Bicentenario del Moro de Tréveris

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La mirada crítica histórica y la fuerza de la abstracción sobre la realidad material de larga duración, sin perder el humanismo y sin desembocar, por suerte, en un sistema cerrado, pues nuca terminó su teoría de largo aliento. El equívoco. Querer cambiar el mundo sin conocerlo, sin estudiarlo, sin tratar de interpretarlo correctamente, como él se puso hacerlo durante décadas en la Biblioteca Británica y nunca acabó.

Por cierto, pudo estudiar el mundo fuera de la Universidad y del Estado gracias a una pequeña herencia de su mujer, Jenny, y a la inapreciable ayuda de su amigo e interlocutor burgués Federico Engels (quien además asumió la paternidad de un hijo del Moro con su sirvienta). Luego, dos de sus tres hijas se suicidaron.

El error, la simplificación. Creer que las estructuras mentales, ideológicas, religiosas, las creencias, las ideas, los prejuicios, las decisiones individuales son inferiores y totalmente dependientes de las estructuras materiales, las condiciones y los modos económicos de vida. Olvidó con sus griegos, con su Dante, con su Shakespeare, con su Goethe, que el hombre es un rebelde, tiene sueños, deseos, caprichos, hace locuras y da sorpresas. Las condiciones materiales sin duda condicionan a uno pero no nos determinan al cien por ciento. Un grado y un gramo de libertad son suficientes para decir No, y hacer lo contrario o mandar todo al diablo. El hombre es un animal de sorpresas inverosímiles. Y el abrazo de los contrarios es vital.

Por supuesto que existen la enajenación, la explotación, la plusvalía, la acumulación salvaje de capital, la administración, la alianza y el amasiato entre el capital y el Estado, las clases sociales, la desigualdad, la injusticia etcétera. Pero algo peor que ser explotado en el trabajo, es no ser explotado y no tener trabajo y vivir en el vacío, en la nada, en los poros de la vida, en la migración sin dignidad en tierras extrañas y sufriendo el odio contra el migrante.

Desde luego que existe la lucha de clases, racista, de culturas, de religiones, de países, de nacionalismos y regionalismos, de imperialismos y de colonias, y a veces también un poco de fraternidad y solidaridad. No todo es lucha de odios pero tampoco todo es amor al prójimo. El individualismo, el hedonismo, el egoísmo y el autismo de nuestros días son el ismo de la Edad Luz.

¿Cómo son hoy las relaciones entre el Estado y el capital? ¿Quién manda y quién domina en los países particulares y en el mundo global? ¿Qué pueden hacer los ciudadanos, la sociedad civil, entre esos dos monstruos? ¿Existe el capitalismo y el totalitarismo de Estado? ¿Existe un capitalismo equitativo y benigno que sabe equilibrar la humana voluntad de ganancia con la humana voluntad de servicio? ¿El lobo del hombre ya no es el simple hombre común sino las extrañas fuerzas impersonales del Estado, el Capital y el Narco?

Creo en la fuerza y la importancia de los individuos y creo en la fuerza de los procesos sociales, abstractos e históricos que desbordan las biografías. Creo en los extraños poderes creados por los hombres y que escapan de todo control y amenazan con dominar y aplastar al mundo. De la cultura del automóvil y las máquinas a la cultura de la explotación, la enajenación, la cultura de la transa, la cultura del narco, la cultura del fanatismo y el nacionalismo religioso, el dios del capital y la globalización.

¿Dónde está hoy el mal, señor Carlos Marx (1818-1883-2018), dónde estamos parados en la Edad Luz y hacia dónde vamos, si es que vamos?

Ni hablar de las utopías socialistas, comunistas y revolucionarias, vueltas pesadillas y montes de huesos.

“El bien, quisimos el bien:

enderezar al mundo.

No nos faltó entereza:

nos faltó humildad.

Lo que quisimos no lo quisimos con inocencia.

Preceptos y conceptos,

soberbia de teólogos:

golpear con la cruz,

fundar con sangre,

levantar la casa con ladrillos de crimen,

decretar la comunión obligatoria…”

No hay que ser marxista para reconocer los aportes marxistas, los conocimientos freudianos, los estudios de las especies de Darwin, las miradas cósmicas de Copérnico y Galileo… El propio Marx dijo alguna vez que no era marxista. Fue un outsider del siglo XIX acumulando conocimientos en Alemania (filosofía), Francia (socialismo) e Inglaterra (economía y revolución industrial) y estudiando al mundo e interpretándolo con la fuerza de la abstracción y su poderosa mirada crítica. Gracias.

HISTORIA

–¿La verdad es la historia?

–La historia es el error.

–¿Cuál es el sentido de la historia?

–La historia es el camino: / no va a ninguna parte, / todos los caminos, / la verdad es caminarlo.

–¿Qué camino seguir?

–Elegir es equivocarse.

–Equivocarse haciendo.

–Esperar haciendo.

–Saber hacer sin hacer.

–Saber pasar.

(Gracias a Octavio Paz y su libro Vuelta, México, Seix Barral, 1976).

UTOPÍAS

–Las utopías tienden a ser perfectas. Si me das una utopía harto imperfecta, como es lo humano y lo social, tal vez crea en ella.

–La soberbia humana es querer hacer cosas perfectas.

–Ni los dioses pueden: mira la Tierra.

TURGUENEV

Un autor estrictamente contemporáneo de Marx e injustamente olvidado por la abrumadora presencia de los clásicos rusos (Dostoievski, Tolstoi, Pushkin, Gogol, Chejov), y que yo conocí gracias al viejo Plural de Paz, Iván Turguenev (1818-1883), admirable autor de Padres e hijos, Humo, Demetrio Rudin, Relatos de un cazador, Primer amor… vale la pena la lectura mexicana.

juliofime@hotmail.com / www.dialogoqueretano.com.mx

 










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