Apuntes al paso Q 20 La política envenenada / El filósofo acusa a la política

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Las endemoniadas palabras

–Cierto, la política nos ha envenenado, pero no podemos renegar de ella, sería tanto como escupir al cielo, responde el poeta.

Entre el filósofo, el poeta y la política, ¿qué lugar ocupo y cuál es mi función? Palabrear, oficio de palabras. Cuerda larga y cuerda corta, dos tres clavos. Cada quien sus nudos.

En 1985 gané un concurso de trabajo de difusión cultural en la UNAM y, desde entonces, de algún modo sigo haciendo lo mismo.

No soy un palabrero original. Necesito apoyarme en los otros, sintetizarlos, dialogar o discutir con ellos, tratar de añadir un valor agregado

¿Cuál es mi valor agregado?

El valor callado de las palabras.

Respirar hondo y suave en los poros de la sociedad.

En Las ideas y los días (libro póstumo de 2007, Afínita Editorial, México) Eduardo Nicol (1907-1990) acusa a la política, quien en la primera frase del primer ensayo confiesa: “Nunca he intervenido en política… Me decidí por la filosofía, no sin alguna renuencia, porque comprendí que a mí me sería materialmente imposible servir a dos amos” (p.15). Y luego, en un texto inédito de 1942, en el marco de la segunda guerra mundial, escribe “Meditaciones públicas / El hombre sin verdad”, y lanza su “Yo acuso a la política” (p. 59). ¿De qué la acusa?

Acusa a la verdad política de querer ser una verdad totalitaria, anulando las otras verdades del hombre y quedando por encima de todo.

YO ACUSO A LA POLÍTICA / Eduardo Nicol:

–Es tiempo de ocuparnos de política quienes nunca intervenimos en ella.

–Ocuparse de política quiere decir hoy defenderse de la política, de su intrusión porfiada y violenta en nuestra vida.

–Nunca quisimos intervenir en ella, y en estos tiempos nos ha ocurrido que ella ha querido intervenir en nosotros, hacernos víctimas de su intervención.

–Hemos sido arrastrados por ella, confundidos en ella, sumergidos en su corriente turbia.

–Es tiempo de decir basta.

–En el río revuelto de la política, nos hemos acostumbrado a ver a los demás por su solo aspecto político.

–La política no nos ha dejado en paz. (Aunque habla de paz).

–Estamos en guerra total porque la guerra auténtica se libra en el interior.

–¿En el interior de qué? En el interior de cada nación, de cada pueblo o sociedad, de cada partido, de cada familia, de cada espíritu vigilante y doliente, y aun en el de los tontos.

–La gente no se da cuenta de su guerra pero es padecida intensamente por las gentes, trastornadas.

–Y lo que pasa es que los individuos andan sin verdad, perplejos, confundidos entre Dios y el Diablo.

(Hay tantas verdades absolutas que cada quien esgrime la suya y acuchilla al de enfrente).

–¿Quién (nos) ha trastornado tanto?

–Yo acuso a la política.

–La verdad política que quiere ser totalitaria y anular todas las otras verdades: filosóficas, religiosas, científicas, literarias, artísticas…

–La confusión la trajo la política, cuya misión es, justamente, organizar y encauzar los pareceres, armonizar su diversidad, hacer posible la convivencia.

–¿Cómo pudo suceder esto, entonces?

–Tuvo que ser porque la política desbordó su misión propia y ha invadido la ajena.

–En vez de armonizar las verdades quiso ser ella la verdad. La política ha querido convertirse en el órgano de la verdad, misión que nunca, NUNCA, nunca fue la suya, y esto ha trastornado enteramente al mundo.

–La política no es la verdad única, última y total.

–La política como verdad absoluta es la política totalitaria.

–Por suerte la vida es la disputa de todas las verdades religiosas, filosóficas, artísticas, científicas, históricas, personales, políticas… Y la ambición humana de absoluto, ay.

–Entre la política como verdad política y la política como verdad totalitaria sólo hay un paso.

–¿La misión de la política no era regular y normar la convivencia? ¿La vida del hombre no es esencialmente convivencia? ¿Convivencia plural?

–La política totalitaria pretende que ningún aspecto de la convivencia, de la vida en general, quede exenta de regulación política, ni el amor, ni el pensamiento, ni la moral, ni la amistad, ni esa peculiar forma de relación que es la soledad, ni la palabra, ni el gesto ni el gusto siquiera.

–Este es el mal. Algo más grave que el error. Pues el error casi nunca es grave: si lo fuera, todos estaríamos graves casi siempre.

–Este error político es el mal de la política porque quiere aniquilar todas las verdades religiosas, filosóficas, científicas, culturales, humanistas, y ser la única verdad.

–Poner todas las verdades al servicio de la política.

–El mal ha invadido el alma y tiene partidarios en todos los contrarios y adversarios. (Azules, rojos, morenos, prietos, blancos, negros, güeros).

–El mal es total cuando todos o casi todos convierten a la política en el órgano supremo de la verdad.

–Quien renuncia a las otras verdades sólo le disputa al maligno la presa humana. Esta es la guerra de los espíritus políticos. La política, en todos los bandos, convertida en la verdad suprema. Sin dudas.

¿Qué podemos hacer?

¿Cómo escapar de la política envenenada?

¿Cómo enfrentar a la política totalitaria?

–El filósofo no resuelve las dudas ciudadanas, sólo coloca a los ciudadanos en la cruz del problema.

–Allí donde se plantea una pregunta vital, nace y renace y se inaugura la filosofía, el magisterio de la interrogación.

–¿Quién condenó a Cristo?

–¿Quién sentenció a Sócrates?

–¿Quién prostituye las instituciones, las leyes, la justicia, los partidos políticos?

Eduardo Nicol:

–A diferencia de la política, en filosofía se aprende de aquello de que discrepamos.

–Hay muchas maneras de ser hombre. No es imposible la coexistencia de varias formas. El problema es encontrar el ethos común . Y no lo hemos logrado.

No más preguntas. No más respuestas. La sabiduría es esta luz del día.

¿Qué ves?

La convivencia, el abrazo, la disputa, la indolencia, la coexistencia de los contrarios.

SABER CONJUGAR

La verdad política quiere ser verdad absoluta y nos ha envenenado, dice Nicol. Pero la verdad verdadera que es la vida está más allá o más acá de la verdad política totalitaria. ¿Dónde? Tal vez en la libertad crítica de saber conjugar creativamente las verdades de la política, la religión, la filosofía, la historia, la ciencia, las artes, la literatura, la vida…

Vivir es saber conjugar las acciones, los tiempos, los nombres, las cualidades, los defectos, los errores, los aciertos, los límites, los deseos…

Saber conjugar no es saber jugar ni mandar sino saber obedecer el mandato interior en las circunstancias personales y precisas.

Saber religarse y desligarse según tu manera de ser.

LAS ENDEMONIADAS PALABRAS

Don Boni, el poeta de las moscas, publica en 1956 Los demonios y los días , un poemario de la edad de la oficina, la corbata, el tacón y las medias nylon. Y Nicol comienza sus artículos-ensayos mexicanos en 1939, primer año de su exilio eterno, y en 1947 encuentra el título de su columna en El Nacional, “Las ideas y los días”, que dará el nombre a su libro póstumo de 2007, con sus “Artículos e inéditos 1939-1989”, preparado por Arturo Aguirre. Ambos títulos parten de Hesíodo: Los trabajos y los días , la incesante lucha del hombre en la tierra en torno a su destino. ¿Qué puede escribir este pobre palabrero en la Edad Luz? Las palabras y los otros o las endemoniadas palabras. Escribir bien para enriquecer la experiencia, propia y ajena. Empalabrar las ideas y los sentimientos, sabiendo que las emociones como la música son más grandes que las ideas siempre múltiples y cortas, chisporroteantes. Nicol en su último artículo: “oficio endemoniado”, este de las palabras y las ideas.










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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