1616. La muerte del Quijote

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POR RICARDO MÉNDEZ-SILVA | 1616 fue un año bisiesto como el actual, ligado en la historia de la literatura española a la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra, acaecida el 22 o el 23 de abril. He creìdo en el aserto de que un libro es tantos libros como lectores acuden a sus páginas. En cada quién despierta emociones y reflexiones originales y acaba por multiplicarse sin mesura. En mi recuerdo de la obra leída hace un buen número de años quedó estampado el pasaje del fallecimiento de Alfonso Quijano el Bueno, luego de recobrar el juicio y renegar de sus aventuras caballerescas. En el segundo volumen, publicado, como es sabido en 1615 justo diez años después del primero, muere el personaje una vez que retorna a su lugar y es acogido con fiestas de cariño por su sobrina, el ama y sus leales amigos: el cura, el barbero y el bachiller Sansón Carrasaco.

Vencido, abjuró de sus hazañas que no pocas palizas le depararon. “Yo señores me voy muriendo muy de priesa”, dictó su testamento, distribuyó sus haberes exiguos y rindió su católica confesión. Desahuciado por el médico se hundió en un sueño de tres días que parecía un ensayo del sueño eterno. Al pie de su cama Sancho Panza, pese a las golpizas recibidas rurante el azaroso vagabundear, lloriqueaba intentando animar al caballero, más que nunca, de la triste figura en la agonía: “No se muera vuesa merced, señor mío, sino tome mi consejo y viva muchos años porque la mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida es dejarse morir sin más ni más, sin que nadie lo mate, ni otras manos le acaben salvo las de la melancolía”. Llegó al último aliento cubierto de una naturalidad imperceptible. El bachiller Sansón Carrasco lo despidió: “…vivió loco y murió cuerdo…”. Pensé entonces que Cervantes había querido tanto a su personaje que le concedió una muerte piadosa, previa confesión para lavar sus faltas y pecados, cosa que en esa época y en la actual todavía es el trámite religioso de los creyentes para ascender a la diestra de Dios Padre; acabó en la paz amorosa de su cama, acompañado por sus seres queridos. Para mi, sin embargo, quien murió en la fantasía de la novela fue Alonso Quijano el Bueno, Don Quijote sobrevivió en su demencia.

Aunque Cervantes, el “Principe de los Ingenios”, parecía haber dejado la escritura del Quijote en 1605, se lanzó a continuarla para bien de la literatura universalen como respuesta a un pillastre de nombre Alonso Fernind de Avellaneda que en un acto de desvergüenza se apropió del Quijote y publicó una segunda parte apócrifa del Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha. Cervantes mostró desapego al plagio pero se trasluce que semejante indignidad lo disgustó sobremanera. En el prologo de la Segunda Parte denunció el acto abominable y colmó de los al Quijote irrepetible y, en lo que a mi parecer es una genialidad, ya casi al término de la obra Don Quijote y Sancho se topan con uno de los personajes de la novela apócrifa de Avellaneda, Don Alváro Tarfe, a quien le dispensaron buenos modales, y Sancho fue esplendido en encomios para su señor. Don Alváro se allanó a la reivindicación y elogió sinceramente a Don Quijote, quién se las arregló para que Don Alvaro reconociera y firmara ante un escribano la condición de falsario del tal Avellaneda. Salvada la honra y restituida la idoneidad del verdadero personaje, todo estaba listo para la conclusión de la historia.

Ahora creo que además del cariño de Cervantes por el protagonista y de acreditar la muerte del Quijote que en la Primera Parte había quedado sin narrativa, le dio un final, quiero pensar, anhelado para él mismo. La novela se publicó en 1615, no era el autor un hombre jóven que gozara de cabal salud, rondaba los setenta años de su edad, bastante avanzada para esos tiempos. Los testimonios de sus biógrafos e inclusive las hipotésis de médicos expertos en la obra cervantista, han tratado de extraer de la novela los síntomas que permitieran conocer sus dolencias, esto cuatro siglos después, cirrosis hepática con diabetes mellius, síntomas de hidropesía, polidipsia, astenia, arterioesclerosis, insuficiencia cardiaca. Cervantes reconocía conservar solo seis dientes, la atrasada medicina de la época le acarreó sin duda dolores de muelas cercanos al infarto, no se diga el producido por la extracción de piezas dentales, el sufrmiento para masticar y la desnutrición consecuente. Por eso llama la atención el contraste, la muerte bienhechora con la que Cervantes premió a su inmorible personaje. Concluyó para siempre la obra apenas un año después de la publicación de la Segunda Parte, estando ya asolado por el desgaste cruel de su organismo.

A principios de abril de 1616, pocos días antres de su final, Cervantes había entrado a la Orden Tercera de San Francisco. “Señores que me voy muriendo muy de prisa”, había dicho Alonso Quijano el Bueno. Fue enterrado en el Convento de las Monjas Trinitarias Descalzas al día siguiente de su deceso, de ahí la confusión entre los días 22 y 23, o fue en la madrugada del 23 y enterrado el mismo día o el 22 y el fallecimiento fue registrado el día de la sepultura. Son minucias intrascendentes ante la grandiosidad de la obra. El año pasado se supone que sus restos fueron encontrados en el Convento de referencia, en medio de un montón de huesos carcomidos de distintas personas, fallecidas en años diferentes y tras haber sufrido el inmueble trasiegos y composturas, por eso el hallazgo no se antoja del todo creíble y parecería responder a la obsesión malsana de reunir unos cuantos restos para rendirles adoración fetichista. Cervantes como el Quijote se desvanecieron para entrar a otro tipo de existencia, una existencia espiritual vigente cuando es leído por algún léctor anónimo.

-La ilustración artística 1895 No. 679

-Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha, Edciòn del IV centenario, Real Academia Española

-Salud, enfermedad y muerte en el Quijote, Isaías Moraga Ramos; http://cvc.cervantes.es/literatura/cervantistas/coloquios/cl_II/cl_II_27.pdf

-Miguel de Cervantes Saavedra Enfermedad, Salud y Medicina en el Quijote: La medicina en España,

https://encolombia.com/medicina/revistas-medicas/academedicina/va-68/academ27168conmemoraciones9b/#sthash.V4vQPuwS.dpu

 

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Un Comentario en “ 1616. La muerte del Quijote”

  1. edmundo gonzález llaca dice:

    Exégeta, amigo, hermano, son finas y significativas las observaciones que haces de Cervantes y su obra, se me antoja, para beneficio de tus lectores que podrías buscar en la vida de Shakespeare, que también conoces, algunas semejanzas y diferencias entre los dos. Me aclaraste que no murieron el mismo día, pero me imagino que sí el mismo año: 1616. Te doy una pista de ese cotejo que leí en El País. Empecemos por su epitafio, ese último mensaje, que podría ser la síntesis, paradójicamente, de su actitud vital. El inglés, Shakespeare, especialista en las pasiones intensas del poder, la envidia, la ambición desmesurada, dice: “Buen amigo, por Jesús, abstente de cavar el polvo aquí encerrado. Bendito el hombre que respete estas piedras, y maldito el que remueva mis huesos”. No en balde Shakespeare en sus 37 obras escenificó 74 muertos. 4 fallecieron por envenenamiento, 5 decapitados, y el puñal era su arma preferida, pues a 30 de sus personajes los mandó al otro mundo apuñalados. Cervantes es otra cosa, genio que reunió el punto “G” de la literatura: el humor con la filosofía, escribió así su epitafio: “El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y, con todo esto, llevo la vida sobre el deseo que tengo de vivir”. Felicidades Exégeta y como dicen en la Sierra queretana, seguimos continuando.

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