CAMIONERO DE CADEREYTA DESAPARECIDO

|




Pasadas las nueve de la noche del domingo 5 de octubre de 2014, Isfrael Martínez Barrón llamó a su esposa para decirle que en ese momento estaba saliendo de la Central de Abastos de la ciudad de Querétaro a Yurécuaro, Michoacán, lugar situado a 220 kilómetros, por la carga de jitomate que tenía que recoger al día siguiente, antes de las ocho de la mañana.

Isfrael ya sabía que en menos de tres horas estaría en Yurécuaro a bordo del camión Torton, marca Dina, modelo 1977, número de serie 6905535A1, placas de circulación SS0205, color blanco con caja de madera azul.

Como acostumbraba, Isfrael conducía de ida el Torton con cajas de plástico vacías para llenarlas con la carga del jitomate que recogería para Gaspar Villagómez Santos, comerciante de la Central de Abastos, para quien trabajaba transportando diversos productos vegetales de diferentes lugares del país, desde varios años atrás.

A la una de la mañana del lunes 6 de octubre, Gaspar Villagómez, recibió una llamada de Isfrael que lo despertó, pero que no alcanzó a contestar, por lo que enseguida remarcó al número del que había recibido la llamada sin que Isfrael respondiera, tampoco lo hizo de los otros tres celulares que siempre llevaba consigo y, desde aquel momento, no se ha sabido más del camionero.

Oriundo de Arroyo de Zituní, comunidad del municipio de Cadereyta, el día que Isfrael desapareció, iba vestido con pantalón de mezclilla azul, sudadera negra, zapatos negros y llevaba una playera blanca con rayas azul marino para una muda de ropa.

La búsqueda

La señora Elizabeth Cruz Barrón, es una joven mujer que, desde hace cinco años se convirtió en un ser que vaga como ánima en pena por los pasillos de la omisa Fiscalía General de Justicia de Querétaro, en busca de información para dar con el paradero de su esposo, Isfrael Martínez Barrón, quien al momento de su desaparición contaba con 42 años de edad.

Un dato que llama la atención, señala Elizabeth, es que un mes antes de desaparecer, Isfrael realizó algunos viajes para una persona de nombre Homero Maximino Ríos de la Torre quien también tiene una bodega en la Central de Abastos, al que al parecer los dueños de unas huertas de jitomate, de un lugar no identificado, le habrían advertido que si no liquidaba sus deudas, retendrían su camión.

Isfrael es una de las más de 40 mil personas desaparecidas en nuestro país, cuya historia, al igual que las de la mayoría de personas desaparecidas, no existe prácticamente para nadie, salvo para sus propios familiares, en este caso para su esposa Elizabeth y los cuatro hijos, quienes quedaron en el desamparo.

Con la pena que embarga el semblante de Elizabeth, se da ánimos para ir de oficina en oficina, para preguntar quién puede ayudarla a encontrar a su esposo, porque, señala, se ha dado cuenta que las autoridades no están capacitadas para enfrentar estos casos, ni siquiera escribieron bien el nombre de su esposo en la carpeta de investigación (1-4-109-2356-14). Tiene años viendo cómo pasan las semanas y los meses sin ninguna información sobre el paradero de su marido.

Para sostener a sus hijos, tres mujeres y un hombre, desde que desapareció su marido, trabaja en un parque industrial, situado en el semidesértico municipio de Colón, Querétaro. Sin embargo, como sus ingresos son insuficientes, también vende gelatinas y frutas.

Ocho días después de la desaparición de Isfrael Martínez Barrón, el 12 de octubre de 2014, a las 19:55 horas, fue realizada una consulta a su cuenta bancaria, en un cajero automático en la ciudad de Tecomán, Colima, con un intento de retiro fallido por la cantidad de 6 mil veinticinco pesos.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

Envía tu comentario