A la memoria de Anapaola

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Entraron a robar la casa de mi prima en Nogales. Violaron y mataron a mi sobrina de 13 años. Cualquier reflexión sobre solidaridad, ciudadanía y economía está de más. Hoy México, Gobierno y mundo, no cuentan conmigo. Váyanse a la chingada.
Diez Marina

Las palabras de Marina que abren nuestro artículo le cerrarían la boca a cualquier pretencioso analista social que no cuente, como mínimo, con algunas ideas aisladas para estudiar y transformar las realidades mexicanas que se hunden en su propia miseria cotidiana llamada cultura machista. Ninguno de nuestros colaboradores cumple con estas características y, por consiguiente, se convierten en objeto de duras críticas de aquellos que, sin disponer de un mayor espacio de difusión, son depositarios de años de experiencias de lucha para cambiar o intentar revertir el actual curso violento de nuestro país y nuestra región. ¡Bienvenido sea nuestro segundo cañonazo al corazón supremacista de Diálogo Queretano!
Sin embargo, coherente a nuestro espíritu autocrítico que nos aleje de toda forma de servilismo, aceptamos que no somos las activistas o los colectivos que luchan y educan por los derechos sexuales como derechos reproductivos en Querétaro; tampoco somos las combatientes del Kurdistán sirio que hoy crean comunas por y para todas las mujeres y las niñas afectadas por la guerra contra el Estado Islámico y los Estados-Nación de Oriente Medio. Somos hombres partidos a la mitad, somos los machistas en rehabilitación que intentan capturar y descifrar todo el dolor y toda la ira acumuladas de nuestras muertas y nuestras desaparecidas.
No hemos dicho ni diremos nada nuevo, excepto para aquellos morenistas hipnotizados en plena Cuarta Transformación y para sus opositores aún más perdidos en sus eternos laberintos partidistas; algunos de ellos son colaboradores nuestros, portadores de una pobre concepción de la historia que se escribe desde el odio o el amor desmedidos del poder en turno. La actitud y el proyecto político que al final asumamos hoy con el mundo contribuirán a la creación de una tradición revolucionaria de lucha, encaminada a la creación de nuevas sociedades como prólogo de una modernidad feminista.
Mientras aguardamos la unidad de esas diversidades en lucha, simplemente transportaremos la cólera y la inteligencia de las mujeres que han sufrido todos estos años no solo para formular una denuncia nacional sino también para recordar una emergencia humanitaria. Haremos un uso respetuoso de la voz de las mujeres para visibilizar la personalidad y la fuerza histórica de su causa, pero también a inspirar el desarrollo de nuestras identidades y la creación de lenguajes propios que serían impensables para cualquier machista moderno.
Surgido de las entrañas de esta cruenta guerra contra las mujeres, sostenida por decenios en México, el feminismo mexicano del siglo XXI debe renovar y ampliar la memoria y la dignidad de las desaparecidas y de las asesinadas, pero también de las abuelas, las madres y las hijas supervivientes, más vulneradas y olvidadas en estos días de enclaustramiento forzado.
En un país en que los nombres y apellidos de decenas de miles de mujeres que juntas han desaparecido para siempre en la vorágine de las tratas de personas, en los secuestros, en las fosas clandestinas, en los abortos clandestinos y en las bolsas para cadáveres mutilados, no es ninguna casualidad que evoquemos a Ana Paola como título. Nos negamos a dejar en el olvido a la infancia y los proyectos de vida construidos en esta etapa; nos negamos a seguir ocultando al crimen organizado que opera para seleccionar a las mujeres y a las niñas como objetivos sanguinarios de sus confrontaciones criminales; nos negamos a seguir disimulando las condiciones de miseria y abandono en que son sometidas las niñas y las mujeres, contribuyendo al aumento de las tasas de enfermedades mentales y los suicidios cometidos en estas famélicas condiciones económicas, sin ningún tipo de apoyo material ni mayores vínculos de estas mujeres con otras mujeres.
Anapaola tenía 13 años, soñaba con ser bailarina y odiaba que separaran su nombre en dos. Solo aquellas personas que hayan perdido a un ser querido o aquellos que vivan en la imposibilidad de prevenir cualquier violencia feminicida, siempre sostenida por un frágil hilo de incertidumbre e indiferencia, pueden comprender la crueldad machista en su máxima expresión.
Todos los días, un terrible fantasma de la premonición feminicida nos acompaña a todas partes. Las leyendas rojas de desapariciones de mujeres y niñas, que alguna vez llevaron los nombres de nuestros seres queridos, es una realidad que nos golpea a todos. Es la antelación de una tragedia personal que nos aguarda en la esquina o en nuestra propia habitación, pero si asumimos la vida como un proyecto permanente de lucha, la tragedia sufrida en solitario se convertirá en un proyecto colectivo para salvaguardar las vidas.
Edgar Herrera










Cada colaborador es responsable de lo que escribe y sólo rinde cuentas ante la sociedad y ante sí mismo. Se trata de pensar libremente y hacer pensar en la medida de la inteligencia de cada uno.

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