Dilemas y desafíos al pueblo de Venezuela

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El 23 de enero de 2019 comenzó una nueva escalada de agresiones sistemáticas contra Venezuela; era evidente que este nuevo año estaría marcado por nuevas y más profundas tensiones, luego de la anexión de Colombia a la geopolítica de la OTAN y la consecuente militarización de las fronteras con su vecino colombiano; la infiltración de agentes y ONG´S terroristas así como organismos internacionales como la OEA (sin mencionar las ya célebres prácticas de bloqueos norteamericanos que profundizan la carestía de productos básicos de este pueblo sudamericano) parecen ser las jugadas más efectivas para desmoralizar el espíritu combativo nacional, pero que no han logrado descabezar a Nicolás Maduro ni ha provocado una guerra civil de gran envergadura; la Casa Blanca no enviará a sus marines sin asegurar una situación contrarrevolucionaria que la justifique, sin respaldarse con un apoyo social que le permita movilizar impunemente su industria de guerra para bombardear y ocupar las principales calles y edificios de Caracas.

Seguramente el Pentágono ya está triplicando esfuerzos de inteligencia contrainsurgente y ha llegado a la conclusión de que una invasión, por el momento, sería un gran error de cálculo, y más todavía si la opción militar puesta sobre la mesa está atada de manos por China y Rusia; la comunidad internacional, aunque tibia observadora de otros conflictos lejanos, ya no es la misma luego del triunfo sostenido en la guerra de Siria, y tímidamente pondrá sus propios esfuerzos para reducir el papel policial de los Estados Unidos en América. Si esto ha sido posible no hay otra explicación, y sin decir que sea la única pero no menos importante, que un permanente sentido patriótico del pueblo por defender su República Bolivariana y el innegable rol de las fuerzas armadas listas para combatir en su propio territorio, galvanizando aún más el espíritu nacional ante una hipotética destrucción masiva de sus hogares y las masacres cometidas a sus familias por los invasores norteamericanos.

Otra cuestión que ha surgido en medio de este complicado panorama, es la situación de las clases trabajadoras de Venezuela en medio de un dilema no menos importante: la tentativa de intervención extranjera y el chavismo al que esta clase trabajadora ha dado su fuerza y su moral para seguir sosteniéndose, pese a la mala administración económica que ha llevado al país a una difícil situación social, agraviada por los bloqueos norteamericanos. Algunos medios digitales como Izquierda Diario México e Izquierda Socialista comparten esta denuncia, al mismo tiempo que toman firmemente la postura de movilizarse ante el enemigo externo e interno. Mientras el pueblo venezolano no asuma su conciencia de clase y su conciencia comunitaria, complicada aún más dentro de este contexto de guerras mediáticas, intentos de golpes de Estado y prácticas terroristas, difícilmente podría consolidarse algo así como el ejemplo heroico de la Comuna de París de 1871 a nivel nacional. Difícilmente, pero no imposible como lo demostraron los hechos posteriores parisinos.

Hace algún tiempo el mismo Maduro aseguró, de forma muy peligrosa, por no decir ingenua, que Venezuela resistiría hasta un ataque de mil bombas nucleares, sin considerar los altos niveles de radiación y destrucción que no respetarían las fronteras políticas ahora disputadas. Es difícil saber si de verdad el pueblo venezolano compartía con su dirigente sacrificarse hasta el extremo de convertirse en polvo atómico por su revolución, como en 1962 casi le tocó al pueblo cubano durante la Crisis de los Misiles, pero lo cierto es que ahora, una vez más, asume el principio de autodeterminación ante un simbólico y descarado golpe de Estado por el títere treintañero Juan Guaidó. Por la actual correlación de fuerzas nacionales e internacionales, pronto caerá al olvido como apareció y su caída contribuirá aún más a la consolidación legítima de Maduro como Comandante de las Fuerzas Armadas de Venezuela.

Sin duda no habrá desaparecido la amenaza de siempre, que son los Estados Unidos, pero el pueblo deberá sacar lecciones de esta nueva ofensiva que está lejos de su final. Venezolanos y venezolanas, dentro y fuera del país, ciudadanos al servicio de su patria, deberán tomar nota de todas las fuerzas involucradas y todas las relaciones construidas entre ellas. ¿Qué papel jugarían los gobiernos ruso y chino en este continente? ¿Qué diplomacias secretas pondrían en jaque la estabilidad de Venezuela? ¿Qué postura tomarán las y los trabajadores hacia Maduro? ¿Habrá una primavera latinoamericana coronada en tierras venezolanas?

Por el momento, la prioridad es luchar contra los Estados Unidos con todos los métodos disponibles, sin vacilar ante las negociaciones de fuerza impuestas por cualquier nación que quisiera servir a sus propios intereses al aprovecharse de la crisis de este pueblo; construir un poder estatal trabajador dentro del Estado venezolano, y dirigir parte de esta crisis hacia resultados menos dolorosos; tomar esta nueva amenaza como educativa política en el mejoramiento de la capacidad organizativa y numérica de hombres y mujeres para valerse por sí mismos, y obligar al gobierno de Maduro a responder a sus bases sociales y su vinculación con la amenaza externa, sin olvidar esa misión histórica que Marx enfatizó hacia la clase trabajadora como liberadora de la humanidad que aún es asalariada por el capitalismo y masacrada por el imperialismo en diferentes zonas del planeta.

Edgar Herrera es estudiante de octavo semestre en la Licenciatura en Historia de la UAQ, en la línea terminal de Enseñanza. Son de su interés la historia de siglo XX y la historia contemporánea en sus vertientes social e ideológica. Particularmente en los temas derivados de la corriente historiográfica del materialismo histórico.










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