El Amor está en la Sangre

27 Jul 19 | Carlos Ricalde | Clasificado en Autores, Cultura | 1 Comentario »

La conoció en Madrid. Se hizo amigo de Asunta a fuerza de ocupar casi todos los días la misma mesa, tomar una cerveza y unas tostas de tomate con aceite de oliva a eso de las 11 de la mañana. El pequeño restaurante-café-bar, todo en uno, era propiedad de Asunta, una joven venezolana que se avecinaba en el barrio de Chueca, en la calle Hortaleza, a unos pasos de la Gran Vía. Tres mesitas en la calle y otras tres dentro del local. Las mesas del interior permitían disfrutar de un ambiente modesto pero decorado con detalles de buen gusto, alusivos a la asombrosa diversidad geográfica de Venezuela y a algunos edificios y plazoletas iconos del barrio. En la barra de corta extensión destacaba la manija-perilla del dispensador de cerveza C. Schmidt’s de factura alemana en la década de 1930. A Lucío Quinto, el asiduo parroquiano, le fascinaba ver el derrame y la espuma de la cerveza expulsada por el dispensador y sacaba cuentas de cuántos euros se perdían por tal derroche. Sin embargo, prefería ocupar una de las mesas exteriores, sobre el arroyo, que era de tránsito peatonal; disfrutaba el paso de los transeúntes y, en especial, el cadencioso caminar de las mozas madrileñas. Asunta y Lucío a fuerza de verse intercambiaban pequeñas confidencias sobre la vida de cada uno y de esa manera se iban conociendo. Por ejemplo Lucío se enteró de que Asunta tenía dos hijos pero no tenía marido y ella conoció que su Cliente, así con mayúscula, y nuevo amigo, nació en la pintoresca Muy Noble y Muy Leal Ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, hoy Antigua, alguna vez capital de la República de Guatemala; supo también que tenía en Madrid un par de años estudiando periodismo y escribiendo, en sus muchos ratos libres, poemas y notas historiográficas sobre la inacabable ciudad a la que Lara, Hernández, Alberti, Neruda, Benedetti y muchos más han legado grandes loas. Lucío no tenía muchas oportunidades de conversar ampliamente con Asunta ya que durante la jornada laboral, obviamente, el rudo trajinar del restaurante lo impedía. ¿Verse por las noches? Imposible. Asunta atendía a los niños, jugaba con ellos, revisaba los deberes de la casa y de la escuela y ya dormidos preparaba la comida del siguiente día. Con todo, Lucío la veía los domingos y procuraba que a la hora de comer lo hicieran en un lugar donde los niños jugaran y él pudiera en ese tiempo platicar con Asunta. Al poco tiempo supo que su acercamiento con ella no iba a pasar de una sincera amistad, porque en el plan de vida de tan bella mujer, ¡los hombres no tenían cabida! En su experiencia, las parejas heterosexuales y, en general, las parejas de cualquier tipo, pagaban muy caro una corta relación amorosa, plena de sueños y de planes, de dicha y felicidad, de unión indisoluble, para toda la vida y más allá de la muerte, apasionada y ardiente, para que, a cambio y a muy breve plazo, el amor fuera dinamitado por la intolerancia, la incompatibilidad, el abuso, el maltrato y la ofensa, la frustración y, en el extremo, la violencia, golpes, traiciones y la separación o el crimen. Pero -argumentaba Lucío débilmente- las cosas no tienen porqué ser así, no todos los matrimonios fracasan ni todas las parejas se entienden a golpes. Lo sé -dijo ella-, sin embargo también sé que el amor es muy corto, porque se trata de un embeleso, de algo espontáneo, irracional. Sublime, sí; hermoso, también pero tan efímero como un suspiro y traumante como un dolor que no se entierra ni con el olvido, … ¡porque un amor perdido jamás se olvida! Lucío no quiso rendirse sin presentar batalla, sus ideas eran una madeja enredada en la que no lograba hallar una punta, una salida razonable y decorosa. Y como iba a hacerlo si él trataba de tocar el corazón de Asunta y ella le hablaba desde la razón. Pienso que te equivocas -ripostó Lucío con tono un tanto agrio- y tratas en el fondo de negarte al amor, de evitar una nueva oportunidad con un hombre con el que podrás ser plenamente feliz con todo y las consecuencias que has mencionado. ¿Acaso los dos hijos que tienes no fueron fruto del amor? La respuesta de Asunta lo dejó sin habla. Ella le contestó con palabras suaves y contundentes, serena y relajada, con la voz y el discurso de quien sabe que tiene la verdad en el alma, si no la verdad absoluta, por lo menos la de ella, su verdad, su convicción inquebrantable, su razón de vivir. Escúchame Lucío, mis hijos son fruto del amor, pero no del amor convencional de una pareja sino del amor más puro de una sola de las partes, en este caso, de mi amor de madre, de un poderoso e inevitable instinto de dar vida, de entregar mi amor y mis fuerzas hasta el último aliento por otra persona. Decidí que esa persona no sería un hombre para mí, ¡sino que sería yo para mis hijos! Se formó un vacío y los ahogó el silencio. Ella quedó exhausta porque vació como nunca su verdad; él se sintió incómodo y atónito porque pensó perder algo que ya contaba sin aún tenerlo. Pese a ello, apenas se repuso volvió a la carga diciendo: pero algo tuviste que sentir por el padre de tus hijos, caray, por lo menos odio si el embarazo fue contra tu voluntad. No, no fue contra mi voluntad, todo lo contrario, fue algo preconcebido, planeado y meditado cuidadosamente, busque el consejo de médicos, religiosos, familiares, amigos, libros y, sobre todos, el de mi conciencia y ahora te afirmo que tomé la mejor decisión de mi vida. ¡Mandé todos los consejos al carajo y se hizo mi voluntad! ¡Y ahora gríto a los cuatro vientos que soy inmensamente feliz! Lucío, totalmente opacado ante tanta dicha, débilmente preguntó: ¿y el papá, cada cuando ve a los niños? ¿cumple con la manutención? No me has entendido -lo atajó Asunta, explicándole con cariño y sonriendo-, te diré algo, escúchame bien, los niños son míos, solamente míos, el padre es desconocido porque acepté una donación de esperma en una Institución a la que firmé un documento que me prohíbe investigar y exigir que me revelen la identidad del donador. Me pasé mis nueve meses sin más ayuda que la de mi madre y di a luz un par de bellos gemelos, Antonio y Antonia, que ya tienen 7 años y los puedes ver correr sanos y alegres. Así de sencillo. El desconcierto de Lucío crecía en proporción inversa a su capacidad para hilar preguntas coherentes. Quizás por eso se atrevió a cuestionar lo que acababa de saber. ¿No pensaste en el derecho de los niños de conocer a su padre? ¿Y en todo esto el amor donde queda? ¿El amor para ti no existe? Por supuesto que lo pensé y que también creo en el amor, pero es algo que con el tiempo ellos podrían demandar a la Institución Donadora, si aún existiera, y las Leyes del momento concederles. Pero te diré una cosa más, increíble, que nos pasó a los tres y que cada vez que lo recuerdo se me eriza la piel. Hace cerca de un año, en un lugar como este, la niña se acercó a un señor joven. Yo la seguía con la mirada, vi que se detuvo junto a él, se miraron, hubo un titubeo y sin mediar palabra se abrazaron. Antonia regresó a mis brazos emocionada y con los ojos llorosos me dijo: ¡mamá, es mi papá! Yo a la distancia vi los ojos de ese hombre y sin duda alguna vi los de mi hija, Antonio es diferente a su hermana porque se parece a mí. Así que, apreciado Lucío, ¿me preguntas dónde está el amor? La respuesta es simple, no puede haber vida sin amor. Lo comprendí cuando se encontraron mis hijos con su padre, simplemente se vieron y se sintieron, de inmediato, sin dudas ni recelos, espontáneamente y para siempre. Ahí está la respuesta, el amor existe, ¡el amor está en la sangre!

Carlos E. Ricalde Peniche

Santiago de Querétaro Julio 14 del 2019


Carta a Proceso, Palabra de Lector.

24 Mar 19 | Julio Figueroa | Clasificado en Autores | Sin comentario »

Carta a Proceso, Palabra de Lector.

Director Rafael Rodríguez Castañeda

Atentamente

DIFIERO Y ACEPTO LA LIBERTAD CRÍTICA

Estimado director de Proceso, Rafael Rodríguez Castañeda:

Por supuesto difiero de los moneros de Proceso, Helguera y Hernández, en sus caricaturas sobre Enrique Krauze (Proceso, 17-III-2019 y 27-I-2008). No las censuro ni las repruebo; la libertad crítica es válida y respetable a uno y otro lado. Y nadie es intocable, ni Obrador ni Krauze. Sin embargo lamento que alimenten los prejuicios y no el saber crítico.

Cordialmente, su lector y amigo crítico y fraterno,

Julio Figueroa.

Qro. Qro., Col. Presidentes, México, lunes 18 de marzo 2019.


Dolor por la muerte de mi madre

06 Feb 19 | José Javier Ledesma | Clasificado en Autores | 2 Comentarios »

Un dolor profundo vuelve a estrujar mi alma por segunda vez. Mi Señora Madre, la maestra Juana Salome María Lara García, murió en la madrugada del día 4 de febrero de 2019, justo un año y tres meses después de que lo hiciera mi padre.

Leer más »


33 SEGUNDOS DE LUZ

01 Dic 18 | Julio Figueroa | Clasificado en Autores, Cultura | 1 Comentario »

 Por suerte no todo es política. Alejandro Jodorowsky, 33 segundos de luz.  A ver qué hacemos con ellos, cordialmente.
Liga:  https://www.facebook. com/alejandrojodorowsky/ videos/2398014460216945/


“Aquellos tiempos”: EL GALANO ARTE DEL PASO DEL TIEMPO.

12 Nov 18 | Mario Rodríguez Estrada | Clasificado en Autores, Querétaro | Sin comentario »

Inevitablemente, el reloj de nuestra vida nos va marcando paso a pasito, segundo a segundo, el fin de nuestra no tan anhelada meta al infinito sideral, alejándonos de todo lo que amamos, llevándonos desnudos, tal como entramos en ella y con las manos vacías. Tal vez en nuestros postreros minutos, doña muerte nos permita recordarla, o por lo menos los mejores momentos.

Leer más »