AMLO y el arancel de Trump.

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La semana pasada escribía sobre el arancel progresivo que Trump pretendía imponer a todas las exportaciones mexicanas a partir de este lunes 10 de junio. Estuvo en mi mente y no encontré el momento en que lo escribía, el espacio de incluir la relación del arancel con la firma del TMEC, sólo hice referencia al TLCAN. El factor de la ratificación de la firma jugó una importancia de mucho peso en el proceso de las negociaciones. Mencioné en el artículo de la semana pasada la estrategia de Marcelo Ebrard de acudir a los líderes demócratas y así lo hizo, tuvo una amplia entrevista con Nancy Pelossi y con otros líderes en el Senado (fue auxiliado por Mario Delgado y los demás miembros de la comitiva) y en la Cámara de Representantes, con cámaras de comercio y con la prensa. Esto lo fortaleció enormemente antes de la llegada al Departamento de Estado.

Después de las amenazas reiteradas de Trump en las que manifestó que no quería diálogo sino acción, hizo de la negociación la mayor virtud para México. Marcelo Ebrard aplicó bien las lecciones de nuestro maestro, de Marcelo y mío, sobre la materia de negociación, Manuel Camacho Solís, quien insistía en sus clases en la necesidad de dos cosas: conocer perfectamente las necesidades de la contraparte y allegarse de la mayor información posible y definir los tiempos correctamente para ir introduciendo las nuestras. Está claro que Marcelo se tomó su tiempo para ir dosificando los embates estadounidenses: Primero sacó el tema jurídico: el arancel era contrario al TLC y a la OMC, documentos firmados y ratificados por ambos países y la posibilidad de que numerosas cámaras de comercio e industriales se lanzaran contra el arancel por ser perjudicadas de manera directa, lo cual afectaría a Trump directamente, para pasar al tema económico: la guerra comercial dañaría a ambos países y a la región de América del Norte. Ambos gobiernos y Canadá acababan de enviar a los respectivos legislativos el TMEC firmado el año pasado para ser ratificado. El arancel hacía inviable la firma. ¿Para qué ratificar un tratado de libre comercio con un arancel por delante? ¿Qué ofrecería Trump a sus electores a cambio? La amenaza se revertiría en su contra.

Tal vez estos aspectos no impactaron a la delegación norteamericana, entonces sacó de la manga el aspecto electoral: la represalia de México iría a los electores que Trump necesita para su reelección, comenzando con la cancelación de la compra del maíz, que pegaría a todo el medio Oeste, pero también les hizo ver que México compraría maíz de China y podría enviar a China soya y otros productos que actualmente compra el país asiático a Estados Unidos.

Les hizo ver que el principal flujo comercial entre ambos países está sumamente entrelazado (la Prueba de Johansen que expliqué en el artículo de la semana pasada) y que el grueso de las exportaciones manufactureras de México son precisamente repuestos automotrices, que encarecerían la producción de Estados Unidos, pues México no impondría aranceles en ese rubro y los vehículos de exportación mexicanos soportarían el arancel sobre el producto final, lo que los haría mucho más competitivos. El desempleo en la industria manufacturera sería mayor en los estados en que más requería el voto. El TLCAN hizo dependiente a México de Estados Unidos, pero también a la inversa. Millones de empleos estadounidenses dependen de México. Estados Unidos conserva su competitividad en el campo automotriz gracias a las importaciones que hace de nuestro país.

¿En qué cedimos? En el mayor control de la migración en la frontera Sur, que además es un clamor de la sociedad mexicana, sobre todo de los municipios fronterizos. Nuestra frontera Sur pedía a gritos una mayor presencia de la autoridad. El arancel es la excusa perfecta para hacerlo, se contará con seis mil efectivos de la Guardia Nacional con atribuciones para controlar la migración. Esto sin afectar los compromisos firmados apenas en diciembre de 2018, en Marrakech, dentro del Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular, que por cierto no firma Estados Unidos. Con ello se satisface a Estados Unidos, pero también a muchos sectores de la sociedad mexicana.

Adicionalmente, Marcelo logró involucrar a Estados Unidos, al menos conceptualmente, en la necesidad de invertir en el Sudeste mexicano y en el triángulo norte centroamericano, para promover el desarrollo económico y social y elevar los estándares de vida, que llegan a niveles de hambruna, por las sequías recurrentes y la falta de empleo. Esta es la raíz de la emigración. Marcelo está perfectamente involucrado en esta área, no sólo porque su esposa es hondureña, sino principalmente porque comparte la visión de López Obrador de la necesidad de invertir en el Sur de México y Norte de Centroamérica, con lo que se logrará una mayor presencia mexicana frente a los intereses de Brasil y China en el área fronteriza mexicana. Por los menos les hizo saber del interés de Alemania y de China por sumarse a este esfuerzo mexicano de apoyar esta región. La Geopolítica abandonada por sexenios, después del fracasado Plan Puebla Panamá. No hay que olvidar que Centroamérica, la Capitanía General de Guatemala, formó parte del Primer Imperio mexicano de Agustín de Iturbide. Calderón y Peña Nieto guardaron en el clóset el Plan Puebla Panamá y perdieron todo el interés en Centroamérica.

Sacó a relucir Marcelo los ambiciosos proyectos de AMLO para el Istmo de Tehuantepec, ambicionado por Estados Unidos en el siglo XIX, sólo hay que recordar el Tratado Mac Lane- Ocampo, cuyo objetivo principal era el libre tránsito por el Istmo, además de otros sitios de la República. Pues China y otros países han mostrado mucho interés, por su gran importancia estratégica para no tener que pasar por el Canal de Panamá, con fuerte presencia norteamericana.

En la frontera Norte se cedió en la aceptación de México como tercer país seguro respetando los Derechos Humanos de los migrantes y ofreciéndoles oportunidades de empleo, con apoyo financiero de Estados Unidos. Aquí lo difícil es otorgar salud, empleo y lugares para la estancia durante el proceso de documentación del asilo norteamericano. Pero si consideramos que ambas franjas de los Estados de la frontera constituyen una economía común, es decir, son codependientes, interdependientes, la aportación de más mano de obra barata les beneficia en cuanto a la competitividad. El problema es para los campesinos mexicanos en la frontera, que tendrán una competencia que abarata su mano de obra, pero la región fronteriza se hace más competitiva como un todo.

Se logró desvincular el tráfico de drogas y el de armas en las negociaciones, lo cual queda como asignatura pendiente.

Ante una negociación tan asimétrica, como lo son las economías y el poder militar de ambas naciones, se puede considerar un verdadero logro la negociación, por eso el motivo de la celebración en Tijuana, que, por lo demás, López Obrador dijo un discurso lleno de historia y de buena voluntad hacia el pueblo estadounidense, donde destacó el papel de los mexicanos en la sociedad y en la economía.

En justicia, no se le pueden achacar al presidente mexicano los abusos de Trump, ni su estilo de gobernar, ni la irresponsabilidad que sería confrontarlo directamente, eso sería muy primitivo, el pensamiento estratégico, elaborado, estuvo de la parte mexicana, hasta lo agradeció el propio Trump. “El 10 de junio no habrá arancel y se preservó la dignidad”. Es la frase de Marcelo Ebrard que cierra este capítulo de una relación muy conflictiva y dispar entre México y Estados Unidos, quedan por delante muchos más.










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