BOLIVIA

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Para tratar de entender lo que está sucediendo en este país andino, hay que enfocarlo desde diversas perspectivas con responsabilidad. Lo que he observado es que se han polarizado los ánimos y se han proyectado los prejuicios ideológicos y racistas de numerosos analistas y comentaristas sobre el caso, dejando de ser objetivos.

Son distintos los niveles de análisis que se entrecruzan, empezando con la perspectiva global de la lucha por el Litio, ya que Bolivia posee más del 40 por ciento de las reservas mundiales y la importancia de este metal para la industria de los celulares, relojes, electrodomésticos, los autos del futuro no tan lejano, así como para la industria espacial, pero también para la industria atómica y la fusión nuclear, en la que este metal desempeña un papel relevante. Bolivia cuenta además con grandes reservas de gas y otros minerales que la hacen sumamente atractiva en el contexto mundial y está en condiciones de imponer el precio internacional del Litio. China contaba con un acuerdo de cooperación muy importante para darle valor agregado al Litio en empresas bolivianas conjuntas.

En el ámbito regional, Bolivia formaba parte del grupo Alba y Unasur, tratados que acaban de ser denunciados por la presidenta entrante. Además, con el triunfo de López Obrador en México y de Alberto Fernández en Argentina, se fortalecía un eje de izquierda latinoamericana, que junto con Venezuela, Cuba, Uruguay, Nicaragua y algunos países del Caribe, tendrían un peso desestabilizador para las pretensiones de dominio total estadounidense sobre el continente, cuya administración está anclada todavía en la Doctrina Monroe.

En este contexto habría que analizar el papel histórico de la OEA y principalmente el de México, que escribió las páginas más brillantes de su política exterior en el caso de los mísiles de Cuba en los años sesentas del siglo pasado. La reciente reunión de ministros de este organismo regional, exhibió diferencias irreconciliables sobre el papel desempeñado por el Secretario General, Luis Almagro, uruguayo, que traicionó al expresidente Mújica para ponerse del lado de Trump y con ello reposicionar a este organismo regional en un instrumente eficaz de la política exterior de Estados Unidos. Ya lo había instrumentado anteriormente con Venezuela a través del Grupo de Lima, lo vuelve a hacer ahora con Bolivia.

Hace algunos años, Minerva Morales Etzioni escribió un libro titulado La mayoría de uno, en el que describe puntualmente el esquema de dominación de Estados Unidos a través de este organismo regional. La división interna y la injerencia y extralimitación de las funciones establecidas en la Carta de la OEA han sido puestas de manifiesto en los casos de Venezuela, Cuba, Nicaragua y ahora Bolivia. Se aplica un doble rasero, interviene en la violación de derechos humanos en Venezuela y calla en la misma situación en el caso de Chile.

La intervención en la calificación de las últimas elecciones de Bolivia de parte de la OEA fue determinante para profundizar la crisis boliviana. Se extralimitó en sus funciones y se entrometió abiertamente en tiempo y forma en la política interna tomando partido en contra del presidente constitucional. Almagro ha hecho declaraciones literalmente como si se tratara de un funcionario del Departamento de Estado estadounidense y ante el pedido de la renuncia del presidente Evo Morales de parte de las fuerzas armadas, la OEA se abstuvo y sólo dio un comunicado tibio para que se restableciese el orden constitucional, sabiendo que el periodo constitucional del presidente boliviano termina hasta el 22 de enero del año próximo.

El secretario general de la OEA omitió y distorsionó información electoral y sobre las fallas del proceso, pidiendo nuevas elecciones en abierta intervención en la política interna, con el propósito de precipitar las condiciones que dieron lugar a la intervención del ejército y de la policía. Desde que se estaba haciendo la auditoria ya había movilizaciones en contra con métodos fascistas. Aun así, Evo Morales aceptó nuevas elecciones e inmediatamente después vino el pedido de renuncia de parte del ejército. La policía ya lo había traicionado.

En la reunión extraordinaria del Consejo de la OEA de esta semana que acaba de concluir, la posición de este organismo y la de Estados Unidos fue textualmente la misma, como si se tratara de una copia del discurso. Está claro que Estados Unidos presionó y obtuvo el apoyo de la OEA para sacar a Evo Morales de la presidencia.

Pasamos así al orden interno. Éste es mucho más complejo y tiene una historia muy larga de golpes de estado y contradicciones sociales. Podríamos iniciar con la definición de lo que es un golpe de estado en Derecho Internacional, del francés coup d’État, es la toma del poder político y con violencia por parte de un grupo de poder, vulnerando las normas legales de sucesión en el poder vigente con anterioridad. En Bolivia, la policía, de hecho, ya había violentado la unidad de mando, rebelándose contra la autoridad constitucional uniéndose a los grupos de choque cívicos que habían estado extorsionando al poder establecido quemando sus casas y deteniendo por la fuerza a los familiares de los funcionarios, principalmente de los senadores y diputados que estaban en la línea de sucesión presidencial, para asegurar la sucesión de parte de la senadora de derecha Jeanine Áñez, así como la solicitud de renuncia de parte del ejército que supone un rompimiento del orden constitucional, porque la policía y el ejército no son el pueblo elector, ni es la instancia constitucional para pedir renuncias. Esto es evidente muestra de que un poder se sobrepone al poder constituido. Un golpe de estado lisa y llanamente ejecutado. Éste se vincula, en Derecho Internacional, con la institución del reconocimiento de estados y de gobiernos. Estados Unidos se apresuró a reconocer a la autoproclamada presidente de Bolivia, igual que Guaidó en Venezuela.

Luis Almagro, sin tener facultades para entrometerse en los procesos internos de Bolivia, señaló que el golpe de estado se había dado antes, un “autogolpe” dado por el Tribunal Electoral Plurinacional el 20 de octubre, al intentar robarse las elecciones. La PREP muestra sólo una tendencia, no es la información definitiva de la elección y la OEA calificó a la PREP como definitiva. Los procedimientos señalaban que sí hubiera una segunda vuelta en caso de que no se lograra la ventaja del 10%. Cuando en realidad se trató de un retraso en el conteo rápido debido a la difícil orografía de Bolivia y a que el voto duro mayoritario de Evo Morales se encuentra en las regiones rurales del país. Esto había sucedido siempre y sucede cuando no se puede computar al mismo tiempo la votación urbana que la rural.

No es difícil entender si se analizan las secuencias históricas de la votación, pero cuando se tiene la intención de nulificar una elección se toman como si fuera un robo. Todo mundo sabe que siempre se ha tardado mucho más tiempo en computar el voto rural que el urbano. Las actas no llegan pronto por las difíciles condiciones orográficas de Bolivia. No hubo tal robo, el informe sólo contiene algunas anomalías normales en todo proceso electoral que no ameritan la anulación de toda la elección. La OEA las magnificó y distorsionó su función al pedir nuevas elecciones, no es autoridad para pedir nuevas elecciones, sólo debía entregar el informe de auditoría y hasta ahí llegaba su facultad. Aun así, Evo Morales accedió a una nueva elección, ¿Por qué entonces la petición de la renuncia inmediata, si su periodo terminaría hasta enero del 2020? ¿Por qué los grupos de choque de Camacho han quemado las actas electorales? En la toma de posesión de la senadora Áñez, Almagro no reparó en la falta de quorum, que invalida la toma del poder presidencial, ni el paso anterior necesario de aceptación de parte del Senado de la renuncia de Evo Morales. Un proceso sucio e inválido. Una coordinación clara de un golpe perpetrado por Estados Unidos. Ya sabemos la historia de las intervenciones estadounidenses en América Latina.

¿Por qué no escuchar lo que dicen los que saben de Derecho Constitucional Boliviano sobre la cuestión de la cuarta reelección? Todos los analistas que tienen diferentes intereses dan por sentado que es ilegal la postulación de Evo Morales para esta cuarta reelección, pero existen razones jurídicas y políticas para que así haya sido. Aquí está el centro del debate. El referéndum convocado por el presidente en 2016 le prohibió una cuarta reelección, pero el Tribunal Constitucional le autoriza por tratarse de un derecho humano. La Constitución boliviana establece con claridad que los tratados y convenciones internacionales están sobre la Constitución en aquéllos derechos que la sobrepasen, los Derechos Humanos están por encima de la Constitución. Jurídicamente el derecho humano de Evo Morales para postularse está tutelado por la propia Constitución al conferir preeminencia a los tratados internacionales sobre la propia constitución. Los derechos del individuo frente al estado son más poderosos en el ámbito internacional que en el nacional.

Políticamente, hay que decir que numerosas organizaciones del MAS le pidieron a Evo que se volviera a postular. Aquí si es de señalar la ausencia de una figura que pudiera reemplazar a Morales en este momento. Los líderes carismáticos no surgen con un clon. El MAS necesita una figura que reemplace a Evo. Pero para dar continuidad al proyecto plurinacional era necesaria la reelección. La población indígena en Bolivia es de más del 60 por ciento. Y aquí es donde entra el problema del racismo. La población blanca y los intereses extranjeros se unieron contra la población indígena mayoritaria. El mismo Evo sufrió la discriminación racial de parte del gobierno de Barack Obama. No lo saludaba en las reuniones internacionales en que coincidían. Mira nomás, un negro que discrimina a un indio. Parece una tontería, pero tiene consecuencias sociales, económicas y políticas. Numerosos comunicadores expresan esa discriminación al emitir juicios sesgados sobre las políticas de Evo Morales y el empoderamiento de los indios. Evo Morales fue el presidente más exitoso de lo que va de este siglo. Las estadísticas lo avalan.

Este asunto de la discriminación y el problema de la inversión religiosa que elimina la Pachamama indígena en Bolivia es un problema mucho más complejo, pero real, que amerita un análisis detenido porque se ha manifestado con virulencia inusitada en el actual escenario político boliviano. Sólo hay que ver las expresiones de Camacho y de la nueva presidente Áñez, con su biblia en la mano. Este análisis nos ayudará a entender la difícil complejidad del proceso sociopolítico del conflicto actual de Bolivia. Hasta la próxima.










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