Apodos

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 Ricardo Anaya_queretaro_camara_de_diputados_

Recuerdo que hace años llegó una tía a la casa, exudaba furia e indignación, no hubo necesidad de preguntarle el motivo. Dijo. “Un tipejo llegó y tocó la puerta, cuando me asomé por el balcón me preguntó: “-¿Está ‘El Sapo’?”. “Aquí no vive ningún sapo- le contesté furiosa”. “-Bueno -corrigió- Jorge”. “No está -le respondí”. Y me pidió: “-Dígale que lo vino a buscar ‘El Puerco’”. Abrió los ojos y en tono de resignación nos preguntó: -¿Verdad que es más feo puerco que sapo? Esto viene a colación porque el Instituto Nacional Electoral discute la posibilidad de que en la boleta electoral se incluyan apodos. En mi tiempo se utilizaban los defectos físicos para poner los apodos, no había los eufemismos de ahora, al que usaba lentes le decíamos: “El cuatro ojos”, al dientón: “El conejo”. Y así. De aprobarse la propuesta al bautizar a sus hijos es necesario pensar también en un apodo mercadotécnico para no arruinarle su carrera política. Nada, de por ejemplo, de ponerle “Ricardín Riquín Canallín”.










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