Bajo la bruma -2 parte-

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Quizá por estos días el fenómeno de la espesa niebla pekinesa sea lo de menos. Pero no deja de ser un síntoma, un pretexto para tocar el tema de todas las contradicciones y asombros que subyacen en medio del espectáculo olímpico. Por alguna razón, la capital de China se fue oscureciendo en los últimos cincuenta años. Una investigación de especialistas asegura que existe un factor que elimina las nubes y produce una ecuación del oscurecimiento. La polución podría tener una relación directa con el aumento de la población y de la actividad económica. Esa sería la interpretación más simple.

Sin embargo, algo ocurre que no es esa la explicación más convincente, pero tratar las diversas teorías sobre la niebla brumosa que desvía los rayos del sol sobre Beijing no es el objetivo de éste trabajo. Es solo el motivo, la imagen que da pauta al símil.

La contaminación es un serio problema de una ciudad que casi todo el año permanece bajo una máscara de millones de partículas en la atmósfera, razón por la cual las cámaras de televisión no han podido registrar con claridad los estadios imponentes, pero es sólo el símbolo de lo que hay debajo, de lo que se oculta, y que aún siendo tenebroso en sus aspectos políticos y humanos, no es capaz por ahora de restar esplendor a los juegos olímpicos y a una cultura milenaria, mítica y luminosa que contrastan con la opacidad de su cielo.

Los juegos olímpico de Beijing, de cualquier modo, se han celebrado con un horizonte gris durante el día. China no sólo ha encontrado en la organización de la justa deportiva más importante del orbe una plataforma para mostrar su poderío, su apertura comercial, su agresivo ingreso al mercado global, su modernización asombrosa con una nueva y audaz arquitectura y su preponderancia en el ámbito deportivo que está desplazando a los tradicionales gigantes. Esas son las señales que envía China al mundo.

Bajo la bruma, China prospera con el apego a los principios del mercado y con el control de un gobierno opresor y totalitario. La convivencia de comunismo y consumismo parece imposible y paradójica. Pero esa ha sido la clave del verdadero ‘gran salto’ que intentó dar Mao de manera infructuosa algunas décadas atrás.

Bajo la bruma, China mantuvo la represión política durante los Juegos Olímpicos sin cumplir su promesa de mejoras en el campo de libertades cívicas y creencias religiosas. Cuando el COI adjudicó a Beijing la sede de la 29a edición de los Juegos se alimentó la esperanza de que, bajo la mirada del mundo, el gobierno chino estaría obligado a reducir la presión sobre las voces que difieren de la doctrina del régimen.

Bajo la Bruma, China no ha variado un ápice su política de violación a los derechos humanos. Así lo han constatado las ONG y los miles de periodistas y turistas internacionales. Como muestra de ello, el acceso a Internet ha estado limitado, varios militantes pro tibetanos fueron detenidos y los disidentes arrestados justo antes de los Juegos y no han sido liberados.

Bajo la bruma, el control omnipresente del régimen totalitario chino ha restringido muchas libertades y, aún durante el escaparate de la fiesta deportiva por excelencia, han sido innumerables los casos de intimidación a periodistas y represión a los brotes de cualquier manifestación de protesta. Pero por ahora es la fiesta de las marcas, las preseas, el triunfo del músculo, la gloria de los más fuertes y los más elásticos y los más rápidos.

Bajo la bruma, China ha demostrado que su poderío deportivo va en congruencia con su capacidad económica, pero más temprano que tarde todo regresará a la normalidad. Los juegos pirotécnicos quedarán grabados en la memoria, pero los cambios profundos del gobierno (iluminado por la luz del socialismo de mercado) sobre sus políticas opresoras y represivas, tendrán que acompañar su intención de ser un gigante económico y su transformación material deberá impactar en mejorar las condiciones de millones de pobres que sobreviven detrás de la Gran Muralla, la Ciudad Prohibida y el Templo del Cielo.

Bajo la bruma, Beijing ha visto la elevación de un ángel con enormes ojos de esmeralda (Yelena Isinbayeva ayudada de su pértiga intentó salir del ‘Nido’ con sus alas y su inspiración divina); ha sido testigo de una saeta negra que fanfarronea al cruzar la meta; ha presenciado las hazañas de tres nikés de obsidiana volando sobre el tartán y se ha pasmado con el récord de un tritón insuperable.

Bajo la bruma, México ha exhibido dolorosamente su pobreza deportiva, los vicios de su estructura inoperante, su ausencia de políticas deportivas con planeación y continuidad. Los resultados finales serán una maraña de factores de complicidades y omisiones que nos ubican en un lugar ínfimo de la fosa olímpica, en un sitio de vergüenza que es el fiel reflejo de nuestras contradicciones como país y de las debilidades de un Estado que avanza a empellones en la pista en la que compiten las naciones.

Bajo la bruma, también hemos visto la tragedia del deporte. Los contrastes de la gloria y el fracaso. Las caídas de los atletas, los ridículos pretextos de los incapaces, las lesiones de última hora, los abandonos lamentables, las injusticias de los jueces, el llanto doloroso de los vencidos. Pero, por ahora, quedémonos con el surgimiento de las nuevas leyendas, el derroche de los juegos artificiales, la exhibición de poder, el amargo manojo de todas nuestras frustraciones. En cuanto se extinga la llama del pebetero olímpico todo volverá a ser igual.

Al día siguiente, el Estado chino continuará la represión tibetana y la explotación laboral aprovechada por empresas multinacionales. Al día siguiente, las televisoras mexicanas se prepararán para vender el mundial de Sudáfrica. Al día siguiente, nuestra autoridades deportivas harán un alto en el camino e intentarán reparar todos los errores para no repetir todos los fracasos.










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Un Comentario en “ Bajo la bruma -2 parte-”

  1. Mario Rodríguez Estrada dice:

    Juan Antonio…muy pocas personas en México podrían hacer un artículo tan claro acerca de lo que representó(porque ya estamos acabando), para China y para México, esta Olimpíada.
    China la obtuvo a pesar de sus desconsideraciones humanitarias emanadas de un sistema brutal, en el que se convierten todos los regímenes que algo tienen que ver con el comunismo, en los que sus “preclaros” dirigentes, embaucan a los pobres pueblos con su fanatismo y religiosidad política…y basados en sus dogmas, matan y esclavizan…importándoles solo el poder y…el dinero.
    En México, mientras no cambien las cosas políticas y económicas actuales, jamás podremos tener acceso a triunfos o medallas, las que se logran, escasísimas, son verdaderos garbanzos de a libra…el nepotismo, el amiguismo y el compadrismo nos están matando…Qué bueno que una inteligencia superior como la tuya, se interesa por el acontecer deportivo…te saluda y abraza…Mario RE.

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