Aleida Quintana

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A la memoria de Octavio Acuña,

donde la violencia de género también es un patrimonio cultural de Querétaro.

Se ha cumplido un año desde la salida de México de la activista Aleida Quintana, licenciada en antropología de la UAQ y miembro del Grupo Tekei.

Desde 2012, Quintana ha documentado los casos de desapariciones en Querétaro, asesorando y acompañando a las familias de las víctimas. Las investigaciones de la egresada de la Universidad Autónoma de Querétaro han rendido sus frutos, gracias a la vuelta a la vida de las y los desaparecidos, pero también a la elaboración de una base de datos sobre los crímenes sucedidos en la oscura impunidad queretana: trata de personas, desapariciones, explotación sexual, trabajo forzado, feminicidios…

Los escalofriantes resultados, obtenidos desde un enfoque antropológico con perspectiva de género aplicado al territorio queretano, degeneraron en una clara violencia de Estado hacia la activista. Las agresiones comenzaron en 2013 y luego aumentaron en intensidad y método, convirtiendo este lamentable caso en un representativo estatal de la criminalización a nivel nacional sobre estudiantes, activistas, mujeres, trabajadores, indígenas, luchadores sociales, entre otros.

Desde el uso de hombres trabajando en las sombras, verdaderos mercenarios del Estado queretano, hasta las amenazas telefónicas y chantajes de muerte, todos son botones de muestra de una cultura mexicana de la impunidad cuando ésta se ve amenazada, aun por conatos de denuncia y acusación directa a las autoridades queretanas. Queda por responder algunas interrogantes como primera línea de investigación: ¿De dónde saca el Estado de Querétaro a sus mercenarios? ¿Cómo son financiados? ¿Cuál es el verdadero tamaño de esta maquinaria gubernamental al servicio de las élites queretanas? ¿Cuál es la percepción del pueblo queretano?

La situación hostil se hizo insostenible en enero de 2018, cuando Quintana recibió un nuevo ataque de un grupo de hombres desconocidos, armados con tubos, que bajaron de un automóvil para golpear a la activista. Poco tiempo después, en marzo del mismo año, amparada con el Programa de Protección de Defensores de Derechos Humanos de Amnistía Internacional, Aleida Quintana sale del país y encuentra refugio en España, donde actualmente reside y continúa labores de denuncia a través de conferencias que nos llegan desde el otro lado del Atlántico, rompiendo simbólicamente las fronteras de un problema internacional que es la violencia de género.

Las propias conclusiones de la antropóloga queretana constituyen una dura crítica a los engranajes jurídicos de su estado y país natales, contaminados por un verdadero espíritu de corrupción y misoginia; denuncia las deficiencias de la Ley de Igualdad en México, incapaz de lograr una vida libre de violencia para las mujeres; deposita sus esperanzas en la voluntad política de la nueva administración encabezada por AMLO, aunque también admite que será difícil una verdadera transformación en un país que está dominado en su totalidad mediática y militar por el narcotráfico.

El último año ha sido solo un paréntesis de las labores de Aleida Quintana, una estación de paso para retomar una lucha justa, pues “si algo he aprendido de las familias de las personas desaparecidas, es que dejar de luchar no es una opción” para lograr un despertar de la conciencia mexicana sobre un imaginario y una cultura de la violencia de género que afecta a decenas de miles de mujeres y hombres, a familias de desaparecidos y huérfanos, los secuestros de jóvenes estudiantes en sus comunidades y la continuación de una justicia patriarcal respaldada por los medios amarillistas de comunicación.

Edgar Herrera










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