AMLO:Dos años.

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1. El paso del tiempo es inexorable. Todo empieza y todo acaba. ¿Quién puede detener su marcha? Apenas fue ayer cuando Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones presidenciales, y este primero de septiembre deberá presentar al Congreso de la Unión su Segundo Informe de Gobierno.
2. Los que nos dedicamos a la tarea de estudiar la política, tenemos ante sí, -particularmente frente a este Gobierno- la tarea de explicar, entender y comprender sus acciones y sus políticas públicas, más allá de las filias y de las fobias, esto es, los analistas políticos tenemos la obligación moral de construir un discurso racional, sino neutral (cosa que es imposible), si lo más objetivo y mesurado posible, de modo que irradie un poco de luz para mejor justipreciar los fenómenos estudiados, en este caso, el sexenio que corre bautizada como “La Cuarta Transformación” (4T).
3. Todo parece indicar que un cambio histórico de la envergadura de la Independencia, la Reforma y de la Revolución Mexicana, le queda muy grande a la 4T. Entonces, ¿de qué tipo de cambio político estamos hablando? Para responder a esta pregunta axial, es conveniente remitirnos a los hechos y al pensamiento moral y político que guía y orienta tales hechos.
4. En este sentido y dada la propia naturaleza del actual Gobierno Federal, conformado por un amplio abanico de fuerzas e intereses económicos sociales y políticos, producto de la gran alianza que permitió a AMLO conquistar la victoria tras dos campañas fallidas, el vértice, eje aglutinador y fiel de la balanza, es precisamente el presidente López Obrador. En otras palabras, es el presidente tabasqueño quien detenta y concentra el gran Poder, por lo cual para entender su gobierno, tenemos que tener presente su cosmovisión política y moral, misma que define en gran medida lo que Daniel Cosío Villegas, llamó el estilo personal de gobernar.
5. Cosío Villegas, en su ya clásico libro El estilo personal de gobernar, (reflexión y análisis crítico de los tres primeros años del sexenio echeverrista), sostuvo que el presidente Luis Echeverría, era un gran predicador y que aprovechaba la menor ocasión para hablar en público. Quizá ese sea un rasgo común que lo une con el presidente López Obrador, con la diferencia de que aquél era un predicador laico, mientras que éste es, o se comporta, como un predicador religioso.
6. Es decir, sin olvidar ni por un segundo que AMLO es un político profesional, con una enorme sensibilidad social y política a flor de piel, creo que su pensamiento religioso nutrido del cristianismo, determina en muy buena medida sus actos y su quehacer político y social.
7. Pongo solo cuatro ejemplos para ilustrar mejor lo que trato de decir. a) La política social. Sin duda es la compasión y la misericordia por los que sufren –primordialmente los pobres y oprimidos- el sentimiento más sublime de Jesús de Nazaret, el Cristo. Coincidentemente, es la atención preferente hacia los sectores más desfavorecidos económicamente, a quienes están destinados los programas sociales del gobierno actual. Vale recordar que AMLO inició su carrera política en los años 70´, como delegado del Instituto Nacional Indigenista en su estado natal, a lado de los indios chontales, y que desde 2006 su lema de campaña haya sido “Por el bien de México, primero los pobres”.
8. Como ya dijimos (supra párr. 6), Andrés Manuel López Obrador, es también un político profesional, esto es, un hombre con vocación de poder, en tal tenor es lógico comprender que sus programas sociales le sirven también para constituir la base social de apoyo del nuevo régimen (la 4T), y en tiempos electorales, sean esos mismos sectores votos potenciales destinados a sufragar por Morena, su Partido. Sin embargo, hasta el momento, puedo percibir –es eso, una percepción personal que puede estar equivocada o no- el sentimiento religioso juega un rol primordial en el pensamiento y actuar del titular del Poder ejecutivo federal.
8.b) Más allá de que el combate a la corrupción (el gran cáncer de México), este orientado por una racionalidad económica y política de Estado, también tiene como fin lo que AMLO llama la purificación de la vida pública, o sea, una suerte de regeneración moral. Volver a la etapa mítica antes de la caída, que en términos de la jerga oficial, es antes de 1983 justamente antes de la época neoliberal; época en que predominó y fue alentado desde las esferas gubernamentales – AMLO, dixit- el individualismo en detrimento de la solidaridad.
9. c) Su estrategia de seguridad pública. No quiero ocuparme aquí en desmenuzar más a fondo la estrategia citada, baste señalar sólo uno de sus principios básicos, resumido en: “abrazos no balazos”. Una vez más aquí se puede palpar fácilmente la impronta cristiana en el pensamiento de López Obrador. No matar, no dañar al prójimo, son dos de los grandes mandamientos dados por Yahveh Dios a Moisés en el monte del Sinaí, con objeto de regular la convivencia colectiva. Aún y cuando este ofrecimiento de AMLO no ha tenido el éxito esperado, ni gran recepción por parte del crimen organizado, quienes se viene comportando de la misma manera violenta desde que Felipe Calderón declaro la guerra contra las drogas a finales de diciembre de 2006. Insisto, a pesar de su fracaso, AMLO mantiene inamovible su propuesta.
10.d) El modelo de vida sugerido por el presidente López Obrador. Tal modelo caracterizado grosso modo, por la empatía por los desheredados de la tierra, la solidaridad, el altruismo, la austeridad, la fraternidad, la honestidad, etc., son a todas luces de una raigambre evangélica innegable. No en balde, son grupos de jóvenes integrantes de Iglesias de este corte -cosa que ha provocado el disgusto de la Iglesia católica, dicho sea de paso-, quienes están llevando a cabo los talleres de formación ética destinados a otros jóvenes beneficiarios de los programas sociales a lo largo del territorio nacional, utilizando La Cartilla Moral de Alfonso Reyes, como libro de texto. Huelga decir, en dicha Cartilla también resuenan ecos evangélicos.
11. En la concepción de López Obrador, la riqueza no es mala, siempre y cuando ésta sea producto del esfuerzo y trabajo honrado.
12. A los empresarios les ha manifestado al respecto: Si a las ganancias lícitas, No al tráfico de influencias. El slogan de que el que no tranza no avanza, debe ser descartado definitivamente de la mentalidad de los mexicanos, ya que a juicio del presidente ha contribuido a la descomposición del tejido social.
13. En suma, la 4T pretende ser un cambio de régimen, simultáneamente busca ser una revolución moral, en la inteligencia que lo primero no puede ser viable ni efectivo sin no va acompañado de lo segundo. Luego, podemos caracterizar el cambio político que estamos viviendo, más o menos en los siguientes términos: una gran concentración de poder político en la persona del presidente de la República, lo cual hace que AMLO tenga una actitud de desconfianza hacia los órganos constitucionales autónomos, creado justamente para limitar el poder omnímodo de la otrora Presidencia Imperial, (la elección para renovar a la cabeza de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, de donde resultó electa la señora Piedra Ibarra, fue un espectáculo denigrante, que le resta legitimidad en sus labores básicas: defender y promover la cultura de los Derechos Humanos, amén de las propuestas que ha formulado López Obrador para integrar otros organismos de esa naturaleza, sean llevado a cabo anteponiendo la lealtad política sobre el conocimiento y capacidad técnica). Agrego otros rasgos de la 4T: un componente religioso fundamental en la cosmovisión y planes del actual inquilino de Palacio Nacional, un compromiso esencial con los sectores populares que dote al nuevo régimen de pilares sociales necesarios para su concreción fáctica, reconstruyendo la alianza que caracterizó a los Gobiernos de la Revolución, una política de austeridad aplicada a raja tabla, con resultados en muchos casos contraproducentes y una óptica maniquea que divide el mundo político mexicano entre conservadores (malos) y liberales (buenos), sin posibilidad de advertir claroscuros. O estás conmigo, o estás contra mí. A los amigos paz y gracia, a los enemigos la ley a secas, diría el presidente Benito Juárez. Contémplese desde esta perspectiva el trato dado a Rosario Robles y el brindado a Emilio Lozoya Austin.
14. Para concluir este trabajo expreso mi disenso fundamental respecto del gobierno liderado por el oriundo de Macuspana, Tabasco. Mi diferencia sustancial con AMLO responde o tiene que ver principalmente con las diversas filosofías políticas y antropológicas que sostenemos y con los actos que en ellas tienen su inspiración. Él se afilia a una antropología filosófica idealista (ver, José Antonio Crespo, AMLO EN LA BALNZA, Grijalbo, México, 2020, pp. 137-150), misma que afirma: el hombre es bueno por naturaleza, son las condiciones sociales, -la civilización, diría Rousseau- lo que lo hacen malo, la tarea del hombre político bueno, es precisamente regenerar a sus gobernados y hacerlos felices, por lo tanto cualquier oposición que tenga el político bueno, es un obstáculo pernicioso per se, que debe ser combatido en nombre del Bien. En tanto que yo simpatizo con una antropología filosófica y política pesimista, la cual sostiene: en el hombre laten pulsiones –Eros y Tanatos, según S. Freud-, que hacen imprescindible la existencia del Estado, (cuando hablamos del Estado, estamos hablando inevitablemente de la coerción), y cuando hablamos de coerción nos estamos refiriendo al medio utilizado por ese ente para evitar el predominio del más fuerte, la guerra de todos contra todos y el caos por razón del descontrol humano. La función principal del Estado no es hacer felices a los hombres, sino crear las condiciones de seguridad para que en tal marco podamos cada quien buscarla como queramos, tampoco es su tarea ni papel imponer doctrinas ni dogmas, sino respetar el libre desarrollo de la personalidad, y utilizar la violencia legítima cuando el orden y la estabilidad de la sociedad y del Estado estén en peligro.
15. Dos axiomas básicos dentro del pensamiento político liberal rezan: Todo poder tiende naturalmente a degenerar; el Poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. De ahí nació la idea de la división de poderes de Montesquieu, y más recientemente, la idea de los organismos constitucionales autónomos: que el Poder detenga al Poder, es la consigna. Y si ello no bastará o no fuera eficaz por determinadas circunstancias, tenemos otros dos instrumentos: la prensa libre y la sociedad civil. En tal sentido a sido una verdadera desgracia no haber aprovechado hasta el momento el gran bono democrático con que empezó este gobierno para dialogar y llegar a acuerdos con los grupos de la sociedad civil democrática con el objetivo de robustecer y/o transformar las instituciones de la República que nos permitan consolidar un Gobierno de Leyes, pues es éste y no los Gobiernos encabezados por un hombre providencial (sujeto como todos los mortales a las mismas tentaciones y atravesado por las mismas contradicciones), la única herramienta que existe para vivir en democracia y libertad, así como ha sido un grave error la descalificación sistemática de los medios de comunicación críticos, como el periódico Reforma o las Revistas Nexos y Proceso.










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