”. El hostigamiento puede ser físico, social, verbal. El nuestro era físico, el de ahora es más complejo y lleva a las masacres y luego al suicidio. Lo trataremos de analizar más delante. Por cierto, gracias “Gordo” donde quiera que te encuentres. Por tu culpa me hice antojadizo y tragón.


CARTA en Palabra de Lector de PROCESO 2259 y Agradecimiento.

17 Feb 20 | Julio Figueroa | Clasificado en Cultura, Política | Sin comentario »

Amigos:
Gracias a la nueva dirección de Proceso por la publicación de mi cartita en la hora del cambio entre Rafael Rodríguez Castañeda y Jorge Carrasco Araizaga, el director saliente y el entrante. Quedo muy agradecido con los dos.
Hoy agregaría dos cosas.
–Creo que sería conveniente reforzar la parte de crítica cultural del semanario y recuperar, quizá, algunos viejos colaboradores y/o ver la llegada de nuevos buenos críticos y creadores.
–En el número de esta semana se echa de menos el encuentro en Palacio Nacional entre el poder del gobierno de López Obrador y la centena de empresarios nacionales. ¿No es motivo de información y análisis la tamaliza y la charola en torno a la cacareada rifa del avión presidencial? ¿Cuál es la mirada crítica de la Revista Proceso? Nos gustaría saberla. Algunos lectores malpensados piensan, con no poca razón, que… el semanario a veces parece plegarse al nuevo poder en turno.
Con mis saludos siempre cordiales, críticos y agradecidos de su lector ciudadano, falible como cualquier otro.
Julio Figueroa.
Qro. Qro., Presidentes, lunes 17-II-2020.

–Gracias por la imagen al amigo Hernando Lozada.


El rábano por las hojas

17 Feb 20 | Julio Figueroa | Clasificado en Cultura, Nacional | Sin comentario »

Pregunto limpiamente:
–¿No hemos tomado el rábano por los hojas, al hacer la crítica de Obrador?
–Una crítica tal vez justa y honesta, válida y necesaria, pero ¿cogiendo el rábano por las hojas?
–¿Qué es el gobierno de AMLO, qué quiere ser y qué será?
–Más allá de las formas, los gestos, los giros y las giras, las imágenes, los memes, las consultas patito, las mañaneras, los puños de palabras, calificaciones y descalificaciones, los otros datos, los nombres discutibles, las alianzas sucias, los hechos graves e insulsos, las contradicciones e incoherencias, los proyectos en marcha, etc., ¿cómo es la colisión entre el modelo que no quiere morir y el modelo que quiere nacer? ¿Qué quiere nacer y qué debe morir?

Respondo personalmente:
–No lo sé, pero la crítica al poder es humana y democrática.
–El poder sin crítica se vuelve inhumano por absoluto y sagrado.
–El poder intolerante suprime la tolerancia, la pluralidad y la convivencia ciudadana. En nombre del bien, echa a pelear a todos contra el mal: los otros.
–¿Y si el alumbramiento del nuevo sistema resulta un monstruo peor que el anterior?
Ciertamente tengo más dudas que certezas.
Pero la crítica a nuestra imperfecta democracia no puede renegar de ella y tirarla a la basura, ni en nombre del nuevo bien ni del viejo mal.
Los tiempos buenos pueden ser malos, y los malos tiempos, buenos.
Tomar el rábano por las hojas es andarnos por las ramas y olvidar que somos parte del tronco torcido.
La política no es una religión, es decir, un acto de fe. La política es humana y contradictoria y equívoca como todo lo humano.
El presidente AMLO usa las palabras como proyectiles y creaciones verbales efímeras. Si en verdad reprobamos esto, no caigamos en lo mismo.
Las palabras no son balas, sino lianas y puentes para tratar de saber. La conciencia de las palabras busca el conocimiento y otra actitud crítica más allá de la ideología política.
¿La dura crítica al sexenio de Obrador acaso no conlleva una crítica más explícita a los sexenios anteriores de Peña, Calderón, Fox, Zedillo, Salinas…? La crítica, no el linchamiento. Obrador es el monstruo perfecto alumbrado por los monstruos imperfectos del PRI y del PAN, del PRD y de Morena.

Qro. Qro., Presidentes, lunes 17 de febrero 2020.