2 de octubre de 1968

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Este 2 de octubre se cumplieron 49 años de la “matanza” de estudiantes en la Plaza de las Tres Cultura, en la CDMX. Aquellos estudiantes que iniciaron el movimiento por un riña entre diferentes escuelas y que tuvo que intervenir la autoridad para calmarla; posteriormente mutaría a un movimiento político que luchaba por conquistar el reconocimiento de derechos humanos que eran invisibles en ese entonces para el gobierno.

Sin embargo, tras del movimiento político y social, fuerzas oscuras, tanto extranjeras como nacionales diseñaron un golpe de estado, utilizando a miles de estudiantes, pero jamás lo reconocieron aquellos que llevaron a la muerte a esos miles de jóvenes, que entusiasmados salían a las calles en grandes manifestaciones a festejar el hecho de que no tuviesen clases.

Ese movimiento estudiantil lo vi, lo conocí, lo observé directa y personalmente; no supe de él de oídas, ni tras bambalinas. Viví en el DF de ese entonces por el rumbo de Ermita Iztapalapa, en la Colonia Cascada. Para ese tiempo mi padre me llevó a trabajar a una de las empresas de ICA, en una pequeña empresa, muy cerca de donde acontecieron los hechos, en la calle de Malintzi, cerca de la Iglesia de la Villa. ICA y otras empresas construían el “Metro”; laboré en esa formidable obra. Sobre la Avenida de Marina Nacional, también se realizaban otras obras por parte de la empresa ICA. En tanto los obreros trabajábamos, los maestros, estudiantes y extraños salían a las calles en grandes manifestaciones gritando sus consignas en contra del movimiento estudiantil que adquirió dimensiones inusitadas.

Tengo presente esa tarde del 2 de octubre. Salíamos de trabajar y mi padre decidió que fuésemos a los cines de Tlatelolco. Algo raro ocurría esa tarde, nadie imaginaba lo que momentos después sucedería. En esos momentos la Plaza de las Tres Culturas y sus alrededores, se encontraba sitiada por los soldados, quienes con “bazuca” en manos nos impidieron la entrada al subterráneo para acceder a los cines. Mi padre, que no acostumbraba a ser intimidado encaró a los soldados que le impedían el paso y uno de ellos puso la “bazuca” sobre el parabrisas del automóvil marca Opel color blanco, modelo 1967; ese hecho amenazante provocó que saliéramos del lugar en forma inmediata.

Recuerdo con claridad meridiana que en el ambiente se sentía y se respiraba el inminente peligro, mas nadie podía imaginar lo que sucedería momentos después. Por lo cual decidimos trasladarnos al cine Latino, localizado sobre la hermosa Avenida Reforma. En ese lugar disfrutamos la película mi padre y yo. Al día siguiente, dada la escasa información en los medios de comunicación de entonces y la poca afición a las noticias, sin embargo nos enteramos de los sucesos. La vida, sin embargo, continuó sin sobresaltos.

Las opiniones de los defeños se dividían, como suele suceder. Los padres de familia de los estudiantes, preocupados porque sus hijos no estudiaban y se la pasaban en las manifestaciones que no entendían, pero que gozaban al no asistir a clases; esas opiniones divergentes eran a favor y en contra de los acontecimientos, dados los trastornos que generaban las enormes manifestaciones. Como suele suceder con las grandes manifestaciones, por supuesto que los defeños se encontraban sumamente molestos con eso de las interrupciones a las vialidades, pues pasaban a perjudicar a miles de personas.

Después de lo sucedido esa tarde y noche del 2 de octubre, poco a poco trascendieron los deleznables hechos de la “matanza”; algo que nadie podía creer, muchos muertos y las culpas se distribuían entre los actores; unos imputaban el resultado de la “masacre” a los dirigentes de los estudiantes, a todos aquellos que se apoderaron del movimiento y lo transformaron en actos violentos; otros lo atribuyeron, como hasta ahora, exclusivamente al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz y al entonces Secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez. Los hechos, a 49 años de distancia, es historia que tergiversaron en gran medida aquellos que promovieron el movimiento del 68 y que muchos han vivido de las mentiras, aquellos de izquierda que añoraron gobernar desde entonces y han vivido “colgados” de una historia que no sucedió, pero muchos terminan por creerla.

Amigos de entonces –obreros- y parientes –temerosos- estudiantes universitarios comentaron desde entonces que eran extranjeros los que se apoderaron del movimiento, los que estaban detrás de las movilizaciones estudiantiles; rusos y cubanos. Tiempos en que la ideología de izquierda intentó gobernar por medio de un golpe de estado, a través de un movimiento violento, como se acostumbraba en algunos países; era imposible, decían, que por medio de las urnas se cambiara de régimen. Fuerzas políticas del exterior solventaban económicamente el movimiento, me comentaban. Eso dijeron los jóvenes estudiantes; por ello se deslindaron de las enormes manifestaciones de estudiantes puesto que ellos solo representaban “la carne de cañón”, la manipulación en toda su extensión, no sabían el rumbo que llevaría ese movimiento; salían a las manifestaciones –decían- alegres por la interrupción de clases.

Luego me confesarían que en algunos salones de la UNAM, guardaban mucho armamento, rifles, granadas y otras que no pudieron describir; armamento que pensaban utilizar en el frustrado golpe de estado: tenían en mente, como uno de sus actos, interrumpir las olimpiadas del 68, pues los ojos del mundo estaban puestos en México. Hace un par de años, me encontré con un amigo estudiante de la UNAM, de entonces, quien me confirmó la teoría del movimiento desestabilizador y de la enorme cantidad de armas que guardaban en las instalaciones universitarias; me confesó que él nunca estuvo de acuerdo con ese movimiento que fue aprovechado por los grupos “fanáticos de Fidel y el Che Guevara”.

Después vendrían infinidad de detenciones y desapariciones, el gobierno de Díaz Ordaz, estuvo resuelto a aplastar la “asonada”. Al paso de los días saldrían infinidad de fotografías que ilustraban los acontecimientos, sin embargo la vida de la nación no se detuvo; vendrían las olimpiadas y posteriormente el proceso electoral que encumbraría a Luis Echeverría a la Presidencia de la República. Lo demás ya es historia que se divide en dos grandes frentes. Unos en pro del movimiento desestabilizador de izquierda que pretendía el poder por medio de un “golpe de estado”; los otros, integrantes del gobierno, estuvieron en contra del movimiento de desestabilización y sus consecuencias. Se dijo que de haber prosperado el movimiento, hubiera existido un mayor derramamiento de sangre en toda la República; pero el hubiera no existe. Mucho de lo que se ha dicho y escrito del movimiento estudiantil, ha sido tergiversado por unos y por otros. Lo cierto que a 49 años de distancia, el 2 de octubre de 1968, no se olvida.

Héctor Parra Rodríguez

 










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